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Se disparan los casos de COVID-19 en Cuba

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Indigente en Santa Clara (foto archivo)

MIAMI, Estados Unidos. – Un foco de propagación detectado en un centro para indigentes de La Habana disparó este sábado el recuento diario de casos de COVID-19 en Cuba, que marcó un nuevo récord de 74 positivos para un total de 1611 contagios acumulados.

De los 74 enfermos -todos cubanos-, 58 casos están relacionados con un brote del virus en un hogar social que atiende a personas sin techo, entre otros colectivos, ubicado en el municipio habanero del Cotorro, indicó el director de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública (Minsap), Francisco Durán, en el parte diario televisado.

El viernes se informó de otros 14 nuevos positivos y un fallecido relacionados con este centro social.

Este sería, junto a un brote en una residencia de ancianos en la ciudad central de Santa Clara, uno de los mayores eventos de trasmisión local de coronavirus ocurridos hasta ahora en el país.

Así, La Habana sobresale de nuevo en el parte diario como la provincia más afectada, con 64 de los 74 nuevos infectados detectados en las últimas 24 horas.

Los casos en la capital cubana, hogar de alrededor de 1,2 de los 11,2 millones de habitantes de la isla, representan más de un tercio del total nacional de enfermos de COVID-19.

Aunque en La Habana -como en el resto del país- aún no se ha decretado el confinamiento general obligatorio ni el toque de queda nocturno, sí se han reforzado las condiciones de aislamiento en zonas específicas de la urbe donde se han detectado los mayores focos de contagio.

De los nuevos 74 positivos registrados, 70 son contactos de casos ya confirmados y en 4 aún se investiga la fuente de infección, con 65 pacientes asintomáticos en el momento de realizarles la prueba, una tendencia que se mantiene y que demuestra la necesidad de “cuidarse ahora más que nunca”, insistió el doctor Durán.

La cifra de 74 nuevos contagios es la mayor registrada hasta ahora en un día (la anterior era de 63) y supone un aumento en más del doble de los 36 casos reportados la jornada anterior.

También sobrepasa la tendencia de las últimas dos semanas en las que los positivos diarios oscilaron entre 20 y el medio centenar.

En las últimas horas también fallecieron dos personas a causa de la enfermedad: una cubana de 59 años y un cubano de 87 con padecimientos anteriores, especificó Durán.

Con estos dos decesos, son 66 las muertes ocurridas en Cuba a causa del COVID-19.

Los infectados de este sábado fueron detectados entre 2097 pruebas PCR completadas el día anterior, la tercera jornada consecutiva en la que la isla supera los 2000 test diarios.

Hasta la fecha se han realizado 51 506 pruebas desde el comienzo de la epidemia en el país, complementadas por decenas de miles de test rápidos con kits procedentes de China.

En las salas de cuidados intensivos de los hospitales cubanos hay cuatro personas en estado crítico (dos menos que el día anterior) y otras seis graves (dos más), mientras que 51 recibieron el alta médica, lo que eleva a 765 el total de recuperados.

De acuerdo al parte diario del Minsap, 767 pacientes evolucionan de manera estable sin presentar mayores complicaciones.

En centro sanitarios cubanos se encuentran ingresadas 2792 personas sospechosas de portar el coronavirus, mientras que otras 3796 permanecen bajo vigilancia clínico-epidemiológica sus hogares.

Cuba se mantiene en fase pre-epidémica con transmisión autóctona limitada de COVID-19, por lo que el Gobierno aplica medidas preventivas como la suspensión del transporte público, el cierre de fronteras salvo casos excepcionales y la clausura de escuelas y los mayores centros comerciales.

El uso de la mascarilla es obligatorio en espacios públicos y, aunque no hay confinamiento forzado, se ha pedido a los ciudadanos no salir de casa excepto para actividades imprescindibles como ir a hacer mercado o hacer trámites.

También se han extremado las condiciones de aislamiento en puntos específicos del país donde se han detectado mayores focos de contagio.
El pico de la epidemia podría producirse la próxima semana, según anunció el lunes pasado un grupo de expertos cubanos, que adelantaron en unas dos semanas la fecha prevista anteriormente.

(con información de EFE)

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Indigentes en Cuba son trasladados a “centros de clasificación”

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Indigente en Santa Clara (foto del autor)

SANTA CLARA, Cuba. – Hace cerca de dos semanas los habitantes de Santa Clara comenzaron a preguntarse por el destino de los cerca de veinte indigentes que solían dormitar en las calles céntricas de la capital provincial, y que desaparecieron repentinamente a raíz de la cuarentena decretada por el gobierno.

