Roberto Quiñones, el continuado abuso contra un periodista

Roberto Quiñones, el continuado abuso contra un periodista

Durante muchos años ha sido acosado, censurado, encarcelado y maltratado por la Seguridad del Estado

Roberto Jesús Quiñones Haces

LA HABANA, Cuba.- La situación a la que la policía política tiene sometido al periodista y escritor Roberto de Jesús Quiñones es inadmisible. Y no solo ahora, cuando ha sido golpeado y arrastrado a un calabozo, sino desde hace muchos años, cuando incluso tuvo que cumplir prisión por una condena amañada cuya verdadera causa era política.

Supe primero de una revista digital que Quiñones realizaba en Guantánamo, y luego lo conocí, y leí algunos de sus textos literarios. Me asombraba su incansable actividad como escritor y promotor cultural en la ciudad oriental —adonde había ido a vivir desde su natal Cienfuegos—, incluso cuando continuaba el acoso y se le prohibía ejercer como abogado.

Luego comenzó su trabajo como periodista independiente, y ese paso, que para todo el que lo dé significa un gran riesgo, ha desatado sobre él la furia de la Seguridad del Estado. Sin embargo, los continuos arrestos, el acoso, los allanamientos y la incautación de sus bienes personales y medios de trabajo no lo han atemorizado nunca.

Cuando uno conoce a Roberto Quiñones tiene que admirar que, tras la apariencia de hombre amable y sumamente gentil, de persona con gran erudición cultural y profesional, se escondan un carácter indoblegable y un coraje tan sereno como firme. Quizás su voluntad se insinúa en ciertos rasgos de su rostro, pero sin duda alguna esa entereza se sustenta de su integridad ciudadana, de un ideario libertario enraizado en toda su manera de ser como persona y como intelectual.

“Me golpearon la boca, tengo la camiseta ensangrentada, la guayabera, y estoy detenido ahora aquí, no sé por qué razón”, pudo comunicar Quiñones a Radio Martí antes de que le quitaran el teléfono. Cuando su esposa Ana Rosa Castro pudo visitarlo en la estación de policía, lo halló con un oído hinchado por la paliza que le propinaron dentro del auto patrullero, sin poder comer por la lengua tumefacta y con un pulgar fracturado. Lo acusan de atentado.

Quiñones había acudido el lunes al juicio sumario de los pastores evangélicos Ramón Rigal y Ayda Expósito, condenados a prisión por decidir educar a sus hijos en casa. Aunque se informó que había acudido allí para dar cobertura periodística al escandaloso hecho, hay también quien indica que intentaba prestar sus servicios como abogado a los pastores, que carecían de defensa por la premura con que fueron llevados a la audiencia.

Este mismo mes, ya Quiñones había sido detenido en un punto de control a la salida de Guantánamo, cuando viajaba en ómnibus hacia Cienfuegos para visitar a su madre anciana, convaleciente de una cirugía. El oficial Víctor Víctor justificó el arresto con sus artículos para CubaNet y con el hecho de que el periodista no hubiera solicitado permiso para salir de la provincia.

Antes de eso, en febrero, había sido detenido también cuando intentó venir a la Feria del Libro de La Habana, ocasión en que debíamos encontrarnos. Pero no solo se le prohíbe salir de su provincia, sino incluso del país, sin que sobre él haya pesado ninguna acusación. Y sin que Quiñones acepte la humillación de pedir permiso para moverse como quiere imponerle la policía política.

Es interminable la lista de los periodistas amenazados y perseguidos en Cuba. Es muy conocido el caso de Henry Constantín, director de la revista independiente “La Hora de Cuba”, largamente acosado. La Seguridad del Estado lo amenazó recientemente, mientras se encontraba en el extranjero, con meterlo preso si regresaba al país.

Recientemente, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos entregó medidas cautelares a Manuel Alejandro León Velázquez, Osmel Ramírez Álvarez, Adriana Zamora García y Ernesto Carralero Burgos, así como a sus familias, por considerar que sus derechos e incluso su integridad física “se encuentran en una situación de gravedad y urgencia”.

Yunia Figueredo también ha recibido amenazas en La Habana, donde Augusto César San Martín y Ana León también han sido durante mucho tiempo perseguidos, arrestados y se les ha impedido viajar fuera del país. Son solo algunos nombres de periodistas intimidados.

En este propio abril, Reporteros Sin Fronteras colocó a Cuba en el puesto 169 de su clasificación mundial de la libertad de prensa en 180 naciones. “La perpetuación del régimen comunista estilo soviético es la razón por la que Cuba resulta el país más hostil para la libertad de prensa en toda América Latina”.

Y apunta la organización que “el monopolio del Estado y de la información no ha terminado con la muerte de Fidel Castro”, a quien RSF considera que debe ser recordado “como uno de los más importantes depredadores de la libertad de prensa en el planeta”.

Quizás la policía política solo está esperando que pasen los efectos visibles de la paliza y por fin termine soltando al periodista para, luego, seguir su interminable hostigamiento. Pero es posible que pretendan encarcelarlo otra vez con un cargo inventado y, por eso, hay que tratar de evitar ese nuevo abuso contra Roberto de Jesús Quiñones.

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