1

Legisladores cubanoamericanos por el 20 de mayo: “No es el momento de concesiones con la dictadura”

Cuba legisladores pueblo cubano

MIAMI, Estados Unidos.- Este 20 de mayo, en el 119º aniversario de la Independencia de Cuba, varios legisladores cubanoamericanos enviaron un mensaje al pueblo de la Isla y a los activistas que hoy luchan por los derechos humanos, en medio de una de las peores crisis económicas y políticas en la historia del país.

En un video publicado en redes sociales en el que participan, entre otros, los congresistas Mario Diaz-Balart y Maria Elvira Salazar, y el senador Marco Rubio, los legisladores lamentan que después de décadas de dictadura, la libertad del pueblo de Cuba todavía no es realidad.

“Es el momento de seguir luchando para que el pueblo de #Cuba pueda elegir a sus líderes libremente”, fue el mensaje que acompañó el video en la cuenta de Instagram de Marco Rubio, quien aseguró que “los cubanos valientes son los que se levantan a diario en busca de la libertad de su patria”.

“Personas como José Daniel Ferrer y los miembros del Movimiento San Isidro siguen siendo el objetivo directo de la dictadura de Castro y Díaz-Canel”, dijo a su vez Carlos Gimenez, Representante al Congreso de Estados Unidos por el Distrito 26 de Florida.

Por su parte, durante el clip, de poco menos de un minuto y medio, la congresista Maria Elvira Salazar aseguró que también “reconocemos a las integrantes de las Damas de Blanco, y a su líder Bertha Soler, y a la activista Rosa María Payá, que a diario luchan incansablemente para elevar la realidad del pueblo cubano”.

“Todos los días vemos a un pueblo cansado de años de tiranía, de humillaciones y de censura, y quedó claro con el tema de Patria y Vida que el pueblo cubano esta decidido a ser libre”, manifestó el senador Rick Scott.

“Ahora no es el momento de concesiones con la dictadura, es el momento de seguir luchando para que el pueblo de Cuba pueda elegir a sus líderes libremente, y confiamos en que podemos ver una Cuba libre pronto”, finalizó el congresista Mario Diaz-Balart, quien acompañó el video en sus redes sociales con el siguiente mensaje: “me solidarizo con la República que nació ese #20demayo, y con los valientes activistas que luchan hoy por la libertad y los derechos humanos”.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Estados Unidos: 231 años de constitucionalidad ininterrumpida

Estatua de la Libertad en Estados Unidos. Foto internet

LAS TUNAS, Cuba.- Un preámbulo, siete artículos y 27 enmiendas, sólo contiene la más antigua de las constituciones escritas que, como desde el día de su entrada en vigor ya hizo la friolera de 231 años y hasta el presente, preside los destinos del país más influyente de la tierra: Estados Unidos.

Y, entiéndase que, en el derecho constitucional estadounidense, “enmienda”, es una disposición adicional, no una reformulación del precepto constitucional.

Cabe preguntarse: ¿Cómo en un país tan dilatado, que bien puede considerarse un mosaico de naciones, ese texto constitucional pudo resistir los embates del tiempo, con sus épocas de crisis y de bonanzas, de paz y de guerras (Guerra de Secesión, Gran Depresión, Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial, Guerra de Vietnam…) y, sobre todo, de los caracteres tan dispares y cambiantes de los seres humanos?

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos, proclamada el 4 de julio de 1776, cumple 243 años este jueves. Ella anunció al mundo el nacimiento de una nación, pero también, puso en práctica una filosofía de la libertad que llegaría a ser una fuerza inquebrantable en el mundo todo.

En el conocido pasaje inicial, “…Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas, que todos los hombres han sido creados iguales, que fueron dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables como el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad…”, la Declaración de Independencia, redactada por Thomas Jefferson, se sujetaba de Two Treatises of Government, (Dos tratados de gobierno), obra germinal de John Locke, publicada en 1690.

Locke, político y filósofo, afirmaba que todo gobierno legítimo debía apoyarse en “el consentimiento de los gobernados”, y, esa simiente, plantada en suelo estadounidense por los padres fundadores de Estados Unidos, propagó el polen de un fruto que, en 1789, en Francia llamarían “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y siglo y medio después, en 1948, en todo el mundo llamaríamos “Declaración Universal de Derechos Humanos”.

