1

La última página del diario de Carlos Manuel de Céspedes

LA HABANA, Cuba. ─ El historiador de La Habana Eusebio Leal Spengler publicó en 1992 un documento histórico trascendental: “El Diario Perdido” de Carlos Manuel de Céspedes (Editorial Ciencias Sociales).

Es interesante la historia de cómo ese texto llegó a nuestros días. Al morir Céspedes en la finca San Lorenzo el 27 de febrero de 1874 el diario fue tomado por los españoles como trofeo de guerra. El brigadier Julio Sanguily lo compró a las autoridades españolas y pasó después a manos de su hijo Manuel Sanguily. Este, a su vez, legó a su hijo el manuscrito. A su muerte lo heredó su esposa, Sarah Cuervo.

El documento llegó posteriormente a manos de José de la Luz León, diplomático y periodista, quien lo tuvo en su poder hasta su fallecimiento en La Habana el 5 de junio de 1981. Su viuda, Alice Dana, por orden expresa del difunto,  entregó en sobre cerrado el manuscrito a Eusebio Leal. En el exterior del sobre, estaba escrito: “Estos papeles son de mi patria”.

La última etapa del diario abarca desde el 25 de julio de 1873 hasta el 27 de febrero de 1874, día de la muerte de Céspedes. Recoge las anotaciones que hizo Céspedes después de ser sustituido como Presidente de la República en Armas.

En la última hoja del diario, Céspedes hace fuertes críticas a varios patriotas de la época.

Sobre Tomás Estrada Palma dijo: “Era tan inmoral en sus costumbres privadas como hipócrita en sus manifestaciones públicas. Después de exigir en las mujeres una pureza ideal, seducía y hacía madres a las hijas de sus mayorales y por último lo hizo con una joven de buena familia que vivía en la casa de él en compañía de su anciana madre”

Sobre Salvador Cisneros Betancourt, marqués de Santa Lucía, escribió: “El Marqués tenía en Camagüey pésima opinión. Ignorante, arruinado, petardista, vicioso, puerco, no gozaba de más consideraciones que las que le dada su título”. Y agrega: “Después se ha distinguido por su crasa ignorancia, bajeza de miras y solapada ambición personal”.

Comentó sobre Luis Victoriano Betancourt: “No se ocupaba de sus funciones en la Cámara desde 1870, nunca ha tenido opinión propia, siempre ha sido eco de otros…”.

Portada de “El Diario Perdido” de Carlos Manuel de Céspedes (Foto: Cortesía del autor)

De Eduardo Machado comentó: “Se distingue por su miedo a los españoles… De poco ha servido en la revolución, pues la mayor parte del tiempo la ha pasado en los ranchos, huyendo y consumiendo los recursos de las familias”.

De Juan Spotorno afirmó: “Teniendo de quien hablar mal está satisfecho. Ligero, imprudente, ignorante de los negocios públicos y poco amigo de hallarse en contacto con el soldado no obstante de ser un coronel del ejército, tiene todas las malas cualidades de los hombres que hablan con dos voces y harán de él lo demás todo lo que quieran siempre que le arrojen alguna presa en que hincar el diente.”

La página final concluye: “Abrazando en conjunto a todos estos legisladores, concluiré asegurando que ninguno sabe lo que es la Ley”.

Los demoledores comentarios escritos por Carlos Manuel de Céspedes en sus horas finales son verdaderamente inquietantes.

Resulta llamativa en especial su mala opinión sobre Tomás Estrada Palma, quien sería, en la guerra de 1895, hombre de confianza de José Martí, su sustituto al frente del Partido Revolucionario Cubano y el primer presidente de la República.

De ser ciertos los cuestionamientos que hace Céspedes, demuestran a las claras la desunión y las rencillas que había entre algunos de los principales jefes de  la Guerra de los Diez Años, a la postre factor esencial  del fracaso de la contienda iniciada el 10 de octubre de 1868 y que terminó en 1878.

