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Dramatizados adoctrinantes y con moraleja

Cuba, Dramatizados

Cuba, Dramatizados
(Fotograma de la teleserie “La Otra Guerra”/Captura de pantalla)

LA HABANA, Cuba. – La telenovela “Entrega” y la segunda temporada de la serie “Lucha contra bandidos: la otra guerra”, son destacadas por los decisores de la cultura oficial como excepcionalmente modélicas dentro de la programación dramatizada de la TV cubana.

A esos dos programas, compitiendo con los seriales policiales norteamericanos como CSI,  se suma  “Tras la huella”, que como sus primos de Sector 40, Móvil 8 y Día y noche, está dedicado a exaltar al Ministerio del Interior y a meternos el policía en el alma, convenciéndonos de que los súper-agentes de la Seguridad del Estado y de la Policía Nacional Revolucionaria son invencibles, infalibles y se las saben todas.

A eso aspiran los mandamases: a telenovelas y seriales adoctrinantes y con moraleja favorable al sistema, en la tradición del más rancio realismo socialista.

El serial “La otra guerra”, dirigido por Roly Peña, vuelve sobre el tema del aplastamiento por las fuerzas gubernamentales de las guerrillas anticastristas en los años 60.

Aunque centrada principalmente en el Escambray y en menor medida en otras zonas montañosas del país, fue una guerra civil que involucró a miles de personas, ocasionó centenares de muertos, mutilados y desplazados.  Duró casi siete años, de fines de 1959 a octubre de 1966, siendo, luego de la Guerra de los Diez Años (1868-1878), el conflicto bélico más largo ocurrido en Cuba (a la insurgencia fidelista solo le llevó dos años y un mes derrocar al régimen de Batista).

La insurgencia anticastrista, para ser aplastada,  requirió el empleo de más de 70 000 efectivos del régimen, armados hasta los dientes por los soviéticos. Pero en seriales como “La otra guerra” y películas como “El hombre de Maisinicú”, se presenta a esa insurgencia como grupos de “bandidos” (la denominación oficial para los alzados), dedicados principalmente a robar y asesinar civiles, que huían despavoridos de los milicianos.

En “La otra guerra”, que se desarrolla en el sur de Matanzas, en las proximidades de la Ciénaga de Zapata, los militares del régimen -especialmente los dos protagonistas, los oficiales interpretados por Fernando Echevarría y Jorge Martínez- son valientes, sacrificados, sensibles. Y los alzados, despiadados asesinos, sin un asomo de humanidad.

Si la mayoría de los alzados contra el castrismo eran campesinos y excombatientes de la lucha contra la dictadura  de Batista, ¿cómo se explica  la metamorfosis que los convirtió en tales monstruos? ¿Serían siempre así?

Ambos bandos cometieron atrocidades, pero el régimen solo habla de las atrocidades  de sus enemigos. Y encima, las exagera.

Si los alzados se dedicaban a robar y a asesinar campesinos, incluso mujeres y niños,  ¿por qué   los pobladores de las lomas los  apoyaban? Tan es así que el régimen consideró preciso  el traslado forzoso de cientos de familias campesinas del Escambray a Pinar del Río, a los llamados pueblos cautivos Guane y Briones Montoto, para evitar que abastecieran a los alzados y se sumaran a sus filas.

“La otra guerra” sirve a los propósitos oficiales de reescribir la historia, satanizando a sus oponentes.

Y hablando de historia, de los conflictos sentimentales y laborales de Manuel, un joven profesor de Historia de Cuba, trata la telenovela “Entrega”.

Manuel vendría a ser la contrapartida de la profesora Carmela de la película “Conducta”. En medio de sus conflictos amorosos y con un hermano delincuente, Manuel, con inusuales y nada ortodoxos métodos, trata de despertar el interés por la asignatura en sus apáticos alumnos, amén de inculcarles valores éticos, y claro, el amor por “la patria, la revolución y el socialismo”, que para él, como para todo buen castrista, son una misma cosa: algo así como la Santísima Trinidad.