Con la influencia de Locke, de Montesquieu, quien ya en 1748 en su libro El espíritu de las leyes, propuso el equilibrio de los poderes entre las ramas ejecutiva, legislativa y judicial, la Declaración de Independencia conceptuó que, para dar cumplimiento a los derechos inalienables, surgidos con el ser humano, las personas han de instituir gobiernos, y que siempre que cualquier gobierno llega ser perjudicial para alcanzar esos fines, “el pueblo tiene derecho de cambiarlo o abolirlo y de instituir un nuevo gobierno”, en las formas que “el pueblo juzgue más apropiadas para el logro de su seguridad y felicidad”.

Pero la Declaración de Independencia sólo fue el preámbulo en un largo batallar de las Trece Colonias, asistidas de no pocos aliados, para independizarse del imperio británico. Desde su promulgación el 4 de julio de 1776, transcurrirían siete años hasta la firma del Tratado de París, el 3 de septiembre de 1783, mediante el cual las ex trece posesiones inglesas pasaron a ser estados independientes.

Así y todo, si la lucha por la independencia fue prolongada y cruenta, pese a la disparidad de criterios entre ellos, los padres fundadores de los Estados Unidos sentaron las bases del derecho constitucional de esa gran nación en sólo cuatro años y 14 días.

Aprobada el 17 de septiembre de 1787, la Constitución de los Estados Unidos entró en vigor el 21 de junio de 1788. Es la más antigua de las constituciones federales escritas, y, con sus 231 años de procedibilidad ininterrumpida, posee el récord que no tiene la Constitución de ningún otro país.

Pero la Constitución no fue ratificada por los entonces 13 estados de los Estados Unidos al mismo tiempo ni su rúbrica se acolchonó sobre un tálamo de rosas. A unos tres meses de su firma, el 7 de diciembre de 1787, Delaware fue el primer estado en ratificarla. New Hampshire fue el noveno estado en refrendarla, y así, se completó el quórum necesario y la Constitución entró en vigor.

En enero de 1789, todos los estados firmantes, excepto Nueva York, seleccionaron electores presidenciales en sus legislaturas o por voto directo de la población, y el 4 de febrero, los electores designaron a George Washington primer presidente de los Estados Unidos.

El primer Congreso constitucional se reunió en Nueva York el 4 de marzo, y el 30 de abril de 1789, Washington tomó posesión de su cargo. Ciertamente, hay que decir que, desde su fundación, Estados Unidos ha tenido presidentes, legisladores y jueces buenos, menos buenos y rayanos en la ineptitud, pero Estados Unidos está ahí; es la tierra donde desde optimistas ilusos hasta soñadores con los pies bien plantados en sus proyectos, allá van para concretar sus desvelos.

Hay que decir que, si las ideas de Locke, de Montesquieu, contribuyeron a despejar el sendero constitucional de los Estados Unidos, fueron los propios estadounidenses, como los de Carolina del Norte y los del pequeño Rhode Island, que no sólo se negaron a aprobar la Constitución, sino también a participar en el nuevo gobierno mientras el Congreso no admitió la declaración de derechos, esto es, la posibilidad de formular enmiendas al articulado fundacional, los que hicieron de Estados Unidos el país de las libertades, ganadas paso a paso cuando fueron negadas por una sencillísima razón de derecho: la Constitución permitía a los ciudadanos autonomías y ningún jurado, presidente o legislador podía conculcarlas.

Fue en aquel ambiente de encuentros y desencuentros fundacional de la nación estadounidense que, el debate cívico se amoldó hasta el día de hoy. Al respecto, James Madison, considerado Padre de la Constitución de Estados Unidos, por aquellos días de acaloradas disputas y de ausencias equivalentes a negativas rotundas, dijo que estaba considerando un plan que, “decidiría para siempre el destino del gobierno republicano”.

Pero Madison no se refería al destino de una mera facción, de un clan, un partido, o una gavilla de demagogos haciéndose con su palabrería de los acomodos nacionales, sino al gobierno de una República.

Lástima que en Cuba, luego de 117 años de instaurada la república y con ella una ristra de constituciones, incluido un período de “provisionalidad” a decir del difunto Fidel Castro, que se prolongó 17 años, desde 1959 hasta 1976, los cubanos todavía hoy, no hayamos considerado y puesto en ejecución un plan para, a decir de James Madison, decidir “para siempre el destino del gobierno republicano”, aunque… la Constitución de 2019 del Partido Comunista de Cuba diga: “Nosotros, el pueblo de Cuba”, copiando el preámbulo de la Constitución de Estados Unidos que dice: “Nosotros, el Pueblo de los Estados Unidos”.




Cuba y la Independencia de los Estados Unidos de América

Cuba en la guerra de independencia de Estados Unidos

GUANTÁNAMO, Cuba.- Este 4 de julio se cumplen 243 años de la proclamación de la independencia de las Trece Colonias norteamericanas.

