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Lunes, 18 de diciembre 2017

¿Quiénes son los verdaderos esquizofrénicos?

Las razones que hay detrás del intento de una madre de asesinar a su hija

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Así quedó el hogar tras el hecho (foto cortesía del autor)

LA HABANA, Cuba.- La gente de mi barrio no habla de otra cosa. Se enteraron mirando un noticiario de Telemundo, quien a su vez se enteró por una noticia divulgada por CubaNet, de un intento de asesinato. El hecho ocurrió en Manacas, un pequeño poblado al oeste de Villa Clara del que hasta hoy se sabía muy poco. Según se cuenta, Belkis pretendió asesinar a su hija Jessica que quería viajar a los Estados Unidos para reunirse con su padre, quien allí reside desde hace años.

Según la noticia, la mujer intentó prender fuego al cuerpo de su hija dormida, pero la muchacha despertó al sentir el rociado de alcohol. Jessica se defendió como pudo y consiguió evitar que la madre lograra su objetivo, pero no pudo evadir las cuchilladas, los cortes que le hacía en la piel. Jessica soñaba con viajar a los Estados Unidos pero Belkis, de quien se dice que padece una esquizofrenia, lo impidió, al menos por ahora.

Eso dijo, en síntesis, la noticia, y que ambas están hospitalizadas. De todo lo narrado, además de la violencia, algo llamó mucho más mi atención, y ese algo es la “posible esquizofrenia” que, según dice un vecino de ambas, padece Belkis. Y aseguran los psiquiatras que en esa enfermedad andan mal los circuitos cerebrales y los neurotransmisores, pero eso es muy complejo para quien no conoce bien la fisiología cerebral.

Mucho más se conoce de algunos síntomas que aparecen en quienes viven con ese padecimiento. Entre ellos están las ideas delirantes, las alucinaciones auditivas, y hasta la apatía. También es común que quienes la sufren no sean capaces de desarrollar sus propósitos, y hasta tengan cierta propensión a la soledad. De todos estos síntomas me interesan más las alucinaciones auditivas.

Se asegura que quienes padecen esta enfermedad escucharán con frecuencia algunas voces que no perciben el resto de los humanos, voces que no son…, y eso es malo; sin embargo existen otras voces que son reales, que son peores y más peligrosas. Imaginemos a estos enfermos escuchando esas otras voces que nadie más escucha, pero pensemos, añadamos, esas otras que están en el acontecer diario, y que son muy reales.

La enfermedad de Belkis la hace escuchar voces que no existen en la realidad, y también percibe esas otras que le llegan a toda hora y por cualquier medio de comunicación; esas que aseguran que quien se va a los Estados Unidos es un vil traidor, aunque sea para reunirse con el hombre que la engendró. La satanización del “Norte” y de sus habitantes es algo que crece en Cuba como la verdolaga, y está presente en el discurso de todos los que tienen algo de visibilidad.

Imaginemos a esa mujer de Manacas sentada frente a su televisor, pensemos en sus reacciones cuando escucha las “maldades” del “enemigo del Norte”. Esa señora enferma recibe voces de todas partes: de la realidad y de sus dañados circuitos cerebrales. Esa mujer, que pudo convertirse en una asesina, está asediada por sus propios “neurotransmisores” y por un discurso oficial obsesionado en culpar a un “enemigo”.

Belkis pudo pensar en muchas cosas cuando su hija le hizo saber que se marchaba. Belkis pudo suponerla en aquellos campos de concentración que se crearon en los primeros años de la “revolución”, y a donde los “desertores” iban a expiar sus culpas. Belkis pudo ser, incluso, una de las que tirara huevos en los ochenta, incitada por ese discurso “revolucionario” que no perdona a quienes le “traicionan”. Y ahora su hija quiere largarse.

Y ya abandonando el reino de la especulación, quiero dejar claro que un asesino no tiene que ser un esquizofrénico. Belkis puede tener sus neuronas trastornadas, puede escuchar voces que profirió antes el demonio, puede estar, incluso, enferma por culpa de las informaciones trastocadas, pero más que todo ella es una asesina. Una mujer que no fue a la cárcel porque los vecinos le impidieron llenar de huecos el cuerpo de su hija.

¿Acaso quienes tiraron huevos en el ochenta, a pesar de la escasez, eran esquizofrénicos? ¿Lo eran quienes dieron golpes durante el “Maleconazo”? ¿Qué enfermedad padecían quienes crearon las UMAP? ¿Los que enviaron a los hijos de esta tierra a combatir en una guerra africana estaban desquiciados? Si creemos que Belkis actuó con vileza únicamente porque su cerebro maltrecho se lo aconsejó, entonces la cosa está muy mal.

La esquizofrenia abunda en nuestra tierra. Quien mata o intenta matar no es solo un loco. Ahora recuerdo aquel 13 de julio, y pienso en el remolcador “13 de marzo”, aquel que fuera hundido en la bahía habanera con sesenta y ocho cubanos a bordo; acción que causó la muerte de treinta y siete personas, entre ella diez niños. ¿Eran esquizofrénicos quienes guiaron las mangueras y los chorros de agua contra el remolcador y sus ocupantes?

¿Qué enfermedad padecían quienes dieron la orden de hacer tal despotismo? Habría que preguntar también a las madres de Lorenzo, Bárbaro y Jorge Luis, para escuchar lo que dicen. Estos tres jóvenes querían viajar a los Estados Unidos, pero no tenían padres que los reclamaran y secuestraron un trasbordador. Ellos fueron condenados a la pena de muerte, ellos fueron fusilados. En abril próximo habrán transcurrido quince años desde que a estos jóvenes los pusieran frente al pelotón de fusilamiento.

¿Qué dirán las madres de esos condenados? ¿Qué patología atribuirán a quienes balearon sus cuerpos? ¿Qué padecimiento mental atribuirán a quienes dispararon? ¿Quiénes son los esquizofrénicos y quienes los asesinos? Supongo que la respuesta, de esta parte, atribuirá el padecimiento a Washington. Y no dudo que si en esta isla se comentara la noticia, alguien, muy loco, exalte el heroísmo de una madre que intenta salvar a su hija del monstruo al que va a enfrentar.

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Acerca del Autor

Jorge Ángel Pérez
Jorge Ángel Pérez

(Cuba) Nacido en 1963, es autor del libro de cuentos Lapsus calami (Premio David); la novela El paseante cándido, galardonada con el premio Cirilo Villaverde y el Grinzane Cavour de Italia; la novela Fumando espero, que dividió en polémico veredicto al jurado del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2005, resultando la primera finalista; En una estrofa de agua, distinguido con el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en 2008; y En La Habana no son tan elegantes, ganadora del Premio Alejo Carpentier de Cuento 2009 y el Premio Anual de la Crítica Literaria. Ha sido jurado en importantes premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Casa de Las Américas

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