¿Por qué tanto rencor entre los que luchaban  por la independencia? ¿Serían solamente casos aislados?

El diario del Padre de la Patria, con sus acres comentarios que contradicen las versiones de la historiografía oficial, es otra muestra de que la historia de Cuba tiene muchas lagunas. Habrá que reescribirla, sin censuras, en una patria libre y democrática para conocer la realidad.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Flor Crombet: el hombre del rayo en los ojos

Flor Crombet, Cuba

GUANTÁNAMO, Cuba. ─ Este 17 de septiembre se cumplen 170 años del nacimiento en Santiago de Cuba del Mayor General Francisco Adolfo Crombet Tejera, conocido como Flor Crombet, insigne patriota cubano que participó en las tres guerras por nuestra independencia.

Algunos historiadores afirman que su segundo apellido fue Calderín, otros que Bayón, pero en lo que sí no hay dudas es que se alistó como soldado en el Ejército Libertador (EL) el 20 de noviembre de 1868, cuando apenas contaba 17 años de edad.

Flor Crombet es otro nítido ejemplo de  patriota que escaló hasta el grado más alto del EL a fuerza de disciplina y valentía. Menos de un año después de haberse alistado, el 13 de septiembre de 1869, ya había ascendido en la cadena de mando desde el grado de cabo de segunda hasta el de capitán, lo que demuestra su arrojo como combatiente, demostrado en las acciones combativas libradas en Nueva Málaga, Dorotea, La Matilde, La Aurora, la del campamento del Gurjay, la toma de Tío Juan y la de El Cristal.

El 12 de agosto de 1871 fue ascendido a comandante por su participación en el combate de La Indiana, región de Guantánamo, y en julio de 1872 fue ascendido a teniente coronel por su participación en el combate de Samá. Terminó la guerra grande con el grado de General de Brigada.

Durante la Guerra de los Diez Años estuvo muy vinculado al General Antonio Maceo, de quien fue subordinado. Recibió la orden del General Máximo Gómez de formar parte del primer contingente invasor en el año 1874.

En el combate de Naranjo-Mojacasabe, efectuado el 10 de febrero de 1874, recibió una herida en el labio superior que le dejó una cicatriz de por vida. Posteriormente participó en importantes batallas como la de Las Guásimas, el ataque al ingenio Sabanilla y la del caserío de Guayabales.

En 1877, cuando ya eran marcados los síntomas de indisciplina y desaliento entre las tropas mambisas debido a los efectos del caudillismo y las diferencias entre los mandos militares y el gobierno de la República en Armas, circunstancias que fueron muy bien aprovechadas por el mando español, Flor Crombet fue nombrado jefe del regimiento Guanimao. Desde esa jefatura participó en el ataque al poblado de El Cobre y en la defensa del campamento de El Aguacate.

Aunque le reprochó al Titán de Bronce su decisión de entrevistarse con el capitán general español Arsenio Martínez Campos, participó activamente en la Protesta de Baraguá.

Tras acogerse a la capitulación marchó hacia Estados Unidos con el objetivo de regresar y participar en algún alzamiento. Cuando se encontraba inmerso en tales preparativos fue detenido en Santiago de Cuba el 13 de marzo de 1879 y enviado deportado a España, donde sufrió prisión y destierro, hasta que logró escapar y establecerse en Honduras. En el país centroamericano fue comandante general del destacamento de La Paz, inspector general de cuarteles y secretario del tribunal supremo de guerra y justicia, cargo al que renunció en 1884 para dedicarse por entero a las acciones conspirativas tendentes a continuar la lucha por la independencia de Cuba.

Fue uno de los patriotas más activos en la conspiración conocida como La Paz del Manganeso, pero al ser descubierto se vio obligado a partir nuevamente hacia el exilio, radicándose en Costa Rica, desde donde colaboró en la organización del Plan Fernandina.

