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Falta de libertades en Cuba: ¿Hacia dónde nos lleva el castrismo?

Protestas, Cuba, cubanos

MIAMI, Estados Unidos. — La reciente ubicación de Cuba como el país de América con menos libertad de Internet vuelve a poner sobre el tapete la crisis multidimensional que atraviesa la Isla. En ese sentido, la crisis económica y los apagones no son los únicos problemas que tienen los cubanos.

El ranking “Freedom on the Net 2022”, elaborado por la organización no gubernamental Freedom House es apenas unas de las muchas listas alusivas a restricciones y falta de derechos en la que aparece la Mayor de las Antillas.

En 2021, año crítico para las libertades en Cuba, el país caribeño fue el peor ubicado del continente en cuanto a libertad de prensa, según la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa realizada anualmente por la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF).

A nivel mundial, la Isla ocupó la posición número 173, casi al final del listado, peor incluso que países donde gobiernan regímenes aliados de La Habana, como Venezuela (148) y Nicaragua (160).

También en 2021, el informe anual de Libertad Económica, publicado por la Fundación Heritage, situó a Cuba en el puesto 176, entre 178 países evaluados en 2021, sólo por encima de Venezuela, que ocupaba entonces el lugar 177, y Corea del Norte, en el último puesto.

Las malas noticias para los cubanos no terminan ahí: el Informe Anual de 2021 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) confirmó que Cuba es el país con la tasa más alta de personas privadas de libertad.

El documento de la organización tomó en cuenta el total de número de habitantes de la nación caribeña, según estadísticas del Banco Mundial, así como las cifras presentadas por la sociedad civil independiente respecto a la población detenida.

En las cárceles cubanas también hay presos políticos, y no son pocos. En septiembre de 2022 la organización Prisoners Defenders ubicó en 1 026 el número de presos políticos y de conciencia que sufren condenas judiciales o disposiciones de limitación de libertad por parte de las fiscalías sin supervisión judicial alguna.

De estos 1 026 prisioneros políticos 34 son menores de edad: 24 están cumpliendo sentencia y diez están siendo procesados penalmente, de acuerdo con el último informe publicado por la ONG.

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Peligrosa deriva de las libertades en la era del post coronavirus

libertades a nivel mundial coronavirus

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Foto archivo

MIAMI, Estados Unidos.- El paso del coronavirus parece perder fuerza tras una asoladora marcha que arrastró consigo cientos de miles de vida en casi todo el planeta y descalabró la economía mundial. Aunque las noticias siguen reportando muertes atribuidas al llamado COVID-19, las cifras indican la disminución de su poder mortífero, a pesar de la inexistencia de un medicamento de comprobada efectividad para combatirlo o la ausencia de alguna de las decenas de vacunas que se ensayan en varios laboratorios. Es lo que parecen demostrar las continuas desescaladas de cuarentenas, retorno a la normalidad y reapertura de fronteras, aún en los países más afectados donde la recuperación se vuelve prioridad. Eso sí, conservando medidas como el distanciamiento social, el porte de mascarillas y la apelación al temor de que el mal puede regresar y ser todavía más letal.

El extraño virus cambió de manera radical el escenario mundial en apenas medio año de incidencia. Su sola e incuestionable presencia bastó no solo para trastornar la vida de millones de personas, sino que deja abiertas muchas incógnitas de cara al futuro cercano. Es pronto para saber cómo quedará afectado el mapa social, económico y político del planeta, pero se atisban las primeras consecuencias de esta pandemia. Una de ellas es el control que los poderes establecidos están imponiendo a la ciudadanía, más allá de distinciones ideológicas y consideraciones de salud.

Desde la propagación del coronavirus en China y el posterior “salto” internacional en un periplo alocado, a veces sin una conexión lógica, el virus consiguió de entrada apagar numerosos incendios sociales que venían estallando en diferentes lugares con parecida desconexión. Las primeras en esfumarse entonces fueron las protestas de Hong Kong. Los confinamientos masivos decretados para contener la propagación del mal no solo consiguieron enclaustrar protestas y protestantes, sino que pusieron a estos junto a sus reivindicaciones frente a una mayoría que asumió con disciplina las medidas y combatió cualquier disposición a la rebeldía. Razonablemente la ruptura del cerco contra el coronavirus para manifestar reclamos de cualquier índole se convertía sencillamente en un atentado contra la salud nacional y recibía en primer lugar el rechazo ciudadano. Una práctica de control infalible que se repitió de manera invariable y que, si en verdad no estaba en los planes, ahora quedaba probada para cualquier tipo de régimen para su uso en la posteridad, adaptable ante cualquier evento y panorama.

