El turismo le gana una batalla al deporte

El turismo le gana una batalla al deporte

La emblemática sala polivalente Kid Chocolate se convertirá en un hotel para beneficio del turismo internacional, su fin llega en el momento más inadecuado

Sala polivalente Kid Chocolate. Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- A pesar de que la propaganda oficialista cubana no se cansa de repetir que el deporte es una actividad priorizada en el país, y que constituye “un derecho del pueblo”, la desidia y el abandono generalizados han puesto fin a la existencia de una de las principales instalaciones deportivas de la capital, la sala polivalente Kid Chocolate, ubicada en el Paseo del Prado, donde confluyen los municipios de Centro Habana y Habana Vieja.

La muerte de la Kid Chocolate afectará grandemente a especialidades como la lucha, el judo, el balonmano, el fútbol sala y el bádminton, las cuales desarrollaban la mayoría de sus competencias en esta instalación. Además, se priva a los aficionados de esa céntrica zona habanera de un sitio donde podían disfrutar de una sana recreación.

Un reportaje aparecido en el periódico Trabajadores (“La Kid se quedó sin chocolate”, edición del 8 de julio) da cuenta del estado ruinoso en que terminó sus días esta sala polivalente. También se dice que el Estado le ha “pedido” el espacio al INDER para levantar allí un hotel con vistas a fomentar el turismo internacional en esa zona capitalina. Por supuesto, nada aclara Trabajadores acerca del probable protagonismo del señor Eusebio Leal en este asunto. Pocos dudarían de que el Historiador de La Habana, al parecer tan poco favorecedor del deporte, y sí un tenaz perseguidor de divisas con que apuntalar las arcas de la maquinaria del poder, estuviese detrás de esta iniciativa.

El fin de la Kid Chocolate llega en el momento más inadecuado. Porque esta instalación se construyó en 1991 para que sirviera de sede a los Juegos Panamericanos celebrados ese año en La Habana. Y ahora, cuando los deportistas cubanos se preparan para participar próximamente en los Panamericanos de Lima, resulta contradictorio que uno de los símbolos del espíritu panamericano entre nosotros perezca de una manera tan lamentable. Tal vez sea un presagio de las derrotas que afrontará la delegación cubana en la capital peruana. El equipo de béisbol, por ejemplo, ha perdido los dos topes de preparación que ha efectuado, uno con los universitarios de Estados Unidos, y el otro contra la selección nacional de Nicaragua.

Curiosamente, los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular se reunieron hace poco en la Comisión de Salud y Deportes de ese órgano parlamentario. Allí se habló sobre la mala calidad de las clases de educación física en las escuelas del país, así como se mencionaron algunas instalaciones deportivas que requieren de una pronta reparación. Sin embargo, ninguno de esos “bravos” parlamentarios tuvo la osadía de referirse a la defunción de la emblemática sala polivalente Kid Chocolate.

Pero nadie piense que los caminantes por el Paseo del Prado capitalino puedan apreciar las ruinas de lo que fue una bella y funcional instalación deportiva. Porque las autoridades, tan acostumbradas a esconder sus trapos sucios, han levantado una valla que impide la visión hacia el interior del lugar. La valla cubre casi toda una manzana, y oculta también la fachada del calamitoso cine Payret, inactivo desde hace mucho tiempo por el desinterés del Ministerio de Cultura en acometer su reparación. Quizás se esté esperando por otra “labor caritativa” del señor Eusebio Leal.

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