Por mandato de José Martí fue encargado de organizar una expedición revolucionaria que debía desembarcar por el norte de la provincia de Oriente, lo que provocó serias diferencias entre él y su antiguo jefe Antonio Maceo, quien partió junto con los expedicionarios subordinados a Crombet hasta que desembarcaron en tierra cubana, momento en el que el Titán de Bronce asumió el mando de la tropa formada por 23 hombres.

Esta situación se produjo porque el General Antonio Maceo solicitó a Martí una suma de dinero superior a la que aquel podría brindarle para organizar la expedición y Flor Crombet aseguró al Delegado del Partido Revolucionario Cubano que con el dinero existente él podía realizarla, como ocurrió. Esto puede comprobarse en carta que el Apóstol enviara a Maceo desde Montecristi, República Dominicana, el 26 de febrero de 1895.

Finalmente, la expedición zarpó de Puerto Limón, Costa Rica, el 25 de marzo de 1895, en el vapor Adirondack. Luego de una escala en Kingston, Jamaica, fueron hasta la isla Fortuna, en Las Bahamas, donde abordaron la goleta Honor, rumbo a Cuba, logrando desembarcar por Playa Duaba el 1ro de abril de 1895.

Además de Crombet como jefe de mar y Antonio Maceo como jefe de tierra, en ella vinieron el general José Maceo, los coroneles Agustín Cebrero y Adolfo Peña (colombiano); los tenientes coroneles Silverio Sánchez Figueras, Patricio Corona, Arcid Duverger, José M. Arceno (dominicano), José Palacios y Alberto Boix. Trajeron 13 fusiles con 75 cartuchos cada uno, 23 revólveres y 15 machetes, pero la expedición encalló poco antes del desembarco y se perdieron gran parte de los pertrechos.

Luego del desembarco los expedicionarios fueron hostigados por fuerzas españolas y guerrilleras formadas por los llamados indios de Yateras.

Dos días de la llegada a Cuba, Flor Crombet cayó combatiendo en Alto de Palmarito, Baracoa. Post mortem le fue conferido el grado de Mayor General del Ejército Libertador.

José Martí, tan agudo en la práctica de calar a los seres humanos, lo que se verifica cabalmente en su abundante papelería, escribió a Crombet una carta fechada el día 25 de diciembre de 1894, en la que se refirió a los preparativos de la expedición, y concluyó su misiva de esta forma tan propia de su genialidad:

“De mí nada. De Ud. la esperanza de verlo defender con el civismo independiente la libertad que conquiste con la fuerza de su brazo, y el rayo que le luce en sus ojos”.

Fuentes consultadas:

Tomos I y II del Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba (Ediciones Verde Olivo, La Habana, 2004)

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Guillermón Moncada: “Porque Cuba sea libre, hasta el mismo mal, es bien”

Guillermón Moncada, Cuba, guerras, España

GUANTÁNAMO, Cuba. – Este 25 de junio se cumplen 180 años del nacimiento en Santiago de Cuba del Mayor General Guillermo Moncada. En su opúsculo Guillermón Moncada –quizás el primer intento de ensayo biográfico sobre el héroe–, el poeta guantanamero Regino E. Boti afirma que tuvo un origen humilde, pero que no desdeñó los conocimientos y la instrucción.

Fue un hombre inteligente y carismático y eso explica que poco antes del estallido de la Guerra de los Diez Años tuviera gran ascendencia dentro del ambiente revolucionario santiaguero, al extremo de que estaba considerado el líder natural de los patriotas.

Guerra de 1868: de soldado a General de Brigada

Guillermón Moncada se alzó a mediados de noviembre de 1868 bajo las órdenes del Mayor General Donato Mármol, quien en julio de 1869 lo designó segundo jefe de uno de los batallones de la División Cuba.

En 1870, al ser designado el Mayor General Máximo Gómez como nuevo jefe de la mencionada división, se produjo el encuentro entre ambos revolucionarios.

