La libreta de racionamiento cumple más de medio siglo en Cuba

La “libreta” de racionamiento, que regula la venta de alimentos a precios subsidiados a los cubanos, cumple más de 50 años, y un programa humorístico de la televisión cubana aprovechó para destacar que cada día está más delgada.

Implantada por  el Fidel Castro  para enfrentar la escasez de alimentos y la especulación en los precios, despierta desde entonces pasiones encontradas –para unos es símbolo de pobreza y para otros de seguridad.

El 26 de marzo de 1962 Fidel Castro compareció en la televisión nacional para anunciar el establecimiento del sistema de racionamiento en el país: era el nacimiento de la “libreta de abastecimientos”, que desde entonces acompañaría a los cubanos hasta el día de hoy.

Con la “libreta” nació la Oficina de Control de Distribución de Alimentos (OFICODA): ni la KGB, hubiera podido imaginar el alcance, represivo que significaban la OFICODA y la “libreta de abastecimientos”.

Ni el mismo Fidel Castro podía haber comprendido, en aquel momento, que estaba inaugurando el más sofisticado, complejo, refinado y efectivo mecanismo represivo totalitario de todo el planeta. La libreta era el control total de la población cubana.

Hoy día la libreta es un fósil histórico (aunque sus cualidades represivas continúan): “Hay gente que engorda a los 50 años, pero la libreta adelgaza, lo que ha hecho es bajar de peso”, dijo “Pánfilo”, de 28 páginas  pasó a 20, por la paulatina eliminación de productos.

Los mayores recibían cigarros, aunque no fumaran

Durante más medio siglo, todos los cubanos han recibido su cuota de colas a través de la “Libreta de abastecimiento”, su nombre oficial. A correr a la bodega cuando llegaba las 12 onzas de chícharos para el familión. Los recién nacidos tenían una cuota de café y todos los mayores de 17 años de cigarrillos, aunque no fumaran.

La libreta “se ha venido convirtiendo, con los años, en una carga insoportable y un desestímulo al trabajo, además de generar ilegalidades diversas en la sociedad”, dijo Raúl Castro. Se sabe que hay corrupción en toda la cadena de distribución de alimentos, lo que estimula el mercado negro.

El régimen cubano dice gastar unos 1000 millones de dólares anuales en subsidiar el arroz, café, granos pastas juevos, azúcar, sal, pan y otros alimentos, que en pequeñas cantidades recibe cada cubano al mes por un precio total inferior a 50 pesos (dos dólares). Los niños (menos de seis años) reciben adicionalmente leche en polvo y yogur de soja, y los enfermos dietas médicas.

Pero el que viva de la libreta se muere de hambre. Las familias cubanas deben comprar más alimentos a precios no subsidiados en tiendas liberadas, o en el mercado negro, lo que representa una pesada carga en un país donde el salario es de 19 dólares al mes en promedio.

“Con la libreta nadie puede vivir, pero sin la libreta hay mucha gente que no puede vivir”, dicen muchos cubanos, sobre todo ancianos, para destacar que con los actuales salarios es imposible costear la compra de alimentos no subsidiados.

Subsidiar a personas, no productos

Cuando Raúl Castro sustituyó en la presidencia a su hermano Fidel en 2006, una de las primeras medidas que impulsó fue la eliminación de “subsidios y gratuidades indebidas”. La nueva política sería subsidiar a personas con bajos ingresos, ya no productos.

De este modo, la patata, garbanzos, cigarrillos y habanos, jabón y pasta de dientes, fueron saliendo de la libreta y comenzaron a venderse de manera libre, a precios a veces incosteables.

La importación de alimentos por unos 1.900 millones de dólares anuales, constituye una carga pesada: la isla compra en el exterior el 80% de los alimentos que consume.

De cara al  VI Congreso del Partido Comunista (único) de abril de 2011, los cubanos fueron convocados por Raúl Castro a exponer sus problemas en asambleas en centros de trabajo y barrios, y la posible eliminación de la libreta “fue, sin dudas, el asunto que provocó más intervenciones de los participantes”, dijo el gobernante.

De tal forma, Raúl Castro se vio obligado a declarar que “a nadie en su sano juicio en la dirección de este país se le puede ocurrir decretar de golpe la eliminación de ese sistema, sin previamente crear las condiciones para ello”: a no dudarlo, más represión.

  • Infobae  / agencias

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