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Miércoles, 29 de marzo 2017

Granma: Abandono en las entrañas del Hospital Provincial

Si algún mérito tiene la medicina cubana, es que la insalubridad de los centros asistenciales no haya provocado epidemias más graves

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GRANMA, CUBA.- El hospital provincial granmense, Carlos Manuel de Céspedes, fue inaugurado en 1967. Pero cincuenta años de explotación y falta de mantenimiento sistemático en algunas de sus dependencias atentan contra su principal objeto social. Varias reparaciones ha desde entonces, siendo la última de ellas la remodelación e inauguración del Cuerpo de Guardia, el pasado 22 de julio.

En el sótano del hospital están enclavados varios locales de Anatomía Patológica, los almacenes y la cocina. Allí el deterioro, las filtraciones y la humedad han ido obligando a la administración del centro a reubicar locales como los del generador de electricidad, oficinas y la farmacia de servicios hospitalarios.

Asimismo se han debido cerrar indefinidamente varios locales y el comedor obrero desde hace dos años. La falta de alumbrado artificial actual le ha convertido en un lugar extremadamente oscuro.

“En esos cuartos clausurados solo hay tarecos, ratones, cucarachitas ‘alemanas’ (Blattella germanica), humedad y moho”, dijo una voz femenina desde la penumbra. Provenía de una auxiliar de limpieza, que vanamente intentaba secar un tramo de pasillo.

Un corto recorrido por los oscuros corredores del centro bastó para detectar filtraciones y goteras por doquier; baños sin lámparas, oscuros e inundados por una capa de varios centímetros de agua, el amplio local del antiguo comedor anegado.

A escasos metros de la cocina y paralelo a los locales de Patología, por una zanja colmada de desperdicios médicos, fluyen aguas sanguinolentas procedentes de los pisos superiores. Paredes rotas y cables descubiertos son rociados por el agua que gotea.

Fuera de la cocina, casi al final de un pasillo, un viejo obrero del centro hospitalario, entre cohibido y receloso, responde entre dientes, temiendo las consecuencias que pudieran acarrearle sus palabras. Para preservar su identidad, en lo adelante se le llamará Salvador.

“Hace como 15 años estamos en esas condiciones. Aquí casi no hay lámparas y estamos obligados a trabajar como los topos, y con esta tremenda mojazón no hay zapato que dure; aquí no hay ventilación, ni extractores y así mismo hay que limpiar arroz, arreglar especias y pelar viandas. El vapor y la oscuridad reinante a pleno día impidió tomar fotos nítidas del local.

“En la cocina tenemos 10 tachos (ollas de cocina a vapor), pero cuatro están rotos”, y señalando uno en funcionamiento, dijo: “Ese también está roto y bota cantidad de vapor, pero tenemos que usarlo así mismo, mira el techo como está manchado y cubierto de costra”.

A pesar de la penumbra, en el techo (sin rastros del falso techo que tuvo alguna vez) grandes manchas oscuras de humo y humedad ratifican las palabras del obrero. Adosadas a él, tuberías de hierro fundido, del desagüe de los pisos superiores, gotean copiosamente, anegando el piso.

Al respecto, refirió el empleado, “hace unos meses cayó un tubo (de hierro fundido) frente a los tachos y válgale que no lastimó a nadie, pero pudo haber matado a cualquiera”, y agrega: “Las tuberías son tan viejas y están en tan mal estado, que cuando llueve bastante se tupen y filtran por chorros. El agua con mierda se riega por todo el piso de la cocina y se inunda casi todo el sótano. Yo no sé cómo aquí no se ha desatado una epidemia”.

Los directivos del centro, conocedores de la actual situación del sótano y la cocina, aún no toman medidas efectivas para solucionar el problema. Autoridades provinciales de Gobierno y el orden interior tampoco son ajenas a la situación.

“Aquí han venido el Primer Secretario Provincial del Partido (Federico Hernández Hernández), el presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular (Manuel Santiago Sobrino Martínez) y otros dirigentes y militares, hasta la gente de Higiene (Departamento de Microbiología y Epidemiología) Provincial, pero nada hacen para solucionar este desastre”, concluyó Salvador.

Tales declaraciones dejan en entredicho la calidad del servicio que se presta en el hospital granmense y denota negligencia por las condiciones de trabajo de los obreros y la salud de los pacientes.

Según el semanario local La Demajagua, “la salud, como derecho humano esencial de todo ciudadano, está garantizada en Cuba y representa una prioridad del Estado”.

De ser cierto, debemos asombrarnos con los logros de la medicina cubana. Después de todo resulta meritorio mantener condiciones tan insalubres en un hospital sin enfrentar un brote epidémico infeccioso de magnitudes colosales.

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