Un hecho histórico que resultó decisivo para la independencia de los EE.UU. fue la contribución financiera de los cubanos al ejército comandado por George Washington.

Pero la lectura del libro “Cuba y la independencia de Estados Unidos. Una ayuda olvidada”, del doctor Eduardo Torres Cuevas, publicado el año pasado por la editorial Ciencias Sociales y de cuya información me he servido para la redacción de este artículo, me permitió acceder a una historia extraordinaria, reveladora de que la participación de los cubanos fue mucho más allá del aporte financiero.

El comercio entre las Trece Colonias y la Isla de Cuba creció ostensiblemente en el siglo XVIII. No olvidemos que los extensos territorios de la Luisiana y La Florida fueron posesiones españolas y constituyeron un nexo importante en esas transacciones. Los colonos norteamericanos importaban de Cuba azúcar y melaza para la fabricación de ron, producción sumamente importante en Massachusets. John Adams, segundo presidente norteño, llegó a afirmar: “No sé por qué nosotros deberíamos sonrojarnos para confesar que la melaza fue un ingrediente esencial en la independencia de América”. Así, el comercio entre ambas partes era muy activo desde mucho antes de 1776 y creó nexos importantes que favorecerían luego a los rebeldes.

Las contradicciones entre las coronas española e inglesa no hacían más que acentuarse y España, por varias razones, no dio su apoyo definitivo a los rebeldes hasta 1779.

Cubanos en la guerra de independencia de los EE.UU.

Robert Morris, capitán del puerto de Filadelfia, fue entre 1764 y 1778 el más importante enlace del comercio de contrabando entre Cuba y las Trece Colonias. Denominado el cerebro financiero de la guerra de independencia por su protagonismo en la obtención de créditos, dinero y abastecimientos.

En la historia de marras el habanero Juan Miralles ocupó un lugar decisivo. Morris conocía a Miralles y ello tuvo efectos muy positivos para el movimiento independentista, al extremo de que sus éxitos se deben en gran parte a las acciones realizadas por el cubano.

Este es un libro que enorgullece a todo cubano. Foto del autor.

Miralles llegó a ser el representante del gobierno español ante los rebeldes y estableció estrechas relaciones de amistad con George Washington. Murió en la casa del patriota norteño, atendido por la esposa de este y por su médico personal. A su entierro, hecho con honores militares, asistieron Washington, Hamilton, La Fayette, Morris y otros importantes líderes norteamericanos y franceses. Figura interesantísima, la independencia de los EE.UU. debe mucho a Miralles.

No fue solamente él quien realizó aportes significativos a esa lucha, pues su cuñado Eligio de la Puente tuvo una importante participación en la rebelión de los indios de La Florida contra los ingleses. Pero sin dudas la participación militar más significativa estuvo representada por el general cubano Cajigal y Monserrate, quien había derrotado a los ingleses cuando intentaron apoderarse de las bahías de Guantánamo y Santiago de Cuba.

Hombre muy allegado a él fue Francisco de Miranda, el prócer venezolano. Cuando en 1782 los ingleses trataron de atacar La Habana nuevamente Cajigal se encargó de organizar la defensa de la ciudad, y las fuerzas enemigas tuvieron que replegarse. Su participación en la guerra de independencia de EE.UU. obtuvo éxitos resonantes, como el desalojo de las tropas inglesas del cauce del río Missisipi y haber garantizado el abastecimiento de las tropas de los generales George R. Clark, John Montgomery y Oliver Pollock. El historiador Buchanan P. Thompson afirmó en su obra “La ayuda española a la guerra de independencia de Norteamérica”, que esta fue determinante al ofrecer la seguridad de las fronteras del sudeste, lograda gracias a las acciones dirigidas por Cajigal.

La batalla de Yorktown

Antes de la batalla que selló la victoria norteamericana la situación de las fuerzas rebeldes era muy crítica, pues el Ejército Continental necesitaba tropas, abastecimientos y pagar a los soldados.

El almirante De Grasse solicitó ayuda a la corona francesa pero no la obtuvo. Mediante uno de sus subordinados, Claudio Enrique Saint Simon  ̶ quien posteriormente se convertiría en uno de los teóricos del socialismo utópico ̶  contactó en La Habana con Cajigal y se inició una campaña para recoger fondos para los rebeldes. Muchas damas habaneras entregaron algunas de sus joyas, lográndose reunir la suma de 1 800 000 pesos de ocho reales, y ese es el suceso más divulgado de esta historia, pero en modo alguno no el único ni el más importante.

