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Nuevo redimensionamiento de la agroindustria azucarera cubana

LA HABANA, Cuba, noviembre (173.203.82.38) – El gobierno cubano anunció la disolución del Ministerio del Azúcar y en sustitución creó “una organización superior de dirección empresarial (OSDE)”, denominada simplemente Grupo Azucarero. La eliminación del MINAZ se esperaba hacía tiempo.  No tenía sentido mantener una inmensa estructura burocrática para atender una actividad económica que hace tiempo perdió la importancia disfrutada durante siglos en la sociedad cubana.

Aunque no se conocen los resultados de las zafras 2009-2010 ni 2010-2011, los estimados realizados por varias fuentes con experiencia en la materia reflejan que sólo fueron superiores al millón de toneladas de azúcar, o sea,  magnitudes no muy alejadas de los niveles productivos logrados a finales del siglo XIX, antes de que comenzara la Guerra de Independencia en 1895.  Cuba, que fue la gran exportadora del mundo en muchos momentos, con una industria azucarera que constituía la columna vertebral de su economía, ha tenido que importar azúcar en los últimos años de Brasil y Colombia, fundamentalmente, para poder abastecer su racionado  mercado interno.

La industria está prácticamente destruida, con una capacidad de molida de algo más de un tercio de la existente en 1990, cuando existían 156 ingenios y la superficie cosechada se redujo de 1,4 millón de hectáreas en la Zafra 1989-1990 a 431,4 miles de hectáreas en las correspondiente a 2009-2010. En cuanto a los rendimientos por área, la caída ha sido sustancial, llegándose a 26,7 toneladas por hectáreas en la campaña 2009-2010, con cierta recuperación en la última realizada que la sitúan en 32,5 ton/ha según datos preliminares.  Ambas cifras son muy distantes de los niveles mundiales de 71 ton/ha obtenidos en 2007-2009, según la FAO. Una situación igualmente desastrosa tiene el rendimiento industrial, que desde hace muchos años no supera las 11 toneladas de azúcar obtenida por 100 toneladas de caña procesada; muy distante de los niveles logrados antes de 1959, cuando en algunos de los diez años anteriores superó las 13 toneladas.

Según las informaciones, el Grupo Azucarero estará constituido por 22 empresas. De ellas 13 azucareras,  distribuidas en todas las provincias del país, con excepción de Pinar del Río y La Habana, las cuales administrarán los 56 centrales que se mantendrán activos. Las restantes 9 empresas tendrán como objetivo labores de apoyo y servicios. Adicionalmente existirán  3 unidades presupuestadas, de las cuales  dos dedicadas a la investigación: el Instituto Nacional de la Caña de Azúcar (INICA) y el Instituto Cubano de los Derivados de la Caña de Azúcar (ICIDCA), a lo que se agrega el Centro Nacional de Capacitación Azucarera (CENECA).  De acuerdo con el Decreto-Ley No 287, que dispone la extinción del MINAZ, se traspasa esencialmente al Ministerio de la Agricultura (MINAG) lo concerniente al control, protección y desarrollo del fondo de tierra destinado fundamentalmente a la producción cañera, así como la aplicación de lo normado en cuanto a sanidad vegetal en el cultivo de la caña de azúcar.

Asimismo, el Ministerio de Economía y Planificación (MEP) quedó responsabilizado con las asignaciones de los recursos para las producciones de caña, azúcares y derivados.  El Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera mantiene la política y estrategia de comercialización de los productos de la industria azucarera en mercados externos, así como el control de las inversiones de capital extranjero. El ferrocarril cañero se integra al sistema empresarial del Ministerio de Transporte (MITRANS), y la producción de materiales y brigadas constructoras que antes laboraban en el MINAZ se transfirieron a los gobiernos locales y al Ministerio de la Construcción.  Otras funciones que ejecutaba el MINAZ, no relacionadas directamente con la producción agro-azucarera, se trasladaron a los organismos correspondientes.

Con esas decisiones, el Grupo Azucarero nace con muchas restricciones y sin poder asegurar directamente los recursos necesarios para realizar su gestión.  Incluso, como es el caso del ferrocarril cañero, al trasladarse al MITRANS pierde un medio tradicionalmente manejado por la industria, sin requerir coordinaciones con otros organismos o entidades.  Así continuará la falta de control directo sobre los insumos y la intervención de organizaciones intermediarias en las negociaciones para las inversiones urgentemente requeridas para reconstruir  la actividad azucarera.