En uno de los capítulos, Manuel exalta ante sus alumnos a los terroristas que ponían bombas en las calles habaneras en los años 50 y los pone como ejemplos a imitar.

Supongo que para Che Guevara, el profe Manuel sería lo más parecido al hombre nuevo a que  puede aspirarse en estos momentos de despetronque

nacional. Y ni se diga para Díaz-Canel, que no se cansa de insistir en la importancia de la enseñanza de la historia (de la historia oficial, claro) para “la continuidad” que propugna.

La novela, dirigida por Alberto Luberta (hijo) y Osvaldo Doimeadios, cuenta con varias subtramas que le sirven de gancho. Entre ellas,  un asesino en serie de mujeres, que acecha a la esposa de un muy agobiado por problemas personales  oficial criminalista de la PNR. Porque en esta novela también hay policías, dos oficiales muy humanos y razonables, interpretados por los dos mismos actores protagonistas de “La otra guerra”: Jorge Martínez y Fernando Echevarría (el mismo de aquel spot “No nos entendemos”).

En la era raulista,  las telenovelas de Cubavisión empezaron a parecerse más a los culebrones de Globo o Univisión que a la vida de los cubanos. Se desarrollaban en  calles limpias e iluminadas; en casas amplias, pintadas y bien amuebladas; en pulcros hospitales donde no faltaban  médicos ni  medicamentos; en paradisíacos centros de recreación donde los personajes consumían despreocupadamente y pagaban con CUC.  No había solares ni pordioseros. Nadie pasaba hambre. Siempre había agua en la ducha. Todos vestían bien. Ni siquiera había gente fea. Y la chusmería era light, dosificada, simpática.

Pero como hubo menos temas tabúes, las telenovelas empezaron a parecerse un poco más a la vida real y aparecieron personajes hasta entonces inusuales: ex presidiarios, enfermos de SIDA, vendedores callejeros, jóvenes descarriados, alcohólicos, jineteras.

El Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), pese a que tiene que competir con “el paquete” y “la antena enemiga”, ha declarado la guerra a la frivolidad y llama a reforzar el “trabajo ideológico” sobre los televidentes. Por eso es de esperar que vengan más personajes como el profesor Manuel, los policías interpretados por Fernando Echevarría y Jorge Martínez, o los milicianos de La otra guerra.

¡Y creíamos  que los novelones con teque de Maité Vera eran cosa del pasado! No se asusten, cuando a falta de presupuesto para hacer  nuevas telenovelas, se decidan a reponer “El viejo espigón”.

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Luis Alberto García vuelve a criticar censura por parte del régimen cubano

Luis Alberto García (Archivo)

MIAMI, Estados Unidos. – El actor Luis Alberto García se ha sumado a las figuras del panorama cultural cubano que han rechazado la reciente censura de la telenovela “Más allá del límite”, nueva propuesta audiovisual de la televisión nacional, cuyo lanzamiento ha sido cancelado por mostrar la cara oculta de la educación en la isla.

Según sus propios actores, “Más allá del límite” ha sido excluida de la programación debido a que uno de los personajes es un profesor corrupto que tiene relaciones sexuales con sus alumnas, algo que no ha sentado bien a la plana mayor de la censura en Cuba, que no ha dudado sacar del aire la nueva producción.

El punto de discordia gira en torno al personaje de Aldo, protagonizado por el joven actor Enrique Bueno, recordado por su papel de Leroy en “La cara oculta de la Luna” (2005).

“Aldo, es jefe de cátedra de un preuniversitario en la capital, proyecta una imagen confiable, humilde y profesional, pero detrás de esa fachada se esconde un profesor inescrupuloso, mediocre y corrupto que vende exámenes y mantiene relaciones sexuales con alumnas, ellas, a cambio, reciben favores”, escribió Bueno en su cuenta en la red social Facebook.