No solo se acallaron aquellas manifestaciones que acapararon el foco de los medios en Chile, Nicaragua o Ecuador. Con la prohibición de las reuniones masivas como barrera sanitaria contra la epidemia, se terminaron las protestas en Turquía, Líbano, Argelia o India. La activista india Samia Khan alertó la manera en que el gobierno de esa última nación, pretextando el coronavirus, no solo consiguió sortear la crisis social provocada por una ley anti musulmana, sino que además incentivó el sectarismo entre hindúes y musulmanes culpando a estos últimos por el brote del mal en una mezquita en Delhi. No obstante, las noticias trajeron el intento de algunos movimientos por recuperar las calles, a pesar de la epidemia. Ocurrió en marzo con los chalecos amarillos en París o en Santiago de Chile donde los carabineros dispararon gases lacrimógenos directamente a los cuerpos de los manifestantes. No hubo reacciones más allá de la reseña y las cosas tornaron a la normalidad.

A esto se suma las acciones preocupantes de algunos gobiernos. En Filipinas el presidente reconoció haber dado la orden a la policía de tirar a matar si enfrentaban infracciones peligrosas por parte de civiles. “Si la cosa es hacer respetar la cuarentena entonces tiren a matar: ¿Entendido? Muertos. En lugar de causar problemas, os voy a enterrar”. Así se pronunció Duterte. Silencio absoluto ante tales manifestaciones. No es un caso solitario el del autoritario mandatario electo en las urnas. Bajo el pretexto de la pandemia el presidente húngaro Víktor Orban logró que el Parlamento aprobara una ley que le permite gobernar por decreto, sin control y por tiempo indefinido, incluso con la facultad de determinar cuando se termina la crisis por el coronavirus. Además, el reglamento castiga noticias falsas y de alarmismo con penas de cinco años de cárcel. Una mordaza contra informadores y periodistas. Caso parecido ocurre con el presidente salvadoreño Bukele lanzando decretos a través de tuits. La excusa es parecida: “Ninguna resolución está por encima del derecho constitucional a la vida y la salud del pueblo salvadoreño. […] Así como no acataría una resolución que me ordene matar salvadoreños, tampoco puedo acatar una resolución que me ordena dejarlos morir”. Es de señalar que la popularidad de ambos mandatarios resulta paradójicamente alta.

En la otra cara de la moneda destaca el mandatario Jair Bolsonaro, elegido de manera entusiasta sin márgenes para la duda. Bolsonaro ha tomado una ruta contraria minimizando los riesgos de la pandemia del coronavirus, convirtiéndose en el paladín negacionista del confinamiento y medidas restrictivas al comercio. Su postura apunta contra los poderes democráticos de cara a una especie de reinstauración de los uniformados en el gobierno. En ese marco las manifestaciones antidemocracia cuentan con su apoyo, mientras el trabajo de la prensa y los activistas defensores de las libertades cívicas es denostado. Algo en lo que coinciden otros gobiernos, incluyendo el de Donald Trump.

Tras este periodo de encierros y controles que comienzan a flexibilizarse o desmontarse en algunos casos, el cuestionamiento se proyecta hacia el futuro y lo que este traerá. Con la reapertura vuelven las protestas a las calles, incluso en aquellos puntos neurálgicos donde quedaron congeladas por la llegada del virus. Hong Kong entre ellas. Pero ahora allí la lucha no es por una ley de extradición continental sino por la que condena actos subversivos y de traición. Frente a los manifestantes además de la contención represiva de la policía se alzan el miedo y la desconfianza de una población que sufrió uno de los más rigurosos encierros y el ataque inaugural de la enfermedad. Precisamente el rédito del coronavirus para el control de los poderes en todo el mundo radica en ese espanto a la muerte desatado en estos meses. La mayoría se ha vuelto proclive a acatar cualquier restricción si con esta perciben protección.