Con ese dinero se pudo pagar a las tropas, cubrir los gastos de abastecimiento e iniciar el avance contra las fuerzas del general británico Cornwalis, a quien Cajigal y otro general de apellido Gálvez habían cortado las vías de abastecimiento.

Pero la solidaridad cubana no se limitó a recaudar dinero pues junto al Ejército Continental combatieron batallones de pardos y morenos cubanos.

En el interesante texto del historiador Eduardo Torres Cuevas se informa prolijamente sobre la participación cubana en la guerra de independencia norteña y sobre el panorama histórico precedente. Aunque discrepo de la parte final del título, pues el hecho de que el propio autor cite considerables fuentes norteamericanas evidencia que la ayuda cubana no fue olvidada, si es cierto que muy pocos ciudadanos de ese país y del nuestro conocen la magnitud de la participación cubana en esa campaña militar, algo que debe llenar de orgullo a todos los cubanos.

Que no fue una historia olvidada está demostrado por la ola de simpatía que provocó en ese país nuestra última guerra por la independencia en 1895, en la cual, junto con la sangre cubana, corrió también la norteamericana, esta vez en contra del colonialismo español.

Que no lo es actualmente queda demostrado por el firme acompañamiento del gobierno norteamericano a todos los cubanos que luchan por la democracia, el respeto a todos los derechos humanos y por un país que realmente se levante con todos y para el bien de todos.




Cuba, a 117 años del nacimiento de la República

cuba independencia independiente república 20 de mayo

cuba independencia independiente república 20 de mayo
(cubahora.cu)

SANTIAGO DE CUBA, Cuba. – Hoy cumple Cuba 117 años como estado independiente. Sus primeros 50 años, con sus crisis, algunas graves, pero generalmente dinámica y vigorosa. Las últimas seis décadas gravemente enferma. Es un hecho que nadie puede negar. Independencia en ciertas etapas, antes y después de 1959, relativa: injerencia de EEUU y dependencia de la Unión Soviética. Solo he dicho independiente, porque de estos 117 años de vida como nación, más de la mitad hemos carecido de libertad y democracia.

Al régimen castrocomunista le desagrada la fecha, la censura. Según su interpretación de la historia, el 20 de mayo de 1902 nacía la seudorepública, o la neocolonia. Es cierto que EEUU nos impuso la Enmienda Platt, que fue derogada el 29 de mayo de 1934. Es real que el 12 de septiembre de 1906 el presidente, austero y patriota, Tomás Estrada Palma, ante una insurrección contra su gobierno, solicitó la intervención estadounidense. Hubo otras amenazas de intervención, pero es falso que ocurriera una tercera en 1912 como sostiene la propaganda castrocomunista.

Lo de “falsa república” o “nueva colonia”, por supuesto, términos acuñados luego de que los Castro llegaran al poder, se debe a que necesitaban reinventar la historia de Cuba para convencernos de que la soberanía y la libertad, llegaron el 1 de enero de 1959 con los barbudos vestidos de verde olivo, y que antes de esa fecha todo era malo en la Mayor de las Antillas. Pero veamos cómo se expresaba sobre la República, el propio Fidel Castro, en 1953:

“Había una vez una república. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades, Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos, y en el pueblo palpitaba el entusiasmo…” (Fragmento de La Historia me Absolverá).

Años después cambiaría el discurso, pero en aquellos momentos decía la verdad quien luego haría de aquella próspera, aunque no democrática república, a partir del 10 de marzo de 1952, su feudo y una dinastía solo comparable con la de Corea del Norte. Convirtió a Cuba en un país miserable, sin derechos, sin pluralismo político, sin elecciones libres, sin libertad de expresión, sin programas polémicos de televisión. Implantó un régimen copia del modelo soviético que no respeta el sentir del pueblo. Trajo misiles nucleares a nuestro suelo con lo que puso al mundo al borde de la tercera guerra mundial, envió cubanos a matar y a morir en guerras en África, Asia y América Latina. La Unión Soviética ponía las armas y el dinero, los cubanos humildes, la sangre.

Había una república que tropezaba y se levantaba, que prosperaba e iba alcanzando indicadores que hacían de nuestra patria una de las naciones más avanzadas del continente y hasta del planeta. Muchos son los argumentos y las estadísticas que podríamos citar, pero basta con mencionar la cantidad de inmigrantes que llegaban en busca de trabajo y mejor vida desde muchas partes del mundo. Con la intención de proteger a los nacionales ante la afluencia de extranjeros, en noviembre de 1933 se promulgó la Ley Provisional de Nacionalización del Trabajo, que aseguraba a los cubanos el cincuenta por ciento de los empleos. El por ciento de cubanos que emigraron antes del triunfo de Fidel Castro es muy inferior a las cifras de los que han salido luego de 1959. La opresión y la miseria nos convirtieron en un país en constante emigración.