Aunque la decisión de disolver el Ministerio del Azúcar y acercar los niveles de decisión a la base es correcta, obteniéndose ahorros por la reducción en un 45,0% de trabajadores innecesarios -fundamentalmente administrativos-,  resulta preocupante la cantidad de organismos de los cuales el Grupo Azucarera dependerá.

Para rehabilitarse, la industria  necesita autonomía y la toma de decisiones ágiles.  No se puede perder más tiempo en reconstruir la industria azucarera cubana, en momentos cuando el precio del azúcar se mantiene a niveles altos.  Cada día perdido en restaurar la absurdamente destruida industria azucarera representa inmensas pérdidas de ingresos para el país. El asunto no sólo es reestructurar, sino reconstruir con celeridad  la agroindustria, permitir la toma de decisiones efectivas con agilidad y motivar nuevamente a los agricultores y trabajadores azucareros a producir en condiciones rentables.




Ocaso de una industria

LA HABANA, Cuba, noviembre (173.203.82.38) – Los centrales azucareros Argeo Martínez, de Guantánamo y Jesús Rabí, de Matanzas, este con el proyecto brasilero Vitrina, con alguna nueva maquinaria y un 89,5% de mecanización agrícola con combinadas de Brasil, comenzarán la cosecha el 1 de diciembre y se incorporarán escalonadamente a los 44 restantes, en un intento por obtener 1,4 millones de toneladas métricas al concluir la zafra en 2012. Producción ligeramente superior a la cosecha del pasado año  con  1,1 millones, e igual a la lograda en 2008 con l, 4 millones, muy por debajo a períodos anteriores.

El Anuario Estadístico de Cuba de 2000 lo demuestra: la fabricación en 1993-94 fue de 3 906 300 toneladas métricas; decreció a 3 350 500 en 1994-95; la de 1995-96 subió a 4 342 900; la de 1996-1997, bajó nuevamente a 4 154 800; en 1997-98  no rebasó los 3 153 200; en 1998-99 subió ligeramente a 3 691 300; con un pequeño aumento en  1999-2000, para 3 943 900 TM.

Cuba tuvo antes de la revolución reconocida fama como productor y exportador  de azúcar y sus derivados y ocupaba uno de los primeros escaños mundiales. En 1958 existían 161 ingenios: 36 norteamericanos, 121 eran propiedad de cubanos, 3 eran de españoles y uno propiedad   de franceses. La producción total era  de casi 6 millones de TM. Correspondía a los centrales de cubanos 62,13% de la  producción; a los de norteamericanos el 36,65%;  a los de españoles, el 0,95%; y al central propiedad de franceses el 0,27%.

La reciente desaparición del Ministerio del Azúcar, reducido a simple empresa significa más que reajuste de empleos, implícita la aceptación del ocaso de la que fuera primera industria nacional desde el siglo XVIII hasta el triunfo castrista de 1959, cuando comenzó el declive con la confiscación de tierras y la totalidad de los centrales azucareros, que pasaron a propiedad estatal.

El Ministerio del Azúcar se creó en 1964 y controlaba 152 centrales, 16 refinerías de azúcar crudo, 8 fábricas de levadura, 3 de cera y una de dextrosa.

La malograda “Zafra de los 10 millones” de toneladas, de 1970, apenas llegó a los 9 millones y marcó el principio del desastre azucarero.

Para lograr la producción de los 10 millones de toneladas de azúcar que quería Fidel Castro, se arrasaron bosques y  siembras tradicionales para dedicar las tierras al cultivo de la caña. Se tensaron todas las fuerzas económicas y sociales bajo virtual militarización. Más de la mitad de los trabajadores y estudiantes  marcharon al campo para convertirse en urgente, aunque inexperta, fuerza de trabajo. La mitad de las escuelas fueron cerradas; la producción industrial, agrícola y alimenticia cayó a niveles muy bajos. Se impuso el Período Especial con estricto racionamiento de alimentos y artículos industriales.

Peor fue la pérdida de la tradición y especialización productiva, no sólo de azúcar sino de importantes derivados como alcohol, cogeneración de energía eléctrica, pienso para el ganado, pulpa para producir papel y medicinas y la pérdida de cientos de miles de puestos laborales.

