Soberanía alimentaria: “Ideas del surco y de la olla”

Soberanía alimentaria: “Ideas del surco y de la olla”

En el oriente de Cuba se construyen polígonos donde la harina de yuca, el boniato y la banana se convierten en los productos básicos para la “alimentación” popular

(Foto: La Demajagua)

GRANMA, Cuba. – El reiterado propósito de alcanzar la soberanía alimentaria en el país choca con la burocracia gubernamental, la imposición de métodos y exclusiones, el sonado fracaso de la Empresa Estatal Socialista y otras sales que hacen de la improductividad, el descontrol y la chabacanería un monumento a la escasez.

Mientras el triunfalismo revolucionario impone récords de planes y proyectos alimentarios en los medios de información nacional, el desabastecimiento y las interminables colas para adquirirlos rompen a escala nacional esa cadena de insultos y convierten a los ciudadanos en guanajatabeyes del Siglo XXI.

A diferencia de las tiendas miliares, que comercializan en moneda libremente convertible carne de res paraguaya, jamón español, pollo estadounidense y otros productos de primera necesidad importados de diversos países, al oriente de Cuba se construyen polígonos donde la harina de yuca, el boniato y la banana se convierten en los productos básicos para la “alimentación” popular.

La inauguración en Baracoa de cuatro polígonos comunitarios de alimentos como la chocobananina, harina de yuca, gofios, mermeladas -endulzadas con miel de abeja y guarapo- y otros 25 subproductos que darán la autosuficiencia “alimentaria” a los pobladores de Duaba, Badajó, Mandinga y Guariba, es una muestra del regreso a la coa, el burén y el casabe de la época precolombina.

De igual forma, la inauguración del primer polígono de la industria alimentaria en Bayamo, capital de la provincia Granma, hace lanzar campanas al aire y organizar un areito aborigen ante la promisoria posibilidad de alcanzar la soberanía alimentaria en el territorio, gracias a la “poligonomanía”.

En el artículo De lo diverso y lo óptimo, firmado por Sara Sariol en La Demajagua el pasado 8 de agosto, Grisel Pérez Pérez, jefe de operaciones de la industria alimentaria de Bayamo, señala que “una curva ascendente, tanto en la diversidad productiva como en la optimización de los recursos, podría garantizarse y sostenerse con la extensión a otros municipios del territorio”.

Según la funcionario, en las cinco áreas del polígono se producen de 15 a 17 hectolitros diarios del “demandado” prú oriental y otras ofertas alimenticias como dulces, galletas parranderas y palitroques, que optimizan la calidad y diversidad de alimentos para la población disponibles en los mercados Ideal.

Asegura este señor que “de un área de polvo de la instalación, sale el pinol, hecho con maíz en grano como con harina de maíz, además de gofio, natillas con sabores varios, refrescos instantáneos, sorbetos y otros productos de probada eficiencia alimentaria, empanizados con galletas ‘no conformes’”.

Al parecer, las galletas “no conformes” (sic) se encuentran indignadas por el limitado empleo que le dan a sus atributos alimenticios y por la aparición en el horizonte gastronómico de la provincia de un producto que, como La Tuna, “pincha, pero alimenta”.

Otra buena noticia en el propósito de alcanzar la soberanía alimentaria en Granma es que las cervezas nacionales Cristal y Bucanero, así como la malta, serán incluidas en los planes de exportación y sustituidas por otras sin lupo ni levadura, hechas con cabecilla de arroz, como un aporte a la dieta cubana.

¿Será que los ciudadanos de a pie en estos territorios no accederán ni siquiera a la nutritiva jutía, la proteínica cola de cocodrilo y los suculentos huevos de avestruz descubiertos y promocionados por el comandante de la revolución Guillermo García Frías como esenciales para lograr la soberanía alimentaria?

¿La Tuna integrará el monolítico y nutritivo paquete alimentario recomendado por Fidel a base de Moringa, Tetonia y Morera para los animales y las demás especies cubanas que no tengan acceso a la moneda libremente convertible?

No lo dudo; sin campo no hay país, pero sin divisas perecerá la población.

De ahí que la búsqueda de la soberanía alimentaria que preconizan las autoridades no sea más que otra quimera mientras no exista igual posibilidad para que todos los cubanos accedan a las ofertas existentes en la nación, y no sean parte de las ideas del surco y de la olla para sobrevivir.

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Acerca del Autor

Víctor Manuel Domínguez

Víctor Manuel Domínguez

Periodista independiente. Reside en Centro Habana. [email protected]

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