Hoy hay cubanos en Estados Unidos, América Latina, Europa, África, Asia y hasta en Australia y Oceanía. Cubanos dispersos por todo el planeta. Y me alegro por nuestros compatriotas que han alcanzado libertad, vida digna y prosperidad en otras latitudes. Hay cubanos trabajadores, talentosos, creativos, desde Norteamérica hasta la Argentina, desde Noruega hasta África del Sur, desde Rusia hasta Nueva Zelanda. Sin esa maldición que ha sido el castrocomunismo, que ha obligado a miles de cubanos a buscar libertad y oportunidades en otras tierras, si Cuba hubiese continuado su marcha iniciada el 20 de mayo de 1902, con libertad, democracia y economía de mercado, todo ese talento, toda esa creatividad, todos esos esfuerzos, de los cubanos dispersos por el mundo, junto a la creatividad, el talento y el trabajo de los cubanos de dentro, hubiesen hecho de nuestra patria una de las naciones más prósperas y felices de la tierra.

El largo éxodo cubano ha sido una gran tragedia. Y lo más penoso es que quienes han producido tanta desdicha, son también cubanos. Cubanos que han generado no solamente opresión y miseria, sino también mucho dolor y sufrimiento. Por muy bien que le vaya a un buen cubano en el extranjero, en su corazón habita la añoranza por la tierra natal, por el hogar que le obligaron a abandonar. En todo pecho honrado y viril anida firme condena contra quien atenta contra la patria y afecta a la familia.

Muchas vidas ofrendadas, considerable sangre derramada, incalculable sacrificio y esfuerzo, abundante amor, inteligencia, talento y heroísmo en aras de una noble causa, para llegar a aquel histórico 20 de mayo de 1902 y ver izada nuestra bandera de la estrella solitaria. Hoy la patria clama por un nuevo amanecer, por libertad, justicia y democracia. Pero esa nueva aurora solo será posible si tenemos muy presentes y nos inspiramos en el ejemplo de Varela, Céspedes, Agramonte, Mariana, los Maceo, Gómez, Martí y todos aquellos ilustres y valientes patriotas que hicieron posible el nacimiento de la República.




El beneficio de una ocupación

Leonard Wood entregándole el poder a Tomás Estrada Palma el 20 de mayo de 1902. Foto del autor

LA HABANA, Cuba.-La historia de Cuba está tan mal contada por la dictadura castrista que en el momento más inesperado un viejo documento, empolvado y oculto, sale a la luz y nos brinda nuevos aspectos fundamentales de esa historia.

Si nos referimos al tema del anexionismo con Estados Unidos, por ejemplo, vemos que hay mucha tela por donde cortar.  En ese capítulo tan importante, el gobierno de Fidel y Raúl Castro ha mantenido una censura absoluta, sobre todo con documentos esenciales de nuestra guerra por independizarnos de España.

Aunque el régimen castrista insiste en considerar a Estados Unidos el gran enemigo de toda su vida, en realidad nunca ha sido así.  A partir de los primeros clamores de aquellos que forjaron la nación cubana, la anexión al gran país norteño fue y sigue siendo el sentir de los cubanos de hoy, aunque Fidel Castro y su grupúsculo de alabarderos digan lo contrario.

Importantes jefes de la Guerra de los Diez Años estuvieron de acuerdo en que lo mejor para Cuba era anexarse a los Estados Unidos. Muchos de esos documentos hoy son considerados intocables para los investigadores.

Sanguily, uno de aquellos héroes, dijo: “La independencia, con algunas restricciones, es mejor que un régimen militar”. Otros muchos apoyaron las medidas tomadas por Estados Unidos, ante los beneficios que brindaba  la ocupación en sólo unos meses.

Fue y en eso están de acuerdo los historiadores más serios, una tarea ardua para el gobierno norteamericano ayudar a levantar la isla de sus ruinas, sobre todo porque carecía de experiencia en asuntos coloniales.  Aún así asumió con éxito el desafío y combatió el hambre que reinaba en la población, las enfermedades, la pésima agricultura, así como la industria paralizada, el tesoro público vacío y un ejército revolucionario ocioso.

A partir de las primeras semanas de la ocupación se estableció un sistema para distribuir alimentos, demostrando una gran efectividad, un sistema de guardias rurales que proporcionó empleo a los desactivados del ejército, prioridad a la salud y la sanidad, numerosas escuelas públicas para la educación infantil y se construyeron hospitales para erradicar la fiebre amarilla.

