La “normalidad” según Díaz-Canel

La “normalidad” según Díaz-Canel

Si lo que se propone, mal aconsejado, es poner mano dura: ¡cuidado, mucho cuidado, que todo tiene un límite y la olla puede reventar!

Díaz-Canel Cuba
Miguel Díaz-Canel (Foto: archivo)

LA HABANA, Cuba.- En medio de tanto desastre, quisiera creer a Miguel Díaz-Canel, que el pasado 10 de octubre, al ser designado (que, no elegido, no por el voto popular) presidente de la república, prometió que llevará el país a la normalidad. Pero no puedo. No, porque el por dos veces designado presidente no se cansa de repetir (y de demostrar) que es continuidad, y que su escuela política son Fidel y Raúl Castro.

Habría que ver qué entiende Díaz-Canel por “normalidad”. ¿Los niveles de 1989? ¿Los de la contrarreforma fidelista de finales del pasado siglo, facilitada por el petróleo de la Venezuela chavista?

¿Qué es la normalidad para Díaz-Canel? ¿Que los apagones no sean de 10 horas, que haya al menos plátanos y boniatos en los mercados, que las guaguas pasen cada 45 minutos, que recojan la basura semanalmente, que se are con bueyes, que nos adaptemos a la peste a grajo y que le cojamos el gusto a los caracoles africanos?

Como en el mismo discurso nos remitió a “estos 60 años de historia revolucionaria”, y por aquello de la continuidad de ya ustedes saben qué, podemos deducir que la normalidad, según Díaz-Canel, consiste en el voluntarismo, la obediencia disciplinada y ciega a las órdenes de los mandamases, la vida de campamento, la repetición de consignas, la insistencia en las fórmulas antieconómicas que fracasaron una y otra vez, como los centros de acopio agrícola y la preponderancia de la empresa estatal socialista. Y muy importante, la omnipresente Seguridad del Estado y la represión contra todo el que disienta un milímetro del pensamiento oficial.

No importa que las tripas nos suenen del hambre, que vayamos como sardinas enlatadas en las guaguas, que no haya medicinas, que nos invada la mugre, que los jóvenes solo piensen en largarse de su país, aunque sea a Burundi

¿Por qué íbamos a creer en la promesa de Díaz-Canel? ¿Qué novedad, qué cambio se propone emprender para que Cuba regrese a “la normalidad”? ¿Desatar trabas y liberar plenamente las fuerzas productivas? ¿Acabar con los monopolios estatales y los negocios millonarios de los militares? ¿Jubilar a los jefazos continuistas y los bonzos retranqueros del Partido Comunista? ¿Dar la batida contra la burocracia mafiosa atrincherada en los ministerios? ¿Respetar los derechos humanos de absolutamente todos los cubanos? ¿Conceder libertades políticas? ¿Dar luz verde al pluripartidismo y la democracia?

¿No? ¿Nada de eso?… Entonces, ¿qué va a hacer para volver a la normalidad? ¿Reuniones y más reuniones del Consejo de Ministros? ¿Recorridos por las provincias? ¿Llamados a que no cunda el pánico? ¿Exhortaciones a pensar como país? ¿Fortalecer la preparación político-ideológica de las masas?

Si lo que se propone Díaz-Canel, mal aconsejado, es poner mano dura: ¡cuidado, mucho cuidado, que todo tiene un límite y la olla puede reventar!

¿Acaso los miñones que miden los estados de opinión solo le dicen lo que creen que quiere escuchar? ¿No le han contado del desánimo y el descontento generalizado que reina en el ambiente?

Siempre lo digo: no envidio la suerte de Díaz-Canel. No quisiera estar en sus zapatos.  ¡Vaya papa calientísima que le dejaron sus mentores!

luicino2012@gmail.com

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