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Cerveza en Cuba: De la abundancia a la escasez

MIAMI, Estados Unidos. – La cerveza, un invento egipcio que se popularizó en Cuba tras la toma de La Habana por los ingleses, es una de las bebidas alcohólicas más estimadas por los consumidores de la Isla, pese a su actual escasez.

Por esta circunstancia histórica, las cervezas que más se popularizaron en Cuba en el siglo XVIII fueron las inglesas, especialmente la Tenet Lager, por la cual los cubanos llamaron de forma genérica a la bebida como “lager”.

De acuerdo con un artículo publicado por AméricaTeVé, una fábrica de hielo fundada alrededor de 1888 en Puentes Grandes, La Habana, se convirtió en la primera industria productora de cerveza cubana, la llamada Tropical.

Más adelante, con la llegada a la Isla de maestros cerveceros de Francia y Alemania, el producto se diversificó y surgieron las cervezas Tropical clara, Cristal, Tropical 50, Tropical oscura y la Maltina.

Según AméricaTeVé, la cerveza Tropical trascendió al mundo tras ganar premios y medallas de oro, plata y bronce en exposiciones de Europa y Estados Unidos.

Con respecto a otra de las cervezas más emblemáticas de la Isla, la Hatuey, la nota señala que comenzó a fabricarse en Santiago de Cuba, en 1927, por la compañía Bacardí.

“Con el paso de los años, Hatuey alcanzó el lema ‘La Gran cerveza de Cuba’. En los primeros 20 años quintuplica el consumo, y cuando muere Emilio Bacardí, Enrique Schueg toma la presidencia de Bacardí y lleva la cerveza Hatuey a altos niveles de producción. Construye una excelente cervecería en el Cotorro, a diez millas de La Habana, tan bien hecha que la llamaron Cervecería Modelo, después hacen otra en Manacas, Santa Clara para hacer más fácil el abastecimiento nacional”, rememora el doctor Ramón A. Sánchez, autor del artículo.

Por su parte, la cerveza Polar comenzó a producirse en 1911, en Puentes Grandes. “La cerveza Cristal se consideraba un tilín amarguita, la Polar dulce y la Hatuey ni amarga ni dulce”, especifica Sánchez.

Antes de 1959, en los bares la botella de cerveza valía $ 0,20 y se podía pedir la mitad por $ 0,10.

El presentador Manolo Ortega, quien anunciaba las noticias en CMQ Televisión a las 7:00 de la noche, siempre terminaba: “Hatuey, la gran cerveza de Cuba”. Luego se la servía completa en un vaso largo y se la tomaba entera.

Cuando triunfó la Revolución castrista salió “vestido de miliciano con una pistola en el cinto, contento por el robo hecho, y decía el mismo anuncio”. No obstante, “eso le duró poco pues Fidel Castro destruyó la CMQ y la cerveza Hatuey”.

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Crónica de una noche de sábado en Guantánamo

GUANTÁNAMO, Cuba.- Aunque no visito la Casa del Changüí, accedí a hacerlo en compañía de unos amigos que querían compartir conmigo y con mi esposa una reciente noche de sábado.

Me gusta escuchar changüí, uno de los géneros musicales autóctonos de esta provincia que, junto con el nengón y el quiribá, es fuente nutricia del son. También disfruto ver bailar a las parejas que mantienen una tradición que llevan en la sangre. Según me han dicho, luego del programa cultural se difunde buena música grabada.

Todo parecía ir bien, pero cuando decidimos comprar una botella de añejo Habana Club ―pues atendiendo al precio de las cervezas buenas las compraríamos a las mujeres― el barman nos dijo que no tenía vasos ni hielo, así que nos fuimos.

A menos de diez metros, en la Casa del Son, estaba funcionando la Disco Temba, espacio dedicado a la música de la década prodigiosa. Había que pagar 10 CUP por persona para entrar (unos 40 centavos de dólar), pero no nos garantizaban un lugar donde sentarnos.