No fue hasta este martes que el canal provincial aclaró mediante un reportaje que estas personas fueron trasladadas a un “Centro de alojamiento y clasificación” para “protegerlos ante la amenaza del nuevo coronavirus”. De acuerdo con dicho informe, se encuentran allí 38 personas recogidas de nueve provincias cubanas, cifra que pudiera parecer muy inferior a la cantidad real de habitantes de calle que podían advertirse en la ciudad.

Los indigentes interceptados se encuentran actualmente recluidos en el otrora preuniversitario Yabú 1 en las afueras de Santa Clara. En el video transmitido por el canal pueden advertirse la presencia de fuerzas policiales en el lugar para impedir la fuga de estas personas con patologías tales como alcoholismo y que, en su mayoría, no poseen viviendas ni respaldo económico alguno.

Uno de los funcionarios entrevistados dijo a la televisión que “todos los días desayunaban leche y pan croqueta o tomate” o “con algo que siempre aparece”. También se aclaró que se les ofrecía “recreación” y en el video puede visualizarse un televisor “Panda” que exhibe dibujos animados a cuatro deambulantes postrados en sillas de hierro con sus respectivos nasobucos.

Santa Clara es una de las ciudades de Cuba en la que existen mayor cantidad de indigentes, que acostumbraban a pedir limosnas para vivir, lo cual ocasionaba el constante asedio al turismo, una actividad “perniciosa” a ojos del gobierno. Estas personas no cuentan con chequeras de jubilación, no poseen subvención social, están incapacitadas para trabajar o fueron abandonadas por sus familiares.

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Indigente en Santa Clara (foto del autor)

Antes del advenimiento de la pandemia las autoridades los catalogaban como vagabundos y, si causaban “desorden público”, los trasladaban a un centro por solo una noche donde los bañaban, los alimentaban y les daban la libertad para volver a mendigar o dormir en las calles. A pesar de la ínfima cifra ofrecida por la prensa oficialista aún se advierten, en horario matutino, a varios que hurgan en la basura en busca de latas a escondidas de la policía, o que esperan por un plato de comida gratis frente a los pocos restaurantes de tercera categoría abiertos, que ofertan comida para llevar.

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Ancianos, profesionales y enfermos: rostros de la indigencia en Santiago de Cuba

Cuba, Indigencia, Santiago de Cuba, Songo la Maya

(Foto de la autora)

SANTIAGO, Cuba. – Argelio es una de las personas más longevas en Songo-La Maya. Asegura tener 105 años, aunque no tiene documentos que lo avalen. Perdió la visión cuando cumplió los siete y, desde entonces, le ha tocado depender de su bastón y de quienes le han brindado apoyo en algún momento. El médico Roberto Serrano, que también reside en La Maya, dice conocer a Argelio desde siempre; por tanto, da fe de su longevidad.

“Yo conozco a este señor desde que tengo uso de razón. Lo recuerdo llevando la vida como ha podido, siempre caminando a pesar de su ceguera y con todo el ímpetu del mundo. Él es una prueba de que Dios siempre socorre las mayores necesidades”, dice el galeno.

Sin embargo, los años han hecho lo suyo y Argelio no tiene las mismas fuerzas que antes. Hay veces que no puede caminar y esta dificultad para él significa tener que quedarse sin comer.

“El Platanal”, el comedor público del pueblo, que debiera brindar asistencia social, le queda a poco más de un kilómetro, y si no va, entonces no come. Vive solo y enfermo, aun así, el Estado no ha resuelto que alguien le lleve la comida, aunque sea una vez al día.

“El 24 de diciembre yo vi a Argelio como a las 11 de la noche que iba bajo el agua para su casa. Me acerqué para hablarle y me dijo de prisa que hacía más de una semana que no comía más que unos panes duros y agua. Le pregunté si sabía qué día era y sin dudar me dijo ‘Es nochebuena’. Tenía la mente clara y el estómago vacío. Le ofrecí algún dinero para que comiera pues pudiera ser mi padre, incluso mi abuelo”,  cuenta Roberto.

Debido a su condición, Argelio anda sucio, con la ropa vieja y rasgada. Esto ha dado pie a que algunos indolentes lo llamen “loco”. Pudiera ingresar en un hogar de ancianos, pero no existe ninguno en la localidad. Aunque, de haberlo, el Estado, como condición para aceptarlo, le retiraría la pensión de inmediato.

En Songo-La Maya, con solo observar las calles, uno se da cuenta que abundan las personas como Argelio, que viven en el desamparo. Se los ve deambular en la indigencia.

Algunos, a diferencia del anciano, sí presentan trastornos mentales. Como es el caso de María, a quien todos llaman “Mary”.