Ante esa situación, Luis Alberto García, critico habitual de los problemas que aquejan a la sociedad cubana, no ha perdido la oportunidad de compartir la publicación de Bueno, acompañada de una frase que desborda ironía: “Ay mamá… cómo viene este año”, en franca alusión a las nuevos mecanismos de censura y control que busca imponer el gobierno de la isla, sobre todo tras la entrada en vigor del Decreto Ley 349.

Para Enrique Bueno, la labor de los artistas y de los medios radica en orientar, informar y educar no sólo mediante personajes y publicidad mojigata, si no también a través de personajes negativos, como Aldo.

“Ojalá que las partes pertinentes (los censores) tomen conciencia que esconder defectos nunca ha sido positivo ni educativo. La familia cubana necesita saber no sólo lo bueno sino también lo malo que está pasando en la docencia con nuestros hijos, agregó Bueno.




Nueva telenovela cubana, una oda al absurdo

Parte del equipo de ‘En tiempos de amar’ (Foto: Juventud Rebelde)

LA HABANA, Cuba.- En tiempos de amar es el título de la nueva telenovela producida por el ICRT para “deleitar” las noches cubanas. Han transcurrido varios capítulos y en la calle no se escucha el menor comentario, tal vez porque a pesar de la actual configuración de la sociedad y la creciente incertidumbre en el porvenir, el culebrón antillano propone argumentos y personajes inverosímiles, chatos, epidérmicos; como si no hubiera miles de criollos con su tragedia a cuestas, agobiados por conflictos reales que parecen no tener remedio.

En un esfuerzo patético por dialogar sobre los problemas de convivencia, la trama se desarrolla en una mansión donde vive una familia completa, con hijos, nueras y varios nietos en edad adolescente. La balanza del bien y el mal oscila entre una pareja cuya integridad moral es, de tan exagerada, nauseabunda; mientras su contraparte es el cliché de la maldad, mezcla de marido pusilánime y mujer mezquina, todos interpretados por pésimos actores.

La batalla por el espacio vital es diaria; pero en lugar de abordar las diversas cuestiones desde una óptica realista, los autores del guion apuestan por soluciones tontas. Un chofer de taxi privado y su esposa, que trabaja en el almacén de un hotel y sustrae todo lo que puede para revenderlo en el mercado negro, pelean constantemente porque “a esas alturas” siguen durmiendo en el mismo cuarto con su hija adolescente.

La solución razonable es buscar un alquiler, mientras ahorran para comprar un apartamento. Tal vez el guion no lo diga, pero todo el mundo sabe que es así. ¿Qué sentido tiene robar y botear a dos manos para continuar viviendo en un infierno? Los realizadores tienen tan poca imaginación o se sienten tan amenazados por la censura que eluden la respuesta obvia. Deciden, contra toda lógica, mantener a la pareja “pudiente” en la casa repleta para justificar cotilleos y enfrentamientos al estilo de noveluchas baratas, con tal de no mostrar que el producto de la delincuencia es empleado por los cubanos para alcanzar beneficios elementales, como la privacidad.

Entre toda clase de asuntos banales —una cuñada envidiosa, dos mujeres peleando por un hombre; un vendedor de agro que se cree Sócrates; una hermanastra celosa y un padre emigrado hace años que regresa para conocer a su hija…— transcurre una Cuba en la que nadie se reconoce. Los estereotipos se han adueñado de cada recurso de la dramaturgia, desde el lenguaje hasta el vestuario, la forma de pensar y el consumo cultural.

Los adolescentes no tienen otra preocupación que chismear, enamorarse y estudiar. Usan el uniforme correctamente; leen y hablan del detective Mario Conde, como si la lectura fuera el pan de cada día y las novelas de Padura estuvieran en venta en todas las librerías. Lo chicos no parecen rufianes ni las muchachas meretrices. La rebeldía de un estudiante consiste en ausentarse de la escuela para lavar autos en un parqueo y así pagar a plazos una bicicleta; situación improbable toda vez que los jóvenes cubanos desprecian ese tipo de labores y sus aspiraciones materiales están más orientadas a lucir bien que a pedalear La Habana.