Siete cuadras después llegamos hasta el Café Cantante América, ubicado en las cercanías del parque José Martí, la zona más céntrica de la ciudad. Aquí la entrada cuesta 1 CUC o 25.00 CUP por persona, (aproximadamente un dólar), que no garantiza consumo mínimo pues ese dinero se usa para retribuir a los artistas. Ya habíamos pagado la entrada cuando se nos ocurrió preguntar si tenían vasos. El portero respondió que eran plásticos y que no había hielo para acompañar el ron.

Pedimos la devolución del dinero y continuamos hacia el hotel Brasil, a una cuadra de distancia, con la esperanza de subir a la terraza, pero el área estaba alquilada por un centro de trabajo.

Decidimos probar suerte en el Bar Restaurante 1870, uno de los mejores establecimientos estatales de la ciudad. Tiene en su contra que la música que divulga no es de la mejor calidad y casi siempre está puesta muy alto. A ello se une que muchas veces algunas personas pasaditas de tragos ―sobre todo residentes en el extranjero o negociantes que tienen dinero pero nada de cultura― creen que el resto de los parroquianos están obligados a escuchar sus estúpidas monsergas. A pesar de estos inconvenientes entramos, pero el sitio estaba lleno.

La Casa de la Trova también estaba repleta porque el sábado es noche de música tradicional y acuden muchos adultos mayores. A pesar de ser otro lugar agradable, carece de aire acondicionado y tampoco había vasos ni hielo, aunque hay que pagar 10 CUP por la entrada.

Continuando nuestro periplo llegamos hasta el club Corazonero. Afuera había decenas de personas esperando para entrar. Aquí la entrada vale 10 CUP, pero el sitio quizás ostente la primacía entre todos los centros recreativos guantanameros en cuanto a la pésima calidad de la música que difunde a altísimos decibeles, una situación capaz de desequilibrar al más cuerdo, lo cual sufrí durante una fiesta realizada allí hace unos meses. Así que agradecí que mis acompañantes decidieran continuar la búsqueda.

Cerca de las 10:00 p.m. llegamos al Piano Bar, un lugar pequeño y acogedor, pero también estaba lleno y tampoco tenían vasos ni hielo.

Todo parecía indicar que terminaríamos en el patio de la casa natal de Regino E. Boti, recalo obligatorio de poetas, trovadores y amantes de la buena música y la poesía, pero queríamos cambiar de ambiente y bailar a pesar de que somos unos patones. Sólo nos quedaban por visitar Las ruinas, El patio de Artex y el club Nevada, remodelado recientemente.

Descartamos el primero porque por las noches se torna conflictivo y también lo hicimos con el otro porque estaba lloviznando. Minutos después llegamos hasta el club Nevada, donde entrar cuesta 10 CUC por persona (unos diez dólares) los cuales hay que consumir. Gracias a que uno de mis amigos hizo una gestión nos permitieron entrar a condición de que consumiéramos algo, pues entre los cinco no hubiéramos reunido 50 CUC. Y conste, mis amigos son dos médicos especialistas con más de treinta años de experiencia.

Gracias a Dios había vasos, hielo y un servicio por todo lo alto, como los precios. La música divulgada por los equipos de video era variada, de aceptable calidad y no tan alta.

Los jóvenes que nos atendieron proceden de la última graduación de la escuela de gastronomía. Fueron amables y eficaces ante nuestros pedidos. Todo parece indicar que allí se reúne la juventud guantanamera de mayores posibilidades económicas y que el sitio goza de aceptación porque, además del buen ambiente y la calidad del servicio, abre a las 5:00 p.m. y cierra a las 5:00 a.m., horario muy generoso para los noctámbulos si tenemos en cuenta que el resto de los centros nocturnos cierra a las 12:30 a.m. o la 1:00 a.m.

Lo más significativo de esta experiencia sabatina fue comprobar como el consumo mínimo, una oferta que hasta hace unos años mantenían casi todos los centros nocturnos, ahora ha desaparecido, pues todos estos lugares cobran la entrada sin brindar nada a cambio. También constatamos que la empresa gastronómica de Guantánamo necesita urgentemente que le suministren vasos y hielo.

