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Sábado, 24 de junio 2017

El constituyente Raúl Castro

Cuando el asunto es poner un atuendo jurídico a las dictaduras

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Nicolás Maduro y Raúl Castro juntos en un acto oficial (Foto: Cubadebate)

CARACAS, Venezuela.- En “Anatomía de la Izquierda Occidental”, Heller y Feher (1986) describían así la manera como la URSS se relacionaba con los países que entraban en su órbita: “La única constante estructural de la tutela totalitaria soviética es que siempre condujo a la eliminación irreversible de las instituciones democráticas y de los derechos humanos allí donde hayan existido”.

La convocatoria ilegal del gobierno de Maduro a una Constituyente tiene por objetivo vestir con ropaje jurídico (una nueva Constitución) a un régimen totalitario semejante al cubano. En buena medida el tipo de relación establecida entre el régimen socialista cubano con el gobierno chavista está caracterizado por la inyección de suero totalitario del primero hacia el segundo.

Entonces, acerquémonos a un período de Cuba que es relevante para nuestros propósitos. El 15 de febrero de 1976 se aprobó ―mediante un Referéndum― la primera Constitución Socialista de Cuba. Esto es, durante 17 años en aquel país no existió Carta Magna, un hecho que demuestra el menosprecio del régimen totalitario del dictador Fidel Castro hacia la ley. Antes de 1976, el lugar de la Constitución fue ocupado por la Ley Fundamental de 1959 que otorgaba poderes constituyentes al Consejo de Ministros. Situación que en la práctica se traducía en que la ley era la voluntad del líder máximo; es decir, Fidel Castro era el soberano, encarnaba en su persona física la instancia jurídica suprema de la nación cubana.

El Proyecto de Constitución fue aprobado primero por el Partido Comunista Cubano y posteriormente lo refrendó el pueblo con el 97,7% de los votantes, tal y como es costumbre en todos los regímenes totalitarios, donde el voto libre no existe.

Como si fuese un ciudadano respetuoso del derecho constitucional, al comandante Raúl Castro le correspondió el honor de proclamar la Constitución. Resumió el significado de aquel momento con estas palabras: “La Constitución que hoy estamos poniendo en vigor consolida jurídicamente lo que ha logrado la revolución. Cada derecho que proclama es un derecho garantizado por la realidad económica, política y social del país”. Dejaba en claro que debido a que la revolución ya estaba consolidada, se podía pasar a la etapa de darle atuendo jurídico, o sea, a la institucionalización del sistema político-jurídico socialista.

La normalización legal parecía apuntar hacia la despersonalización del poder omnímodo ejercido por Fidel Castro, ya que los poderes constituyentes se transfirieron del Consejo de Ministros a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Pero esa no es la lógica de un régimen totalitario.

Los hechos posteriores son conocidos: la revolución cubana no avanzó hacia ninguna institucionalización del poder político y menos hacia la creación de un “Estado de Derecho Socialista” que nunca existió en ningún socialismo real. La Constitución jamás alcanzó para los cubanos el carácter de referente jurídico máximo por encima de la voluntad de Fidel Castro, quien, como todos los líderes totalitarios, nunca permitió ninguna competencia a su rol de Dios de Cuba y, simplemente, él continuó siendo la ley.

Lo que sí se consolidó fue la sovietización de Cuba, pues el texto constitucional era en gran parte una copia de la Constitución de la URSS de 1936 (51% de los 137 artículos, con variantes de redacción, provenían de los 146 de la rusa).

El know-how “constitucional” cubano, primero con Fidel Castro, le fue útil a Chávez al ganar en 1998 para, vía Constituyente, desmontar el sistema democrático eliminando el Congreso Nacional, sustituyendo la anterior Constitución por una a su medida, etc. También es útil ahora, con Raúl Castro, para impulsar una Constituyente Comunal que tiene por objetivo consolidar un régimen totalitario en Venezuela, donde el Estado absorba la Sociedad Civil eliminando, como en Cuba, partidos opositores, sindicatos y gremios libres, universidades autónomas, empresas privadas, medios e iglesias independientes.

La ruta constituyente/totalitaria que el gobierno intenta imponer con apoyo de la fuerza militar y paramilitar agudizará los conflictos en el país. Por su parte, las fuerzas democráticas lucharán ―deben hacerlo― para impedir que se concrete la muerte de la Comunidad Venezolana que ―aunque maltrecha― ha existido hasta hoy.

Conscientes de que está en juego no sólo su futuro, sino el futuro del país, nuestros jóvenes luchan y, víctimas de la represión simiesca, derraman su noble sangre en las calles. Algo injusto y muy doloroso. A ellos les recuerdo el discurso a los jóvenes universitarios que diese el Papa Juan Pablo II en su visita a su amado país, Polonia, el 8 de junio de 1979, unos 10 años antes de que desapareciera el comunismo ateo que por décadas esclavizó a sus compatriotas: “¡Mis jóvenes amigos! Vosotros sois el futuro del mundo, de la nación, de la Iglesia, de vosotros depende el mañana”.

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