El anuncio hecho por funcionarios de la OMS del estado latente de la pandemia que puede retornar en cualquier momento y con la que tendremos que convivir de por vida, ofrece a los controladores la coartada ideal. El distanciamiento social y el llamado a evitar conglomeraciones en grupos de no más de cinco individuos, de ser posible familiares y conocidos, me recuerda la experiencia de aquellas medidas aplicadas contra las huelgas en Polonia de 1980, donde la policía declaraba como tal un agrupamiento similar en las aceras. Claro que ahora se trata de proteger la salud ciudadana.

Opiniones sobre el tema abundan en los medios. A modo personal destaco dos. Las del filosofo, escritor y teólogo coreano Byung-Chul Han, radicado en Alemania, y las del escritor cubano Leonardo Padura. En una entrevista publicada por EFE, el pensador asiático responde varias interrogantes sobre la crisis actual, describiendo un cuadro poco alentador sobre cómo quedará el estado de las libertades tras el paso de la pandemia. En el texto, encabezado por un enunciado del entrevistado (“Viviremos como en un estado de guerra permanente”) este expone su criterio en tres ideas: el miedo al coronavirus aprovechado por los autócratas para poner fin a la democracia, la entrega de las libertades por parte de la ciudadanía como garantía de seguridad y el advenimiento de un tipo de régimen global basado en el control y la vigilancia absoluta de los ciudadanos.

“Con la pandemia nos dirigimos hacia un régimen de vigilancia biopolítica. No solo nuestras comunicaciones, sino incluso nuestro cuerpo, nuestro estado de salud se convierten en objetos de vigilancia digital. Según Naomi Klein, el shock es un momento favorable para la instalación de un nuevo sistema de reglas. El choque pandémico hará que la biopolítica digital se consolide a nivel mundial, que con su control y su sistema de vigilancia se apodere de nuestro cuerpo, dará lugar a una sociedad disciplinaria biopolítica en la que también se monitorizará constantemente nuestro estado de salud. Occidente se verá obligado a abandonar sus principios liberales; y luego está la amenaza de una sociedad en cuarentena biopolítica en Occidente en la que quedaría limitada permanentemente nuestra libertad”. El coronavirus es la justificación perfecta para la entronización del sistema descrito por Byung-Chul Han.

Coincidiendo con las opiniones del filósofo coreano aparece una interesante intervención del novelista cubano Leonardo Padura señalando la capacidad del miedo colectivo para mover individuos y sociedades a escala global. El resultado es que “terminamos entregando, sin chistar, nuestros espacios de libertad” asevera Padura. Dice el escritor que nunca imaginó a sus compatriotas exigiendo al gobierno el cierre de fronteras tras clamar durante años por su apertura.  Cierto que ha sido por una situación especial. Pero esto establece un precedente peligroso bajo el sustento de la salvación instintiva. “…Estaríamos de acuerdo que, como en China, nos filmen todo el tiempo y de paso nos midan la temperatura, vigilen con quién nos reunimos, nos den o nos quiten puntos por nuestras actitudes individuales, y hasta que nos instalen pantallas como las que imaginó Orwell en 1984, si esa es la forma de salvarnos. O que nos parezca bien que los vecinos espíen y denuncien a los vecinos incumplidores. A que los grandes poderes lo decidan casi todo por nosotros. A que florezcan autoritarismos. Eso me da tanto miedo como el virus”. concluye Padura.

No obstante, los movimientos cívicos se reinventan a la par que lo hacen los que quieren anular su acción. Trapos rojos, blancos o negros en puertas y balcones, la proyección de imágenes con multitudes ocupando calles desiertas, cacerolazos y otras que vendrán, hacen creer que el empeño de un absolutismo mundial para entronizarse será finalmente vencido por la voluntad de los que apuestan por la conservación de las libertades haciéndose escuchar. No todo está perdido si se persiste en el desafío.

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La SIP examinará estado de libertades en Cuba y Venezuela

MIAMI, Estados Unidos.- La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) analizará la próxima semana en una reunión en Cartagena (Colombia) las “violaciones a las libertades y derechos civiles” en países como Cuba y Venezuela, informó este viernes la organización.

En la reunión de medio año que se celebrará del 29 al 31 de marzo en la citada ciudad colombiana participarán el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y el director de Human Rights Watch (HRW) para América, Jose Miguel Vivanco.

También estarán, entre otros, la periodista cubana Yoani Sánchez y el nicaragüense Carlos Fernando Chamorro, quienes hablarán sobre las “medidas políticas, reformas electorales y derechos humanos que deben adoptarse para recuperar la democracia en Cuba, Nicaragua y Venezuela”, indicó la SIP en un comunicado.