Al día siguiente uno de mis amigos coincidió conmigo en que habíamos pasado un buen rato, pero aunque estuvo de acuerdo con repetir la visita, me respondió que a no ser que pagáramos sus gastos y los de su pareja tendría que ahorrar al menos tres meses para regresar. No exagera: 20 CUC representan el 40% de su salario mensual y eso es mucho dinero para él y para otros que dependen de un salario más bajo y nunca podrán pagar la entrada al Nevada, que representa el 79% del salario promedio mensual de la provincia, si acuden acompañados de su pareja. Y si van a los otros lugares mencionados deberán llevar vasos y hielo.




‘Savior’, el salvador de los videojuegos cubanos

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LA HABANA, Cuba.- Savior, una aventura de plataforma 2D, es el nombre del primer videojuego desarrollado en Cuba de manera independiente. Sus creadores, el programador Johann Armenteros y el artista visual y director del proyecto Josuhe Pagliery, a través de la pequeña empresa “Empty Heads Games” están resueltos a terminarlo para el año 2018.

“La primera meta es obtener un demo completamente apto para jugar a principios de 2017”, dicen estos dos jóvenes, que exploran la creciente tendencia internacional hacia los indie games o juegos independientes (Minecraft y Machinarium son algunos exitosos ejemplos), en un mercado que hasta hace pocos años era dominado casi en su totalidad por las grandes desarrolladoras. Y para lograr sus resultados han decidido lanzar una campaña de crowdfunding en la plataforma Indiegogo.

“Nuestra generación jugó esta clase de videojuego que ahora construimos, por eso la estética que escogimos retoma en parte la usada en los (años) 90. Lo que estamos haciendo pudiera clasificarse como un juego reto pensado para un público entre los 25 y 35 años que ya están familiarizados con esta clase de productos”, comentó Johann Armenteros en una entrevista realizada por la revista El Toque Cuba.

La historia va sobre un personaje llamado “Pequeño dios” que despierta de un extraño sueño para descubrir que el mundo está desapareciendo. A partir de ese punto tiene que enfrentar ocho niveles para encontrar al “Gran dios”, el único que puede salvar al mundo del colapso. A medida que el juego avanza el protagonista se dará cuenta que en realidad está dentro de un videojuego que, por causas desconocidas, está fallando. Según sus creadores en su sitio oficial, “Savior está diseñado para sorprender todo el tiempo al jugador”.

“El mérito de estos dos jóvenes es grande y pienso que tienen muchísimo talento. En Cuba se consumen videojuegos de este tipo y la naciente industria estatal desarrolladora de videojuegos no ha conseguido crear materiales con calidad. Estos dos jóvenes, en menos tiempo y con menos recursos, han logrado un producto más comercial que todos los que ha producido el Estado”, comentó para este diario Rubén Darío, graduado de Informática y especialista en efectos visuales en 3D.

Los creadores, Johann Armenteros u Josuhe Pagliery (eltoque.com)
Los creadores, Johann Armenteros u Josuhe Pagliery (eltoque.com)

Savior está pensado para los dispositivos PC, Mac, Linux, y posteriormente para consolas de gama alta, según la revista digital Cachivache Media. En solo un año de trabajo, sus desarrolladores han logrado llamar la atención de instituciones de ayuda no gubernamentales como Innovadores Foundation y la Fundación Ludwig de Cuba.

La “industria” de videojuegos estatales

Los videojuegos han sido un tema tabú para el Estado cubano durante muchos años. Las fuertes críticas a la industria nunca faltaron en los medios oficialistas, que los tildaban de “violentos e innecesarios”.

La preocupación por crear un producto propio en la isla llegó casi cuatro décadas después de la aparición de “PONG”, uno de los primeros títulos de la gigante estadounidense ATARI a la vez que uno de los juegos clave en la historia de una industria que actualmente reporta miles de millones de dólares al año y que ha sido impulsora de numerosas innovaciones tanto en hardware como en software en general.

No obstante, según un artículo publicado el pasado 7 de octubre en el sitio oficialista Cubadebate, en el año 2008 el Estudio de Animación del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico (ICAIC), en coordinación con la UCI, los Joven Club de Computación y el Ministerio de Educación, “comenzaron los primeros intentos de desarrollar un videojuego cubano”.

