Cuba, a 117 años del nacimiento de la República

Cuba, a 117 años del nacimiento de la República

De estos 117 años de vida como nación, en más de la mitad hemos carecido de libertad y democracia

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(cubahora.cu)

SANTIAGO DE CUBA, Cuba. – Hoy cumple Cuba 117 años como estado independiente. Sus primeros 50 años, con sus crisis, algunas graves, pero generalmente dinámica y vigorosa. Las últimas seis décadas gravemente enferma. Es un hecho que nadie puede negar. Independencia en ciertas etapas, antes y después de 1959, relativa: injerencia de EEUU y dependencia de la Unión Soviética. Solo he dicho independiente, porque de estos 117 años de vida como nación, más de la mitad hemos carecido de libertad y democracia.

Al régimen castrocomunista le desagrada la fecha, la censura. Según su interpretación de la historia, el 20 de mayo de 1902 nacía la seudorepública, o la neocolonia. Es cierto que EEUU nos impuso la Enmienda Platt, que fue derogada el 29 de mayo de 1934. Es real que el 12 de septiembre de 1906 el presidente, austero y patriota, Tomás Estrada Palma, ante una insurrección contra su gobierno, solicitó la intervención estadounidense. Hubo otras amenazas de intervención, pero es falso que ocurriera una tercera en 1912 como sostiene la propaganda castrocomunista.

Lo de “falsa república” o “nueva colonia”, por supuesto, términos acuñados luego de que los Castro llegaran al poder, se debe a que necesitaban reinventar la historia de Cuba para convencernos de que la soberanía y la libertad, llegaron el 1 de enero de 1959 con los barbudos vestidos de verde olivo, y que antes de esa fecha todo era malo en la Mayor de las Antillas. Pero veamos cómo se expresaba sobre la República, el propio Fidel Castro, en 1953:

“Había una vez una república. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades, Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos, y en el pueblo palpitaba el entusiasmo…” (Fragmento de La Historia me Absolverá).

Años después cambiaría el discurso, pero en aquellos momentos decía la verdad quien luego haría de aquella próspera, aunque no democrática república, a partir del 10 de marzo de 1952, su feudo y una dinastía solo comparable con la de Corea del Norte. Convirtió a Cuba en un país miserable, sin derechos, sin pluralismo político, sin elecciones libres, sin libertad de expresión, sin programas polémicos de televisión. Implantó un régimen copia del modelo soviético que no respeta el sentir del pueblo. Trajo misiles nucleares a nuestro suelo con lo que puso al mundo al borde de la tercera guerra mundial, envió cubanos a matar y a morir en guerras en África, Asia y América Latina. La Unión Soviética ponía las armas y el dinero, los cubanos humildes, la sangre.

Había una república que tropezaba y se levantaba, que prosperaba e iba alcanzando indicadores que hacían de nuestra patria una de las naciones más avanzadas del continente y hasta del planeta. Muchos son los argumentos y las estadísticas que podríamos citar, pero basta con mencionar la cantidad de inmigrantes que llegaban en busca de trabajo y mejor vida desde muchas partes del mundo. Con la intención de proteger a los nacionales ante la afluencia de extranjeros, en noviembre de 1933 se promulgó la Ley Provisional de Nacionalización del Trabajo, que aseguraba a los cubanos el cincuenta por ciento de los empleos. El por ciento de cubanos que emigraron antes del triunfo de Fidel Castro es muy inferior a las cifras de los que han salido luego de 1959. La opresión y la miseria nos convirtieron en un país en constante emigración.

Hoy hay cubanos en Estados Unidos, América Latina, Europa, África, Asia y hasta en Australia y Oceanía. Cubanos dispersos por todo el planeta. Y me alegro por nuestros compatriotas que han alcanzado libertad, vida digna y prosperidad en otras latitudes. Hay cubanos trabajadores, talentosos, creativos, desde Norteamérica hasta la Argentina, desde Noruega hasta África del Sur, desde Rusia hasta Nueva Zelanda. Sin esa maldición que ha sido el castrocomunismo, que ha obligado a miles de cubanos a buscar libertad y oportunidades en otras tierras, si Cuba hubiese continuado su marcha iniciada el 20 de mayo de 1902, con libertad, democracia y economía de mercado, todo ese talento, toda esa creatividad, todos esos esfuerzos, de los cubanos dispersos por el mundo, junto a la creatividad, el talento y el trabajo de los cubanos de dentro, hubiesen hecho de nuestra patria una de las naciones más prósperas y felices de la tierra.

El largo éxodo cubano ha sido una gran tragedia. Y lo más penoso es que quienes han producido tanta desdicha, son también cubanos. Cubanos que han generado no solamente opresión y miseria, sino también mucho dolor y sufrimiento. Por muy bien que le vaya a un buen cubano en el extranjero, en su corazón habita la añoranza por la tierra natal, por el hogar que le obligaron a abandonar. En todo pecho honrado y viril anida firme condena contra quien atenta contra la patria y afecta a la familia.

Muchas vidas ofrendadas, considerable sangre derramada, incalculable sacrificio y esfuerzo, abundante amor, inteligencia, talento y heroísmo en aras de una noble causa, para llegar a aquel histórico 20 de mayo de 1902 y ver izada nuestra bandera de la estrella solitaria. Hoy la patria clama por un nuevo amanecer, por libertad, justicia y democracia. Pero esa nueva aurora solo será posible si tenemos muy presentes y nos inspiramos en el ejemplo de Varela, Céspedes, Agramonte, Mariana, los Maceo, Gómez, Martí y todos aquellos ilustres y valientes patriotas que hicieron posible el nacimiento de la República.

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