También se presentarán mensajes en vídeo del presidente de Colombia, Iván Duque; el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, y la alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet.

Los informes sobre la situación de la libertad de prensa por país abordarán, entre otros asuntos, los “desafíos de las libertades de prensa y de expresión”, así como la “crisis económica que afecta a la industria periodística tradicional y digital”.

El énfasis se pondrá en uno de los asuntos de mayor relevancia en la región como es el de la violencia contra los periodistas, que, desde diciembre pasado, se ha cobrado la vida de cinco comunicadores (cuatro en México y uno en Honduras).




Músico cubano Roberto Carcassés vuelve a criticar falta de libertades en la isla

Músico cubano Roberto Carcassés. Foto Facebook

MIAMI, Estados Unidos.- El reconocido músico cubano Roberto Carcassés, director del grupo Interactivo, volvió a criticar públicamente al gobierno de la isla por la ausencia de un estado de derecho que permita a sus ciudadanos expresarse libremente y oponerse al régimen imperante.

En un extenso comentario publicado este miércoles en su cuenta en la red social Facebook, Carcassés celebró la “voluntad” de las autoridades cubanas de realizar consultas populares y debates sobre el nuevo proyecto de Constitución, pero también condenó las represalias gubernamentales contra todos aquellos cubanos que buscan soluciones políticas para “mejorar su país por medios pacíficos, mediante razones y buenas acciones”.

“Creo que uno de los puntos más importantes que deben estar consignados en el documento definitivo que se apruebe, es la garantía de derechos a todas las formas de pensamiento político”, escribió el músico, quien recordó que han sido precisamente la rigidez ideológica y la represión las principales culpables del desencanto masivo con el proceso impulsado por los Castro.

Asimismo, Carcassés criticó duramente la letra del artículo 3, capítulo 1, del actual proyecto de Constitución, el cual declara que el socialismo y el sistema político y social revolucionario son irrevocables.

“Las constituciones son hechas por los seres humanos y ninguna persona o grupo puede determinar un sistema social como eterno e irrevocable, porque entonces la constitución dejaría de ser laica como se proclama, para otorgar el papel de ungido o dios a ese individuo, o de iglesia a ese grupo”, agregó.

El músico señaló, además, que solo la apertura económica, política y el respeto a las libertades individuales de los habitantes de la isla dejarían sin sentido el embargo de Estados Unidos hacia Cuba.

El extenso comentario de Carcassés fue celebrado y compartido por reconocidos exponentes de la música alternativa en Cuba, como son los casos del exintegrante de la agrupación Habana Abierta, Boris Larramendi, y del cantante y guitarrista Osamu Menéndez.




Freedom House: Cuba sigue siendo “no libre” y la democracia en EEUU retrocede

Detención a Berta Soler,
líder de Damas de Blanco (YouTube)

MIAMI, Estados Unidos.- La organización Freedom House otorgó este martes a Cuba 14 puntos en una escala de 0 a 100 que califica la libertad en la isla, de acuerdo al informe “Freedom in the world 2018”.

El documento, que analiza la situación de los derechos políticos y las libertades civiles en el planeta, clasificó a la isla como “no libre” en el apartado de libertad de prensa y de internet.

Freedom House otorgó además 6,5 de 7 a la Isla en su medidor de libertad, dentro del cual 1 punto significa la mejor puntuación y 7 la peor.

El mismo informe donde aparece Cuba recoge la situación en todo el mundo, donde 88 países han sido considerados libres (el 45% de 195 analizados, englobando a más de 2900 millones de personas que representan el 39% de la población mundial).

En tanto, el número de países calificados como parcialmente libres ascendió a 58 (30% de 195) e incluyen ahora 1800 millones de personas, lo cual significa el 24% de la población mundial.

Sin embargo, 49 casos fueron considerados no libres, un cuarto de los países del mundo. Esta es la lista que incluye a Cuba y abarca el 37% de la población mundial, unos 2700 millones.

La mitad de esta última cifra se circunscribe a un solo país: China.

Entre 2016 y 2017 se produjeron cambios en el ranking mundial, con Gambia y Uganda pasando de países no libres a parcialmente libres y con Timor-Leste pasando de parcialmente libre a libre.

Por su parte, Turquía y Zimbabwe cayeron de parcialmente libres a no libres.

