¿Qué periodismo prefiere Aixa Hevia?

¿Qué periodismo prefiere Aixa Hevia?

La vicepresidenta de la UPEC opta por la prensa de simples recetas

Aixa Hevia, vicepresidenta de la UPEC (verdadecuba.blogspot.com)
Aixa Hevia, vicepresidenta de la UPEC (verdadecuba.blogspot.com)

LA HABANA, Cuba.- Estoy casi seguro de que Aixa Hevia, vicepresidenta primera de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y gacetillera, se desenvuelve muchísimo mejor hurgando en la enorme gama de rubios de Clairol que escribiendo un artículo de opinión. Y no creo que sean tantos los que se atrevan a dudar de esto que apunto, pero si se diera el caso, convoco entonces a hacer comparación entre lo que ella “escribe” y su cabello prolijamente coloreado.

Yo, que me siento en ocasiones frente a la pantalla de mi viejo televisor, la he mirado en la Mesa Redonda cuando revisa las noticias de Internet para reproducirlas luego y nada más. Supongo que los directivos del programa conocen bien que lo suyo no es el análisis certero, que la facundia no está entre sus virtudes. Ya la leí algunas veces, aunque confieso que esto no sucede con mucha frecuencia; aunque no sea masoquista he tenido alguna disposición a enfrentar sus textos, pero la verdadera culpa es suya, y de las muy escasas ocasiones en las que publica en periódicos y sitios digitales; supongo que debe estar muy ocupada en sus labores de vicepresidenta…

Aixa ocupa mucho de su tiempo denostando, en lugar de intentar una escritura adelantada. Es que la suya es realmente deplorable. Pero esta vez no voy a ponerme a escribir de su sintaxis ni de su prosa enteca ni de su gracia tan exigua. Ya eso lo hice con otros y en otras ocasiones. Lo que no consigo entender es cómo alguien que garrapatea cuartillas pueda dirigir a todos los periodistas oficiales. Invito a quienes ahora me lean a que visiten algunos trabajos de la “autora”, esos que pueden encontrar en Cubadebate, en La pupila insomne, y tengo la certeza de que me darán la razón.

Yo sí que puse mis ojitos en algunos de sus bodrios. Yo leí aquel textuelo que dedica a las múltiples adulteraciones que sufre el ron que toman los cubanos de abajo. También me enteré por ella del temido matrimonio que existe entre el uso de los celulares, la vía pública, y los accidentes de tránsito. ¡Qué profundidad! ¡Qué de temas esenciales para la vida cubana! ¡Qué ironía, y no la mía! Esta mujer se supone construyendo un gran país con esas simplezas en lugar de ocuparse de lo que realmente importa en el país. Podría insistir en el ron, pero meter el dedo, intentar explicarse por qué suceden en Cuba tales tropelías. Me parece justo enfrentar a quienes adulteran los licores, pero después de hacerlo con quienes adulteran, mienten y destruyen este país.

Lastimoso es que ella dedique tanto esfuerzo a escribir un texto “antológico”, sobre todo por lo mal escrito y soso, o, para decirlo en términos de dirección, mal organizado, mal estructurado…, y hasta inexacto y tonto. En ese bodrio ella intenta hacernos notar, sin que lo consiga, los equívocos e inexactitudes de un artículo que escribiera un periodista holguinero, José Ramírez Pantoja, al que acusa de estar preparando su escapada a Miami, y de paso dedica un ramalazo al uruguayo Fernando Ravsberg.

Ramírez Pantoja se detuvo en cosas importantes, sin embargo ella cree que no intentaba poner el dedo en la llaga. Para Aixa Hevia este hombre concibe cada día su viaje, sin retorno, a Miami. ¿Esta señora es ciega o solo lo aparenta? Quienes andan procurando la salida son otros…, y como salen, y como viajan, y como gozan. ¿Acaso no fue eso lo que hizo Eduardo Mora? ¿Y qué hizo este periodista, quien además era jefe de información de Cubavisión Internacional? Mora escribió en La pupila insomne. Mora escribió en Cubadebate. Mora se detuvo en la implantación de los modelos democráticos en América Latina y en Atilio Borón, y recordó a Valentina Tereshkova, y escribió sobre las arremetidas del poder norteamericano al movimiento Occupy Wall Street, y de cierto terrorismo ante el que no debíamos cerrar los ojos pero lo hacemos, y, que —gracioso Mora— se fue a Estados Unidos. ¿Pretenderá estudiar in situ el terrorismo? ¿Qué diría Aixa sobre Mora Basart? ¿Ahora dirá que era un vasar de hipocresía?

Aixa parece no recordar aquellos días en los que Roberto Zurbano fue atacado por escribir un texto sobre el racismo en Cuba, y que publicó en el New York Times. La Jiribilla fue tribuna en esos días para infamar a Roberto Zurbano. ¿Sería eso estrategia de sus redactores para que creyeran que nunca se iba a largar?

Aixa debe saber muy bien que el procedimiento más socorrido para largarse no es el que le achaca al holguinero. Muchos de los que se fueron a vivir en Miami estuvieron en la Campaña de Alfabetización, en Girón, en la zafra del setenta, en la guerra de Angola luciendo altos grados militares, y también están los que escribieron en el Granma. Entre los que se fueron están también los que tiraron huevos en el ochenta, los que aplaudieron las UMAP. Muchos de los que ya no están se mostraron indignados, y hasta golpearon, a quienes se pusieron en contra del gobierno durante el “Maleconazo”.

Hace muy poco llegó al norte un Andy Arencibia que causó dolores de cabeza a Juan Carlos Cremata. Aixa parece no recordar siquiera a aquel periodista que escribió horrores sobre Eduardo Heras León desde las páginas del Caimán Barbudo, y luego se fue al Cono Sur porque prefirió conocer al Chile que vino después de Allende. Creo que se llamaba Roberto Díaz, quien al parecer era aventajado discípulo de Luis Pavón. Aixa debía recordar… Son tantos los que se fueron, entre ellos muchos periodistas, y unos cuantos escritores que antes hicieron apologías de la “revolución cubana”.

Al parecer esta mujer prefiere a los apologistas. Ella prefiere siempre a los que no tienen dudas, sin reconocer que la duda es importantísima para conseguir certezas, porque todo el que sabe dudar llega primero a la verdad, pero ella no está dispuesta a vacilar, ella no cree en la utilísima duda cartesiana. Esta mujer de pelo blondo no cree en la prensa que salvaguarda la libertad de elección. Ella opta por la prensa de simples recetas, por una prensa absolutista, es decir, totalitaria.

Ella prefiere a los apologistas, y por supuesto que no hablo de Cuadrato, el defensor del cristianismo en el siglo II. Ella, tan rigorista, preferiría cambiarle una consonante al apelativo de Cuadrato, poner d donde antes hubo t, para conseguir un Cuadrado perfecto que pueda hacer las apologías que ella añora para estos días cubanos; aunque le advierto que aquellos apologistas cristianos no consiguieron que se creyera al cristianismo como la única filosofía útil.

Aixa debía dejar en paz al periodista holguinero y también a Ravsberg. Aixa debería ponerse a hurgar en toda la gama de rubios de Clairol, y quizá encuentra para ella el mejor tono, y quién duda que hasta pueda conseguir el justo tono de la buena prosa que precisa el periodismo. ¡Ah, y perdonen la cacofonía!

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