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No son prensa, solo son los rostros del miedo

Cuba, prensa

LA HABANA, Cuba. – No son periodistas ni presentadores ni comunicadores, son voceros y, por estar bien conscientes de su condición, del papel que desempeñan, son la cara visible de los represores, es más, son simplemente represores, y como tal deberían ser tratados donde quiera que vayan, donde quiera que intenten esconderse o “despojarse” del pasado que, en los mejores casos, les provoca insomnio, arrepentimiento, bochorno.

Y no estoy hablando solo de los chicos y chicas que hacen esa infamia de “Con Filo”, de quienes narran con demasiado entusiasmo el desfile del Primero de Mayo o de Humberto López —paradigma universal de lo que jamás debería ser un periodista—; estoy señalando a todo el que se aparezca bajo la estampa de “reportero” o “comunicador” en la televisión oficialista, o que ponga su firma en una de esas páginas de “prensa plana” que dejaron de serlo cuando se transformaron en “órganos oficiales”.

Todos, sin excepción, saben lo que hacen y para qué perversos propósitos los están “usando”, y si decir “basta” y apartarse siempre será una decisión digna, que les gana o devuelve el respeto, hacerlo aquí en Cuba (y no “afuera”) y asumir las consecuencias lo es mucho más, porque en principio hace creíble la ruptura, el hartazgo, la náusea.

No vale decir que hacían su trabajo, en tanto la labor de un periodista nunca debería ser desinformar, manipular, mentir, amenazar, esperar por el permiso, plegarse incondicionalmente a las reglas de un gobernante y su cuerpo represivo, aceptar como “verdad” lo que obtiene sin esfuerzo de esas “fuentes oficiales” aprobadas por el Partido Comunista y su policía política. De esas obediencias estamos desbordados por acá, y habrá mucho más con un nuevo Código Penal y una ley de prensa que en esencia criminalizan no solo el disentimiento y la independencia sino el deber ético-moral.

Ahora que casi toda la Isla huye en estampida aparecen los que desean hacerlo con ventajas por haber sido los fantoches que fueron, y porque están seguros de que eso les servirá cuando el juez decida medirles la credibilidad de sus miedos. 

Pero, más allá de a quienes convengan esas “deserciones” y “arrepentimientos” —y por las razones que sean— no hay que olvidar que ninguno de ellos siente verdadero temor, a no ser por la posibilidad de que les nieguen el asilo o salgan a la luz las oscuridades de un pasado de complicidad. 

Ninguno puede decir que siente miedo —sin excepciones—, en tanto ellos mismos han sido los canales y hasta las fuentes de todos los miedos que nos rodean, e incluso si a estos les hemos dado rostros y voces en nuestras mentes (y en nuestras pesadillas) es porque esos voceros se han puesto al servicio del terror, son su encarnación. 

Porque no son solo la “corporización” de nuestros miedos al escuchar de sus bocas la mala noticia (que por acá siempre lo son), al leer la “nota oficial”, sino además son sus miradas vacías y las entonaciones amenazantes, las risillas de gozo, sus conformismos, sus “juicios” políticos cargados de prejuicios ideológicos los que permanecen, como crueles resonancias, en nuestras cabezas. 

Así, no puede ser recompensado con clemencia, en base a sus “miedos”, quien ha servido para sembrar el miedo en los demás. Ni siquiera les vale decir que obedecieron por amor a una vocación, o a una profesión que en buena lid jamás ejercieron.  

¿Cómo alguien puede decir que ama el periodismo cuando con su ejercicio es consciente de que lo aniquila? Entiendo que muchos jóvenes, en su ignorancia de lo que será su verdadero destino, deseen estudiar Periodismo en Cuba alguna vez, incluso ejercerlo al graduarse, pero me niego a aceptar que, cuando se descubran en su lamentable papel, no se avergüencen de continuar representándolo una y otra vez, conscientes del daño que hacen a quienes no tienen demasiadas opciones para elegir dónde informarse.

No solo a los comunistas debemos la aniquilación del periodismo en los “medios oficiales” sino a quienes fingen ejercerlo. Y por ser ellos quienes dicen ser, entonces el crimen es mayor, más cuando aceptan la criminalización del ejercicio si este se practica de verdad.

Si no fuera por los valientes excepcionales que no miden consecuencias cuando de buscar la verdad y compartirla se trata, hoy tendríamos que decir que el periodismo dentro de Cuba está muerto, pero afortunadamente no es así. Aunque el régimen y sus voceros han hecho todo cuanto han podido por exterminarlo. 