McKinley, en 1898, lo dijo claramente: “El gobierno militar de EEUU estará en Cuba hasta que haya una completa tranquilidad y un gobierno estable”. De esa forma lucharon contra la corrupción, la incompetencia, la vagancia, etc.

Foto tomada de Internet

El 20 de mayo de 1902 terminó la ocupación, el antiguo sucesor de José Martí obtuvo la presidencia de manos de Estados Unidos y Cuba se convirtió en una República optimista, con una favorable economía, gracias a la ayuda del capital de Estados Unidos y los buenos precios del azúcar.

Pocos meses después se celebraron elecciones en Cuba, un gran número de veteranos formaron parte de la política, los jueces cubanos cobraron sus salarios por primera vez y la isla ya tenía su Constitución desde 1901, con treinta y un delegados, en su mayoría representantes del ejército mambí.

La ayuda material de Estados Unidos prestada a Cuba durante el poco tiempo de ocupación jamás ha sido reconocida por Fidel y su hermano Raúl, aunque como fracasados administradores económicos y políticos sí saben el error en el que han caído.

Cuba siempre ha necesitado de la ayuda de Estados Unidos, el país de mayor economía del mundo. Sobre todo en todos estos años de castrismo. Primero, cuando finalizó la insurrección, ante los daños que los actos terroristas ocasionaron a la agricultura y la industria. Luego, cuando se desmerengó la URSS y Cuba se quedó sola, inundada de chatarra soviética y ahora, dependiendo de la dictadura de Maduro, en una Venezuela hambrienta.

Mucho menos reconoce el castrismo la fuerte inyección en divisas que obtiene el pueblo cubano con las remesas familiares, consistente en millones de dólares, mientras ese mismo pueblo recibe salarios miserables, con un socialismo que no da más, a no ser fuegos fatuos y muertas esperanzas.




10 de Octubre, del hecho fundacional a nuestros tiempos

El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes llamó a luchar por la independencia de Cuba (imagen tomada de internet)
El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes llamó a luchar por la independencia de Cuba (imagen tomada de internet)

QUITO, Ecuador – El repique de la campana de La Demajagua, en Manzanillo, se convertía en un llamado a la libertad. No solo fue el acto de liberar a sus esclavos, sino la convocatoria para el comienzo de la guerra de 1868. Céspedes, el hombre de leyes, acaudalado, librepensador y reformador, se lanza en glorioso acto a la larga contienda, lo que representó un triunfo de las ideas independentistas frente al integrismo hispano y las corrientes anexionistas del siglo diecinueve en Cuba.

¿Cómo es posible que los cubanos estén olvidando al emblemático padre de la patria? El 10 de octubre es un día de descanso para la mayoría de los cubanos, los que solo pueden decir que es el día en que “liberaron a los esclavos”. Durante la primera mitad del pasado siglo veinte, Céspedes era motivo de cierta veneración, no comparable al tributo martiano, pero sí era considerado en la medida de sus actos y en el lugar que por justicia se ganó. Sin embargo, en nuestros días, el hecho fundacional de la gesta independentista va quedando cada vez más como algo muy remoto y carente de significado.

Otros sucesos de mayor contemporaneidad que se difunden día a día, y se reiteran continuamente por doquier, han ido sustituyendo a los grandes eventos que le dieron a nuestra patria su verdadero sentido de identidad y de nacionalismo. A partir de 1959, el 26 de julio le quitaba el protagonismo al 10 de octubre. El día inaugural de la independencia cedía su puesto al día de la “rebeldía nacional”. El Padre de la Patria, el primero que en heroico gesto emancipador supo su rol y se lanzó al campo de batalla, era eclipsado por un “nuevo padre” que se alzaba imponente y temible y de quien, en honor al glorioso día, omitiré el nombre.

José Martí, el más genuino símbolo de la nación cubana, desde su tiempo, que es aún el nuestro, supo resaltar con justeza tan trascendental suceso de la historia nacional. Las mayores pruebas de lo que os propongo son sus sendas intervenciones cada 10 de octubre, desde 1887 hasta 1891, tanto en el Masonic Temple, como en el Hardman Hall, de Nueva York. El autor de “Versos Libres” con su sabia palabra y su visión profética protagonizó las grandes reuniones, devenidas en sagrado culto para la evocación a aquellos que emprendieron el camino liberador.

