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Miércoles, 24 de mayo 2017

¿Cómo consigue Cuba una sanidad con índices de un país rico?

La isla cuenta con indicadores que son la envidia de la región, pero su sistema también tiene numerosas sombras

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Hospital Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo (Foto: La Demajagua)

LA HABANA, Cuba.- ¿Cómo consigue Cuba un sistema sanitario con índices comparables a los países desarrollados con un presupuesto propio de una región en vías de desarrollo? El gobierno caribeño siempre se ha vanagloriado de fomentar y cuidar del servicio básico, gratuito y de carácter universal que ofrece a su población. Sin embargo, también cuenta con sombras: muchas infraestructuras deterioradas en continua reparación u obsoletas y un déficit importante de personal médico que las atienden que viene dado por diversos motivos: la prioridad otorgada por el estado a las misiones médicas internacionales o al incesante goteo de especialistas que logran exiliarse.

Una de las claves para los logros cubanos en materia de salud es que el gasto en el sector fue en 2015 de un 10,57% del PIB, muy por encima de países como EE UU, Alemania, Francia o España. También contaba desde hace cuatro décadas con uno de los sistemas de atención primaria más proactivos del mundo, pilar fundamental con una infraestructura sanitaria de 452 policlínicas que, junto a la prioridad también dada a la insistencia en la prevención de enfermedades, a la cobertura universal y el acceso a los servicios sanitarios puede llegar a explicar por qué Cuba está en muchos indicadores al nivel de países mucho más ricos.

La otra cara son las clínicas exclusivas para turistas, gobernantes o altos mandatarios. El estado reserva los mejores hospitales, equipos y medicinas para la élite del poder y los extranjeros, mientras que desatienden la calidad del servicio que se le da al cubano de a pie que tiene que conseguir toda clase de medicinas en el mercado negro o pedirlos a sus familiares expatriados.

Y es que según el doctor Julio César Alfonzo, “Cuba tiene sus servicios médicos divididos en dos: uno está pensado para los cubanos y otro para los extranjeros, quienes reciben un cuidado de mayor calidad, mientras que la población nacional tiene que conformarse con instalaciones en ruinas, falta de medicamentos y equipos y falta de personal especializado, ya que éste es enviado al extranjero para generar ingresos para Cuba”.

En 1959, el país contaba con apenas 6.000 médicos, la mitad de los cuales emigraron tras el triunfo de la Revolución. La crisis sanitaria que se derivó le planteó al nuevo gobierno la necesidad de formar profesionales de forma masiva. Medio siglo después en 2014 era el tercer país del mundo con más médicos por cada 10.000 habitantes con 67,2, solo superado por Catar y Mónaco. Pero a pesar de esas cifras, la calidad de esa atención primaria, que había sido durante años la piedra angular de la salud pública, se ha visto afectada con una reducción en un 62% de la cantidad médicos de familia, de 34.261 en 2009 a 12.842 en 2014, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).

No en vano, y a pesar de ello, según el informe del Estado Mundial de la Infancia de Unicef, Cuba ha conseguido en 2015 una tasa de mortalidad infantil por debajo de cinco por cada 1.000 nacidos, dato que lo sitúa entre las primeras 40 naciones del mundo. Además, el país caribeño ha sido pionero en avances médicos muy diversos. Ya en 1985 desarrolló la primera y única vacuna contra la meningitis B. También ha conseguido nuevos tratamientos para combatir la hepatitis B, el pie diabético, la consecución de un tratamiento definitivo para el vitíligo y la psoriasis, el desarrollo de una vacuna contra el cáncer de pulmón, que ahora se está probando en los Estados Unidos o ser el primer país del planeta en eliminar la transmisión materno-infantil de VIH-sida, hecho validado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), también en 2015, y que ratifica que el sistema médico cubano está situado a la vanguardia de América y muy por encima de la media mundial.

Unos indicadores sanitarios elogiados por la directora de la OMS, Margaret Chan, quien tambien estimó al sistema de salud cubano como ejemplo a seguir por su sostenibilidad, capacidad y también por el espíritu solidario para la formación de personal de la salud en otros países con menos recursos o para actuar en situaciones de emergencia, como el envío de la Brigada Henry Reeves contra la epidemia del ébola que brotó en Liberia, Sierra Leona y Guinea en 2014, convirtiéndose en el mayor proveedor de especialistas sanitarios en desplazar ayuda en la lucha contra el virus. También asistieron a la población en el terremoto de Pakistan del 2005 y en Centro América tras el paso de los huracanes Mitch y George en 1998 o su buque insignia: la llamada Operación Milagro que desarrollan conjuntamente Cuba y Venezuela desde 2004. Una iniciativa en la que más de dos millones de personas de 35 países diferentes han sido operadas gratuitamente de cataratas u otras enfermedades oculares.

Cuerpo de Urgencias, Hospital Calixto Garcia (foto archivo)

Un “ejército de batas blancas”, según palabras de Fidel Castro, que comenzó en el año 1960 cuando se desplazó una brigada médica a Chile después del terremoto que azotó la ciudad de Valdivia dejando miles de fallecidos. Desde entonces el estado cubano ha enviado en misiones médicas a más de de 300.000 trabajadores de la salud, como indica la Agencia Cubana de Noticias, que han brindado su ayuda en unos 158 países de America Latina, África o Asia. Actualmente Cuba está presente en 67 naciones donde la sanidad pública es deficitaria, con más de 50.000 sanitarios cubanos en diversos contingentes.