Lo que fuera la sede del periódico El País, en el número 158 de la calle Reina, es quizás una de las mejores representaciones visuales de lo sucedido con la prensa cubana a partir de 1959. El edificio desolado, como todo su entorno, e incluso más allá de él, es una ruina total donde aún se pueden ver algunos destrozos de viejas imprentas en medio de un basural. 

Entrada de la antigua sede del diario “El País”, en la calle Reina, La Habana (Foto del autor)

La imagen de abandono, unida a un cartel que se puede leer en una casilla de venta de periódicos y revistas de la misma avenida  —tan cercanos en múltiples aspectos—, no necesitan de una sola palabra que describa en qué se convierte el ejercicio periodístico cuando un régimen totalitario lo secuestra para colocarlo a su servicio.   

El panorama se torna aun peor cuando los que, llamándose “profesionales”, se conforman con “hacer el trabajo” por el cual les pagan y les premian (las dos cosas de manera ridícula) para con eso justificar (y negar) cuánta responsabilidad cargan con ellos cuando se habla de represión, violación de los derechos humanos y falta de libertades en Cuba.

Porque no puede haber represión ni dictadura sin la complicidad de “periodistas” que acepten desvirtuar la profesión hasta confundirla con la “tarea” del recadero de una facción política y hasta con la del propio represor, en tanto le presta cuando mínimo el rostro (y hasta en algunos casos el “talento”) para que aquel continúe oculto en las sombras de sus mediocridades. Parafraseando el cartel que mencioné líneas atrás: esos voceros no son prensa, ni nueva ni vieja, solo son los rostros del miedo.

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No es increíble nuestro “miedo creíble” 

Título 42, Cubanos, migrantes, Estados Unidos

LA HABANA, Cuba. – De acuerdo con los datos más recientes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, Cuba ha alcanzado el segundo puesto, solo después de México, en las estadísticas sobre flujo migratorio irregular. 

Cerca de 29 000 cubanos arribaron a la frontera estadounidense tan solo en el pasado mes de octubre, lo que representa el 12,51 por ciento del total de migrantes, desplazando así, por ejemplo, a los haitianos que, con cerca de 7 000 registrados, ocupan el décimo lugar de la tabla, y son el 2,91 por ciento de los migrantes.

Pero conociendo lo que sabemos los cubanos y cubanas —aunque permanezcamos  en la Isla por las razones que nos asistan—, ese lugar en la tabla solo es el segundo, y no el primero, en tanto tenemos el mar de por medio. 

Porque, de abrirse o evaporarse las aguas por unas horas, todas las colas que hoy existen en Cuba —para el pollo o para el pasaporte, en fin, para sobrevivir— dejarían de existir, solo para conformar una sola rumbo al Norte, que habría de ser la más multitudinaria y extensa de todas: la cola para emigrar, escapar, huir.

Y es que los cubanos no “emigran” por estos días sino que están huyendo y lo hacen por causa de ese miedo a que “la cosa” continúe marchando a peor, y no solo en cuestiones de economía —ojalá solo fuera por eso que se van los cubanos— sino en todo cuanto conforma nuestra realidad, que de tan “irreal”, absurda, hace rato que parece pesadilla.

Aunque se habla de hartazgo, hambre, represión y hasta de “decepciones” (y “deserciones”) como de otras muchísimas cosas, “miedo” es la palabra que más se escucha por estos días de éxodo masivo. No solo en relación con ese “miedo creíble” que se debe demostrar ante el juez para evitar ser retornados al infierno sino, además, con esos miedos que hemos integrado a nuestras vidas porque el régimen nos los ha inoculado para hacernos más dóciles, más “fieles”.

Quizás por estar acostumbrados no nos demos cuenta. Están incluso los que pudieran pensarse libres de él, pero en Cuba el miedo —como la suma de todos nuestros temores— está en todas partes, y nadie, absolutamente nadie escapa, ni siquiera los tipos más “duros” del régimen que por estos días de protestas callejeras y redes sociales ardiendo, de zapatos apretados y bolsillos vacíos, no han dejado de temblar. 

Temblando de miedo han salido a pedir limosnas rumbo a Argelia, Rusia, Turquía y China porque el barco hace aguas como nunca antes y hasta los turistas, habiendo descubierto que nuestro “exotismo” no es más que miseria dura y cruda, van en estampida, y junto con ellos muchos empresarios hartos de trampas, deudas sin cobrar, manipulaciones y complicidades. 