Debe tener unos cincuenta años, tal vez menos, pero es lo que aparenta. Según cuentan, fue maestra de Ciencias y, por circunstancias de su vida personal, perdió el juicio.

Nunca ha recibido ayuda, ni siquiera como retribución por haber sido una trabajadora profesional. Hace años que vive y duerme a la intemperie.

En enero de este año, el sitio oficialista “Cubadebate”, al igual que otros medios de prensa del régimen, reconocieron por vez primera en sesenta años la existencia de los indigentes y mendigos, aunque llamándolos con el eufemismo de “deambulantes”.

Se dijo que estas personas tendrían la posibilidad temporal de ser internados en centros de “protección social” que ya funcionaban en seis provincias del país para su atención, que se les daría atención médica, rehabilitación e incluso se les proveería regularmente de aseo y ropas, pero las actuales situaciones de Argelio y de “Mary” hacen dudar de la veracidad de tales anuncios. Incluso, nadie sabe si Santiago de Cuba ha sido beneficiaria de un programa similar al que describe la prensa del régimen.

La realidad es que en Santiago de Cuba, con solo observar las calles, pudiéramos asegurar que ha crecido el número de adultos mayores, mujeres, enfermos —la mayoría afrodescendiente—, que viven de la mendicidad, aunque cuenten con un techo.

Pero a esto que constituye un verdadero “ejército” de desahuciados, habría que sumar a una buena cantidad de alcohólicos en su condición de enfermos sin ningún tipo de atención o posibilidad de acceder a centros especializados donde los ayuden a controlar la adicción.

“Wiki” y “Cuadrao” son los sobrenombres de dos alcohólicos a los que la apatía y la negligencia institucionales han sumados a la extensa lista de “locos” y mendigos de la localidad. Todos, por igual, son sistemáticamente humillados.

Pudieran ingresar en el Hospital Psiquiátrico de Songo-La Maya, que cuenta con una sala de Deshabituación Alcohólica, pero el ingreso es voluntario y la mayoría de los enfermos no desea internarse.

Por otra parte, la facilidad para adquirir bebidas alcohólicas debido a su bajo precio y la venta en casi todos los establecimientos de comercio interior, donde jamás escasea, a diferencia de los productos de primera necesidad,  se convierten en obstáculo que les impiden vencer la adicción.

“Yo me siento indignada con el Gobierno, no tengo otra palabra. (…) ponen en el Noticiero que las calles de Estados Unidos están llenas de indigentes  (pero) no hablan de los que viven en la calle aquí”, denuncia una vecina de la localidad.

Aunque se sospecha que la cifra de indigencia en Cuba puede ser aún mayor, el agravamiento de la situación ha llevado a que el régimen reconozca al menos unos 2 mil desamparados, de acuerdo con un informe de finales de 2019 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, del cual apenas trascendió la información ofrecida por la prensa oficialista.

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Prensa oficialista reconoce dificultades del régimen para atender a indigentes

Indigentes; La Habana;

Indigente; La Habana;
Indigente en La Habana (Foto: 14ymedio)

MIAMI, Estados Unidos. – La prensa oficial cubana abordó este jueves la situación de los “indigentes” que viven en las calles, un problema que afecta a varias ciudades del país, fundamentalmente a la capital.

Según Cubadebate, pese a que las autoridades de la isla han dispuesto un plan para la recogida y reinserción de esas personas en la sociedad, la estrategia no ha ofrecido los resultados esperados.

“La mayoría son personas que perdieron, sus casas, sus familias, sus trabajos, terminan viviendo en la calle sin compromiso ni sentido de pertenencia a ningún lugar. El problema más importante es que se resisten a institucionalizarse, a establecer una vida social clásica, o sea, vivir en familia, aceptar las normas sociales y ahí entra un conflicto legal, ético y social, porque no se puede obligar a una persona a estar en su casa”, declaró al medio oficialista Alejandro García, psiquiatra y jefe del departamento de Salud Mental de Centro Habana.

El especialista señala que, aunque ha trabajado por más de 16 años con personas que viven en las calles, nunca ha logrado rehabilitar por completo a una persona con este trastorno.

García señala también que, en Cuba, muchos de estos “menesterosos o deambulantes”, como se les conoce, también han caído en el alcoholismo.

“Cuando se evalúan los casos de deambulantes no se encuentran graves trastornos psiquiátricos; ellos, simplemente, han adoptado ese modo de vida”, explica.

Fuentes consultadas por Cubadebate señalan que La Habana es la provincia con mayor cantidad de personas en esa condición. Por esa razón, diariamente se planifican recorridos para intentar sacar a los indigentes de las calles.

“Diariamente a las nueve de la mañana sale una guagua, presupuestada por la dirección de trabajo, para recoger a esas personas. En ella van tres trabajadores sociales y oficiales de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR)”, comentó Ramón González, Jefe de Unidad de Trabajo Social del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) del municipio Habana Vieja.