Después de ocho años han conseguido sacar algunos como Fernanda, La Gata Mini, La aldea embrujada, La chivichana, Superclaria, La neurona y otros en desarrollo como Villa Tesoro y La cocina de Zoe, casi todos pensados para dispositivos móviles.

Omar González, un joven gamer que frecuenta un Joven Club ubicado en Boyeros para jugar Call of Duty en red, afirmó: “En los Joven Club todos prefieren los juegos internacionales. Ninguno de los videojuegos hechos en Cuba puede competir con grandes compañías como UBISOFT o CAPCOM. Estas lo superan en gráficos, texturas, calidad, experiencia de juego, acción e historia porque detrás hay un gran equipo con muchos años de experiencia. Deberá pasar mucho tiempo para desarrollar un juego en Cuba que logre competir con alguno de los que existen hoy en día en el mercado”.

Las políticas de adoctrinamiento usadas por el Estado cubano se están aplicando también en algunos de los videojuegos desarrollados en la Isla, los llamados videojuegos “educativos” tienen como objetivo consolidar el amor a la revolución y a sus principales figuras. Los niños de primaria deben jugar este tipo de juegos unas dos o tres veces por semana en las escuelas.

“Algunos videojuegos desarrollados por los Joven Club como Gesta final y Batalla por la historia, Mi vida mi patria, Nuestros héroes y Nuestra historia se encargan del aprendizaje de la historia de la revolución Cubana desde el desembarco del Granma hasta la Sierra Maestra, el amor a sus líderes y a sus principales figuras. Pero estos juegos nadie los juega, no se ven en la calle, ni en DVD, ni en discos externos. Solamente en algunos Joven Club y en las escuelas primarias que sí son obligatorios en los programas de enseñanza”, confesó Ernesto Díaz, graduado hace tres años de informática de la UCI que trabaja como programador en un Joven Club en el Municipio 10 de Octubre.

En la redes de tiendas estatales los videojuegos rara vez han estado a la venta. Solamente se pueden adquirir en el mercado negro, o a través de los vendedores de discos piratas.

“Soy gerente hace más de diez años. En nuestras TRD nunca se han vendido discos de videojuegos. No les puedo decir con exactitud la causa, imagino que sea una consecuencia del bloqueo (embargo estadounidense)”, apunta Alberto Oliva, quien administra de una tienda estatal en el municipio Boyeros.

Pero la pasión por este tipo de productos en Cuba abarca a varias generaciones y todo tipo de plataformas. Actualmente la piratería es la forma casi exclusiva para conseguir los últimos títulos en el mercado. Los cracks o “parches” ilegales son empleados inclusive en las máquinas de los Joven Clubs. Las piraterías de las consolas como PlayStation o Xbox, y la venta de juegos “quemados” son frecuentes en cualquier punto de venta particular o en los talleres de reparación particulares.

Escena de 'Savior'. Siendo un juego aún en desarrollo, sus creadores advierten que el resultado final puede ser diferente al mostrado en esta imagen (saviorthegame.com)
Escena de ‘Savior’. Siendo un juego aún en desarrollo, sus creadores advierten que el resultado final puede ser diferente al mostrado en esta imagen (saviorthegame.com)

Tanto en las redes de barrio como SNET hasta los famosos LAN-Party (reuniones de varios amigos para jugar en una red limitada red local) como en los mismos Joven Club de computación, juegos como Call of Duty, Battlefield, Starcraft, Warcraft, DOTA 2 o FIFA 2016 tienen la preferencia entre los gamers cubanos. Jugar online es casi imposible debido a la baja tasa de conectividad a Internet y el poco ancho de banda existente en las arcaicas conexiones dial up que se encuentran en algunos hogares.

La agrupación de deportes electrónicos de Cuba (ADEC), creada en el año 2007, y el grupo DOTA Cuba organizan torneos de forma independiente y sin un marco jurídico que los apoye. En los eventos, torneos y exhibiciones organizados solamente se utilizan juegos producidos en el exterior, y entre ellos la naciente industria independiente desarrolladora de videojuegos cubanos parece prometer para aquellos que también quisieran consumir lo que se produce en el patio. Tal vez, haciéndole honor a su nombre, Savior logre salvar un sueño que parecía demasiado lejano.