El desmantelamiento de más de la mitad de los centrales, la descapitalización de fábricas, equipamientos agrícolas, las tierras abandonadas, la reducción de las zafras, la pérdida de empleos, el abandono y saqueo de las amplias redes ferroviarias, el deterioro de carreteras y caminos, la agresión al medioambiente, la compactación de los suelos por la falta de cultivos y rotación de tierras, la erosión y el desmantelamiento de la mitad de los centrales, tuvieron un enorme impacto social sobre más de 480 mil trabajadores y sus familiares, en 125 municipios dependientes  tradicionalmente del ingenio, centro de la vida y la economía locales. Esto precipitó las migraciones a  las ciudades y el mayor empobrecimiento del país.

Se afirmaba antes: “Sin azúcar no hay país”. Eso parece.




Azúcar y revoluciones

PUERTO PADRE, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -Delicias, el central azucarero construido en 1911 por la compañía estadounidense Cuban American Sugar, con 780 mil arrobas de caña de capacidad de molida diaria, afortunadamente continuará produciendo en esta cosecha.

La noticia es halagüeña, pues si bien el Central Delicias es el mayor productor de azúcar de Cuba -aunque en esta cosecha sólo produjo poco más de 60 mil toneladas cuando en 1953 ya producía más 658 mil-, sus más cercanos competidores, los Centrales Chaparra y Manatí ya hace mucho que fueron desmantelados, con todo y sus 600 mil y 700 mil arrobas de capacidad de molida diaria.

Por el camino que van, pronto en Cuba los centrales azucareros serán instituciones de museo, o ruinas como la de los desaparecidos ingenios haitianos.

Según se informó en el Consejo de Ministros efectuado el pasado 24 de septiembre, en Cuba ya sólo quedan 56 centrales azucareros, de los 161 expropiados por el gobierno en 1960.

En la cosecha 2011-2012, que ya está por comenzar, sólo producirán azúcar 46 centrales, algo así como los que en las décadas del 40 y el 50 del pasado siglo producían solamente en la antigua  provincia de Oriente, sólo que lo hacían con  mayor capacidad de molida y mejor rendimiento industrial.

En la antigua provincia de Oriente – territorio que abarcan hoy las nuevas provincias de Las Tunas, Holguín, Granma, Bayamo, Santiago de Cuba y Guantánamo – en 1943, según la revista Cuba Contemporánea, editada por el  Centro Editorial Panamericano, existían 40 centrales azucareros.

Trece eran de propiedad cubana, 17 estadounidenses, 5 canadienses, 3 españoles, 1 de propiedad inglesa, fundado en 1886, y otro de propiedad francesa, construido en 1859.

En conjunto, los 40 centrales orientales tenían una capacidad de molida de más de 10 millones de arrobas diarias, y téngase en cuenta que el Central Preston, el de mayor capacidad diaria de molida -800 mil arrobas-, en 1943 alcanzó un 14,55 %  de rendimiento industrial, algo inusitado para estos tiempos.

Cinco de estos centrales exportaban su azúcar por el Puerto de Santiago de Cuba, 6 por el de Boquerón, 4 por Antilla, 1 por Banes, 8 por Manzanillo, 2 por Puerto Padre y 1 por cada uno de estos puertos: Media Luna, Tarafa, El Deseo, Manatí, Niquero, Guantánamo, San Ramón, Nuevita, Caimanera y Cayo Mambí.  El resto efectuaba sus embarques de forma local.

Para ampliar cifras obsérvese la cantidad de empresas, establecimientos, sindicatos personas naturales y jurídicas y familias que, a través del azúcar, se enriquecían o simplemente obtenían el sustento diario en Cuba.

Nadie pretende ocultar la inequidad y lo pernicioso del latifundio y el monocultivo en esa época, pero resulta que hoy es mucho peor, pues si antaño algunos miles de propietarios, entre los que existían no pocos ambiciosos, pero también personas dadas a la bondad y  a la equidad, mantenían en producción la mayor parte de la tierra arable de este país, hoy unos pocos, poquísimos, amparados con una máscara de bondad , han confundido a toda la nación, haciendo baldía la tierra arable del país. Son ellos quienes hoy propician, multiplicados por mil, los males que criticaban ayer.

Nadie, con al menos un soplo de humanidad, puede confabularse con el esclavismo. Pero es innegable que la  Revolución Haitiana de 1804 determinó la catastrófica desaparición, brusca y sin transición, del hasta entonces primer suministrador de azúcar y café al mercado internacional, convirtiendo a Haití en uno de los países más miserables del planeta.

Más cercana en el tiempo, la revolución cubana del 1ro de enero de 1959, aunque con un bien enmascarado programa en favor de los humildes, no ha hecho sino hundir en la pobreza, no a unos pocos, sino a toda la nación. Al paso que vamos, pronto muchos cubanos podríamos ser tan pobres, como los haitianos de hoy.