Hasta la frase “estabilidad política”, que han usado como anzuelo para los inversionistas extranjeros, la pronuncian entre balbuceos y murmullos, no a todo pulmón como antes del 11 de julio de 2021

Si algo se ha mantenido relativamente “estable”, “abundante” y hasta relativamente “bien repartido”,  durante todos estos años de dictadura ha sido el miedo. Y aunque son más los que a nivel de la calle comienzan a perderlo, lo cierto es que nuestros miedos son demasiados y ni el más valiente logra despojarse de todos con un solo sacudón. 

Hay miedo en Cuba y es nuestra cotidianidad. No miente, para nada, el que no temiendo a mentir ante un juez en Texas, dice que tiene miedo. Porque aunque no le tiemblen ni la voz ni las manos, aunque apenas diga lo que el abogado le recomienda que es mejor para ser “creíble”, cada cubano que llega a la frontera de Estados Unidos lo hace cargando encima miles de miedos que, aunque no sea consciente de ellos, son los que lo hicieron decir “no aguanto más”.

El miedo fue el que hizo a nuestros padres enseñarnos primero, antes que a hablar, a murmurar y después a mentir, a fingir lealtades para ser “políticamente correctos”. De ellos y de nuestros maestros aprendimos que ser “revolucionarios” es simular porque ser sinceros solo nos traería problemas. Y llevaban razón, en sus consejos y sus miedos.

Ese regaño de “¡habla bajito!” lo sufrimos todos, y hasta aprendimos a no decir “Fidel” sino a tocarnos la barbilla, como en lengua de señas, cuando incluso entre las cuatro paredes del hogar nos sentíamos, y aún nos sentimos vigilados, escuchados, descubiertos y perseguidos. 

Es que aún en pleno Miami he visto a cubanos murmurar y acariciarse el mentón cuando hablan de Cuba y del difunto dictador. Y si eso no es prueba de llevar el miedo en nuestra sangre, al menos lo es de nuestra historia tan triste.

Es el miedo que nos llega desde todos partes. Incluida la amenaza festinada del vocero, del policía disfrazado de periodista en la televisión nacional y que en la desesperación, por causa de sus propios miedos, hace el ridículo defendiendo lo indefendible y lanzando disparates como ese más reciente de que un meme contra el régimen es un arma de terror.

Y es que los memes tan difundidos desde nuestros teléfonos son, quizás, la expresión más ilustrativa de la pérdida del miedo en los que, de acuerdo con los deseos del Partido Comunista, debieran estar cada día más aterrorizados pero, por la furia que desatan, son además la evidencia de que la dictadura cubana es enemiga del humor, en tanto solo sabe gobernar en virtud de los miedos. 

Al régimen le gusta vernos temblar de miedo porque si nosotros temblamos y les tememos a sus jerarcas, ellos dejan de temblar, y en ese “balance emocional” se basa la “estabilidad política” que gustan de pregonar aún temblándoles la voz. 

Tanto los jueces que deciden sobre el “miedo creíble”, así como los altos funcionarios estadounidenses que vienen a conversar sobre temas migratorios en Cuba —ocultando sus miedos entre sonrisas y apretones de manos— deberían tener presente ese detalle, así como comprender la verdadera dimensión de nuestros miedos, aunque algunos puedan parecer increíbles, o nada significativos en un mundo como el de hoy donde casi todos tienen algo a qué temer.

Posiblemente la oleada migratoria acabará en breve en tanto algo cruel se cocina entre ambas orillas y el olor del cocido nos llega bajo la forma de fuertes rumores y nuevos temores. Miedos nuevos pero a la vez ya conocidos, sobre todo ese, el más terrible de todos, claustrofóbico, de quedar atrapados y sin salidas en una Isla cada día más inhóspita.

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Los cubanos llegaron bailando chachachá

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LA HABANA, Cuba. – ¿Jorrín, quién te lo iba a decir? No creo que Jorrín pensara en estampidas como las de ahora mismo, esas escapadas multitudinarias, esas evasiones que ya juntan millones y, por supuesto, no millones como la zafra del 70. Creo que en Cuba, y en los últimos 60 años, en lo único que hemos sido millonarios es en estampidas, en esas escapadas que ya suman millones. En Cuba comenzamos a ser millonarios desde Boca de Camarioca. Millones son desde entonces los que escapan.