Afirma Regino E. Boti: “Uno de los primeros actos de Máximo Gómez fue conocer personalmente a todos los jefes que operaban bajo sus órdenes, y dispuso, para conseguirlo, una reconcentración de las fuerzas en el sitio conocido por Las Cuevas, en donde tenía instalado su campamento el coronel Policarpo Pineda, el de más renombre en Cuba entre los de su graduación. Cuando se realizaba la revista militar, Pineda se adelantó a Máximo Gómez, y señalando a Guillermo Moncada, le dijo estas palabras:

–General Gómez, le presento a mi primer capitán, porque es bueno y se puede tener confianza en él.

A partir de entonces Gómez confió importantes misiones a Guillermón, quien, desde julio de 1870 y hasta el fin de la guerra, participó en más de 40 acciones combativas en las que fue herido en tres ocasiones, dos de ellas de gravedad, y terminó la contienda con el grado de General de Brigada.

El héroe de la Guerra Chiquita

Calixto García, máximo líder de dicho levantamiento, lo designó jefe de las fuerzas del centro y del sur de la provincia de Oriente con el grado de Mayor General.

Debido al fracaso del nuevo intento libertario, junto con el entonces General de Brigada Antonio Maceo, Guillermón Moncada participó en el Acuerdo de Confluentes, mediante el cual capitularon ante las fuerzas españolas.

Las autoridades coloniales le permitieron salir del país, pero cuando se hallaba en alta mar rumbo a Jamaica fue detenido, trasladado a Puerto Rico, y desde ahí enviado a la cárcel en España.

Fue amnistiado en 1886 y, en septiembre de ese año, regresó a Santiago de Cuba. Tuvo participación en los preparativos del Plan Gómez-Maceo y en la conspiración conocida como “La Paz del Manganeso” (1890).

Por su activismo revolucionario estuvo preso desde el 1 de diciembre de 1893 hasta el 1 de junio de 1894 en el cuartel Reina Mercedes, de Santiago de Cuba.

Tanto era entonces su prestigio que José Martí lo designó jefe de la provincia de Oriente cuando preparaba “la guerra necesaria”.

El adiós de un grande de la Patria

Guillermón se alzó en Alto Songo al amanecer del 24 de febrero de 1895. Sin embargo, su salud estaba muy quebrantada por la tuberculosis adquirida durante su encierro en las cárceles españolas.

Murió en plena manigua, en el campamento de Joturito, Alto Songo, el 5 de abril de 1895.

Dos anécdotas que retratan al héroe

Durante la guerra de 1868 operaba en la zona de Guantánamo un odiado coronel de origen cubano, jefe de las guerrillas colonialistas, nombrado Miguel Pérez Céspedes. En esa zona también comenzó a operar Guillermo Moncada.

A la vuelta de un camino, el patriota cubano halló una maltrecha hoja de papel en la que estaba escrito:

“A Guillermo Moncada,

En donde se encuentre

Mambí: No está lejos el día en que pueda, sobre el campo de la lucha, bañado por tu sangre, izar la bandera española sobre las trizas de la bandera cubana.

Miguel Pérez Céspedes”

Al dorso de la hoja respondió Guillermón:

“A Miguel Pérez y Céspedes

En donde se hallare

Enemigo: Por dicha mía se aproxima la hora en que mediremos nuestras armas. No me jacto de nada; pero te prometo que mi brazo de negro y mi corazón de cubano tienen fe en la victoria. Y siento que un hermano extraviado me brinde la triste oportunidad de quitarle filo a mi machete. Mas, porque Cuba sea libre, hasta el mismo mal es bien.

Guillermón”

El encuentro entre ambos guerreros se efectuó el 16 de mayo de 1871 y Guillermón dio muerte al temido represor.

Hallándose preso en España recibió esta carta escrita por un exsoldado español que, junto con otros nueve, fue a realizar labor de inteligencia cuando se preparaba el combate de El Naranjo y fueron hechos prisioneros.

