Ser corrupto o no, he ahí el dilema

Ser corrupto o no, he ahí el dilema

Una mácula que posiblemente persistirá más allá del fin del sistema que la generó

LA HABANA, Cuba, abril, 173.203.82.38 -La intención de un colega de realizar una encuesta en torno a la magnitud de la corrupción como fenómeno social en Cuba me hace volver nuevamente sobre un tema recurrente, aunque no agotado: ¿hasta dónde se ha expandido la corrupción en la Isla?, ¿es posible revertir este mal en las condiciones actuales?

Las respuestas son harto conocidas: la corrupción alcanza a todos los rincones de la vida nacional y a los individuos, en mayor o menor medida, y es imposible erradicarla en las condiciones actuales. No se puede ignorar la relación entre la crisis económica permanente, la distorsión de las relaciones de propiedad y la ausencia de derechos, entre otros elementos que fortalecen las deformaciones sociales.

Lo particular, en este caso, es la manera en que solemos apropiarnos del concepto “corrupción”, aplicándolo al “otro”. Esa manera de entender la corrupción como un fenómeno inherente a los poderes superiores, a los sectores con acceso a la administración de los bienes, las empresas y las finanzas, fundamentalmente de divisas –que son, con ventaja, la clase corrupta por antonomasia– y a capas marginales de la sociedad, omite una verdad irrebatible: en Cuba todos somos corruptos. Y lo somos por la sencilla razón de que la corrupción se ha convertido para los poderosos en la forma más expedita de enriquecerse, mientras para los cubanos corrientes es una estrategia de supervivencia. Aquellos, corruptos por su voluntad; nosotros, por necesidad. No se trata, pues, de ser o no corruptos, sino que el dilema del cubano promedio es ser corrupto o no ser.

Sin embargo, una vez que esa premisa se establece en la conciencia colectiva, permea cada rincón de la vida social y prácticamente llegan a justificarse actitudes que en una sociedad normal resultan punibles. Los ejemplos de corrupción huelgan, pero enunciemos solo algunos de los más comunes:

. El profesor que vende el examen al alumno. El padre que facilita el dinero para que su hijo compre el examen.

. El carnicero que vende la carne de res en el mercado negro. El cliente receptador que la compra. En este caso se puede incluir un listado interminable de productos “desviados” en la cadena de comercio subterráneo que van a parar incluso hasta los hogares más honrados de Cuba, en virtud de los delitos de malversación-receptación.

. El soborno a funcionarios públicos para que adelanten trámites, falsifiquen documentos, legalicen fraudes, etc. La existencia de un elevado número de esos funcionarios cuya entrada financiera principal son esos sobornos.

. La compra por parte del cliente e instalación por empleados de ETECSA de líneas ilegales de telefonía fija, cuyo precio fluctúa entre los 600 y los 1000 CUC.

. Los vendedores de los mercados alteran el peso y el precio de los productos y sobornan a los inspectores.

. Las farmacias son verdaderas redes de ventas subterráneas de medicamentos de todo tipo, incluyendo los que se regulan a través de tarjetas o recetas médicas.

Corruptos son en especial los que fomentan la doble moral, criticando en privado al sistema y pidiendo a sus hijos que no expresen en la escuela lo que se dice en casa; los descontentos que participan en las votaciones, en los CDR y en otras organizaciones oficialistas, los que fingen y enseñan a fingir.

Puede asegurarse que cada cubano bajo este sistema es o ha sido corrupto de alguna manera. Cada uno de nosotros recurre con regularidad a alguna fuente de aprovisionamiento o de ingresos al margen de la legalidad, lo cual es perfectamente comprensible en un país signado por las carencias y en el cual el salario no alcanza a cubrir siquiera las necesidades básicas de los individuos.

No obstante, que las condiciones en que vivimos atenúen la magnitud del delito no evita que la corrupción se haya extendido entre los cubanos como forma de moral predominante. Una mácula que posiblemente persistirá más allá del fin del sistema que la generó.

La corrupción es inherente al castrismo desde su propio surgimiento y se ha generalizado hasta contagiar a todos y cada uno de nosotros en alguna medida, lo cual es otro de los crímenes del “modelo”. Por eso le diría al colega que no precisa adelantar ninguna encuesta para determinar las dimensiones de la corrupción en Cuba. Corruptos serían incluso todos y cada uno de los potenciales encuestados que eventualmente engrosarían los pliegos de su investigación. No hay caso.

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