El peligro de enfrentar al lobo y a la caperucita

El peligro de enfrentar al lobo y a la caperucita

Los enmara√Īados enfrentamientos del poder nos convirtieron en esos violentos pendencieros que somos hoy

Cuba, Cubanos, Gobierno, COVID-19
Cubanos se aglomeran en un mercado de La Habana, bajo la vigilancia de agentes de la policía, para comprar alimentos (Foto: AFP)

LA HABANA, Cuba. – Cuba, su gobierno, habla con much√≠sima frecuencia de amenazas. La prensa oficial relata a diario las agresiones que podr√≠an llegarnos desde afuera, de un afuera muy cercano y de atroz apariencia. En Cuba se alude constantemente a un mundo unipolar donde el malo trata de desacreditar al ‚Äúbueno‚ÄĚ, que no es otro que ese ‚Äúgobierno revolucionario‚ÄĚ que se hace acompa√Īar de una ‚Äúsecta‚ÄĚ de fieles y de un grupo, algo mayor, que simula serle fiel.

Durante a√Īos nos hemos cansado de escuchar lo mismo: agresiones militares, econ√≥micas, biol√≥gicas‚Ķ La prensa gubernamental, √ļnica ‚Äúleg√≠tima‚ÄĚ en la Isla, se empe√Īa en visibilizar a un lobo feroz que enfrenta a una caperucita muy roja, muy tierna y bondadosa, y lo hace con tanta vehemencia, con tanta ‚Äúdevoci√≥n‚ÄĚ, que algunos hasta sienten ganas de besarle los pies a la ‚Äúcaperucita‚ÄĚ, aunque le apesten.

A pesar de las muchas fidelidades, ya escuch√© hablar, y mucho, de ‚Äúpreparaci√≥n para la defensa‚ÄĚ, una preparaci√≥n muy costosa que agrava nuestras vidas, que las amarga y las pone al borde un precipicio que asusta, incluso, ‚Äúal m√°s pinto de la paloma‚ÄĚ. Es muy com√ļn que se recurra, para impresionarnos, a la menci√≥n de grupos terroristas y a epidemias, y sobre todo a un ‚Äúbloqueo‚ÄĚ que lleg√≥ antes de que yo naciera, desde que John F. Kennedy se sentara en la silla presidencial, desde aquellos d√≠as en que el muy bravuc√≥n gobierno cubano casi hace desaparecer la Isla, cuando mis padres a√ļn no se hab√≠an conocido.

A veces pienso que pude no haber nacido, que gracias a esa vocaci√≥n belicosa de la ‚Äúrevoluci√≥n naciente‚ÄĚ y a su empe√Īo en ostentar misiles y suponer campos de batalla se pudo destruir esa muy breve ‚Äúesencia‚ÄĚ que fui en los test√≠culos de mi padre y que luego fecundar√≠a uno de los √≥vulos de mi madre. As√≠ muchos han pasado la vida en esta tierra, as√≠ muchos entraron a la muerte, con miedo a una guerra, y a la muerte.

As√≠ hemos pasado la vida, enfrentados, enfrentados y enfrentados a un enemigo con una ‚Äús√©ptima flota‚ÄĚ, esa s√©ptima flota que, dicen, hac√≠a notar con mucha frecuencia Virgilio Pi√Īera para advertir el poder√≠o militar de los del ‚ÄúNorte‚ÄĚ, y tambi√©n el absurdo empecinamiento de los cubanos de enfrentarlo. Supongo que a Virgilio le espantaba el boconeo que nos pon√≠a cada d√≠a al borde de la muerte, incluso despu√©s de los misiles.