“Cádiz, 24 de enero de 1880

Sr. Dn. Guillermo Moncada

Mahon

Admirado general:

(…)

¿Recuerda Ud. General, cómo fuimos presentados a Ud? Éramos los diez reos de muerte, según leyes establecidas por Udes. En la manigua, según creo. ¡Ah! Su intervención decisiva nos salvó la vida. Resonarán siempre en mis oídos sus palabras de patriota:

Opino que a esos diez soldados se les debe dejar en libertad; ponerlos en condiciones de que no sufran percances hasta hallarse entre los suyos, y congratularles por el servicio desinteresado y espontáneo que realizaban en pro de su causa; porque merece alabanzas y no destierros ni patíbulos el soldado que ofrece su vida por conquistar una victoria.

(…)

A Ud. debo la dicha de estar en el seno de mi familia y de acariciar las cabecitas de mis pequeños. Acabo de llegar del norte y una noticia de un periódico me ha movido a escribirle esta carta. ¿Qué podría yo ofrecerle en cambio de la vida que me otorgó? La suerte le ha sido contraria, y hoy paga Ud. con una prisión los nobles esfuerzos que hizo en la manigua para que Cuba fuera independiente. Ud. en cambio premiaba a los españoles que tal hacían por la honra y el nombre de su patria y su bandera. Es bien triste; pero eso no quita para que yo sea su amigo y que le ofrezca cuanto tengo. En caso de alguna urgente necesidad no vacile Ud. en dirigirse a su, más que amigo, hijo.

Luis Zárraga”

Boti, usando una frase de un poeta clásico español, calificó a Guillermón como un “rayo de guerra”, pero esa luminosidad también acompañó a su inseparable hidalguía.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Francisco Vicente Aguilera: bicentenario del nacimiento de un padre fundador

Francisco Vicente Aguilera, Cuba

GUANTÁNAMO, Cuba. – Este 23 de junio se cumplen doscientos años del nacimiento del insigne patriota Francisco Vicente Aguilera Tamayo, Mayor General del Ejército Libertador y uno de los padres fundadores de la nación cubana.

Nació en 1821 en Bayamo y, según observación hecha por Vidal Morales y Morales en su libro Hombres del 68, fue una persona modesta, de alma grande y elevada, de acrisolado patriotismo y muy venerado por sus compatriotas.

Recibió su educación primaria en Santiago de Cuba. De allí fue a La Habana para hacer sus estudios de segunda enseñanza en el famoso colegio de Carraguao, fundado por Antonio Casas y Remón, donde brilló como maestro José de la Luz y Caballero. Luego, obtuvo el grado de bachiller en leyes en la Universidad de La Habana.

En 1843 partió rumbo a los EE.UU. y veinte años después regresó a Cuba, de paso hacia Europa.

En 1866 hizo un viaje por todo el país y visitó las principales localidades con el objetivo de conocer la situación política de la Isla.

El inicio de la primera guerra por nuestra independencia no puede escribirse obviando el nombre de este cubano, porque fue el primero que comenzó a conspirar en contra de la metrópoli española y el primero en tratar de aunar voluntades para vertebrar un levantamiento armado que contara con el apoyo de los patriotas de otras zonas del país. En esas labores fue secundado por Pedro Figueredo Cisneros (Perucho), autor de nuestro himno nacional, y por Francisco Maceo Osorio. Ellos formaron la primera Junta Revolucionaria de Oriente el 14 de agosto de 1867.

Posteriormente, y hasta el 4 de agosto de 1868, estos patriotas trataron de darle una organización nacional al levantamiento que ya consideraban inevitable. Ese día, Francisco Vicente Aguilera Tamayo fue elegido jefe máximo del movimiento insurreccional por los patriotas orientales reunidos en la finca San Miguel de Rompe.

Como es conocido, los planes concebidos inicialmente por este patriota fueron modificados al ser designado Carlos Manuel de Céspedes líder del alzamiento en una reunión sostenida en el ingenio Rosario el 6 de octubre de 1868. Allí se fijó la fecha del alzamiento para el día 14 de octubre de ese año, pero Céspedes hizo pública la decisión de luchar por la independencia el 10 de octubre.

