Cojímar libra su propia batalla contra el Caracol Gigante Africano

Cojímar libra su propia batalla contra el Caracol Gigante Africano

“Hace dos años tenemos este problema, y cuando solo había unos pocos llamamos al Citma, pero nos dijeron que no podían hacer nada”

SANTIAGO DE CUBA.- El Caracol Gigante Africano se propaga como una verdadera plaga por el poblado habanero de Cojímar ante la mirada de sus habitantes. Por su resistencia y adaptación a los climas más adversos, además de la variedad de enfermedades que puede transmitir, se considera una de las especies invasoras más dañinas a nivel mundial, y una verdadera amenaza epidemiológica.

El peculiar molusco ha encontrado en Cojímar las condiciones idóneas para reproducirse sin control, de ese modo lo describe Lisandra Rodríguez, vecina de la calle 80, quien ya cuenta a los caracoles por cubetas.

“No sabemos que vamos a hacer, todos los días se hacen limpiezas y se recogen de 300 a 400 caracoles, y al otro día aparecen más. Esto es incontrolable, y ya estamos cansados”, manifestó Rodríguez vía telefónica ante CubaNet.

“Son demasiados caracoles como para que la población, sin recursos, pueda eliminarlos, por eso estamos pidiendo ayuda del gobierno, porque no son ni 20, ni 30, son millones, y son dañinos. Los niños ya no pueden jugar en los alrededores, ni en los parques, y tenemos miedo de que se puedan enfermar, y nadie hace nada”, denunció.

La joven, ante el temor y la impotencia, ha recalcado en varias instancias la problemática, no obstante, solo ha recibido evasivas. “Hace dos años tenemos este problema, y cuando solo había unos pocos llamamos al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma). Nos dijeron que no podían hacer nada, que eso era problema de Salud Pública. Pero cuando llamamos a Salud nos dijeron que tampoco era problema de ellos, y el tiempo pasó y se fueron propagando, hasta que ahora se nos ha hecho imposible recogerlos por nuestra cuenta. Si el gobierno no toma acción, aquí van a haber más enfermos, y las cosas se pueden poner peor. Debe existir algún veneno que los elimine por completo”, indicó.

La barriada costera habanera, que cobró vida en la literatura a manos de Ernest Hemingway, hoy es olvidada por las autoridades cubanas, pues según alega Rodríguez “nadie hace nada, todo el mundo se limpia las manos y las autoridades lo único que hacen es mandar a recoger esos bichos y ni se portan por aquí”. Esta razón ha aumentado la problemática, y ya ha habido consecuencias que lamentar. “Una muchacha se enfermó con meningitis, y perdió la audición, solo hace falta que se empiecen a enfermar los turistas que vienen a la comunidad para que el gobierno haga algo, mientras, a nadie le importa”.

La especie de molusco terrestre en cuestión, llamada científicamente Lissachatina Fulica, es considerada una plaga invasora en Cuba, supuestamente traída a la isla con fines religiosos y avistada por primera vez en 2014 por un agricultor en Arrollo Naranjo, desde entonces su reproducción ha sido implacable.

El Caracol Gigante Africano es hermafrodita, por lo que logra reproducirse sin apareamiento, llegando a poner cantidades de huevos aproximadas a los 1200 por ejemplar. Puede llegar a medir 12 cm de longitud, aunque existen registros de ejemplares de 20 cm, razón que en conjunto con su larga vida y sus hábitats se convierte en el vehículo de numerosos nematodos, parásitos presentes en sus tejidos y baba del animal. Esto alcanza a provocar diversas afecciones, como la meningoencefalitis y angiostrongiliasis, además de la bacteria Aeromonas Hydrophila, difíciles de detectar en los seres humanos y que pueden llegar a causar la muerte.

De acuerdo a las autoridades sanitarias, la erradicación del molusco invasor debe realizarse con cuidado, mediante el uso de guantes se deben colocar dentro de bolsas plásticas con sal, y luego enterrarlos, además de crear barricadas con cal, preferentemente alrededor de los cultivos. Sin embargo, los recursos descritos actualmente están desaparecidos en los mercados estatales de la isla, así lo refiere Rodríguez.

“Llenamos varios cubos con agua y sal o cal, además de cloro, los dejamos unos días ahí, y luego los enterramos, pero el problema es que se reproducen muy rápido y no hay de donde sacar la sal, ni la cal, porque no hay”, selló.

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