Y nada cambi√≥ hasta hoy; y esa ‚Äúmachanguer√≠a bravucona‚ÄĚ nos pone en peligro cada d√≠a y hace que muchos cubanos act√ļen irresponsablemente. Desde que se instalara ese pendenciero discurso nacionalista no pocos cubanos lo asumieron, lo incorporaron a sus esencias. Ese ‚Äúaguaje‚Ä̬† se instal√≥ en el ‚Äúser cubano‚ÄĚ y el discurso pol√≠tico y sus enfrentamientos con m√ļltiples enemigos nos hicieron m√°s liosos, m√°s guapetones. Los enmara√Īados enfrentamientos del poder nos convirtieron en esos violentos pendencieros que somos hoy.

Los cubanos son hoy m√°s agresivos que en otros tiempos, mucho m√°s que en aquellos d√≠as en los que se vivieron algunas escaramuzas, aquellos d√≠as en los que se ensayaron episodios b√©licos. Muchos cubanos son hoy m√°s ‚Äúbreteros‚ÄĚ, m√°s peligrosamente liosos, m√°s burdos y chusmas que en a√Īos atr√°s, y tambi√©n m√°s vagos que en aquellos otros d√≠as que hicieron escribir a Jos√© Antonio Saco sobre la vagancia en Cuba, y eso es culpa del gobierno que lleva al escandaloso pronunciamiento en la calle, cuando ser√≠a mejor trabajar y trabajar.

Ese gobierno se aprovech√≥, y todav√≠a se aprovecha, de esas ‚Äúaptitudes cubanas‚ÄĚ para enfrentar a unos con otros, como sucediera en aquellos violentos d√≠as del Mariel, en los que el gobierno incit√≥ a la agresi√≥n, a la tiradera de huevos, a las palizas y luego sigui√≥ el escarnio, la vigilancia, la persecuci√≥n, el chivateo, y luego otra vez, y una vez m√°s, hasta hoy, y seguir√° ma√Īana, y vendr√°n otras violencias, siempre amparadas en la ‚Äúdefensa a la revoluci√≥n‚ÄĚ.

Los cubanos se pelean en la calle para montar a una guagua y tambi√©n para bajarse, se fajan para comprar comida. Los cubanos nos peleamos, y el gobierno se aprovecha de esas propensiones a la pendencia, y echa a pelear a unos con otros cuando le resulta conveniente. Una muestra de lo que aseguro es la aparici√≥n de un nuevo habitante en las redes sociales, un ser que se hace llamar ‚ÄúMoj√≥n oloroso‚ÄĚ, quien, sin dudas, no es m√°s que un camorrista que decidi√≥, por √≥rdenes de arriba, agredir a un grupo de periodistas independientes, y entre ellos estoy yo.

Hace unos d√≠as este ‚ÄúMoj√≥n oloroso‚ÄĚ me escribi√≥: ‚ÄúHoy vamos a darte un mitin a las nueve, por mercenario y por feo. As√≠ que prep√°rate porque a pedradas vamos contra ti‚ÄĚ. La advertencia me asusta; ya se lo que es recibir pedradas en mi casa, pedradas que rompen cristales y que luego cuestan much√≠simo dinero reponerlos, y hasta tendr√≠a que volver a traer al cristalero del barrio, que siempre anda borracho y cobra car√≠simo. Lo s√© porque ya lo traje hace unas semanas, y con el COVID-19 andando, y hasta le tem√≠ m√°s que a las pedradas que antes rompieron el cristal.

Debo confesar que me asust√≥ la amenaza de ‚ÄúMoj√≥n‚ÄĚ, que me molest√≥ que me dijera feo, tanto que me fui luego, y tras la amenaza, hasta el espejo, para preguntarle quien era el m√°s feo, y el espejo asegur√≥ que los agresores, los amenazadores, los que no ponen la cara frente al espejo ni en ning√ļn sitio, ni siquiera porque tienen todo el respaldo del poder. No se muestran porque son cobardes y sucios, porque operan con mentiras, sabr√° Dios a cambio de qu√©.