Por su parte, el vicepresidente para el Órgano del Consejo de Administración de Centro Habana, Rodolfo Nohaya, explicó que entre los casos más complicados están los de los conocidos “buzos”, indigentes que reciclan la basura de las calles.

“Muchos tienen su vivienda llena de cosas inútiles. Cuando los hemos identificado intervenimos su casa con comunales e higiene, pero al poco tiempo regresan a sus hábitos”, apuntó el funcionario.

En Cuba, el trato a indigentes y menesterosos está regulado por la Orden 9 del ministro del Interior. Aunque las autoridades reconocen deficiencias en el trabajo con esas personas, advierten que no es por falta de trabajo preventivo, ya que la recogida se hace con sistematicidad.

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Desamparados por la Seguridad Social

Durmiendo en la acera (foto del autor)
Durmiendo en la acera (foto del autor)

LA HABANA, Cuba -La seguridad social cubana, mantiene restricciones para otorgar subsidios a las personas necesitadas. La mendicidad y el trabajo ilegal descubren sus rostros e irradia la profunda pobreza que existe en la Isla como consecuencia de esas medidas.

Caminando por las calles Galeano y Reina en el municipio Centro Habana, nuestro lente captó imágenes agudas y penetrantes de personas abandonadas, desamparadas y sin ayudas de la seguridad social, sus testimonios así lo revelan:

Pablo Muñoz Portal, se posicionan cada día en los portales de la calle Reina: “Vengo todos los días de Alamar hasta aquí, para que la gente me ayude a vivir”, apuntó.

Le preguntamos si recibía algún subsidio del gobierno.

“No, llevo viviendo muchos años así, tengo un soplo en el corazón, vivo con unos familiares, que están llenos de necesidades y el estado por esa razón no me da ninguna ayuda, para percibir algo tengo que vivir solo. ¿Cómo voy a comprarme mis medicinas para el corazón? Estoy aquí hasta las 4 de la tarde, tirado en esta carretilla o en el piso. Esa es mi vida”, contó con tristeza.

Pablo Muñoz Portal (foto del autor)
Pablo Muñoz Portal (foto del autor)

Iliana, anciana y vecina de la calle Reina 161 Altos, tiene en el pie derecho una operación de reducción y osteosíntesis, de 17 puntos, desde hace 8 años. Pero lleva cerca de 1 año que su organismo rechaza las láminas con tornillos que tiene puesto, presentando una osteomielitis, que segrega por algunos de sus orificios. Es impactante su herida.

Cubanet también conversó con ella, quien expresó: “Salgo todos los días a buscarme el alimento, con la grandeza de mi San Lázaro, pues no tengo ayuda del gobierno. Vendo bolsas ilegalmente, porque no me dan Licencia como cuentapropista. Apenas puedo caminar. Estoy frente al sector de la policía, ellos me ponen multas de 60 pesos. El Delegado del Consejo Popular de los Sitios, dice que a él no le importa nada, que cada uno se las arregle como pueda, pero que hay que cumplir la Ley”.

Flora Álvarez Gonzales, vendedora ambulante que caminaba por el lugar, al ver a Iliana y oír nuestra conversación se detuvo para manifestar: “A mi nieto lo han operado tres veces del corazón, lo agradezco. El niño tiene que tomar para toda la vida una pastilla que se llama warfarina, es un anticuagulante y no siempre la hay. Yo vendo lo que sea en la calle, para protegerlo, no lo traigo conmigo, porque la lucho yo. El nació con una malformación en el corazón y a veces, Dios lo sabe, ni medicina tiene. Te imaginas cuanto tenemos que hacer para su alimentación. Pues no tiene ayuda financiera por la seguridad social”.

Durmiendo en un portal (foto del autor)
Durmiendo en un portal (foto del autor)

Finalmente nos llegamos a Águila 703, donde radica la Dirección de Trabajo y Seguridad Social del municipio de Centro Habana. Pudimos conversar con una trabajadora social, que prefirió no identificarse, la que manifestó: “No todo el presupuesto estatal cubre las necesidades sociales, hay un sector que no recibe ayuda. Por ejemplo cuando viven con familiares, es duro porque muchas veces son personas mayores, pero están desprotegidos, porque sabemos que la propia familia, cuando evaluamos el núcleo, no tiene ni para vivir. Pero hacemos lo que dice el gobierno. Cuando esto sucede se rechaza la ayuda de subsidio”.

Personas y rostros reflejan el estado de pobreza que se cierne sobre los más desvalidos. ¿Será que el régimen se olvidó de los humildes y de los abandonados, a los que tanto prometió ayudar?