En Cuba comenzamos a juntar millones de exiliados con la “Operación Peter Pan”, con el éxodo de cubanos huyendo del comunismo desde la costa norte de Matanzas, muy cerquita de Varadero, ese Varadero del que se dice que es el más famoso de entre todos los balnearios del mundo, lo que sin dudas es una exageración cubana de todos los tiempos, y probablemente una de las pocas que heredaron y defendieron los comunistas cubanos. Luego vendría el Mariel, y luego las estampidas tras “El Maleconazo”, y luego más, hasta llegar a hoy, que seguro será un poquito menos que mañana.

El exilio cubano, el desarraigo, podría ser comparado con el de los judíos. El exilio nos ha hecho llegar a todo el mundo, a las geografías más insospechadas. Se tienen noticias de cubanos en algunos sitios que ni siquiera aparecen en los mapas. La cartografía del exilio, esa a la que también se le podría nombrar “castografía”, tiene enormes dimensiones, y referencias a raros sitios. Hay cubanos en EE. UU. y también en Tombuctú, allá en Mali, cerquitica del río Níger. 

Los cubanos estamos en todas partes. Los cubanos hemos decidido vivir en los exilios, pero el preferido es, sin dudas, Estados Unidos. Estados Unidos está en nuestros sueños, incluso en algunas pesadillas, que de “algunas” ya pasaron a ser muchas. Los cubanos sueñan con Miami, Tampa, Nueva York. Los cubanos sueñan, sueñan, y sueñan con un futuro mejor, pero desgraciadamente lo quieren lejos de Cuba, preferiblemente en Miami, aunque existan otros sitios, muchos…

Y fue el Gobierno quien propició esos primeros exilios, para adueñarse fácilmente de propiedades y tener pocos contrarios, pero jamás el exilio fue tan grande como ahora. Los exilios de hoy descongestionan y por eso resultan tan gratos al Gobierno, tan resolutivos que resultan muy parecidos a un cataplasma. No habría que ser muy inteligente para comprender la descongestión que propicia el poder. Quien se va no estará en un 11J y tampoco en un 27N.  Los exilios en Cuba tienen la misma función de los calmantes, de los emolientes. Y Cuba, que alardea de su desarrollo farmacológico, apuesta mejor por las salidas para evitarse dolores de cabeza y la presencia real de aspirinas en las farmacias.

Lo malo es que quienes hacen las maletas para cruzar ríos y selvas, se preparan durante semanas para convencer luego a las autoridades estadounidenses de su “miedo creíble”, de sus participaciones en protestas y de los posteriores arrestos, encierros, multas, juicios, prisiones. Así se van los que fueron valientes y un montón de descarados, incluso agentes del MININT, y espías que podrían volver como héroes, y en pago a sus heroicidades conseguir relevantes puestos en la dirección política de una nación muy desangrada.

Mi barrio se está quedando vacío, y lo más triste es que quienes hasta hoy se fueron, ni siquiera hicieron la señal de “Patria y Vida”. Sé de gente del barrio que ni siquiera tuvo que demostrar ese “miedo creíble” para entrar a Estados Unidos, aunque prepararan el discurso. Yo mismo recibí peticiones, ofrecimientos, de algunos que antes volteaban la cara para no saludarme, y luego me preguntaron si podrían hacerse una foto conmigo, usar el nombre del periodista independiente que soy para hacer evidente la relación con un opositor y hacer, en algo, más fácil la entrada. Me negué. 

Sé de alguien que acaba de entrar y no tuvo que mostrar indicios del tan socorrido “miedo creíble”, aunque lo estuvo preparando mucho, y hasta me contaron que pensó en mencionar cierta alianza conmigo, con el periodista de CubaNet, con el “gusano del barrio”. También se fue otro que me dio un abrazo de despedida y que me socorrió en difíciles momentos, pero ese no me pidió autorización para usar mi nombre, ese solo me dio el abrazo fuerte, y me dijo: “Dale una vuelta a mi jeva y a la niña”. 

Sé de una mujer que está por salir a hacer la travesía, y quien es, a no dudarlo, la persona que más me acusara de ser gusano, y a voz en cuello, pero tengo la certeza de que su discurso tomará otros derroteros desde que suba al avión que la llevará a Centroamérica, y crecerá entre ríos y paisajes boscosos y coyotes. Y para cuando esté ya “por mostrarse” a las autoridades migratorias, es muy probable que luzca una licra con la bandera estadounidense, y que hasta me mencione.

