La muerte de George Floyd y la justicia

La muerte de George Floyd y la justicia

La causa de la muerte es expresada ahora de manera mucho más clara y coherente: “Asfixia ocasionada por una presión continuada”

George Floyd Estados Unidos
La muerte de George Floyd y la justicia. Foto Reuters

LA HABANA, Cuba.- En Estados  Unidos, la actualidad informativa ha estado signada desde el pasado lunes por las reacciones a la muerte, bajo arresto, del afroamericano George Floyd. Este domingo, el presidente Trump culpó de los disturbios a la izquierda caníbal, que personificó en el movimiento extremista Antifa, al cual —anunció— declarará “organización terrorista”.

Al abordar este tema, parece necesario señalar —ante todo— que la crisis surge de un brutal atropello policial. El occiso podrá haber sido un individuo harto problemático y hasta antisocial. Su detención, después de intentar pasar un billete falso, puede tener toda la justificación del mundo. Pero su muerte innecesaria determina que esos otros detalles hayan perdido cualquier importancia.

La filmación de los últimos minutos de su vida despierta indignación, ¡Tanta es la brutalidad y la indiferencia ante la vida humana que aquella demuestra! ¡El señor Floyd se encontraba solo! ¡Tenía las manos esposadas ya a la espalda! ¡Estaba boca abajo¡ ¡En el lugar había cuatro policías! ¿Qué peligro podía derivarse, para la seguridad del público o los agentes, de lo que pudiera hacer el arrestado! ¡Ninguno! Entonces son justos el rechazo y la condena motivados por el atropello policial.

La necropsia oficial concluyó que el señor George Floyd murió como resultado de “una combinación de afecciones cardiacas y potenciales sustancias intoxicantes en su cuerpo, que fue exacerbada por el constreñimiento de los oficiales de la policía”.

Como abogado penalista que me considero (aunque el régimen castrista no me permita ejercer desde hace un cuarto de siglo), he tratado de traducir con la mayor exactitud posible la breve, aunque enrevesada explicación del Departamento Forense del condado en el que tuvo lugar el infausto suceso.

En esa descripción echo de menos lo esencial: La muerte de George Floyd ¿se produjo por asfixia o no! Porque el occiso podrá haber sido enfermo terminal; quizás estaba atiborrado de alcohol o cocaína, ¿pero habría muerto como consecuencia de esas circunstancias si un policía despiadado no hubiera presionado su cuello durante más de ocho minutos, de ellos los tres finales cuando ya el detenido estaba inconsciente! ¿Si otros agentes no hubiesen oprimido su espalda!

En este punto tenemos que constatar una diferencia sustancial entre el sistema de enjuiciamiento penal de Cuba y el de Estados Unidos. En este último país, la familia del interfecto, tras conocerse el informe oficial, contrató a otro médico para realizar una necropsia independiente. Éste es el eminente patólogo neoyorquino Michael BadEn. De raza blanca; judío, para precisar más sus antecedentes étnicos. Realizador de innumerables exámenes post mortem y anfitrión del popular programa televisivo Autopsia, de la HBO.

Este lunes, al momento de concluir este trabajo periodístico, fueron publicados los resultados de la nueva necropsia independiente hecha a George Floyd. La causa de la muerte es expresada ahora de manera mucho más clara y coherente: “Asfixia ocasionada por una presión continuada”.

En nuestra Cubita bella, tales alardes de pluralismo son inconcebibles. Si los deudos de alguien fallecido bajo custodia policial no están de acuerdo con el dictamen oficial del Instituto de Medicina Legal, les queda una sola opción: confiarse a la justicia divina. La diferencia es abismal. Pero, claro, el gran país del Norte es un estado de derecho. Cuba no.

Reitero que el crimen policial merece absoluto rechazo. Las protestas de ciudadanos indignados están plenamente justificadas. Pero, en la práctica, los actos conmemorativos de la injusta muerte han excedido con creces los marcos razonables.

De entrada, hay que mencionar los saqueos que, so pretexto del crimen, perpetran supuestos “protestantes” que en realidad han demostrado ser simples amigos de lo ajeno. Por ejemplo, en Miami (ciudad que nos interesa de modo especial, pues es sólo segunda de La Habana por el número de cubanos que residen en ella), este mismo diario digital ha cubierto los disturbios ocurridos en la céntrica barriada de Bayside.

Aquí en la Isla, quienes tenemos acceso a internet o a las redes sociales podemos ver las roturas de vidrieras y la posterior extracción de electrodomésticos o artículos suntuarios que hacen algunos manifestantes. Puntualizo la fuente porque quienes por acá confíen su información a la Televisión Cubana, jamás contemplarán tales escenas, pues ellas son expurgadas con todo cuidado por orden del Departamento Ideológico.

Después (ya en segundo plano) no dudo de la intervención de los activistas de la extrema izquierda señalados por Trump. ¡Si lo han hecho en Chile —la nación latinoamericana de más exitoso desempeño económico durante los últimos decenios—. ¿por qué no habrían de hacerlo en Estados Unidos! ¡Máxime cuando en apenas cinco meses deberán celebrarse las elecciones presidenciales en el gran país!

Esperemos que nuestros vecinos norteños logren superar esta nueva crisis en la que están sumidos, y que, al hacerlo, triunfen la justicia, el orden y la legalidad que en esas tierras han constituido un estandarte permanente.

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Acerca del Autor

René Gómez Manzano

René Gómez Manzano

(La Habana, 1943). Graduado en Derecho (Moscú y La Habana). Abogado de bufetes colectivos y del Tribunal Supremo. Presidente de la Corriente Agramontista. Coordinador de Concilio Cubano. Miembro del Grupo de los Cuatro. Preso de conciencia (1997-2000 y 2005-2007). Dirigente de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Ha recibido premios de la SIP, Concilio Cubano, la Fundación HispanoCubana y la Asociación de Abogados Norteamericanos (ABA), así como el Premio Ludovic Trarieux. Actualmente es miembro de la Mesa de Coordinación del Encuentro Nacional Cubano

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