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Vender basura en La Habana

LA HABANA, Cuba -La mayoría lo ha perdido todo, techo, salud, autoestima. La otra parte considera que vender artículos desechados en el basurero es más lucrativo que las ofertas laborales del gobierno. Todos desafían las prohibiciones porque la esperanza de mejores tiempos se aleja de sus vidas mientras más se adentran en la realidad del presente. ¨Los locos¨, apelativo utilizado por las autoridades para no llamarles indigentes, tienen entre sus principales puntos de concentración, los portales de la avenida Carlos III, en el municipios Centro Habana.

Como si pertenecieran al mundo mágico de Aladino,  esparcen sobre una tela  la mercancía que desaparecen, en segundos, cuando se acercan los inspectores o policías. Artículos recuperados del basurero, estropeados por el uso y el tiempo, son vendidos a precios accesibles, como el del ron a granel que venden en la red estatal de comercio. Una ganga con la que algunos de estos desesperanzados hipnotizan el cuerpo para dormir a la intemperie.

De 62 años de edad, uno de los indigentes vendedores de la avenida Carlos III ofreció su testimonio de forma anónima. ¨Para evitar problemas¨, dice. ¨Vendo cosas en buenas condiciones¨. Mientras conversábamos intentaba desprender con una tijera quirúrgica la bisagra clavada en un madero. ¨Con suerte alguien me da 2 pesos por ella…Yo vengo a luchar… Esta es la ley de la supervivencia¨, agrega. Confiesa que hay días que no vende nada. La venta de una buena jornada puede llegar a unos 150 pesos (7 cuc). ¨Para ellos (las autoridades) esto es venta ilícita…Yo viví en el capitalismo y los policías del batistato no se metían en esto¨, añade.

Otro indigente de 47 años que afirma vivir en la calle, se queja de las prohibiciones. ¨Son cosas que la gente bota… ¿Me van a cobrar por venderlo?… Vendiéndolo todo no alcanza para pagar las multas que me ponen¨, declaró bajo la condición de anonimato.

Los Supervisores Integrales aplican el decreto 315. 5 A que sanciona  las ventas no autorizadas en la legislación. Las multas oscilan entre los 700 (29 cuc) y 1 500 pesos (67 cuc) para quienes no poseen licencias de ventas. La situación más difícil que enfrentan después de la multa es el arresto policial y la confiscación de los artículos. Uno de los indigentes vendedores que se identificó como Rogelio, de 45 años señaló: ¨Si me llevan para Zanja (estación de policía de Centro Habana) me tienen que dar comida y un lugar para dormir¨.

Con frecuencia la policía utiliza un ómnibus que llena de indigentes mediante arrestos masivos. Son trasladados para un lugar conocido como la Colonia, colindante al Hospital Psiquiátrico de La Habana.Allí les facilitan el baño, alimentos y atención médica. Quienes pasaron por ese lugar aseguran que al día siguiente se escapan.

Represión sin resultados.

En las últimas semanas las autoridades provinciales incrementaron los operativos contra los vendedores del mercado negro y los indigentes. Si poco lograron con los primeros, nada consiguieron de los segundos.

Horas después de aplicadas las multas, arrestos y confiscaciones, regresan  a vender con la perseverancia del necesitado. Hasta el momento el único logro de la represión es el traslado de las ventas para el final de la tarde y los domingos. Tiempos considerados de limitada actividad de los supervisores integrales.

Un grupo de supervisores consultados coinciden en las dificultades que enfrentan para su trabajo. ¨No es fácil eliminarlos. Tenemos que hacer guardia constantemente por culpa de ellos¨, manifestó una de las funcionarias estatales que no se identificó. Otra del trio vigilante en la avenida Carlos III, señaló. ¨Muchos no son ¨locos¨. A muchos de ellos la gente le da las cosas para vender¨.

Los supervisores opinan que las multas no garantizan los resultados que se esperaban. Recientemente el gobierno modificó del decreto 274 que elevó la cuantía de las multas en el decreto 315, convirtiendo la infracción en grave. La represión agotó su poder con los marginados; un grupo cuya ruptura de los lazos sociales los sumerge sin protección en la indigencia.

El gobierno cubano no reconoce la existencia de la pobreza como fenómeno social que eleva el número de indigentes, mendigos y personas sin hogar. Mientras se utilice la represión para ocultar esta realidad, no se podrán visualizar políticas sociales que propongan soluciones.

Fotos Augusto Cesar San Martín




Vivir en los límites

LA HABANA, Cuba, febrero, 173.203.82.38 -La indigencia es un punto extremo de la pobreza, del cual no escapa la sociedad cubana. Escarbar en la basura se convirtió, desde el comienzo del Periodo Especial, en una opción de vida para muchas personas, pues, con lo encontrado, subsisten, remediando necesidades apremiantes.

