Juani, el doble cubano de Juan Gabriel

Juani, el doble cubano de Juan Gabriel

Juan Vergel modula su vozarrón con muy similares inflexiones a las del icono, y a veces bromea diciendo que aquél lo imitaría si pudiera escucharlo

Juan Vergel , o Juani, como le conocen, en plena actuación (foto del autor)
Juan Vergel , o Juani, como le conocen, en plena actuación (foto del autor)

VILLA CLARA.- Su nombre verdadero es Juan Vergel (y Martínez), y el próximo 17 de octubre cumplirá 55 años. Vive en Caibarién, expuerto al centro-norte insular que, como casi todo rincón cubano, siente admiración por el fenómeno musical azteca recientemente fallecido y mantiene con el liderazgo un movimiento LGBTIQ (lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, intersexuales y queers) que asciende a la par del reconocimiento pleno, compuesto por transformistas, travestis y seguidores estoicos.

Juan desarrolló su adolescencia en un barrio inaugurado por Fidel Castro en 1965 llamado “Ciudad Pesquera”. Lugar junto al mar donde habitan pescadores encantados con los textos exultantes de los corridos mejicanos. De hecho, en Caibarién y en sus distritos, la música campesina nacional no pega, en cambio atesora diario programa radial con música regional de aquel país, y convoca en concurso anual a empíricos entonadores de rancheras con mariachis que arrastran al teatro a multitudes heterogéneas que jamás salen de casa.

Luego de décadas de presentarse en solitario y de luchar contra incomprensiones gubernamentales y prohibiciones absurdas, este animador de las noches del “Butacón de Juanito” en la playita local —también de fiestas privadas promovidas por admiradores adinerados de paso—, ha conseguido que su espacio se mantenga abierto a pesar de los “aferrados” de turno (como describe lo “imposible” en lírica el cantautor).

Pues aquella primera aproximación al personaje de Juan Gabriel, que a la postre devino catarsis de pueblo hambriento de diversión con muy escasas propuestas culturales, nació en 1989, en el Instituto Nacional de La Pesca donde laboraba, y cada viernes empleaba al imitador de baladas y canciones de moda en sus noches de ausente cabaret. “Querida” fue carta de presentación. Y triunfo rotundo.

El parecido físico más la voz entrenada en similares matices, lo mismo empleando playbacks que backgrounds como soporte, fueron determinantes. Hoy “Juan Vergel” —como prefiere lo llamen en pos de imagen propia—, modula su vozarrón con muy similares inflexiones a las del icono, y a veces bromea diciendo que aquél lo imitaría si pudiera escucharlo.

Llueve, truene, o relampaguee, conduce cada noche de viernes al aire libre desde el 2008, el famoso y siempre concurrido “Butacón”, en la playita artificial del municipio. Y una co-anfitriona —simpatiquísima— cuasi descalza, negra retinta y muy cubana, para quien no hay talla femenina en el universo peletero nacional: Ana Patricia Blondeé (Yobán Ramos Calderón, 31) tiene adjunta el show desde 2010, trofeo del casting anual conocido por “Miss Tacón”. Ella sirvió de modelo —hermanastra fiel de Cenicienta— quedándose a su lado para animar eventos por venir y carcajear al auditorio con desplantes y dicharachos.

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Juani, como mejor le conocen, se burla con sorna de la ridiculez rampante en derredor, con el desparpajo que le ha ganado a parte considerable de los oriundos —sean quedados, emigrados o retornados con permiso oficial— y a los que, con fruición nacionalista o guiño colaborativo por los “aportes a la causa” (léanse regalías y remesas), regodea al anunciar:

“Caibarién tiene dos cosas fabulosas que no tiene La Habana: Una es el Cangrejo a la Entrada… y otra es Adela, La Delegada”.

Lo primero remite al horrendo monumento de cemento regalado al pueblo por escultor insigne: Florencio Gelabert, en 1984, con la doble afrenta de ser homenaje con venganza; híbrido de varios crustáceos de poco lustre, que en conjunto simbolizan la marcha atrás de este mundo animal.

En cuanto a Adela, se trata de la primera transexual elegida en Cuba para representar a gente de barrio pobre por dos períodos consecutivos ante la asamblea gubernativa, en una isla que trata de reacomodar de algún burdo modo su ex monolítico poder.

Adela no puede hacer lo bastante por sus electores, porque no se lo facilitan los regentes de la comarca. A lo sumo, algún bache de calle donde naufragan vecinos. Un bombillo roto del alumbrado público, reclamo a la inerme empresa eléctrica. Una puntilla, un bloque urgente para pared que se cae, etc. Pero de delegada de circunscripción desarbolada —y enfermera de cuerpo de guardia de radiología— no pasará. Trabaja como una mula, pero no tiene horizonte ni dinero. Se auto cataloga como “comunista” en un medio ideal de prevalencia bajo tales declaraciones, pero en el fondo —confundida— no es más que humana, solidaria con el dolor ajeno y, sobretodo, popular. Ah, mujer enamorada de su “marido” ilegal. El que acaba de cumplir prisión por ultimar un caballo.