Buscando entretenimiento en La Habana

Cola para ver los dinosaurios

Cola para ver los dinosaurios
Cola para ver los dinosaurios

LA HABANA, Cuba, abril, 173.203.82.38 -La fresca tarde dominical invitaba a caminar.  La brisa abría el apetito que podría ser mitigado en la pizzería del Parque Metropolitano de La Habana, relativamente poco concurrida.  Nada más llegar al parqueo, un empleado se acercó con la noticia de que estaba cerrada. ¿Por qué? No había capacidad.  También el restaurante y el establecimiento aledaño estaban desbordados, pues había actividades en el parque. Ante la contrariedad,  lo más sensato era continuar por la estrecha y ondulante carretera, que bordea el rio Almendares para salir cerca del teatro Karl Marx, próximo al mar.

Al pasar bajo las grandes arcadas del puente que une el  Vedado, o sea el municipio Plaza, con Playa, donde antiguamente comenzaba Marianao,  llegaban extraños sonidos, inusuales en el apacible y hermoso parque. No podrían ser causados por los niños jugando en los tiovivos, cachumbambés y canales, tampoco montando los pocos caballitos ponis y menos aún de los remos de los botecitos adentrándose en las negras aguas.  A esa hora la presentación de payasos y alguna compañía de pequeños habría terminado hacía rato, si es que la hubo.  En el último año las actividades y los aparatos de esparcimiento decayeron, precedidos por ausencia de las ofertas gastronómicas, que usualmente atraen visitantes.

La proximidad reveló cientos de niños y adultos.  ¿Qué habría sucedido? Gran sorpresa al constar que se agrupaban en gruesa, larga y amistosa cola. A unos metros de distancia, un policía había estacionado su moto, evidentemente para bloquear el tránsito.  Se había  olvidado que el sábado 7 de abril el noticiero de la televisión transmitió el acto de inauguración de la exposición “Dinosaurios en el Parque”, por el embajador de Venezuela (país propietario de las reproducciones), la primera secretaria del Partido Comunista y la presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular de La Habana.

En esta capital carente de esparcimiento, sobre todo para niños y jóvenes, y  comida a precios razonables “en moneda nacional”,  a pesar de las dificultades para transportarse, la noticia de la exposición entusiasmó hasta la avalancha. Indudablemente apreciar  las 34 piezas en tamaños originales, y escuchar sus rugidos no solo estremeció la agradable vegetación del parque, sino que ha conmocionado “la  capital de todos los cubanos”.  Eso más aún porque “como complemento a esta muestra, que será el plato fuerte en la venidera semana de receso escolar y las vacaciones de verano, han sido multiplicadas las ofertas gastronómicas y es preciso mantenerlas en surtido, cantidad y variedad, para responder a la demanda que puede generar la llegada de los dinosaurios al Parque Almendares”, según el periódico Tribuna de La Habana del 8 de abril.  Difícil tarea, aunque por suerte no es necesario alimentar también a los saurios cuadrúpedos.

Parece que la lenta entrada al Metropolitano ocasionó esa multitud de cientos de personas.  Quizás la organización por grupos en recorridos con guías desbordó las expectativas, aunque sábados y domingos el horario será de diez de la mañana a cinco de la tarde, más complicado será de lunes a viernes, cuando sólo estará disponible de dos a cinco de la tarde, sobre todo la semana a partir del día 9 porque habrá receso escolar.  Bien complicado será visitar la sala museo y utilizar algunos aparatos de diversión nuevos debido a  la poca capacidad.  Indudablemente faltó divulgación sobre la permanencia de la exposición  hasta septiembre.