A diferencia de la serie Zoológico, que tanta polémica causó, la novela en curso no muestra a los adolescentes al filo de la criminalidad; marcados por una familia disfuncional o un entorno marginal; acomplejados por la pobreza de sus padres trabajadores, o escabulléndose de la escuela para ir a conectarse en la zona wifi más próxima. No se habla del racismo, la homosexualidad, ni la emigración.

Los ancianos son venerados, respetados y cuidados por parientes amorosos, en un ambiente de confort —decorado con lienzos, esculturas, plantas, lámparas— que nada tiene que ver con tantas familias hacinadas en un cuarto de solar, durmiendo sobre colchonetas con un solo ventilador para todos, cocinando con dos hornillas y gas de bala, lidiando con varios niños en edad escolar y viejitos enfermos.

Es indignante que la experiencia vital de los cubanos sea manipulada para ofrecer una visión falsa y homogénea de lo que hoy somos, culminando en un producto que no funciona como entretenimiento, ni resulta edificante desde el punto de vista moral. El guion es tan groseramente panfletario que ni siquiera los actores más experimentados lograron una actuación convincente.

En tiempos de amar prueba que la política cultural marcha en sentido contrario de lo que acontece en el seno de la sociedad. Es más importante inventar personajes “políticamente correctos” que observar cómo viven los cubanos para transmitir esas experiencias de una forma creativa y honesta. Como dijera Rufo Caballero, “es fácil ser mediocre”. O bien el ICRT no tiene un equipo de realización que valga la pena para esta clase de productos, o dan por sentado que los cubanos son imbéciles.

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Homofobia en televisión, el sutil trabajo del odio

Familia cubana viendo televisión (AFP/Archivo)

LA HABANA, Cuba.- Si existe en la televisión cubana un horario respetado, es el de la telenovela. Probablemente sea ese el único momento del día en que toda la familia se reúne para compartir alrededor de 45 minutos, atentos a conflictos cuya resolución desafía a la lógica y el sentido común. Los cubanos no solo disfrutan ese “tira-encoje” típico de los culebrones; además se lo creen y al día siguiente deviene tema de conversación en el transporte público, la colas, los centros laborales y de estudio.

Como atractivo colateral de estos productos audiovisuales figuran lujosas mansiones, autos, ropa de diseñador y la belleza de los actores y actrices brasileños. Pero a través de lo que parece un superficial entretenimiento, se deslizan formas de pensar, actitudes ante la vida y prejuicios.

Ha llamado la atención el hecho de que en las dos últimas telenovelas se hayan insertado personajes protagónicos, recreados a partir de un imaginario que podría considerarse, cuando menos, homofóbico. La presencia del gay excesivamente amanerado, chanchullero, desleal y malvado contraviene los preceptos de tolerancia, comprensión y aceptación que se busca inculcar a la sociedad en aras de frenar la discriminación a causa de la orientación sexual.

Cuando la Televisión Cubana transmitía la telenovela Imperio, el personaje de Téo Pereira ―gay y bloguero― generó a nivel popular un alud de comentarios donde se confundían la crítica a la perversidad del periodista y el rechazo a su condición de homosexual. La estrecha correspondencia, establecida en el guion, entre la sexualidad de Téo y su maldad como ser humano, hacía imposible que el público aceptara una falla personal como raíz de sus malas acciones. Siempre que las personas se expresaban de forma peyorativa, el lacerante calificativo recaía en la sexualidad del personaje.

Aquel infortunado Téo Pereira habría sido un caso aislado si en la actual telenovela ―Rastros de Mentiras ― el protagónico no fuera un empresario gay, amanerado hasta el ridículo, intrigante, taimado y capaz de un acto tan condenable como arrojar una bebé recién nacida a la basura. Lo peor es que siendo el producto general pésimo, la maldad de Félix se agranda al punto de ser una de las pocas razones para desperdiciar 45 minutos ante la pantalla.

