Fidel Castro e Hilda Molina, el fracaso de un “iluminado”

Fidel Castro e Hilda Molina, el fracaso de un “iluminado”

Es necesario que sigamos indagando sobre la historia de este hombre que mal gobernó a Cuba y sepamos también en qué terminaron algunas de sus andanzas al estilo de Don Juan Tenorio

Hilda Molina junto a Fidel Castro (Foto: Internet)

LA HABANA, Cuba. – Como sus alabarderos repiten que el Comandante en Jefe -iluminado según el poeta-, triunfó en todo lo que se propuso, es necesario que sigamos indagando sobre la historia de este hombre que mal gobernó a Cuba y sepamos también en qué terminaron algunas de sus andanzas al estilo de Don Juan Tenorio.

Poco se conoce sobre el fracaso amoroso que sufrió durante ocho años por una mujer inteligente, de carácter ecuánime y soberana independencia por sus altos conocimientos científicos, llamada Hilda Molina Morejón, nacida en 1942, en el seno de una familia acomodada de la provincia de Camagüey.

Ella cuenta sobre su primer encuentro con Fidel, cuando este le pregunta algo burlón, en un evento con profesionales de la Medicina: “¿Neurocirujana tú, con esas manitas y esa pequeña estatura?”

Muy lejos estaba el dictador de pensar que aquella mujer, en muy poco tiempo, se convertiría en una célebre y eminente neurocirujana, admirada por la comunidad científica internacional por su trabajo en el Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN). Fidel Castro había captado su personalidad entre muchos, no como científica, sino como mujer.

La doctora Molina cuenta los muchos encuentros que tuvo con el dictador entre 1986 y 1994, cuando dirigió dicho Centro durante ocho años y él le enviaba hermosos ramos de flores importadas, y la alababa tanto en público, que el comentario general de los trabajadores era que el Comandante Invicto se había enamorado de ella.

Recuerda que cuando lo vio por primera vez, bien de cerca, descubrió que estaba delante de una persona muy inteligente, pero de mirada vacía, carente de alma y sintió mucho miedo.

“Un monstruo”, lo define Molina en su libro autobiográfico “Mi verdad”, publicado por la Editorial Planeta en 2010, donde deja claro que Fidel Castro “es un triturador de seres humanos, tanto si lo sirves, como si te le opones pacíficamente”. Además, cuando expuso un diagnóstico sobre su perfil psiquiátrico, lo calificó como “un clásico psicópata, inteligente, pero con un egoísmo absoluto e incapacitado para la organización y la administración de un país”.

Cuenta además que, en una ocasión, le preguntó con cierta timidez si le gustaba el perfume. Hilda comprendió que comenzaba a galantearla, pero, aun así, ella insistió en tratarlo como profesional, seguramente recelosa del personaje y sus historias.

En otra ocasión le propuso matrimonio. Hilda no sabía qué pensar, la tomó por sorpresa. Entonces le respondió: “Yo no podría casarme con usted, porque usted es Dios y yo una simple mortal que nunca podría casarse con Dios”.

A partir de entonces, la doctora Molina pensó que se terminaban sus relaciones personales con el dictador, pero ocurrió lo contrario: La obligaba a concurrir a las recepciones que él ofrecía, enviándole a sus guardaespaldas para recordarle que no podía faltar.

Poco después, producto del mal trabajo que veía en la salud pública de Cuba, tomó una decisión muy arriesgada para ella: decidió renunciar en 1995 a sus condecoraciones por sus méritos laborales, a su asiento en la Asamblea Nacional del Poder Popular, se solidarizó con la disidencia cubana y recibió ayuda del Centro para la Libertad, con sede en Washington, para el Colegio Médico Independiente que había creado.

Fue entonces que comenzó a ser víctima del resentimiento y el encono del jefe y dueño de Cuba, donde pudo más el ensañamiento, el rencor y la soberbia de saberse despreciado como macho, que el cumplimiento de las leyes más humanas de este mundo: Fidel le prohibió salir de Cuba y durante quince años permaneció la doctora en espera de un permiso para viajar a la Argentina y reunirse con su hijo, sus nietos y su madre anciana.

Desde entonces, la señora Hilda Molina ha quedado, como ocurre con todos los que se han opuesto a la tiranía del “iluminado”, incluso hasta los luchadores pacíficos, como una agente de la CIA, según consta en la enciclopedia castrista EcuRed; se le niegan sus méritos en la creación del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de Cuba, donde cuenta con grandes éxitos y experiencia, muy respetada por los cubanos y el mundo de las Ciencias, como una neuróloga de un especial talento, modestia, sencillez y decencia personal.

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Tania Díaz Castro

Tania Díaz Castro nació en Camajuaní, Villaclara, en 1939. Estudió en una escuela de monjas. Sus primeros cuatro libros de poesía fueron publicados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y dos por Linden Ediciones Line Press y ZV Lunaticas. A partir de 1964 trabajó como reportera en revistas y periódicos de Cuba y escribió durante ocho años guiones de radio en el ICRT entre 1977 y
1983 y en 1992 y 1993, cronicas sobre la historia de China en el
periódico Kwong Wah Po, del Barrio Chino de La Habana. En 1989 y 1990 sufrió prisión por pedir un Plebiscito a Fidel Castro. Comenzó a trabajar en CubaNet en 1998 y vive con sus perros y gatos en Santa Fe, comunidad habanera.

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