Algo alejado de allí, en el Teatro Karl Marx, un nutrido público accedía o procuraba entradas de último momento para disfrutar la actuación de la compañía Lizt Alfonso Dance Cuba, con el espectáculo “Amigas, el musical”, que permanecerá los fines de semana de abril.  Las notables coreografías ejecutadas por las excelentes bailarinas del ensamble, que cumple 20 años, son muy apreciadas por los cubanos, y  cuenta con destacado prestigio internacional. Lizt Alfonso ha enriquecido los bailes españoles iniciales con ritmos cubanos  e internacionales, y en esta ocasión incorporó a los magníficos cantantes Niurka Reyes, Maureen Iznaga, Yaima Saez, Gretel Barreito, Sory, Vadim Larramendi y Joan Morell, que se alternan en tres mujeres y un hombre cada presentación.  Este espectáculo fue inaugurado en Alemania el pasado año con gran acogida y en esta oportunidad habanera fue largamente aplaudido. Encomiable evidencia del éxito logrado por la conjunción del talento, el trabajo arduo y la iniciativa individual.




¡De película!

LA HABANA, Cuba, junio, 173.203.82.38 -Cuando fui a comprar un DVD con películas, para entretenerme el fin de semana, el vendedor me explicó que no los tenía en exhibición porque les habían prohibido vender películas, series y telenovelas, que incluso tuvo que firmar un documento de compromiso.

Después de la ampliación del trabajo por cuenta propia, los vendedores han resurgido por todas partes, y entre los más populares y abundantes están los de discos de música y video.

Entre las razones por las cuales hay tanta gente dedicada a la venta de discos, está la gran demanda por el producto. Muchas personas cuentan ya con los equipos para utilizarlos, pues, aunque los precios son altos, las computadoras y los aparatos lectores de DVD y memorias flash se venden en las tiendas desde hace unos tres años.

Aunque cuestan como mínimo más de 100 dólares, el equivalente al salario de tres meses de la mayoría, o sea, un precio muy elevado para los cubanos, los lectores de DVD con puerto USB permiten ver también audiovisuales grabados en memorias flash, que abundan y son muy populares entre los jóvenes.

A pesar de que el costo de los equipos es alto para nuestros bolsillos, el entretenimiento que posibilitan los convierte en una buena inversión para la mayoría. Quedarse en casa para ver una película siempre acaba siendo más barato para una familia, que salir a divertirse a la calle.

Por otra parte, está la posibilidad de elegir lo que uno quiere ver, en vez de depender de lo que elijan los funcionarios del instituto estatal de la televisión, que obedecen siempre a la política de teledifusión gubernamental.

La fuerte competencia entre los vendedores de discos ha hecho que los precios hayan bajado. La mayoría de los vendedores ofrecen los DVD a 25 ó 30 pesos, o sea, poco más de un dólar, y en cada DVD hay grabadas cuatro o cinco películas compactadas.

Es cierto que estos discos son pirateados, un fenómeno que no es exclusivo de nuestra Isla, y ya algunos realizadores nacionales se han quejado por el flagrante irrespeto a sus derechos de autor. Sin embargo, esos realizadores no exigen al gobierno la comercialización de sus obras a precios sensatos, asequibles al pueblo, aunque saben que en los establecimientos estatales se venden las películas originales a un precio mínimo de 375 pesos (cerca de 20 dólares), algo inalcanzable para la inmensa mayoría del público.

Conociendo a nuestros gobernantes, es fácil pensar que la prohibición de venta de material pirateado, que ahora entorpece en algo el flujo de series televisivas, telenovelas y películas sin control estatal, no está motivada sólo por el respeto a la propiedad intelectual; es más bien una manera de censurar, de impedir el acceso a la información.

No obstante, para los cubanos, sobre todo para los jóvenes, el trasiego de este tipo de material es ya algo muy común y arraigado, que será difícil impedir. Mediante reproductores de mp3, celulares y otros soportes se pasan clips de musicales, canciones, fotos e información.

Sin ninguna duda, el pueblo continuará aprovechando esta nueva brecha tecnológica para entretenerse e informarse y, de paso, para  escapar de la agobiante propaganda oficial que nos persigue desde la escuela hasta la pantalla de nuestros televisores en casa.