La morbosa recurrencia a este tipo de personajes, cuyas características predominantes son la vileza y la homosexualidad, demuestra cuán desentendida se halla la política cultural cubana de los cambios que necesita la sociedad. Mientras el CENESEX respalda una campaña por escuelas sin homofobia ni transfobia, la televisión nacional exacerba lo opuesto, aun sabiendo que miles de niños y adolescentes miran la telenovela.

Sobre el mismo pensamiento homofóbico fue creada la antítesis de Félix, mediocre solución que no hace sino acentuar los prejuicios. Herón y Nico conforman una adorable pareja gay que ha permanecido junta por diez felices años, y quieren tener un hijo. Con la irracionalidad y el tremendismo propios del culebrón, Herón se acuesta con Amarilis (vientre de alquiler y amiga de la infancia de Nico), la embaraza y tienen un bebé. Automáticamente Nico queda fuera del plan, sin pareja y sin hijo. No tiene nada que reclamar y llora por los rincones, porque la visión del guionista es que los gays son desalmados como Félix, desleales como Herón, o flojos como Nico. Y si bien la bisexualidad es una orientación igualmente válida, en Rastros de Mentiras la heteronorma es tan preeminente que solo puede explicarse a través de la mala intención.

Estas son las telenovelas que se transmiten para el disfrute de los ciudadanos, sin cuestionar la naturaleza y las consecuencias del mensaje que emanan de estos personajes. Mientras el CENESEX y sus mal llamados activistas procuran ―a base de comparsas― atenuar prejuicios largamente sostenidos por un machismo antológico, no hay un solo programa de televisión que presente la homosexualidad sin traumas.

El sujeto homosexual aparece para ser odiado, marginado, humillado y traicionado. Y esta premisa fatalista no solo es adjudicable a los culebrones brasileños. El teleplay Aprensión, del realizador cubano Rolando Chiong, está basado en hechos reales y relata un brutal asesinato ocurrido hace veinte años en una zona rural de la Isla. La víctima, una joven lesbiana que vivía con su pareja, fue brutalmente violada y asesinada, y el crimen quedó impune.

Quizás la intención del director era denunciar la criminalidad derivada de los prejuicios, pero lo único que provocó fue espanto ante el salvajismo y la impunidad. Jamás en la televisión cubana se ha abordado con honestidad el tema del amor gay, donde una pareja del mismo sexo tenga una relación sólida, matizada por humanos conflictos, pero también por el amor, el respeto, la lealtad.

Cuando se aprecia la desconexión entre la política cultural y las campañas del CENESEX a favor de la diversidad sexual, cabe preguntarse cómo serán implementadas las estrategias para crear ambientes escolares sin homofobia ni transfobia. Hay profesores, de esos llamados emergentes, que ni siquiera saben el significado de la palabra transfobia. Es decir, que la peor telenovela brasileña jamás vista en Cuba, y sus paradigmas negativos, aventajan a los recursos humanos e intelectuales de que dispone el sistema educacional cubano para empezar a crear conciencia en este sentido.




Corea desplaza a Brasil y México en el mercado cubano de las telenovelas

Discos con series coreanas (Foto: Ernesto Carralero)

LA HABANA, Cuba.- Las series surcoreanas, conocidas como “doramas” en Cuba, van ganando poco a poco el terreno que antes ocupaban las telenovelas mexicanas y brasileñas. Su presencia en el “paquete semanal” y entre los vendedores callejeros de discos refuerza el hecho. Su principal mercado: mujeres adolescentes.

Adonis, vendedor de discos, habla al respecto: “Como estoy cerca del preuniversitario todas las tardes esto se me llena de muchachos. Casi todas las hembras me preguntan por series coreanas nuevas así que estoy bien abastecido de esas. Las novelas mexicanas me las compran sobre todo mujeres mayores. No quiero decir viejas pero si de unos 30 años en adelante”.

Sin embargo también se interesan en los “doramas” mujeres de esas edades.