Y no nos enga√Īemos, estos agresores an√≥nimos, estos malnacidos en Cuba, est√°n amparados, guiados, por el gobierno, por ese infame aparato de ‚Äúseguridad‚ÄĚ que agrede, que enjuicia y pone tras las rejas, y a veces mata. ‚Äú¬°Aqu√≠ nadie sabe qui√©n es qui√©n!‚ÄĚ, eso decimos los cubanos, lo que sin dudas conviene al gobierno. Ellos provocan la desconfianza, ellos pretenden que supongamos al chivato, al agresor, en la piel de cualquiera, y mucho m√°s en estos d√≠as de desabastecimiento y enfermedad, en estos d√≠as peligrosamente desesperados.

Y ahora decidieron amenazarme otra vez, y tambi√©n a Maykel Gonz√°lez Vivero, a Mar√≠a Matienzo, Yosvany Mayeta, Nonardo Perea. Todos los amenazados, los ‚Äúsentenciados‚ÄĚ, hacen p√ļblicos sus desacuerdos con el gobierno. Todos nos pronunciamos en las redes sociales o escribimos en medios independientes, y ninguno esconde su apego a la verdad. Y resulta curioso que algunos de los amenazados vivan fuera de Cuba, pero los jen√≠zaros creen en la utilidad del miedo en cualquiera de las geograf√≠as posibles.

Ellos creen que el miedo somete, y quiz√° tienen raz√≥n. El miedo se hace grande, y hasta resulta comprensible, porque no sabemos de qu√© lugar saldr√° el ataque, la pedrada que rompe un cristal o quiebra un hueso. El miedo hace desconfiar de los otros, de muchos, de todos; cualquiera puede esconderse detr√°s de ese ‚ÄúMoj√≥n oloroso‚ÄĚ. En Cuba se puede decir, como Neruda, ‚ÄúTengo miedo de todo el mundo,/ del agua fr√≠a, de la muerte‚ÄĚ. El agresor puede estar en cualquier cuerpo, sin que se consiga identificarlo, y eso hace que sea mayor la angustia, y m√°s conveniente al gobierno. Cualquiera puede ser el agresor que lanza la piedra, el que rompe un hueso o mata, por eso se le teme a tantos, incluso a todos.

Cuando no se consigue identificar al agresor se le busca en todas partes y el miedo se hace inmenso, se busca en todas partes, en cada cara, y se sortean los riesgos y se evitan las pedradas, se esconden las oposiciones, y eso lo saben muy bien los comunistas; ellos reconocen que su poder no est√° en las bondades que cacarea, su poder est√° en el miedo que provocan. Cuando la amenaza la hace un desconocido, alguien sin rostro, un fantasma, se confunde al lobo con la caperucita, y eso es lo que conviene al gobierno. Si se trata de enfrentar a un desconocido, habr√° que enfrentar a muchos, quiz√° a todos, y eso es muy √ļtil al gobierno.

Recibe la informaci√≥n de CubaNet en tu celular a trav√©s de WhatsApp. Env√≠anos un mensaje con la palabra ‚ÄúCUBA‚ÄĚ al tel√©fono +1 (786) 316-2072, tambi√©n puedes suscribirte a nuestro bolet√≠n electr√≥nico dando click aqu√≠.

Acerca del Autor

Jorge √Āngel P√©rez

Jorge √Āngel P√©rez

(Cuba) Nacido en 1963, es autor del libro de cuentos Lapsus calami (Premio David); la novela El paseante cándido, galardonada con el premio Cirilo Villaverde y el Grinzane Cavour de Italia; la novela Fumando espero, que dividió en polémico veredicto al jurado del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2005, resultando la primera finalista; En una estrofa de agua, distinguido con el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en 2008; y En La Habana no son tan elegantes, ganadora del Premio Alejo Carpentier de Cuento 2009 y el Premio Anual de la Crítica Literaria. Ha sido jurado en importantes premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Casa de Las Américas

[fbcomments]