El caso de España ya es de risa

El caso de España ya es de risa

España ya no pinta nada dentro de un continente que une vez fue uno y suyo. Aunque el nivel de las inversiones brutas alcanzó en 2014 casi el mismo nivel de 2011, ese flujo es una gota de agua comparado con el interés que despierta en la región el gigante chino

PasaportesCubaEspañaPARIS, Francia – No solamente el ministro de relaciones exteriores de España, García Margallo fue ignorado por Raúl Castro durante su última visita a La Habana el 26 de noviembre, sino que la Cancillería y la Embajada (que siempre aseguran a sus interlocutores europeos poseer informaciones de inteligencia de primera mano) quedaron fuera de las negociaciones que culminaron el 17 de diciembre del año pasado. Los españoles se enteraron igual que todo el mundo por los cables de las agencias de prensa. Se trata de uno de los ridículos más grandes que ha podido hacer la diplomacia peninsular (que ya de por sí es bastante gafe) en el ámbito internacional en los últimos años. Otro ministro de exteriores con más vergüenza que el actual habría renunciado a su cargo.

Un reciente editorial de El País[1] pedía: “en el nuevo tablero geoestratégico que se está dibujando en la cumbre de Panamá (…) un esfuerzo por parte del Gobierno y del mundo económico españoles para no permitir que España quede relegada en un momento clave que definirá el futuro en Latinoamérica”. Lamento comunicarle al editorialista de ese panfleto al servicio del nacionalismo catalán, que eso ya no es posible. Los gobernantes españoles han llegado tarde. Su falta de visión (que no es de ahora) ha conducido a una pérdida de influencia irremediable en un país, que al contrario del resto de las naciones continentales, está poblado exclusivamente por españoles.

Hace un año o dos, hubiera sido muy fácil, como lo vienen pidiendo desde el año 2008 varias asociaciones en Puerto Rico y en Cuba, extender la ciudadanía a todos los cubanos y  puertorriqueños que lo así lo desearan. Como lo reconocía el marqués de Olivart, hace 117 años, en su libro La nacionalidad de los cubanos, la cláusula que privaba a los naturales de aquellas islas de ese derecho cuando se firmó el Tratado de París no era legal y podría ser impugnada cuando lo quisiera España. Esta era también la opinión de Montero Ríos, el jefe de la delegación española, quién se quejó expresamente ante el comisionado norteamericano y los cubanos presentes en aquel cónclave[2]; sin embargo, la gran verdad es que ningún gobierno español ha querido hacer justicia a sus ciudadanos desde entonces. Una ley extendida de la nacionalidad habría provocado en Cuba un seísmo de consecuencias incalculables, empezando por la desarticulación del castrismo. Ahora ya es tarde.

Los dirigentes cubanos han olvidado (o lo pretenden por la urgencia y la euforia vindicativa del momento) que la política del buen vecino ya ha existido. La impuso Roosevelt en 1933 y duró, como se sabe, lo que duran las conveniencias políticas. Después, Latinoamérica mantuvo durante décadas una larga cadena de dictaduras sostenidas abiertamente por Washington. Más recientemente, cuando las cosas no funcionaban como lo deseaban Kissinger y los otros aprendices de brujo que le sucedieron en el U.S Department of State, allí estaba la Navy para restablecer la pax americana, como ocurrió en el propio Panamá en 1988. No nos llamemos a engaño. Sin los cambios estructurales que sólo podían venir del empoderamiento de la sociedad civil, ignorada y maltratada por el oficialismo castrista dentro de Cuba y fuera de ella, la nueva política de buena vecindad reactivada por Obama sólo provocará dentro de algunos años otra guerra sangrienta entre cubanos.

Otra cosa que ha quedado clara en la VII Cumbre de las Américas, es que España ya no pinta nada dentro de un continente que une vez fue uno y suyo. Aunque el nivel de las inversiones brutas alcanzó en 2014 casi el mismo nivel de 2011, ese flujo es una gota de agua comparado con el interés que despierta en la región el gigante chino o ruso; sin hablar de los intercambios Norte-Sur que resultaron sin sorpresa los más significativos. Si bien el Caribe seguía siendo el pariente pobre de esas Inversiones Extranjeras Directas (IED), los recientes acontecimientos parecen indicar que esta situación va a cambiar drásticamente el próximo lustro… sin España y sin los cubanos.

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