Cuba comparte sitio en la lista de no libres con países de Asia, incluyendo Oriente Medio, así como África. Afganistán, Irak, Turquía, Angola, China, Rusia, Corea del Norte, Vietnam, Venezuela, entre otros, integran este grupo.

Según Freedom House, pese al declive de la democracia en todo el mundo en 2017 y el paso de Venezuela hacia una dictadura, la región de las Américas mostró ciertos avances en otros aspectos. No obstante, “las disminuciones superaron a las ganancias en la región en general en 2017”.

“Bajo el nuevo presidente Lenín Moreno, Ecuador se alejó del régimen personalizado y frecuentemente represivo de su predecesor, Rafael Correa”, señaló el informe.

“Moreno ha aliviado la presión sobre los medios, ha promovido un mayor compromiso con la sociedad civil, ha propuesto el restablecimiento de los límites de mandato y ha apoyado los esfuerzos anticorrupción, incluido un caso contra su propio vicepresidente”, explica el documento.

Por su parte, “bajo una nueva administración que asumió el cargo a fines de 2015, los argentinos se beneficiaron de una prensa más libre como parte de la recuperación del país de las tendencias autoritarias de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner”.

Entre estos países que retrocedieron en los índices de libertad se encuentran Honduras y Bolivia.

“El tribunal constitucional (que había sido elegido a través de un proceso altamente politizado) anuló los límites del mandato que hubieran impedido que el líder en funciones Evo Morales buscara la reelección. Los votantes habían rechazado el levantamiento de los límites de mandato en un referéndum de 2016, y los observadores internacionales calificaron el razonamiento de la corte como una distorsión de la ley de derechos humanos”, dice sobre Bolivia.

Freedom House condenó que “Nicaragua llevó a cabo elecciones municipales profundamente defectuosas que favorecieron al partido del presidente Daniel Ortega, y el Gobierno promulgó reformas judiciales que centralizaron aún más la autoridad del Estado y cambiaron el poder de los jurados a los jueces”.

En México “una amplia vigilancia estatal dirigida a periodistas y activistas de la sociedad civil que amenazaron con denunciar la corrupción del Gobierno y otras irregularidades”.

El informe precisa que la democracia en el mundo sufre la peor crisis en décadas, acentuada por la “erosión” de sus estándares incluso en Estados Unidos.

2017 fue el duodécimo año consecutivo en el que la libertad decayó a nivel mundial. Los derechos políticos y las libertades civiles se deterioraron 71 países, y solo 35 vieron una mejoría.

“La democracia está bajo ataque y en retroceso alrededor del mundo, una crisis que se ha intensificado con la erosión a paso acelerado de los estándares democráticos estadounidenses”, concluye el informe. Países que “una vez fueron prometedores” como “Turquía, Venezuela, Polonia y Túnez”, vieron caer sus índices democráticos en 2017.

“La reciente apertura democrática en Birmania”, añadió, “ha sido dañada permanentemente por una impactante campaña de limpieza étnica contra la minoría rohinyá”.

China y Rusia “se han aprovechado de la retirada de las democracias líderes tanto para incrementar la represión interna como para exportar su influencia maligna a otros países”, dijo también Freedom House, para quien ha habido “una retirada de Estados Unidos como defensor y ejemplo de la democracia”.

Según la organización, ya existía un “declive lento en derechos políticos y libertades civiles en Estados Unidos en los últimos siete años”, pero el fenómeno “se aceleró en 2017”, algo que podría achacarse a la “creciente evidencia de la injerencia rusa en las elecciones de 2016, las violaciones de estándares éticos básicos por parte de la nueva Administración (de Donald Trump) y una menor transparencia gubernamental”.

“Aunque las instituciones de Estados Unidos como la prensa y la Justicia se han mantenido resistentes frente a los ataques sin precedentes del presidente Trump, estos ataques podrían debilitarlas con serias implicaciones para la salud de la democracia de Estados Unidos y el lugar de Estados Unidos en el mundo”, dice Freedom House.

“Mientras tanto, la abdicación del tradicional rol de Estados Unidos como el defensor líder de la democracia es motivo de profunda preocupación y tiene consecuencias potenciales en la lucha en marcha contra los autoritarios modernos y sus perniciosas ideas”.

El declive de la libertad en el mundo durante años anteriores había quedado relegado a autocracias y dictaduras, que pasaron “de mal a peor”. Sin embargo en 2016 fueron las democracias ya establecidas las que retrocedieron más notablemente.




