La carta de Alan García antes de suicidarse: “Dejo mi cadáver como muestra de desprecio a mis adversarios”

La carta de Alan García antes de suicidarse: “Dejo mi cadáver como muestra de desprecio a mis adversarios”

Durante el homenaje de despedida, una de sus hijas leyó una carta escrita por su padre poco antes de quitarse la vida el pasado miércoles.

Alan García
Alan García (Foto El Comercio)

MIAMI, Estados Unidos. – El suicidio del expresidente peruano Alan García sigue generando noticias en el país andino. Este viernes, durante el homenaje de despedida en el Aula Magna de la Casa del Pueblo, una de sus hijas, Luciana García Nores, leyó una carta escrita por su padre poco antes de quitarse la vida el pasado miércoles.

El mensaje de García deja claro que la decisión de suicidarse es una respuesta a las acciones de sus adversarios, quienes por más de treinta años lo intentaron “criminalizar”.

“Jamás encontraron nada, y los derroté nuevamente, porque nunca encontrarán más que sus especulaciones y frustraciones”, reza un fragmento de la misiva.

El acto en la Casa del Pueblo contó con la presencia de congresistas y personalidades de la esfera política del país, entre ellos el legislador Jorge del Castillo, quien dijo que Alan García fue el mejor presidente de la historia republicana del Perú y destacó las obras sociales emprendidas y culminadas durante esa gestión.

García se disparó en la cabeza en la mañana del pasado miércoles cuando iba a ser arrestado por la Policía en su casa de Lima, por su presunta vinculación en un caso de corrupción que involucra a la empresa brasileña Odebrecht.

A continuación, reproducimos íntegramente el texto de la carta:

Cumplí la misión de conducir el aprismo al poder en dos ocasiones e impulsamos otra vez su fuerza social. Creo que esa fue la misión de mi existencia, teniendo raíces en la sangre de ese movimiento.

Por eso, y por los contratiempos del poder, nuestros adversarios optaron por la estrategia de criminalizarme durante más de 30 años. Pero jamás encontraron nada, y los derroté nuevamente, porque nunca encontrarán más que sus especulaciones y frustraciones.

En este tiempo de rumores y odios repetidos, que las mayorías creen verdad, he visto cómo se utilizan los procedimientos para humillar o vejar, y no para encontrar verdades.

Por muchos años me situé por sobre los insultos. Me defendí, y el homenaje de mis enemigos fue argumentar que Alan García era suficientemente inteligente como para que ellos no pudieran probar sus calumnias.

No hubo ni habrá cuentas ni sobornos ni riqueza, la historia tiene más valor que cualquier riqueza familiar. Nunca podría haber precio suficiente para quebrar mi orgullo de aprista y de peruano. Por eso repetí, otros se venden, yo no.

Cumplido mi deber en la política y en las obras hechas en favor del pueblo, alcanzadas las metas que otros países o gobiernos no han logrado, no tengo por qué aceptar vejámenes. He visto a otros desfilar esposados, guardando su miserable existencia, pero Alan García no tiene por qué sufrir esas injusticias y circos.

Por eso, le dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones. A mis compañeros, una señal de orgullo; y mi cadáver, como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios, porque ya cumplí la misión que me impuse.

Que Dios, al que voy con dignidad, proteja a los de buen corazón y a los más humildes.

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