Salvador Silva, médico especialista en enfermedades infecciosas, ha participado en la última década en dos misiones en el extranjero: Haití y Liberia. “Los médicos cubanos tenemos un sentido muy arraigado de la solidaridad y el Juramento Hipocrático. No se concibe nuestro trabajo sin el apoyo a las misiones en el exterior. Vale que nuestro salario es bajo y quizás nos empuje a salir fuera, pero también nos aporta un orgulloso sentimiento al ver nuestra labor reconocida en todo el mundo además de contribuir a nuestro país”, asegura.

Y es que los médicos son la materia prima más rentable con la que cuenta el Gobierno de La Habana. La colaboración médica constituye una lucrativa herramienta diplomática además de un elemento esencial en el reconocimiento y respeto internacional que se ha ganado Cuba en el mundo en los últimos 50 años, pero también se ha convertido en una de las principales fuente de ingresos. En 2014, representó más de 8.200 millones de dólares, una cifra muy superior a la generada por el turismo internacional.

El envío de brigadas médicas se realiza mediante contratos específicos con cada país beneficiario. Por ejemplo, en el caso de las misiones enviadas a Venezuela, gobierno estrechamente vinculado a Cuba, responden a un intercambio bilateral que incluye el suministro estable de petróleo a cambio de integrar a más de 35.000 profesionales para colaborar en los programas de salud del Gobierno venezolano.

Es tan grande el negocio que han dejado a los hospitales y policlínicas bajo mínimos en personal y ante esa necesidad de preparar más profesionales el gobierno ha recurrido a la educación de especialistas emergentes, formando a alumnos en cursos más cortos. “Están graduando médicos en tiempo récord para suplir la necesidad de exportarlos y esto ha ido en detrimento de calidad de la formación de los médicos y de la medicina de Cuba, que solía ser de primera. Eso está ocurriendo desde que comenzó el programa en Venezuela, entre los años 2003 y 2004”, como indica el médico cubano exiliado en Miami Julio César Alfonzo, actual director de Solidaridad Sin Fronteras.

Además los médicos prefieren pasar una media de dos años en misiones internacionales por motivaciones de orden profesional, humano y también económico porque los salarios de los cooperantes son muchísimo más altos que los de los que trabajan dentro de Cuba. Pero al mismo tiempo, deben entregar al menos el 50% de sus ingresos al estado, que varía en función de las responsabilidades y las guardias asignadas.

Aún así, el exiguo salario de sus profesionales animó a muchos a sumarse a los contingentes que trabajan en el extranjero, donde ingresan en torno a 1.000 dólares mensuales, según los países, contra los aproximadamente 50 dólares de salario medio que cobran en la isla. Por ello no es raro encontrar taxistas, tenderos o albañiles con titulación médica, incluso especializada, que buscan otra alternativa compatible con el servicio a la salud para mejorar su calidad de vida.

Juan es un conductor de taxi, un Chevrolet de los años cincuenta comprado a medias con su hermano que maneja a diario de seis de la tarde hasta entrada la media noche. Pero Juan es también doctor en el hospital clínico Hermanos Ameijeiras: “El sueldo es una miseria. Nos vemos obligados a buscarnos la vida por otros medios. Tengo compañeros que venden recetas a farmacias, que atienden en clínicas ilegales o que ayudan como tenderos en el puesto familiar del mercado. Es frustrante”, reconoce, “Parece que así nos empujan a alistarnos para las misiones internacionales, el verdadero negocio cubano”.

Clínica Cira García, ubicada en La Habana y destinada solo para extranjeros (foto archivo)

Las misiones médicas han sido, además, una importante vía de escape para los cubanos que buscan desertar. Antes de que entrara en vigor la reforma migratoria de enero de 2013, que permite a los cubanos con pasaporte y visado viajar fuera del país, el camino de huida predilecto era Venezuela. Sólo en 2013 y 2014 más de 3.000 médicos desertaron a Estados Unidos aprovechando el programa de visado especial, Cuban Medical Professional Parole, para la solicitud de asilo de doctores cubanos implantado en 2006 durante la presidencia de George W. Bush para asistir a trabajadores de la salud que escapan de misiones internacionales llegando ha fomentar la fuga de profesionales y también el descontento social en la isla.

La periodista de la cadena Al Jazeera Lucia Newman, antigua corresponsal de la CNN en La Habana, señala que los médicos cubanos se quejan de que ellos no tienen las mismas oportunidades para viajar, asistir a las conferencias y leer las revistas especializadas, lo que les impide estar al tanto de los últimos avances de la medicina como hacen sus colegas en otros países, y por eso sienten que se están quedando rezagados. Y es que el embargo comercial impuesto por Estados Unidos en 1960 incluye el material bibliográfico y de información científico técnica sobre ciencias médicas. Igualmente dificulta la participación de profesionales cubanos en cursos, conferencias, eventos y otras formas de intercambio y actualización de conocimientos. Pero el problema viene de la imposibilidad de adquirir en los mercados estadounidenses reactivos, piezas de repuesto para equipos de diagnóstico y tratamiento, instrumental médico y todo tipo de medicinas de procedencia estadounidense, incluyendo a empresas subsidiarias establecidas en terceros países, que les está prohibido al sector cubano de la salud.

Para Odalys, una joven paciente que espera su ingreso en la entrada del Hospital Salvador Allende, “la situación se hace insostenible en este país, ya no es la falta de especialistas, es que tenemos que traernos todo, acabo de salir a comprar un bombillo para tener luz en la habitación. He llamado a mi casa para que me traigan también ropa de cama, toallas, incluso papel sanitario. No hay camilleros y he visto una familia transportar a su hijo enfermo hasta la habitación. Sanidad gratuita y universal, si, pero la tienen descuidada y es muy informal”, se queja.

(Autor: Álvaro Fuentes. Publicado originalmente en El País)

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