Cuba ocupa el puesto 193 en el ranking mundial de libertades

El opositor Agustín López es detenido en La Habana por agentes de la policía política (foto: cuadernodecuba.net)
El opositor Agustín López es detenido en La Habana por agentes de la policía política (foto: cuadernodecuba.net)

MIAMI, Estados Unidos.- El informe Libertad en el Mundo 2016 publicado este miércoles por Freedom House ubicó a Cuba en el puesto 193, de 210 países evaluados el año anterior. La Isla recibe así una pésima calificación en cuanto a las libertades de que disfrutan sus ciudadanos.

El informe de Freedom House, una organización fundada por Eleanor Roosevelt, observa los procesos electorales, el pluralismo político y el funcionamiento de gobierno para medir los derechos políticos en cada país. Para las libertades civiles se observan las de expresión y credo, asociación y organización, la autonomía personal y los derechos de cada individuo, en países donde además impere la ley.

Atendiendo a estos parámetros, Cuba obtuvo sólo 15 puntos de 100 posibles en la evaluación, la misma calificación que obtuvo Etiopía. Para la Isla fueron aplicados 10 y 15 indicadores de derechos políticos y libertades civiles, respectivamente.

En un mapa interactivo elaborado por Freedom House, salta a la vista que Cuba es el único país no libre del hemisferio. Las otras clasificaciones generales son “libre” (América del Norte) o “parcialmente libre” (Centroamérica y algunos países de Sudamérica como Venezuela, Ecuador o Colombia).

Según el informe, el pasado año en Cuba “hubo una modesta ampliación de los derechos de los creyentes y los propietarios de negocios privados, y más cubanos ejercieron su nueva capacidad de viajar al extranjero. Pero el sistema político permaneció cerrado para todos salvo los leales al Partido Comunista, y la libertad de expresión se mantuvo altamente restringida. Tampoco fueron especialmente promisorias las perspectivas de cambios significativos en el futuro inmediato”.

El reporte resalta además que el acercamiento diplomático con Estados Unidos no ha servido para una mejoría en los derechos de los cubanos.

Mapa interactivo de la página oficial de Freedom House (captura de pantalla)
Mapa interactivo de la página oficial de Freedom House (captura de pantalla)




Las UBPC y la Constitución Socialista

LA HABANA, Cuba, noviembre, 173.203.82.38 -Los cubanos nos caracterizamos por poseer un gran sentido del humor, lo que nos lleva a buscar la vis cómica en las más disímiles situaciones, incluso en aquellas que se relacionen con asuntos de la mayor seriedad. En ese contexto se inscribiría una pregunta que alguien lanzó en una reunión de amigos: “Señores, ¿ustedes saben en qué se parecen las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) y la Constitución Socialista de la República de Cuba?”

Después de constatar el desconocimiento de los presentes acerca de su interrogante, el consultante nos dio su explicación: “Pues muy fácil, señores, en que tanto una como la otra empiezan muy bien y terminan muy mal. Es decir, que al final de sus reglamentos hay acápites que desdicen o le restan trascendencia a lo que se había escrito antes”. Pasemos, pues, a comprobar el argumento de nuestro amigo.

La Constitución Socialista, en sus artículos 53 y 54, reconoce que los ciudadanos cubanos poseen el derecho al disfrute de las libertades de prensa, reunión, manifestación y asociación. Mas, en un abrir y cerrar de ojos, el alborozo se transforma en consternación cuando nos topamos con lo expresado en el artículo 62: “Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra lo establecido en la Constitución y las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado Socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo”. Todo bien claro: las supuestas libertades son letra muerta ante el arbitrio de los detentadores del poder, quienes deciden lo que puede afectar o no la construcción del socialismo y el comunismo.

Las UBPC, por su parte, han sido revitalizadas recientemente mediante la puesta en práctica de un Reglamento General, contentivo de 17 medidas, que persiguen rescatar la autonomía y la eficiencia productiva que estas entidades habían perdido— o nunca conocieron— en sus 19 años de funcionamiento. Las nuevas disposiciones establecen que las UBPC podrán comercializar libremente las producciones no contratadas con el Estado, así como también sus excedentes productivos. Y en cuanto a la distribución de sus utilidades, el Reglamento dispone que las Asambleas Generales de los miembros de las UBPC— su máxima instancia de dirección— sean las que decidan el porcentaje que ha de repartirse entre los cooperativistas.