Y me pregunto cómo demostrará ella su “miedo creíble”. Alguien me dijo, jocosamente, que podría evocar mi nombre asegurando que me defendió cuando un policía me ponía las esposas, cuando me empujaba para que entrara a la patrulla, y gritaba “Patria y Vida”, y que luego subió para acompañar a mi madre desconsolada y con miedo. Por eso creo que el Gobierno de Estados Unidos no está haciendo muy bien las cosas. Creo que el Gobierno de Estados Unidos debe cuidarse de quienes deja entrar, aunque lleguen enfundados en un “miedo creíble” que no se hace probar.

Y ese “entra y sale” de cubanos propiciará también que la más alta estructura del poder cubano infiltre a un montón de espías, y no a cinco, dino más bien a miles. El Gobierno cubano está garantizando su futuro. El Gobierno cubano está cuidando el futuro de sus ingresos; cada uno de esos cubanos que hoy cruzan selvas y entran finalmente a Estados Unidos, mandará dinero luego, que irá a engrosar las arcas del Estado. Muchos de esos cubanos armarán redes que podrían ser “Avispa”, “Abeja”, “Zunzún”, “Colibrí”, y hasta una red de comunistas gais.

Si algo sabe hacer bien Cuba es espiar. No olvidemos que los rusos hicieron muy bien su trabajo. Y por eso tengo el atrevimiento de recomendar al gobierno de los Estados Unidos que sea muy cauteloso y que no deje tan abiertas las puertas de su casa. Mi madre recomendaba que lo mejor era “cada cual en su casa”, y eso siempre le dio muy buenos resultados, pero la Cuba de los Castro seguirá propiciando esos exilios que descongestionan y llenan las arcas comunistas. 

El miedo creíble no se dilucida en unos minutos brevísimos. Quien ha recorrido selvas y cruzado ríos, quien llega extenuado tras la enorme travesía, casi siempre tiene la apariencia de un héroe, de casi un mártir. Quien pasó días y noches caminando y con hambre se convierte en la viva estampa de la miseria, se parece mucho al perseguido aunque sea un consumado perseguidor. Vivir para ver. Ya veremos en la televisión a nuevos héroes. Ya veremos otra vez en el barrio a los que hoy esgrimen sus miedos. Ya los veremos usando el pretexto de un reencuentro con la familia y la patria, sin reconocer que cargan también el sustento del poder comunista.

El miedo es también ficción, y desde hace mucho tiempo. Bastaría con ver unas cuantas escenas de terror, que abundan en la vida cubana, y ya no en el cine porque ya no hay cines en Cuba. En Cuba se reconoce un terror real, pero no lo viven todos. En Cuba, algunos de esos miedos no son más que falacias, pero pueden ser muy útiles para hacer creer lo que no es, eso que es inventado, teatralizado. 

Los miedos falsos y las falacias pueden ser fácilmente descubiertos. El mentiroso, también el oportunista, tiene un discurso repleto de anfibologías, y es impreciso, es muy oscuro, y malicioso. Los tantísimos retruécanos por los que se adentra el mentiroso lo llevan a contradecirse en un careo. Sus peroratas para convencer dejan a la vista sus zonas más oscuras llenas de tergiversaciones. Muchos cubanos llegaron ya, y bailando chachachá. Esos bailadores de chachachá son mentirosos y extremadamente evasivos, aunque se propongan lo contrario, y todo porque tienen mucho miedo a ser descubiertos. 

Y sería muy bueno prestar atención a quienes llegan cansados, abrumados, despojados de todo lo que traían consigo, para relatar sus desgracias en la travesía, los peligros de un regreso a la Isla, y hasta lloran, suplican, y evocan a la familia, pero son de mentiritas, y un vientecillo leve les hace caer al suelo. Muchos podrían ser agentes de la Seguridad del Estado, y con cierto entrenamiento para hacer creer que sus vidas corren gran peligro en la Isla. Yo, que vivo en esta Isla, soy tremendamente desconfiado, y me parece triste que tantos chivatos desalmados estén entrando cada día a Estados Unidos, en lugar de pagar por lo que han hecho. Recordemos esa escena de “Plantados” en el que un preso de Castro descubre en Estados Unidos a su torturador. No permitamos sus impunidades, ni que bailen chachachá en Miami… 

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Piloto cubano Rubén Martínez está detenido y espera por entrevista de miedo creíble

Piloto cubano, Florida, Cuba

MIAMI, Estados Unidos. — El piloto cubano Rubén Martínez Machado, quien escapó de Cuba en una avioneta Antonov An-2 el pasado viernes, se encuentra detenido y a la espera de una entrevista de miedo creíble, informó la cadena Telemundo.