Ester, de 65 años, confiesa: “Me pasé para las novelas coreanas porque son más interesantes. Es algo nuevo, otra cultura, otro idioma y argumentos diferentes. Ya estaba cansada de los ricos malos y las criadas omnipresentes”.

En tanto Odalis, jubilada entrevistada para este reportaje, comenta: “Solo he visto una serie coreana. Se llamaba Escaleras al Cielo y te digo que me puso depresiva. La historia era demasiado dramática. En mi casa todos nos pusimos a llorar. Mira con lo dura que es la realidad cuando me pongo a ver televisor lo que quiero es despejar, así que les hice cruz y raya”

Afiches de futbolistas y de estrellas de las series coreanas (Foto: Ernesto Carralero)

Se va volviendo común que los ídolos tradicionales como Messi y Cristiano Ronaldo compartan el espacio para afiches con actores coreanos.

Con una visión bastante idílica y melodramática de la vida han logrado proponer un escape a la realidad mucho más atractivo que los “culebrones tradicionales”. Marcando en ocasiones la actitud de quienes las consumen.

Lorena, estudiante de onceno grado, comenta: “Mucho han criticado los ‘doramas’ por ser novelas rosa, acusan a los actores de afeminados porque tienen buena presencia; les digo que están más completos que otros. Muchos son actores, modelos y cantantes y no tienen que hacer doblaje. Además, yo no soporto las novelas mexicanas ni las cubanas, si quieres salir de la realidad, que es bastante dura, para que llenarte con infidelidades y malas palabras”.

SNET una de las redes independientes presente en la isla aloja varios foros de debate para los amantes del género. Allí los fans debaten en el espacio virtual sobre sus preferencias y comparten noticias sobre los actores asiáticos. Además pueden encontrarse manuales de coreano para aquellos que se sienten tentados a aprender el idioma.

Ante el aumento de la demanda, los vendedores de discos han aumentado su inventario de series coreanas (Foto: Ernesto Carralero)

Orlando, profesor de japonés y coreano, comenta: “Yo primero tenía un grupito pequeño de estudiantes de japonés. Al principio siempre son un montón teniendo en cuenta que las clases son gratis. Más adelante algunos muchachos se me acercaron para preguntarme si sabía también coreano. Querían que les tradujera algunas canciones para las novias y ese tipo de cosas. Poco a poco se me acercaron ellas mismas y terminé dando clases de coreano también. Es un idioma complicado pero por el momento se mantienen la mayoría”.

Yenei, una de las estudiantes del grupo, comenta: “Soy fanática de los mangas en general. Casi una otaku, podría decirse. También me gustan mucho los ‘doramas’. Mis amigas del aula me embullaron y al final vine. Es divertido aunque no creo que lo termine. Pero te hace mucha ilusión cuando puedes entender algo en una serie sin subtítulos”

Desafortunadamente para los seguidores de los “doramas” se hace difícil encontrar posters u otros objetos relacionados con sus series. Por lo general han de esperar a la Feria del Libro, donde un afiche puede costarles hasta 5 CUC, o la celebración de la FIHAV para adquirir algunos posters en el pabellón de Corea, que todos los años se encuentra entre los más visitados.

Adela, joven de 18 años, dice: “El problema es que como no puedes encontrar afiches en ninguna otra época del año, cuando empieza FIHAV el lugar se pone repleto. Como para colmo muchas cosas son gratis, te encuentras con una verdadera ‘cola del pan’. Una de las pocas veces que pude coger algo fue durante la feria del 2013 y lo he tenido que guardar como un tesoro. Es un DVD con información sobre los actores y las series, cosas que puedes bajar de Wikipedia y de Internet pero es original”.

Otros, por su parte, acusan a las series de tener poco sentido.