Un día como hoy pero de 1888, a solo veinte años del acto de Céspedes, José Martí se dirigió a los cubanos emigrados en Nueva York, y se refirió al “ardor inevitable del corazón” y a “las pasiones evocadas por el recuerdo y la presencia de nuestros héroes”. Para José Martí, la gesta independentista de 1868, a pesar de su fracasado fin, tuvo una connotación trascendente, y el gesto inicial de la contienda que protagonizara Céspedes, un significado real a la vez que simbólico. Esas “pasiones evocadas por el recuerdo y la presencia de nuestros héroes” adquirieron un significado real y trascendente cada 10 de octubre en las reuniones, que no solo eran motivo para la evocación del histórico día, sino para el llamado coloquial que sirvió para la reunificación de los cubanos con ansias libertadoras.

José Martí, en el citado discurso, es capaz de convocar a los cubanos de su tiempo al expresar: “Miente a sabiendas, o yerra por ignorancia o por poco conocimiento en la ciencia de los pueblos, o por flaqueza de la voluntad incapaz de las resoluciones que imponen a los ánimos viriles los casos extremos, el que propale que la revolución es algo más que una de las formas de la evolución, que llega a ser indispensable en las horas de hostilidad esencial, para que en el choque súbito se depuren y acomoden en condiciones definitivas de vida los factores opuestos que se desenvuelven en común”.

Os dejo para la reflexión la idea martiana acerca de la necesidad de una revolución como ley evolucionaria, según él, “indispensable en las horas de hostilidad esencial”. Téngase presente que el cubano inigualable, de profético pensamiento y de visión futura, fue capaz de prever que: “los pueblos que no creen en la perpetuación y universal sentido, en el sacerdocio y glorioso ascenso de la vida humana, se desmigajan como un mendrugo roído de ratones”.

El continuador de Céspedes supo como nadie en su tiempo interpretar con verdadero sentido la praxis latinoamericana y los males que aquejaban a su patria, y alertarnos de las posibles consecuencias futuras, ante la instauración de sistemas de carácter totalitarista, “con el pretexto de enseñar doctrinas modernas”, como está sucediendo en Latinoamérica en los últimos años, y como ocurrió en Cuba, con el establecimiento de la dictadura comunista en 1959; pero en estos convulsos y agitados tiempos, la inspiradora palabra del Maestro siempre será edificante:

“Un pueblo está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan: del acomodo que acapara, y de la justicia, que se rebela: de la soberbia, que sujeta y deprime, y del decoro, que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo: de los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos.”

Hoy, cuando nos separan 147 años del histórico hecho de la Demajagua y 128 años del primer discurso de José Martí en conmemoración del 10 de octubre, hemos de preguntarnos: ¿Qué relación podrá existir entre el gesto emancipador de Céspedes, las ideas libertadoras del héroe bendito de “Dos Ríos” y la necesidad de que se concreten esos grandes cambios que todos, de una u otra forma, estamos esperando? ¿Es que acaso el hecho de acudir a la colosal sabiduría del Maestro y al gesto altruista del simbólico padre que los cubanos han olvidado en estos tiempos, justamente hoy 10 de octubre, no es la expresión de nuestras ansias libertadoras? Tal vez, las palabras de José Martí nos den la respuesta en la justa medida de nuestras aspiraciones:

“¿Por qué estamos aquí? ¿Qué nos alienta, a más de nuestra gratitud, para reunirnos a conmemorar a nuestros padres? ¿Qué pasa en nuestras huestes que el dolor las aumenta y se robustecen con los años? ¿Será que, equivocando los deseos con la realidad, desconociendo por la fuerza de la ilusión o de nuestra propia virtud las leyes de naturaleza que alejan al hombre de la muerte y el sacrificio, queramos infundir con este acto nuestro, con este ímpetu, con este anuncio esperanzas que sin culpas cuando puedan costar la vida al que las concibe, y el que las pregona no puede realizarlas?”

El dolor que hemos llevado durante todos estos años de represión, de carencias materiales y espirituales, que van desde la ausencia de valiosos textos prohibidos o restringidos hasta la imperdonable ironía de querer dominar nuestro pensamiento y nuestra expresión, el irrespeto y la violación de los derechos ciudadanos, entre otros males, han sido, en nuestro actual contexto, elementos claves para que “en nuestras huestes” el dolor las aumente y se robustezcan con los años.