Semana de cine alemán

LA HABANA, Cuba, junio, 173.203.82.38 -Culmina el Festival de cine francés en Cuba y comienza la Semana de cine alemán, programada del 24 al 30 de junio en la Sala Chaplin de la Cinemateca, ubicada en 23 entre 10 y 12, Vedado, donde los amantes del séptimo arte disfrutarán de cinco largometrajes de ficción, precedidos por la coproducción franco alemana Clara, de la realizadora Helma Sanders-Brahms, exhibida del 16 al 22 en La Rampa.

El ciclo comienza con Debajo de ti, la ciudad, de Christoph Hochlavsler, y la multipremiada En las nubes, de Andreas Dresen; dos historias diferentes sobre  triángulos amorosos, la primera en un ambiente bancario de clase alta; mientras en la segunda el adulterio es a nivel de barrio y hacia el interior de personajes mayores de sesenta años.

Andreas Dresen trae otra obra diferente, Whisky con soda, en la cual se adentra en las interioridades del arte cinematográfico, marcado en este caso por la porfía entre actores, para lo cual se inspiró en las circunstancias ocurridas durante el rodaje de Castillos y chozas (1957), premiado en el Festival Internacional de Karlovy Vary.

Integran la cartelera dos filmes recientes de excelente factura: Jericó, de Christian Pelzold, y Hanami, cerezos en flor, de la reconocida Doris Dorrie. Jericó no es la antigua ciudad del Medio Oriente a la que regresaron los hebreos al salir del cautiverio en Egipto, si no una historia situada en una población homónima germano oriental, donde dos hombres y una mujer personalizan las palpitaciones colectivas, marcadas por los enredos de la sumisión, secretos, desidia y los anhelos de amor y seguridad.

Hanami, cerezos en flor, converge y difiere de En las nubes, pues aborda la  materialización del amor entre adultos otoñales que bordean los prejuicios de forma púdica, lo cual desacraliza la mitificación del sexo como cosa de jóvenes.

Entre los filmes alemanes retorna ahora el gran actor Daniel Bruhl, recordado por Inglourious  Basterds, Good Bye Lenin, y Vaya con dios; quien trae la comedia Mis palabras, mis mentiras, mi vida; la cual satiriza las estafas y poses del negocio editorial y las actitudes asumidas en el ámbito cultual contemporáneo.

La recreación cultural vibra además en la cinta Goethe, filme biográfico inspirado en la vida del célebre poeta y ambientada en 1772, con ciertas libertades históricas, como la excelente Amadeus. Esta película parte de las circunstancias de la novela Las desventuras del joven Werther.

Como en ocasiones anteriores, el vigoroso cine alemán genera expectativas y sorpresas  desde la diversidad de miradas, temas, realizadores y el sostenido nivel estético. Las historias de estos largometrajes redondean reflexión y poesía, amor y responsabilidad creativa.

Filmes anteriores exhibidos en La Habana y premiados en Europa y los Estados Unidos acreditan la filmografía de la nación centroeuropea. Recordemos la coproducción Al otro lado, segunda parte de la trilogía Amor, muerte y demonio, del director de origen turco Fatih Akins, y La vida de los otros, de Florián Henckel von Donnersmarck, Premio Oscar 2007; la cual evoca a la República Democrática Alemana en 1984, donde un oficial de la policía secreta monta un operativo contra un célebre escritor y su mujer. El conflicto moral de Wiesler, capitán de la STASI, quien se implica y vacila ante los mecanismos del sistema totalitario, remite a las formas de actuar de los agentes cubanos.




La cultura en el vórtice

LA HABANA, Cuba, febrero (173.203.82.38) – La necesidad de ingresos financieros pone fin al improvisado guateque de la masificación cultural. Más que proyectos y espacios literarios y artísticos subsidiados, la cultura está obligada a generar dinero para subsistir. Ahora, en vez de guaguancó de solar, rumba de salón. En lugar de las editoriales provinciales para escritores inéditos, se reducirá la tirada de libros en todo el país. Los miles de burócratas que integran el sector serán eliminados también. No habrá medias tintas a la hora de aplicar la reducción.