(Foto: Ernesto Carralero)

Germán, profesor de preuniversitario, comenta: “Mis alumnas, salvo una o dos, no tienen nada en la cabeza. Las ves ahí reunidas hablando de series sin sentido. Que si Kim no sequé que Li Min Hoo, y no les interesa para nada la escuela. No es que aprendan mucho de la realidad con esas series. Dan una visión de la vida muy estrecha. Todos son ricos, todos son buenos. Pura bazofia consumista pero asiática ahora”.

En tanto Luisa, joven de 17, piensa: “Los ‘doramas’ son una frescura al alma, al menos así lo siento. Los personajes son bien parecidos y los menos son agradables, y si hay rivalidad al final terminan perdonando y se hacen amigos sin resentimientos, te muestran lo maravilloso de la amistad. En fin, a mí me encantan y conozco a muchos hombres que también y mi novio es uno de ellos”.

En tanto muchos varones confiesan que ven las series coreanas para poder acercarse a las mujeres.

Samuel, joven entrevistado, comenta: “Cuando estás en una fiesta y sale el tema de conversación casi todos se quedan callados. Por suerte ‘hago mi tarea’ y entonces puedo hablar. Casi todas las muchachas ven ‘doramas’. No me gustan demasiado pero es un sacrificio menor”.

Entre los doramas más populares se encuentran Herederos, City Hunter, Heartrings, F4, Lie to me, Faith y Secret Garden.

(Foto: Ernesto Carralero)




La telenovela censurada por el Partido

lA OTRA ESQUINALA HABANA, Cuba. — La telenovela La otra esquina, que se exhibe en el espacio estelar de la noche por el canal Cubavisión, posee una sub trama desconocida para el gran público: los avatares que sufrió para que la autorizaran a salir a escena, luego de largas discusiones en el Comité Central del Partido Comunista.

Escrita por Yamila Suárez, con música de Raúl Paz y dirigida por Ernesto Fiallo, cuenta en su elenco figuras relevantes dela escena cubana donde destacan Blanca Rosa Blanco, Julio César Ramírez, Diana Rosa Suárez, Paula Alí, Fernando Hecheverría, Rogelio Blaín, Cristina Obín, Enrique Molina y el recientemente fallecido actor de la televisión y el cine Raúl Pomares.

Es un periodista del ICRT quien me cuenta la anécdota. Dice que arde en deseos de escribirlo pero no puede. Por supuesto que pide anonimato y a cambio lo dejo que la cuente:

¨Lo de la novela fue de verdad de novela. Después que estuvo terminada y editada, no pudo pasar la censura. En el Comité Central negaron su exhibición. ¿La causa? El argumento central se enmarcaba en torno a la relación homosexual de dos personas de la tercera edad, uno que fallece en los primeros capítulos y el otro, que intenta borrar la distancia que los separa con el hijo de su pareja perdida.

Argumentaron los sesudos del Comité Central, que era demasiado: ¿dos viejos homosexuales? No. Se permitían ciertos abordes de homosexualidad entre los jóvenes, muy retocadas, pero ¿dos viejos? ¡No…! Finalmente la intervención de Mariela Castro inclinó la balanza en favor de la libertad de sexo. Por suerte el trabajo de muchos meses y el gasto de recursos no se vieron tirados por la borda¨.

¨Pero exigieron a cambio suprimir las escenas donde se abordaba el carácter homosexual de los ancianos. Reconocerlos en su identidad resultaba depravante para la juventud, y poco educativo. Hubo cortes sobre lo editado, es por eso que se impregnó tanta opacidad en el asunto, que quedó como un misterio. Ya se está acercando el final. Se pondrá buena cuando el viejo lo diga por fin¨.

La homofobia aún no está desterrada por completo de las filas del Partido. Los televidentes disfrutan de una versión de La otra esquina, finalmente revisada y editada por el Comité Central, quien dentro de sus prioridades aún cuenta: ¨Velar porque lleguen al pueblo los valores más altos y excelsos que eduquen y fortalezcan a las futuras generaciones de la sociedad socialista¨.

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¿Por qué preferimos las telenovelas extranjeras?

