El final de una tradición religiosa

El final de una tradición religiosa

El lugar donde los creyentes consideran que se concentra la energía, la prédica y la súplica ya no existe

LA HABANA, Cuba.- “El derrumbe de la fe”, así describió a CubaNet el sacerdote Ifá Víctor Manuel Betancour la expulsión del Elegguá ubicado en el patio del Centro Comercial Plaza Cuatro Caminos, prevista a inaugurarse este sábado 16 de noviembre, después de una restauración capital financiada por la empresa estatal CIMEX.

El busto, construido en el 2013 por los yorubas, se levantó con la intensión de resguardar la piedra enterrada en el patio del Mercado de Cuatro Caminos. Hasta el momento de la sustracción de la efigie religiosa, tributo al semidiós Eshu, el sitio mantuvo un significado histórico religioso, que marca su entorno como un lugar de nacimiento espiritual y devoción.

Víctor Manuel Betancourt, autor de varios libros sobre la religión yoruba, explicó a CubaNet la trascendencia de la Plaza de Cuatro Caminos para la espiritualidad de los creyentes.

“En nuestra religión consideramos el mercado como el límite entre el cielo y la tierra. Los seres que vienen desde el cielo a la tierra se dicen que pasan a través del mercado. Quien custodia esta frontera se llama Eshu, conocido generalmente como Elegguá”.

Cuando nacen en el santo los iniciados en la religión yoruba, es un paso significativo ir al Mercado de Cuatro Caminos, circular alrededor de la edificación, y depositar una ofrenda. Este rito simboliza que la persona sale del cielo para reincorporarse a la tierra.

Por las ofrendas depositadas en las esquinas del mercado, se estima que diariamente acuden unos 60 Iyabó durante las ceremonias de nacimiento religioso.

Fin de la tradición

Cuando en el 2016 el gobierno inició las reparaciones de la Plaza de Cuatro Caminos, con la ambición de ubicar un mercado mayorista, los religiosos albergaron la esperanza de obtener el respeto oficial por el sitio histórico. En aquel entonces los Orishas vaticinaron el movimiento de Eshu como un mal presagio.

Varias ideas rondaron alrededor del destino de la piedra sacramental, localizada en el patio del mercado mas grande del país. Se habló de llevarla hacia la Asociación Yoruba de Cuba, pero al final primó aguardar por el respeto del espacio que, desde 1920, tuvo la deidad en el entonces llamado Mercado General de Abastos y Consumo Único.

“Por orientación del Gobierno y el Partido (Partido Comunista de Cuba), nos informaron que no estaba autorizada la practica religiosa dentro del Mercado”, explicó a CubaNet Manuel Betancourt, artífice de la construcción del busto que resguardó el Eshu.

El sacerdote Ifá añadió que el argumento oficial comienza por la declaración laica del Estado, y culmina con prohibición de cultos religiosos dentro de instituciones estatales. El líder yoruba expresó que la decisión dejó a los creyentes sumidos en una mezcla de descontento y confusión.

“Hasta el momento que lo sacamos la gente seguía entrando y poniendo ofrendas. Los trabajadores estaban molestos, ellos dedicaban un momento de cada mañana para ofrecer a Eshu. Hasta la dirección del Mercado le había hecho un local, muy bonito, porque siempre pensamos que se respetaría el lugar”.

Al espacio de culto también acudían los religiosos para ofrecer ofrendas en agradecimiento por los milagros obrados, lo que según Betancourt ayudó a la glorificación de la figura.

“La significación religiosa fue otorgada por la tradición. Hasta allí llegaban los Iyabó, extranjeros que traían flores, personas agradeciendo la salud de un familiar (…) La tradición cobró fuerza patrimonial en nuestra cultura religiosa”.

El lugar donde los creyentes consideran que se concentra la energía, la prédica y la súplica ya no existe, poniéndose fin a una tradición religiosa en el Mercado de Cuatro Caminos.

Por el momento la efigie fue situada frente la fachada de la casa 773, emplazada en Manrique entre Sitio y Maloja, en Centro Habana.

La nueva ubicación es donde se inicia el festival anual de Eshu, que al sexto día dedicaba las ofrendas en el espacio vacío que dejó el Orisha en el Mercado.

“Nos quitaron de un lugar designado para el culto por su significación. Decidimos escoger un lugar público para dar mejor acceso a las personas, sin perder espiritualidad en riesgo”, explica Víctor.

Y propone: “Si algún día se hiciera un pleno, algún tipo de concilio, a nivel gubernamental o de partido, debe hablarse de la posibilidad de culto religioso en todos los ámbitos; eso forma parte de nuestra identidad. Esperamos que Eshu haga su esfuerzo como divinidad para que esto se facilite”.

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