Un aborto histórico

Un aborto histórico

El drama actual de Cuba es consecuencia de un aborto histórico que nos impide emprender verdaderos cambios

LA HABANA, Cuba, marzo, 173.203.82.38 –Ya estamos en marzo y en el ambiente habanero se respira el tufo de una agridulce y tensa “transición”. Recuerdo que en la tarde del pasado 31 de diciembre, un amigo que había llegado de México, comentaba: “Todo el mundo hace brujerías en este país, no se sabe si son para propiciar el modo de irse o para derrocar al gobierno, además con el reggaetón y la violencia, lo cubanos forman hoy una sociedad alcoholizada y frustrante “.

Es la visión de un cubano que ya logró posicionarse fuera de la Isla. Su estatus actual le permite viajar por el mundo. Ha vivido el contraste entre lo que prometió el castrismo, hace cinco décadas, y el desastre actual. Ha visto la realidad de otros países con sus virtudes y defectos y la ha comparado con la visión manipulada que recibió durante años bajo la maquinaria ideológica del régimen. Tal vez por eso esté mejor preparado para ver con claridad en lo que se ha convertido Cuba.

Y obviamente tiene razón en lo que dice. Basta con salir a las calles para ver al pie de los postes, en las esquinas, cualquier cantidad de bultos que contienen brujería de toda índole. Como nunca antes, las prácticas taumatúrgicas asaltan la ciudad. Y para colmo, esta euforia parece interconectarse con el furor por las nuevas reformas migratorias.

Los cubanos acuden desesperados a las religiones o al animismo con la pretensión de conseguir un destino mejor, o simplemente en busca de paliativos para sus depauperadas vidas.

Al mismo tiempo, bailan hasta la enajenación con el reggaetón en primer plano.

El reggaetón, más que un ritmo, es el sonido de la desesperación. Es un detestable lastre que ya se ha posicionado en el alma y el espíritu de los cubanos. Sobre todo de los más jóvenes, a los que tal parece que nada más les importa mientras haya reggaetón.

El índice de alcoholismo se ha disparado y los borrachos pululan en las calles. Se les puede ver delirando o durmiendo en portales o aceras. Son el termómetro, los síntomas de una sociedad gravemente enferma.

Mientras tanto, el pistoletazo de arrancada migratoria del 14 de enero ha desatado la fiebre del escape. Es obvio que esta es una jugada más del régimen, que espera bajar tensiones y comprar tiempo con el dinero de los potenciales emigrantes.

Ahora, en el mundillo de la farándula no basta con tener el móvil de último modelo, la mejor ropa  o el carro. Las chicas y chicos de este ambiente tienen ahora como requisito adicional la posesión de un pasaporte visado.

El embotamiento y el subdesarrollo mental de los cubanos son realidades, y no la invención de un antropólogo del primer mundo. Esta realidad es la consecuencia de ese aborto histórico llamado “revolución” y nos impide avanzar en busca de un verdadero cambio.

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