Mi llamado de atención sobre esta realidad se produjo al ver el documental “Buzos, leones y tanqueros”, del joven realizador Daniel Vera, presentado en las primeras ediciones de la desaparecida Muestra de Nuevos Realizadores. El documental representó una alerta sobre la situación de esas personas que han sido expulsadas del seno de la sociedad.

Sobre estas personas nunca he visto imágenes en los noticieros de la televisión, ni comentario alguno por parte de periodistas oficiales, sobre todo los que juegan a cuestionar asuntos de actualidad nacional. No existen en la prensa oficial cubana espacios para el análisis del fenómenos de los márginados sociales. Jamás tan sensible asunto ha ocupado primeros planos en los medios del régimen.

La Habana de hoy se levanta sobre sus propios excrementos. Mendigos y “buzos” (escarbadores de los basureros) son parte de esa población deambulante que sobrevive gracias al reciclaje de los desperdicios. Muchos de los objetos encontrados en los contenedores de basura son reparados y vendidos por estos “buzos”, entre los que resulta posible hallar desde minusválidos hasta graduados universitarios.

Los lugares para ejercer la mendicidad se ubican en zonas de mucha actividad, en esquinas como Monte y Belascoain, Zulueta y Apodaca  o Egido y Zulueta, en la Habana Vieja; o en Galiano y Barcelona o Reina y San Nicolás, en Centro Habana. También en la céntrica esquina de 23 y 12, en el Vedado. Es notable la presencia de mendigos en lugares de especial actividad comercial, como en la Plaza de Cuatro Caminos o en el centro comercial de Carlos III.

Muchos menesterosos, ancianos, sobre todo, venden cualquier objeto personal, incluso los más íntimos, para poder tomarse un café, o un trago de ron, o para almorzar malamente en los llamados comedores censados del Sistema de Atención a la Familia (SAF).

Los envases que encuentran los “buzos” en la basura, potes de helados, pomos plásticos, envases de café, frascos de perfume, botellas de ron y de cerveza… son  frecuentemente usados para envasar falsificaciones artesanales de esos mismos productos, hechas por la izquierda, que son infiltradas, con la complicidad de gerentes y empleados, en las cafeterías o mercados que operan en pesos convertibles.

Las ofrendas religiosas usadas en la santería cubana también resultan trofeos de “buceo”. Los indigentes “rescatan” desde un pargo o una paloma, usados por iniciados en la Regla de Ocha para hacer una rogación de cabeza, o un gallo ofrecido en sacrificio a Shango o a otra de las deidades del panteón yoruba, hasta un racimo de plátanos manzanos depositado en una palma. Los menesterosos recogen estas oblaciones para su propio consumo o para venderlas.

De vez en cuando, “buzos” y mendigos son objeto de operativos policiales; simples acciones cosméticas cuyo fin es reprimir, en lugar de prever y remediar las causas del fenómeno; el cual, por cierto, cobra matices escalofriantes en estos tiempos de cólera y otras epidemias trasmisibles por contacto.

Julio Cesar, de 41 años, trabaja como asistente de salud en el hospital Hermanos Amejeiras. Todos los días, además de su faena laboral en el hospital, trata de vender lo que recicla en el Parque de la Chispa, en Monte y Belascoain. Él nos comenta: “No me meto en política, pero las cosas andan mal. Muchas personas vienen a diario a este parque para vender algo y poder comer algo, la mayoría vive en la calle, hace unos días la policía hizo un operativo y nos llevaron para un lugar que se llama La Colonia. Es triste ver aquello, a algunos los ayudan aunque sea para su higiene personal. Soy santiaguero y llevo 31 años viviendo aquí. La jugada está apretada. Cada día se hace difícil inventar un peso y se hace raro encontrar algo en la basura, pues hoy somos muchos”.

Para María, una mulata habanera de 52 años, “mendigar es la forma de ganarme la vida, pues debido a un accidente laboral, me vi imposibilitada de trabajar desde hace cerca de 30 años. Comencé prostituyéndome, hasta que los hombres perdieron el interés por mí, pero gracias a eso pude alimentar a mis hijos. Hoy me siento abandonada a mi suerte por ellos”.

Muchas de estas personas corren el riesgo permanente de una muerte prematura, por vivir sucios y a la intemperie, algo que los hace vulnerables a las enfermedades, y frecuentemente impulsa al suicidio. Cuando eran niños y adolescentes, todos confiaron en que en el paraiso socialista prometido, tendrían una vida segura, donde primaría la solidaridad social. Hoy, apenas sueñan con llegar vivos al día siguiente.