Paraiso Tropical atrapa al televidente cubano
La telenovela Avenida Brasil atrapó al televidente cubano, la sustituyó Paraíso Tropical

LA HABANA, Cuba -Cuando los periodistas oficialistas comentan en la prensa nacional los programas que se transmiten en la pequeña pantalla cubana, la emprenden a palos con las telenovelas capitalistas, sobre todos con las brasileñas, producidas por Globo y no dan pie con bola a la hora de explicar por qué logran atrapar a millones de cubanos.

Pedro de la Hoz, que además de periodista es líder político, advirtió que la recién finalizada Avenida Brasil, de Globo, posiblemente la más gustada de todas las que se han visto en el canal Cubavisión, la calificó de ¨ fatigosa y reiterativa de la mitad hacia adelante¨.

Pero, no se pregunta por qué las telenovelas producidas por Globo, y otras importadas de México, Colombia, España, Corea del Sur, gustan más a la población cubana que las de factura nacional.

Para explicarlo habría que referirse a asuntos muy dolorosos para los cubanos, que ponen en tela de juicio a esas telenovelas nacionales donde se ven los rostros de conocidos, queridísimos y excelentes actores nuestros, porque estamos hastiados de nuestros propios enredos sociales, producto de la dictadura militar en la que vivimos. No queremos ver nuestra miseria diaria y nuestra multitud de problemas sociales también en la televisión, queremos que la televisión nos ayude a escapar de ellos por unos minutos, y una novela que se desarrolle en Cuba y no la muestre nos resulta increíble.

Ayer, una vecina mía, Leonor Martínez, una mujer nacida después de la Revolución de Fidel Castro, que no ha viajado ni a Guanabacoa, que vive casi en extrema pobreza, arañando el asfalto en busca de algún dinero diario, porque vende cualquier cosa que le den a vender, me dijo que le gustaban las telenovelas de Brasil, porque así se da cuenta de cómo se vive en un país
capitalista, donde no se oye hablar tanto de ¨los cinco héroes¨, del picadillo de soja, del dengue, de la libreta de racionamiento, donde la gente trabaja con ganas, porque se puede vivir con un salario.

Y luego agregó: Cuando veo las aceras y las calles de Brasil y luego veo las de mi barrio, es que lo comprendo todo mejor: en el capitalismo hay esperanza, hay desarrollo.
Cuando mi vecina se aleja, me quedo pensando. ¿Será esa la razón para que todos: viejos, jóvenes, niños, militares, dirigentes políticos, profesionales…, abandonen cualquier cosa que estén haciendo porque no se pueden perder un capítulo de la novela brasileña?

¿Será posible que Pedro de la Hoz y comparsa, nunca se hayan dado cuenta de esto? Por supuesto que decirlo podría costarles el puesto.

Pedro de la Hoz sólo puede decir que las novelas brasileñas son ¨torbellinos¨, ¨de pobres escenitas¨, ¨de atmósfera envolvente¨, ¨de drama truculento¨. Se va por la tangente el colega, para no decir que si el pueblo cubano prefiere las novelas de Globo, es porque en ellas se respira aires de libertad, porque en ellas se ve la democracia tal como debe ser, porque se ve el capitalismo al desnudo, con su comercio dinámico y prospero, igual que aquel que Fidel Castro hizo desaparecer de una patada a inicios de su Revolución y que el hermano sucesor está tratando inútilmente de resucitar.

En fin, que la preferencia de los cubanos por las telenovelas de Brasil y de esos otros países democráticos, pudiera representar ese Plebiscito que la dictadura castrista no se atreve a hacer, porque tiene muy presente el fracaso de Pinochet, cuando este perdió el que hizo en Chile, en 1988.

En estos días comenzó la televisión cubana a transmitir la nueva telenovela brasileña Paraíso tropical, donde aparecen emprendedores empresarios y su protagonista Paula, que busca empleo para alquilar un apartamento, algo que a nuestros jóvenes les resulta imposible lograr.

Al verla los cubanos soñarán que quizás algún día ellos puedan hacer lo mismo.