Por otra parte, y para evitar errores que se deriven del desconocimiento de estos novedosos mecanismos, ha sido diseñado un programa emergente de capacitación dirigido a los directivos y las Juntas de Administración de las UBPC. De igual forma, y con vistas a contribuir al fortalecimiento financiero de estas entidades, se ha acordado que sean exoneradas del pago del impuesto sobre utilidades durante un período de cinco años, y además que se les condonen las deudas vencidas con el fisco, las cuales podrían ascender a varios millones de pesos.

Sin embargo, ya en el epílogo del Reglamento General hallamos lo que no nos satisface: a partir del año 2013, las cifras del plan de la economía nacional serán desagregadas hasta el nivel de las UBPC. Lo anterior significa que el Estado podrá decidir qué va a producir cada una de ellas, y en qué cuantía, así como lo que deberán destinar para vender a las empresas de acopio estatal, con los precios fijados seguramente por estas últimas. En esas condiciones, ¿dónde queda la añorada autonomía?

Al parecer, a nuestro amigo le asiste toda la razón. Su adivinanza trasciende los marcos del gracejo criollo y deviene en una lamentable realidad.




Enigmas y paradojas

LA HABANA, Cuba, junio (www.cubanetorg) – Los expertos en culturas asiáticas afirman que los japoneses no piensan tanto desde lo individual, sino desde lo relacional. Agregan que en ese archipiélago trabajan y piensan en equipo y que existe una forma poética que solo usa ideogramas, metáforas e imágenes metafísicas alcanzables por quienes poseen un don y aman la delicadeza.

Al margen de la veracidad de tales preceptos, sabemos que toda isla tiene sus mitos y retos, incluida Cuba, donde los enigmas son más existenciales y los problemas obligan a muchos a tropezar con la misma piedra, sobre todo quienes reciben más palos que zanahorias, como los opositores pacíficos que enfrentan al Estado corporativo de los Castro, empeñados en ponerla difícil a quienes exigen libertades cívicas no concebidas en palacio.

Los cubanos no son tan enigmáticos, disciplinados, laboriosos ni audaces como los japoneses, pero el grupo que sacude las líneas rojas del miedo realiza demandas concretas para despenalizar la oposición, esclarecer sucesos represivos que violan las leyes del propio régimen y obtener libertades y garantías previstas por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por Naciones Unidas en 1948.

En ese sentido se inscriben las “enigmáticas” huelgas de hambre de opositores como Pedro Luis Boitel, Orlando Zapata Tamayo, fallecidos en prisión en 1973 y 2010, y el periodista independiente Guillermo Fariñas Hernández, quien retomó ese recurso extremo en Santa Clara, el pasado tres de junio, por el cese de la violencia policial y el esclarecimiento de la muerte de Juan W. Soto, muerto tras una golpiza en el parque Vidal de dicha ciudad y denigrado por la prensa oficial, que ahora omite las exigencias de Fariñas. Felizmente Fariñas abandonó la huelga.

Al perpetuar sus errores el gobierno pone a la oposición en situaciones extremas, lo cual estimula ese recurso “romántico y pre moderno” que son las huelgas de hambre. La alternativa contra la vida propia no es cuestión de kamikazes criollos, si no la respuesta desesperada del sector de la oposición que intenta desmontar el infierno, recuperar la autoestima ciudadana y reconstruir el tejido social apabullado por la intolerancia.

En todo caso, los enigmas parten de la sinrazón de estado, cuya maquinaria represiva sigue intacta al igual que el aparato de propaganda, empeñados en usar las fórmulas de las décadas del sesenta y el setenta para posponer, como sus socios chinos, las libertades que desaten las iniciativas ciudadanas y la prosperidad individual.

Al comenzar la segunda década del siglo XXI resulta paradójico, por ejemplo, limitar el acceso a Internet o arrestar a 174 opositores en un mes y condenar a tres de ellos a cinco años de prisión por repartir volantes demandando cambios en la isla. Tal vez eso explique por qué cuatro jóvenes escaparon días atrás hacia los Estados Unidos en una lancha del Servicio de Guardacostas, o los 20 mil que cada año llenan formularios de emigración al mismo país, sin contar quienes chocan con otros ladrillos de la realidad y pagan las consecuencias.