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Una propuesta para solucionar el problema de los indigentes

LA HABANA, Cuba, abril, 173.203.82.38 -Los que transitan a diario por la habanera Avenida de Carlos III extrañan, desde mediados de marzo, a la exótica Gisela, con su cuerpo y ropas sucios, que despiden un fuerte olor, cantando y contoneándose para llamar la atención de los hombres.

También se preguntan dónde ha ido a parar la pareja de jóvenes negros que suele pernoctar en el refugio para bombardeos en tiempos de Guerra, reliquía de los tiempos en que los yanquis nos invadirían. Allí pasaban todo el día, sentados en el portal de la antigua embotelladora de la Pepsi Cola, con sus ropas de saco de yute y una cajita con una imagen de San Lázaro, mientras sonaban una maraca y repetían de forma casi inteligible: Ayuda a San Lázaro.

La recogida de dementes, ancianos abandonados por sus familias y otros desamparados en la capital, solo para evitar que fuesen vistos por los periodistas  y otros visitantes extranjeros que invadieron la ciudad durante la visita del Papa, no debe verse necesariamente como algo malo. Lo realmente malo es que seguramente pronto volverá el abandono oficial y los indigentes retornarán a las calles, en lugar de ser enviados a instituciones (no a prisiones, pues no son delincuentes) donde reciban el trato adecuado para su situación. No acepto como pretexto para el abandono oficial de estos pobres cubanos, la falta de recursos del Estado ni esta crisis eterna que ya dura más de cincuenta años.

Se me ocurre que, dada la luna de miel que hoy viven nuestros gobernantes y la jerarquía católica, permitir la reparación y ampliación de los asilos atendidos por religiosos católicos sería una buena opción para aliviar el creciente problema de la indigencia en nuestro país. Y una forma de que el pueblo obtuviera algún beneficio tangible de este nuevo romance.

Para ayudar con el financiamiento de esta idea, no pienso que haya necesidad de despedir más trajadores, ni reducir más los supuestos “subsidios o gratuidades” a la población. Se podría, por ejemplo, ahorrar muchísimo dinero reduciendo en algo las muchas prebendas de los miembros de los cuerpos represivos y las fuerzas armadas.

En cada municipio del país existe por lo menos una de las llamadas “Villas” destinadas al esparcimiento exclusive de los miembros de estos cuerpos represivos y del poder. Por solo dar un ejemplo, en la villa recreativa de la Marina de Guerra del municipio Mariel, en la provincia Artemisa, se vende a los militares una cerveza, acompañada de croquetas o pollo, a 6 o 7 pesos en moneda nacional (alrededor de 30 centavos de dólar); mientras para el pueblo, el costo de una cerveza sola, sin el pollo o las croquetas, es 25 pesos. Paradójicamente, mientras el salario mensual de los trabajadores es de unos 400 pesos, el de los militares no baja de 800.

Bastaría con pagarles a los represores lo mismo que el Estado les paga a los reprimidos, y con cobrarles los mismos precios que  paga el resto de la población, para financiar con los ahorros la construcción y el mantenimiento de unos cuantos asilos que los nuevos amigos religiosos podrían atender.

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Garroteros

LA HABANA, Cuba, abril (173.203.82.38) – Como en Cuba no existen casas de empeño, en todos los pueblos pululan los individuos dedicados  a prestar dinero con interés, a los se conoce como garroteros, quienes se aprovechan de las desgracias cotidianas para  obtener ganancias. Hoy, como nadie se fía de las palabras,  los garroteros,  para  asegurar sus préstamos exigen garantías, que pueden ser objetos que  superan en mucho el dinero  prestado: joyas de oro y plata, relojes, equipos de video, estéreos, televisores, y cuando se cumple el término convenido y no aparece el dinero para recuperar lo empeñado, el dueño los pierde.

Como es una operación clandestina, no se puede acudir a la policía en caso de algún incidente, por lo que son incontables las  situaciones y conflictos que genera este negocio ilegal.  Hay ocasiones en que la  gente  empeña prendas  que han dejado de ser útiles, con  intención de  perderlas y quedarse con el dinero.  Pero hay otros casos  en que se  pierden objetos de valor, y ante la imposibilidad de pagar, el afectado se aflige.

Los garroteros se dividen en dos grupos: los de alto nivel y los de poca monta. Los del alto nivel  prestan  mucho dinero,  fundamentalmente a  personas que ganan el sorteo de visas para Estados Unidos y no cuentan con el capital  necesario para los trámites,  o a jugadores, o a banqueros de bolita  en apuros. En estos casos los  empeños son joyas valiosas, motocicletas, automóviles, casas.