Hasta el subsistema de enseñanza artística, que ha graduado a miles de estudiantes desde 1974, y cuenta con 20 centros de nivel elemental y 29 de nivel medio en todo el país, así como uno del nivel superior en la capital, reducirá su matrícula este año.

Además, se anunció de manera oficial la transformación de algunas instituciones culturales importantes, la reducción de asignaciones presupuestarias, y la descentralización de la gestión estatal.

Como en los 90, lo que viene para el sector será un sálvese el que pueda. Nadie puede olvidar aquella década con orquestas convertidas en combos de tarima, fragmentos de libros tirados en una hoja de papel, y grandes compañías transformadas en grupos de teatro de pequeño formato

Excepto en los casos de las figuras del arte y la literatura que maquillaban con sus creaciones la imagen en retroceso de la revolución, el soborno y el nepotismo eran las únicas vías de mantenerse en la órbita cultural.

Ahora la cultura comunitaria también sentirá el apretón. Las casas de Cultura municipal, y los Talleres de Transformación Integral desarrollados en barrios con desventaja social, verán disminuidos sus  recursos.

La Oficina de Atención al Trabajo Comunitario de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), que asesora proyectos socio-culturales en los municipios más apartados de la capital, reducirá su  misión.

Pero no sólo artistas y escritores verán reducidas, por falta de presupuesto sus opciones para exponer, realizar un concierto, una puesta en escena, o la tirada de un libro entre cubatas y mojitos que promocionen la coctelería del país. La población estará sujeta a las leyes del mercado en las propuestas recreativas y culturales de la nación. El aumento de los precios de entrada a los pocos espectáculos a los que se accede en moneda nacional, será suficiente razón  para no asistir.

Sólo los turistas se salvarán. De acuerdo con lo expresado por Fernando Rojas, vice ministro de Cultura, se incrementarán las propuestas culturales para el turismo extranjero.

¿Y los cubanos? Bien. A beber y bailar en el malecón, en medio de la calle, o en la sala del hogar. A leer La batalla estratégica del Comandante, las revelaciones de WikiLeaks, y como recreación, las reflexiones de Fidel.

Lo demás no importa. Como dijera Graciella Pogolotti: “Estos son tiempos de profundidad”. Es decir, otra ocasión para enterrarnos vivos hasta salir del vórtice de las transformaciones en la cultura nacional.

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La Isla del Coco

LA HABANA,  Cuba, enero (173.203.82.38) – Delante de la niña se levantaba la imagen de María Silvia, la novia del Elpidio Valdés, personaje de los comics cubanos. El hermano de la niña la acompañaba. La muchachita cumplía años y visitar el parque La Isla del Coco le pareció un buen regalo.

La Isla se levanta donde antes estuvo Coney Island, un parque de diversiones construido en los años 50, en la zona conocida como Playa de Marianao, parte de las nuevas áreas urbanizadas en la época al oeste de la capital. Era un nuevo concepto de parque, remedo del newyorkino, que con su tecnología y proyección, ponía fin al concepto de los parques ambulantes, como el que aparece en el filme cubano Juan Quin Quin en Pueblo Mocho, de Julio García Espinosa. Eran parques propios de las primeras décadas del siglo XX.

El Coney, como se le conocía, fue lugar de distracción y diversión de jóvenes y no tan jóvenes durante treinta años.  La debacle de los años noventa también envió a la ruina lo que quedaba de Coney Island.

Quince años después, con financiación venezolana y tecnología china, se levantó un nuevo parque en el mismo lugar: La Isla del Coco. Allí viven El Capitán Plin y sus amigos, cofradía que defiende la isla contra los ataques del pirata Rui la Pextes. También se encuentra en la isla a Elpidio, Palmiche y otros personajes de los comics cubanos.

Inaugurado el 27 de diciembre de 2007, el parque, a todas luces, no recibe la atención adecuada. Algunos equipos ya no funcionan, y el mantenimiento brilla por su ausencia. Tampoco existe la oferta de golosinas y refrescos, propias de lugares de este tipo, destinados a los niños.

Pero nada impidió que la niña corriera y jugara junto a su hermano, y un nuevo amigo, Ramirito, que disfrutaba del parque acompañado de su mamá.

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