Machismo a la cubana

Machismo a la cubana

Los machos convocan a las féminas a trabajar más, a entregarse al “proyecto revolucionario”, pero ninguno las invita a denunciar el acoso que sufren

 

Cuba machismo
Machismo en Cuba (Jaime Prendes/Havana Times)

LA HABANA, Cuba. – Yajaida tiene veinte años y hace seis que se prostituye. Antes lo hacía en Las Tunas y ahora en las calles de La Habana; según me cuenta llegó a la ciudad de la mano de un “marido” con quien no está casada, aunque ella prefiere darle ese “título” porque le parece muy “picúo” admitir que ese hombre, con el que se acuesta desde hace seis años, solo sea su novio. Tampoco admite que es su “chulo”, su proxeneta; reconocerlo los pondría a ambos en peligro.

Esta muchacha es una de las tantas cubanas que reconocen la importancia de esta “figura” en su supervivencia. “Él me protege”, asegura ella de ese que le busca los “puntos” con los que se mete en la cama y le pagan luego, y también de los policías a los que él soborna. Así es que Yajaida consigue sobrevivir. “Yo no pasé del octavo grado pero mi marido me enseñó a ganarme así el dinero, y no la pasamos mal”:

Esta joven supone que su “marido” la protege, pero Gisela no puede presumir de lo mismo. Conozco su historia desde que fue mi vecina en La Habana Vieja. Gisela limpiaba casas ajenas, lavaba, planchaba, y luego su esposo, con quien sí contrajo matrimonio, le quitaba el dinero, incluso a fuerza de golpes, para emborracharse en el bar de la esquina. Una golpiza la llevó cierta vez al hospital, pero no se divorció ni lo acusó porque, según ella, la casa en la que vivía era de su esposo y: “¿para dónde me voy a ir?”.

No es poca la violencia que viven las mujeres cubanas, y tampoco son escasas las “diplomacias” de esas víctimas que esconden a sus abusadores. Estos son solo dos casos aislados en una Habana repleta de violencia contra las mujeres, y de la que no se habla en los medios oficiales, sin embargo en estos días de “Feria del Libro” un “suceso de librero” despertó un sinfín de enojos entre los lectores que descubrieron un tomito a la venta, en medio de un anaquel, con el “sugestivo” título: “Cien razones para ser machistas y no avergonzarse de ello”, publicado por la editorial peruana “Arca de papel”.

Enorme ha sido la algazara que provocó tal “escándalo de anaquel”, que sin dudas es reprobable y que hizo salir al ruedo a algunos intelectuales indignados y hasta a medios oficiales, como ese “Cubadebate” que no acostumbra a visibilizar esos “enojos” aun cuando tenga en su plantilla a “ilustres” mujeres de la prensa oficialista que jamás se deciden por la relatoría de eventos que resultan peores que este “caso de feria”.

No tengo noticias de que “Cubadebate”, “Granma” o “Juventud Rebelde” dediquen sus espacios a un tema tan candente de la realidad cubana. No estoy al tanto de empeños de la prensa cubana que hicieran visibles esos focos de violencia que aparecen en toda la geografía nacional, y que terminan, incluso, en la muerte de algunas de esas víctimas. Cuba no conoce de una marcha de mujeres que reclamen el respeto de los machos. En esta isla el número de féminas que acceden a ciertos entramados de poder saben que no son más que representación.

El macho cubano puede ser grosero, incluso, en un piropo, y eso es violencia, y resulta denigrante, y merece un castigo. En Cuba hay maneras de cortejar que resultan poco civilizadas, pero las autoridades dan la espalda y la policía las tolera con apabullante complicidad, y callan las instituciones, y la “justicia” enmudece. No he visto hasta hoy en este país una manifestación pública que repruebe la violencia contra la mujer, porque bien reconocen esas féminas que la policía puede reprimir tales iniciativas reivindicadoras.

Esos males, tan comunes, habitan zonas de absoluto silencio, y no son muchas las investigaciones que intenten su visibilidad, aunque sean numerosas las víctimas del machismo “made in Cuba”. Las mujeres cubanas solo son convocadas, cada ocho de marzo, a celebrar el “Día internacional de la Mujer”. Ya está por llegar esa ceremonia a la que son llamadas las cubanas para escuchar un ensarte de mentiras salidas de la boca de un macho secretario de algún comité provincial del partido comunista.

En esa fecha los machos convocan a las féminas a trabajar más, a entregarse al “proyecto revolucionario”, pero ninguno las invita a denunciar el acoso que sufren de algún jefe o la violencia del marido, sencillamente porque el discurso oficial no reconoce esos crímenes que tampoco reseña la prensa oficial. La Federación de Mujeres cubanas no distingue en sus discursos, al menos en los públicos, las muchas humillaciones que sufren las cubanas.

Advierto que no veo mal la molestia que causara este libro de feria, pero si me mortifican los silencios cómplices que se dedican a las violaciones, al acoso perpetrado por un jefe; esas tropelías no serán comentadas por un diario oficialista. El 8 de marzo no se habla de violencia, de palizas, de odios y represiones.

El “jefe” que suba al podio ese día de marzo no mencionará la cárcel que necesitan los violentos; y podría suceder también que en algún lugar, no muy lejano a esas plazas, marchen una Damas vestidas de blanco que conocerán lo energúmena que puede ser la represión, pero ninguna institución oficial va a reaccionar, y tampoco oradores o escritores indignados harán reclamos. En ocasiones como esa harán contraste la injusticia con el silencio cómplice.

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