Para los que hemos resistido, –también se resiste en el exilio– lo importante es continuar existiendo. Existir con nuestras virtudes y también con nuestras limitaciones, no es solo estar manifestados y expresados en este mundo. Existir va más allá del accionar de nuestros cuerpos y del sentir de nuestras almas, existir es pensar e intuir, pensar libremente con la mente despojada de prejuicios y libre de condicionamientos. Esta ha de ser para nosotros la verdadera libertad, la que se encuentra en las sutilezas de la mente y de la intuición creadora, la que llega al despertarse, lo que potencialmente aquella realidad depositó en nosotros al lanzarnos a la existencia y a la manifestación.

Los intelectuales librepensadores hemos de sentirnos libres. Se podrá detener nuestro actuar y nuestra expresión a través de la palabra, pero el libre pensar jamás; esta es la causa por la cual en los regímenes totalitaristas siempre se teme a las reuniones de intelectuales. Es peor sentirse bajo la amenaza de alguien que piensa con libertad, que ser agredido por hombres de acción que carezcan de instrucción. Por eso se ha perseguido y reprimido a los intelectuales a través de los tiempos. “La verdad os hará libres”, sabias palabras atribuidas al redentor de la antigua Palestina, que fuera condenado por solo expresar la verdad entre los hombres de su tiempo. Proclamar la verdad en todo momento y en cualquier lugar es nuestro deber, esto nos hará libres en el pensamiento. El resto de las libertades tan ansiadas advienen como efecto de esta condición del libre pensar.




La verdadera independencia

LA HABANA, Cuba, mayo, 173.203.82.38 – Este mes de mayo se cumplen 110 años de nuestra independencia. Si bien el gobierno cubano no ha podido borrar el 20 de mayo de 1902 de los libros, si ha logrado con éxito borrarlo de la mente de muchos cubanos, que creen que la “verdadera  independencia” de Cuba la lograron los rebeldes de la Sierra Maestra el primero de enero de 1959.

“Ciudadanos, ese sol que veis alzarse por la cumbre del Turquino viene a alumbrar el primer día de libertad e independencia de Cuba”. Esas fueron las palabras del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, al iniciar la arenga por la independencia de Cuba, el 10 de octubre de 1868.

Entre las causas políticas que originaron el grito de Yara se encontraba el hecho de que España les negaba a los cubanos el derecho de reunión, no existía libertad de prensa, y era ilegal formar partidos políticos.

Después  de treinta años de lucha contra los españoles, y poco más de tres años de ocupación norteamericana, el 20 de mayo de 1902— unos dicen a las 12.00 pm, otros a las 12:20 pm—, en el Salón Rojo del antiguo Palacio de los Capitanes Generales, el Gobernador norteamericano de Cuba, Leonardo Wood, leyó una carta del presidente Teodoro Roosevelt sobre la entrega del mando.

Después, con la toma de juramento de nuestro primer presidente, Tomás Estrada Palma, el cambio de banderas en lo alto del edificio y en el castillo del Morro, y la partida de Wood en el crucero Brooklyn, el gobierno pasó a manos cubanas. Por primera vez ondeó nuestra bandera en todos los lugares públicos. Ese fue el día de nuestra independencia.

La Enmienda Platt, impuesta por Estados Unidos como condición para otorgarnos la independencia, era una afrenta a nuestra soberanía e independencia. Fue la Asamblea Constituyente de 1901  la que aprobó por 16 votos a favor y 11 en contra, la incorporación de esta enmienda a la constitución. Algunos constituyentes argumentaron su voto favorable explicando que el objetivo primordial había sido que se marcharan los norteamericanos.

Pero muchos años después, en 1962, el gobierno de Cuba, y supuestamente ante el temor de una invasión estadounidense,  permitió que una potencia extranjera instalara cohetes nucleares en nuestra isla para disuadir a los Estados Unidos. Esto no lo aprobó ninguna constituyente. Se hizo sin  consultar al pueblo, y de forma secreta.

La decisión tomada por el gobierno en el año de 1962 nos puso en una posición mucho más delicada e inaceptable que la de 1902. No sólo nos puso ante el peligro de  ser exterminados en una guerra nuclear, sino que también nos colocó en la órbita de los satélites de la Unión Soviética.

Ese era un país que no necesitaba de ninguna enmienda para intervenir en los asuntos internos, e invadir a los países bajo su égida que no cumplían con sus exigencias, como lo demostraron las invasiones a Hungría, en 1956, y a Checoslovaquia, en 1968.

Lo cierto es que ningún gobierno, desde el nacimiento de nuestra república, se ha empeñado tanto en negarle al pueblo los derechos de reunión, libertad de prensa y la formación de partidos, como el gobierno que dirige nuestros destinos desde el primero de enero de 1959.

Las causas políticas que originaron el grito de independencia de 1868 están presentes también ahora. La verdadera independencia de Cuba está aún por llegar.