Zafra azucarera 2010-2011 en preparación

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 -Siete centrales azucareros retornarán a funcionar en la Zafra 2011-2012, para añadirse a los 39 que laboraron en  la recién terminada, según anunció el periódico Granma el 6 de agosto.   Esto se enmarca en el esfuerzo por incrementar la decaída producción, que solo llegó a estimados de 1,1 millón de toneladas en 2009-2010 y 1,2 en 2010-2011, volúmenes similares a los alcanzados a fines del Siglo XIX.

El interés por la recuperación de la otrora principal industria nacional responde a los incrementos de los precios del azúcar en el mercado mundial, que se mantienen muy altos, por encima de los 30 centavos de dólar la libra en ocasiones, convirtiéndose en el producto alimenticio mejor cotizado en los últimos tiempos. Tendencia que parece se sostendrá en el futuro.

Al inicio de la década de 1990, Cuba llegó a producir  8,0 millones de toneladas de azúcar y tenía 156 centrales funcionando.  Posteriormente el gobierno realizó una reorganización de la industria, con el desmantelamiento de la mayoría de las unidades para dejar únicamente algo más de 60 y la reducción de las áreas cañeras cosechadas de 1,4 millones  de hectáreas  en 1990, a 431,4 mil en 2010.

Asimismo, los rendimientos de caña por hectárea se han derrumbado.  En la Zafra 2009-2010 fueron de 26,7 toneladas por hectárea, mientras en la correspondiente a 2010-2011 llegaron a 32,5, parámetros  alejados del promedio logrado durante los 10 años anteriores a 1959 (39,0 ton/ha), y  mucho más distantes aun del promedio mundial de 69,8 ton/ha en 2009 según FAO, y  de las 78,8 ton/ha de Brasil, principal producción mundial en igual año.

Llama la atención que dada la urgente necesidad de divisas, ahora acrecentada por el incremento de los precios de los alimentos importados, se haya decidido incorporar tan pocos centrales en la próxima zafra, de los que supuestamente están disponibles  para moler.  La explicación aportada es que en estos momentos solo existe un modesto aumento en los volúmenes de caña, así como en el rendimiento de caña por hectárea.

Indudablemente esto podría ser un factor determinante, pero también posiblemente  los centrales parados durante mucho tiempo estén en muy malas condiciones, a lo que se une el precario estado de toda la infraestructura, como caminos y vías ferroviarias, así como la carencia de transporte y hasta de personal capacitado.

Con 46 centrales, de existir buenas condiciones meteorológicas,  podría lograrse una producción azucarera de algo más de 1,4 millón de toneladas de azúcar, lo que eventualmente eliminaría las importaciones de este renglón y quedaría una pequeña cantidad para exportar adicionales a las 400 000 toneladas, que se estima se entrega a China, teniendo en cuenta que  el consumo nacional es de alrededor de 700 000 toneladas, y de la creación de  reservas para enfrentar  situaciones imprevistas, como  daños causados por fenómenos naturales.

En la nota de Granma se afirma que en la próxima cosecha comenzarán a laborar 14 combinadas marca CASE brasileñas, 20 camiones de alta capacidad de arrastre y 48 remolques.  Esos equipos se han probado en las dos últimas zafras en el central Jesús Rabí de la provincia de Matanzas con magníficos resultados.  Allí 6 cosechadoras Case sustituyeron a 24 combinadas KTP.  Además humanizan el trabajo, pues tienen aire acondicionado y música. No obstante hay que aclarar que estas cosechadoras necesitan determinadas condiciones en las áreas de corte y altos rendimientos para que sean funcionales y rentables. Ello explica porque  pruebas realizadas en otros lugares no dieron los resultados satisfactorios obtenidos en los campos de caña del Jesús Rabí.  En este central se desarrolló el “Proyecto Vitrina”, que contó también con 9 tractores CASE y 18 autobasculantes para cargar las nuevas rastras, 7 de la marca SCANIA, según un interesante artículo del periodista Ariel Terrero, publicado en la revista Bohemia del 15 de julio.

Esa fuente señala que “con ese equipamiento de cosecha y tiro de caña sustituyeron 24 combinadas KTP, 34 camiones, 108 carros jaula, 4 locomotoras 92 carretas de tiro de caña y 77 extractores, entre otros, que sumaban 247 equipos”.   Esto ha permitido eliminar los costosos centros de acopio y la excesiva manipulación de la caña, que llegaba al central luego de muchas horas de cortada con el consiguiente decrecimiento del rendimiento industrial.