Según ese medio, el joven fue trasladado este martes al centro de detención para migrantes en Krome, donde espera a que en cualquier momento le den su entrevista de miedo creíble.

“Antes que nada, Estados Unidos tiene la obligación de escuchar a alguien que grite que tiene miedo de volver a su país. En este caso mi cliente tiene un temor horrible”, dijo a Telemundo el abogado de inmigración, Eduardo Soto, representante legal del joven.

Pese a que Martínez Machado incurrió en una violación del espacio aéreo estadounidense, su abogado se mostró optimista en torno al caso.

“Pienso que lo vamos a poder comprobar y él se quedará acá, en este país”, aseguró el jurista.

Soto señala que una vez pasada la entrevista de miedo creíble, el camino del piloto cubano en EE. UU. quedará despejado.

“Cuando la persona pasa una entrevista de miedo creíble, ya se toma una decisión de si es positivo, soltarlo o no”, sostuvo el abogado.

El pasado viernes, el Instituto Cubano de Aeronáutica Civil (IACC) calificó el robo de la avioneta como un acto de “piratería aérea”.

“Ya después de la decisión que tomó, lo mejor es que se pueda quedar allá”, señaló su hermana en declaraciones recogidas por Telemundo.

La cadena de noticias también entrevistó al experto en seguridad aérea Wayne Black, quien señaló que el caso debe ser analizado desde varias perspectivas.

“No culpamos a nadie por tratar de escaparse de Cuba. Eso lo entendemos. Mi preocupación personal es si fue detectado o no, y por qué no se detuvo, si realmente no estamos tan seguros como deberíamos. ¿Qué pasa si ese avión hubiese caído sobre una escuela?”, cuestionó el experto.

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“Fui aprobado y me leyeron mis derechos”, contó entre lágrimas polizón cubano

Yunier García Duarte asilo político polizón

polizón; Yunier García Duarte; Cubano
Yunier García Duarte (Foto Change.org)

MIAMI, Estados Unidos.- Yunier García Duarte, el polizón cubano que llegó a Miami la pasada semana escondido en la bodega de un avión procedente de La Habana, rompió a llorar como un niño cuando se dio a conocer que le habían aprobado el requisito de “miedo creíble”, dijo su prima hermana Daymari Díaz, en una entrevista para Univisión 23.

El joven la llamó y le dijo: “prima fui aprobado”. “Le contesté que no era posible que había acabado de hablar con su abogada”, pero el polizón le rectificó: “Fui aprobado y me leyeron mis derechos”, aseguró la mujer.

“Él estaba llorando de felicidad porque era demasiada la emoción que sentía”, dijo Daymari, quien además contó a Univisión que conversó con la madre y hermana de Yunier en Cuba. “Estaban muy felices, no podían creer lo que estaba pasando. Agradecían todo lo que se ha podido lograr con este caso”, afirmó. “Ni la abogada sabía que esto había pasado”, agregó

La aprobación de miedo creíble de la Oficina de Asilo del Departamento de Justicia significa que el joven cubano, de 26 años, no será deportado por ahora a Cuba y podrá en las próximas semanas presentar oficialmente su petición de asilo político ante un juez de inmigración.

Yunier García Duarte llegó a Miami en la madrugada del viernes pasado en el compartimiento de carga de un avión comercial, de Swift Air, que había salido 45 minutos antes desde el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, donde el polizón trabajaba como maletero.

El joven compareció ante autoridades de inmigración el miércoles para brindar su testimonio de “miedo creíble”. En días recientes había dicho a Telemundo 51: “Si puse mi vida en riesgo para llegar a este país, espero que este país me reciba”.

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EE.UU. reconoce “miedo creíble” a joven polizón cubano

cubano Yunier García

cubano Yunier García
Joven cubano que llegó a Miami escondido en el compartimiento de carga de un vuelo chárter desde La Habana. Foto captura de pantalla

MIAMI, Estados Unidos.- Al joven polizón cubano, Yunier García Duarte, que llegó a Miami la pasada semana en el compartimiento de carga de un avión procedente de La Habana, le fue aprobada su entrevista de miedo críble ante las autoridades de inmigración estadounidense.