Lleva dos años aguardando por la promesa que le hicieran en el CENESEX (Centro Nacional de Educación Sexual) de transexualizarla antes que a otras “menos importantes” en fila, luego de exhibirla por el país montada en guagua, durante la Jornada contra la Homofobia del 17 de mayo del 2014, como si nuestra predilecta fuera —consecuencia de su triunfo— un animal de feria: yegua y revolucionaria. Para que la respeten, dice (especialmente el marido, con ese legajo ecuestre).

Ha defendido con lengua dura el polémico espacio del Butacón ante Mariela Castro —su madrina, aduce, a quien le debe además el vivir sin carné de identidad tras un telefonazo que la cambió de género, engendro que, con argumentos, policías y notarios deniegan— cuando las jerarquías alebrestadas aquí lo clausuraron.

Argumentaron que habría peligro. Sin embargo, en un pueblo donde el crimen –hasta ayer desorganizado— se palpa a menudo investido de odios sexistas, jamás ha habido reyerta trascendente en ese espacio, salvo lidias entre transformistas y travestis, chillones con pataleta por la loca preeminencia.

En tales ocasiones Juan Vergel funge de árbitro. Calmo, apagado el guirigay, todas bajan las hirsutas pelucas sin chistar. Porque el pueblo en general es condescendiente y aquí aterrizan las más homogéneas familias, incluso con menores que no deben asustarse, para disfrutar de un show que en otras partes es privativo de parcos sectores poblacionales.

Por ejemplo, la capital provincial, madre del Mejunje inclusivo vive escindida entre los que van al sitio y los que no. No es el caso, porque la “ex” ciudad caibarienense destaca por ser uno de los sitios más tolerantes y respetados por los sin ralea, desde mucho antes que el gobierno aflojara las clavijas al gremio homo, disimulara viejas parametraciones o desapareciera los abultados expedientes policiales del pasado.

Juan Vergel (foto del autor)
Juan Vergel (foto del autor)

En los años difíciles del siglo XX cuando se institucionalizó el rechazo infundado por lo diverso, la población mantuvo una postura inesperada hacia la homosexualidad, que fue razón suficiente para rodar aquí “Villa Rosa”, un documental de Lázaro González (2015) que ahonda en esas cuestiones de la aprobación sin remilgos entre la gente sencilla que desafió, con sus actitudes, a los políticos pusilánimes.

A veces al espectáculo se agrega Adela —o “Haila”, su alter ego— (José Agustín Hernández, 52) en su papel de guarachera y promotora en la prevención de enfermedades de trasmisión sexual haciendo campañas sugeridas por el MINSAP (Ministerio de Salud Pública). Espoleando los hombres presentes que tiene relaciones con otros hombres a que se cuiden. Pensando en ellos, les espeta. “No en mí”, porque las “mujeres” ya saben cuidarse solas.

Ana Patricia, que se ha vestido con una bandera cubana a lo Celia Cruz poniendo en entredicho los estamentos patrióticos de Eusebio Leal sobre los símbolos ultra-ajados, le secunda, repartiendo condones e instrucciones sobre las ITS (infecciones de transmisión sexual), mientras doblan ambas temas de estrellas cubanas aún prohibidas: Olga Guillot y doña ¡Azúca! Los asistentes toman bebidas y cantan a coro. Muchos madrugan arrastrando consigo fotos y recuerdos del espectáculo que luego subirán/compartirán en Facebook.

Durante todo el mes de setiembre, tras el fatídico 14 en que expiró el ídolo, se organizaron en la provincia eventos conmemorativos para alabar la música del divo de Juárez. En todos ha estado presente nuestro Juan Vergel como invitado: Camajuaní, Remedios, Santa Clara, ciudades que se suman al dolor transnacional por esa pérdida. Y aprovechan para hacer fiestas escandalosas, como si traslaparan sin permiso aduanal el vecino día de los muertos.

Antes que finalice este año y se reedite el evento competitivo “Miss Gaviota”, donde se elige a la “chica” más linda, convincente y mejor ataviada de la zona, se prevé convocar a los re-machos aparentes, cantantes mejicanos de la pesquera, los campos, la radio y la TV, para que se sumen en un gran sarao por la vigilia del ido.

Rogando porque permanezca entre nosotros su legado musical y su talento. Lo mismo la inclusión de los muy diversos géneros y preferencias que existan en un coro común de humanos libres, deseosos de cantar.

Y para que Juan Vergel nos recuerde que él no es solo un chiste, un doblaje más, sino El Doble vivo y único en Cuba de don Juan Gabriel. Es decir: de la alegría.

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