Un patriota de ley

Una de las características que definen a los verdaderos patriotas radica en no pensar en honores ni en validaciones cuando están en juego los intereses de la patria. Francisco Vicente Aguilera Tamayo dio muestras de su altura moral cuando, al conocer que había sido privado de la jefatura del movimiento revolucionario, decidió apoyar a Carlos Manuel de Céspedes. Con ese objetivo se alzó en su hacienda Santa Ana del Cayojo. Desde allí, con una tropa de alrededor de 150 hombres formada por empleados y antiguos esclavos –a los que dio la libertad– marchó hacia Bayamo para unirse a las fuerzas rebeldes. Su integridad moral brilló aún más cuando sirvió de mediador entre Céspedes y el Mayor General Donato Mármol, quien se había sublevado contra el Padre de la Patria, desconociendo su autoridad.

El 12 de abril de 1869 fue elegido para ocupar el cargo de Secretario de la Guerra, cargo al que renunció a principios de 1870, pero su renuncia no fue aceptada.

El 24 de febrero de 1870 fue designado vicepresidente de la República en Armas y el 8 de marzo de ese año Céspedes lo nombró General en Jefe del Ejército Libertador en Oriente, con el grado de Mayor General, con el cual libró las acciones militares de Veguitas, Valenzuela, Llanada del Buey, Cabaniguán, Río Abajo, Mayarí y Santa Ana de Lleó.

Toda su fortuna y bienes personales fueron embargados por las autoridades coloniales y los pocos recursos económicos que logró salvar fueron destinados a la causa de la libertad, pasando él y su familia a la pobreza.

Una misión sin regreso

El 25 de junio de 1871 el gobierno de la República en Armas le asignó la misión de partir hacia Estados Unidos con el objetivo de reconciliar a la emigración cubana radicada en ese país, la cual estaba profundamente dividida, y para recaudar fondos para las fuerzas rebeldes, objetivo que no pudo cumplir.

Quizás por esa razón fue que renunció a la vicepresidencia de la República en Armas a fines de mayo de 1872 pero su renuncia no fue aceptada.

En septiembre de 1872 partió rumbo a Francia con el objetivo de buscar ayuda para la causa revolucionaria. Allí le sirvió de intérprete el joven Juan Gualberto Gómez. Recaudó 20 000 pesos y regresó a Nueva York.

En noviembre de 1872 Céspedes dio por terminada su misión, pero Aguilera Tamayo la continuó sin contar con reconocimiento oficial. El 27 de octubre de 1873, al ser depuesto Céspedes de la presidencia de la República en Armas, el gobierno revolucionario reclamó su presencia para que ocupara el cargo de presidente, pero expresó que solo aceptaría si regresaba al frente de una gran expedición armada.

El 29 de abril de 1875 encabezó la expedición del bergantín Charles Miller, pero tuvo que retornar a Nueva York por varios contratiempos surgidos en alta mar.

El 28 de mayo de 1875 salió nuevamente de Nueva York en la nave E.B.Warton. Luego de una escala en Bahamas logró llegar en un bote a la cayería norte de Camagüey donde se perdió, siendo rescatado por una nave que iba rumbo a Bahamas.

Tras otros dos intentos de regreso a Cuba la Cámara de Representantes acordó extinguir la vigencia de Aguilera como vicepresidente de la República, privándolo del derecho de acceder a la presidencia.

Hizo otro intento de viaje en el vapor Anna, pero no pudo abordarla porque la nave sufrió una avería en una caldera.

Enfermo, sumido en la pobreza, falleció de cáncer en la garganta en Nueva York el 27 de febrero de 1877. Sus restos descansan en Bayamo, a donde fueron trasladados en 1910.

Francisco Vicente Aguilera Tamayo era un acaudalado hacendado que lo entregó todo en aras de nuestra libertad. Lo menos que merece es el agradecimiento infinito de todos los cubanos.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.