Por otra parte,  en ese central se aplicaron los mecanismos de pago por resultado del trabajo realizado, por lo que los salarios se han incrementado notablemente.  Un operador de una cosechadora CASE reconoció a Terrero que gana el doble de dinero  que podía obtener con una KTP.  “He tenido quincenas con 2295 pesos”,  manifestó.  Recuérdese que el salario medio mensual fue de 448 pesos en 2010, de acuerdo a la Oficina Nacional de Estadísticas.

La inversión para estas modificaciones tecnológicas en el Jesús Rabí ha tenido resultados apreciables, pues por la eficiencia lograda cumplió el plan de zafra en los primeros días de abril y realizó una producción adicional de 9000 toneladas de azúcar.  Los costos de la inversión son altos, ya que cada combinada cañera cuesta 350 000 dólares, y según el artículo, el monto total invertido fue de  6 332 000 dólares en ese central.  No obstante, las ganancias en eficiencia compensan, máxime cuando el azúcar tiene una cotización tan elevada en los mercados.

Los rendimientos agrícolas de las áreas cosechadas alcanzaron como promedio las 60 ton/ha, pero la superficie regada logró más de 120 ton/ha, datos confirmadores del potencial cañero del país, así como del nivel de  subutilización presente. En este experimento también fueron obtenidos sustanciales ahorros de fuerza de trabajo y en el consumo de combustible. El índice de la empresa bajó a 1,15 litros/t de azúcar en 2010, de 1,63 litros/t  en 2008, o sea una disminución del 30,0%. Mientras, la brigada mecanizada solo necesitó 50 obreros en la zafra 2010-2011, en comparación con los 460 requeridos con anterioridad.

Resulta lamentable que sea  ahora cuando se empiece a tomar conciencia de la importancia que la industria azucarera tiene para Cuba y de los enormes daños ocasionados por su demencial destrucción.




General, ya no hay cañas

LA HABANA, Cuba, enero (173.203.82.38) – El 22 de enero de 1948, en Manzanillo, provincia de Oriente, fue asesinado el líder azucarero comunista Jesús Menéndez, conocido como General de las cañas, cuya lucha estuvo encaminada a reclamar el pago del diferencial azucarero a los cortadores de caña, y la historia tampoco le hizo justicia. La revolución, una vez instalada en el poder, nunca pagó el diferencial, ni siquiera el equivalente de lo estipulado hasta entonces.

El sistema de pago que regía en la época de Jesús Menéndez  constituía  un incentivo a la eficiencia productiva: los centrales azucareros se quedaban con el 51% de las ventas, entregando al colono más del 48% del dinero que generaba el azúcar. Como, además, tenían una cuota para moler, su ganancia mayor o menor dependía de lograr altos rendimientos y del precio en el mercado mundial.

Como el obrero no puede esperar a que se venda el azúcar para cobrar, se establecía un precio convenido tomando como patrón  el mercado internacional. Al efectuarse la venta se generaba una diferencia de décimas de centavo, que en caso de ser positiva creaba ganancias con respecto al pago efectuado, y en eso consistía el diferencial  que exigía para los obreros azucareros Jesús Menéndez.

Este sistema ya no es aplicable en los tiempos actuales, porque los métodos de siembra y corte, unidos a la tecnología, han multiplicado la productividad del cortador manual. No obstante, si se  exigiera hoy, los macheteros estarían cobrando entre 15 y 20 dólares por jornada, pero en nuestra realidad, para llegar a 2 dólares se precisan de sacrificios extremos.

La pérdida de incentivos como el sistema de pago que beneficiaba a trabajadores y colonos antes de 1959,  ha generado la ineficiencia, la desidia y el mal uso de los recursos disponibles, aniquilando la primera  industria nacional. No sólo cayó drásticamente el rendimiento de la caña, sino también el de los suelos, que no llegan al mínimo establecido de sesenta mil arrobas por caballería, y en algunos  lugares no alcanzan ni  la mitad de esa cifra.

Tal descalabro ha llevado al cierre de más de dos tercios de los centrales azucareros y los bateyes que vivían de la zafra azucarera se han convertido en pueblos fantasmas. Jesús Menéndez,  General de las cañas, y símbolo de una industria que la revolución aniquiló, fue este año menos recordado que nunca en el día de su asesinato.