Alrededor de los garroteros de poca monta se concentran los pobres. También alcohólicos, insolventes, madres solteras,  viudas, ancianos, locos, desempleados, minusválidos,  que van a la casa de los usureros a  empeñar  los objetos más  inverosímiles  a cambio de   pequeñas sumas,  en ocasiones para dar de comer a sus familias, o para beber y fumar.

Algunos   ejemplos    desatinados   como   el de Juan la jama, que  empeñó  el mando del televisor para comprar los mandados de la libreta,   Luis el gago, que empeñó su   chequera de jubilado para beber,  o  Mariano,  que dejó el carné de identidad por siete pesos para comprar cigarros, pueden verse en una  sola tarde  en casa de Monono, uno de los  garroteros del pueblo;  una medida  de cómo se vive  hoy en   Cuba, que tal vez no sea toda Cuba, pero sí es bastante.




Mientras La Habana duerme

LA HABANA, Cuba, diciembre, 173.203.82.38 -Mientras La Habana duerme, la guitarra del viejo Solís no para de sonar, más cuando las últimas horas de cada año corren por sus acordes improvisados en las cuerdas adaptadas de nilón para pescar, que se parten una y otra vez con el puntear de los dedos. La ranchera o el bolero mutan en nuevas versiones con cada nuevo sorbo de alcohol y su estómago se pega cada vez más al espinazo.

Melba Prieto tiene 76 años. Al caer cada tarde abandona su casa en El Vedado, siempre a escondidas de sus nietas e hija. Consigo lleva viejas fotos y recetas médicas; también sus recuerdos de niña cuando jugaba en la finca Birán, propiedad de la familia Castro Ruz, o de la adolescente que vino a La Habana con la caravana rebelde un enero de 1959.

De calle en calle, de hospital en hospital, Melba alivia con sus historias disparatadas el alma de los que pierden o tienen convaleciente a un familiar o amigo. “Soy revolucionaria y serví por 47 años en los órganos de la Seguridad del Estado”, dice, al mismo tiempo que se pregunta –entre risas- por qué el café y las frutas no saben igual después del triunfo revolucionario.

Mientras La Habana duerme, el negro Francisco busca su suite adecuada para pernoctar, en portales o funerarias, sin más colchón que una caja de refrigerador y unas cuantas ediciones de periódicos como edredón. Suele confundirse entre los dolientes y hasta contribuye con lágrimas que brotan cuando rememora la muerte de su esposa o las sinvergüencerías de su hijo exiliado.

Así –mientras La Habana duerme- corren los diciembres para otros tan parranderos como Solís, tan elocuentes y perturbados como Melba Prieto y tan despreciados como el negro Francisco; artistas o predicadores en la miseria, la desesperanza, el olvido y la tristeza ajena.

La juventud y sus bohemios también se apresuran, con botellas de alcohol en mano y barbitúricos de contrabando, a conseguir bacantes en esas noches que cruzan hacia un mismo enero. Oportunidades y espacios de esparcimiento se les extravían con los vientos del sur hacia el norte, o se corrompen como esa vieja barca ideológica anclada en el espigón de los jeques verde olivos.

Es curioso que con las fiestas navidades y de año nuevo, en el 2010 engalanadas para el aniversario 52 de la revolución, y el blandir de lineamientos y consignas empalagosas, se reconsidere reclutar corazones grises. Es risible pretender creer también en lo ceremonial de un bailable, un concierto de la nueva trova o ferias de libros y agropecuarias organizadas en todo el país, máxime cuando en el primer trimestre de 2011 las plantillas se exprimirán aún más y la libreta de racionamiento entrará en estado de shock.

Granma, Órgano del oficial Partido Comunista de Cuba, la Mesa Redonda Informativa de la Televisión Cubana, los telecentros provinciales y las radiodifusoras locales, resumen lo mejor acontecido en Cuba en los 365 días del 2010, además de anunciar la cartelera de actividades festivas por el nuevo año, eso sí, y que a nadie le quepa dudas, bajo los cánticos de una revolución falseada.

Ninguno de ellos –órganos de prensa- tiene la osadía de laborar en una madrugada fría de diciembre y reportar la desidia navideña, o los pormenores en la historia de esos duendes desprotegidos que vagan por sus noches de ronda. Tampoco estiman el volumen de primicias que puede deparar una fiesta de fin de año dentro del círculo de poder.

Eventos inesperados de la vida me permitieron oír las historias de Melba Prieto y escuchar los boleros de Solís. También ver las lágrimas desconsoladas de Francisco. Todo mientras La Habana duerme. El horario diurno no se hizo para ellos y es posible que con el trasnochar su salud se quiebre. De seguro tendrán relevo.

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