Este requisito le permite en lo adelante solicitar asilo político en Estados Unidos, confirmó a el Nuevo Herald el abogado de inmigración Wilfredo Allen.

De acuerdo a una entrevista telefónica con la hermana de García Duarte, luego de conocerse la decisión de las autoridades estadounidenses, toda la familia está muy feliz con la decisión de no repatriar a su hermano.

Yudeysi García dijo desde Cuba: “Él lo luchó y lo consiguió. Arriesgó su vida para vivir libre y ser feliz”,

Según la hermana del joven de 26 años, quien trabajaba en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, la madre “no sabe si reír o llorar” de la alegría.

“Todos estamos muy emocionados con esta decisión. Estamos muy felices”.

En una reciente entrevista con Univisión 23 la madre de Yunier García había dicho: “Yo le pido a Dios que él no regrese, que se quede, aunque me parta el alma, aunque me parta la vida”.

En ese momento, la madre del joven polizón, Daysi Duarte, confesó el miedo que sentía de lo que pudiera sucederle a su hijo si regresaba a Cuba. “Yo voy a aguantar todo lo que tenga que aguantar, pero no regreses, niño. Quédate porque no sé qué pueda pasar contigo. Te prefiero allá y no aquí”.

García Duarte ingresó a Estados Unidos la madrugada del viernes pasado como polizón, escondido en el compartimiento de carga de un vuelo chárter que salió del Aeropuerto Internacional José Martí, de La Habana, donde trabajaba como maletero.

Actualmente García Duarte se encuentra en un centro de detención de ICE, en Krome en el cual espera que le otorguen asilo político en EE.UU. “Si puse mi vida en riesgo para llegar a este país, espero que este país me reciba”, dijo Yunier en una entrevista telefónica recientemente con Telemundo 51.

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Cubanos se cortan las venas para que no los devuelvan a Cuba

MIAMI, Estados Unidos.- Cuatro cubanos retenidos en el centro de detención de Pine Prairie, en Louisiana, se han cortado las venas para llamar la atención a las autoridades del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Los hombres, que forman parte de un grupo de 60 cubanos, piden que la jueza que atiende su caso no los envíe de vuelta a Cuba.

Según un reporte del canal de noticias Univisión, los detenidos llevan cuatro meses a la espera de que sus peticiones de asilo en Estados Unidos sean aprobadas o negadas.

“Nos hemos cortado las venas tratando de llamar la atención para demostrar que tenemos un miedo real de regresar a Cuba”, asegura Julio Juzmay, uno de los hombres que ha intentado suicidarse. Aseguró ante las cámaras también que hay personas en el grupo que han hecho hasta 13 días de huelga de hambre.

Otro de los que ha atentado contra su vida es el joven Yerandy Valdez quien dice tener pruebas de que en la Isla abusaron sexualmente contra él y lo amenazaban.

Erick Rolando-Perera también intentó suicidarse. Lleva cinco meses encerrado y cuenta estar al borde de la desesperación. “Después de un día entero que te pasas en la Corte te obligan a comer con las manos esposadas. Aquí somos tratados como criminales”.

Este hombre dejó una carta de despedida a sus familiares en la que decía: “El sufrimiento que hoy les causo habría sido mayor si regresaba a Cuba. Esta es la única forma que encontré de evitar la deportación y años de tortura y maltratos”.

Los cubanos aseguran que la jueza inmigración que lleva su caso raramente otorga asilo a los inmigrantes. Según datos que reveló Univisión, entre 2012 y 2017 de los 198 casos que le asignaron no aprobó ninguno.

Los cubanos se quejaron de que todos los papeles que les dan a firmar están escritos en inglés, aunque el ICE aseguró que ellos proporcionan servicios de traducción a cualquiera que lo solicite. En el comunicado que ICE envió a Univisión dicen además que los informes sobre intentos de suicidio en esa instalación son falsos. Asimismo aclararon que sí hubo una huelga de hambre en Pine Prairie el mes pasado pero que “esas personas comenzaron a comer dos semanas después”.

La mayoría de los inmigrantes en ese centro de detención no pueden costear un abogado; y solo tienen 30 días para apelar su caso luego de que les niegan el asilo.