La continuidad del socialismo y una amenaza de muerte

La continuidad del socialismo y una amenaza de muerte

No existe la cobertura legal para protegerse de sus asechanzas. Actúan con total impunidad. Son asesinos en potencia. Gente sin escrúpulos

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Raúl Castro junto a Díaz-Canel, Ramón Machado Ventura y Ramiro Valdés (foto: EFE)

LA HABANA, Cuba. – El escritor Rafael Almanza está en el centro del colimador. Podría ser una metáfora porque, ahora mismo, ningún francotirador le apunta a la cabeza, desde la soledad de un escondite, o un sicario se apresta a halar el gatillo sin darle tiempo a descubrir su identidad, pero se trata de una realidad que supera la retórica.

Hace apenas unos días le anunciaron a través de una breve nota deslizada por debajo de la puerta que lo van a asesinar. No hay hora ni fecha para la ejecución de la sentencia, tampoco pista alguna de los presuntos matones y mucho menos la manera en que segarán la vida de un intelectual que hace tiempo le dijo basta al adoctrinamiento ideológico neo estalinista y al conformismo determinado por los miedos a ser parte de la lista negra que la policía política se encarga de mantener actualizada, y echó andar por los caminos del libre ejercicio del criterio y de otras libertades ilegalizadas por el partido único.

La notificación del ajusticiamiento no debe tomarse a la ligera en un ambiente que se torna cada vez más proclive a este tipo de desenlaces. Y es que la apuesta por la continuidad de un modelo que requiere de una profunda renovación de sus estructuras socioeconómicas y políticas, es solo posible a través de un recrudecimiento de las medidas represivas contra quienes se le oponen, desde el pensamiento y el accionar pacífico.

En los últimos meses del año en curso se observa un sostenido crecimiento de los episodios punitivos y una marcada tendencia a aplicarlos con un rigor que obliga a pensar en la inminente aplicación de los asesinatos extrajudiciales como última opción para acallar las voces que se niegan a acatar la orden de silencio dictada por la cúpula de poder.

Parece que el tiempo de la eliminación física, más o menos velada, se acabó. Hay noticias de amenazas con machetes a opositores, como la ocurrida recientemente en la Isla de Pinos, entre otros incidentes que adelantan un escenario dominado por la extrema violencia como política de Estado, lo cual debería ser tomado con suma atención por la comunidad internacional.

El clima para que se cometan este tipo de actos se crea a partir de la exacerbación del odio en torno a la víctima. Llueven acusaciones falsas, que incluyen actos delincuenciales de la peor calaña. Recuerdo que en los 90, a la raíz de uno de los intentos de vertebrar un frente para el fortalecimiento de la lucha por la democratización, la experiencia de un joven opositor que padeció lo indecible en un calabozo, tras ser acusado de ser partícipe en la violación de una mujer de la tercera edad. Tuvo que soportar severas palizas que terminaron por desestabilizarlo emocionalmente. Celebraba haber sobrevivido a ese percance. La última vez que lo vi estaba en un deprimente estado psicológico.

Puede que a Almanza también le hayan creado un perfil de hombre perverso que incentive algún tipo de agresión con peligro para su vida.

Prefiero interpretar la amenaza más allá de lo que supone una maniobra intimidatoria.

Cualquier cosa puede pasar, cuando los agentes de la seguridad del Estado irrespetan de manera flagrante y sistemática los preceptos constitucionales en el ejercicio de la represión.

No existe la cobertura legal para protegerse de sus asechanzas. Actúan con total impunidad. Son asesinos en potencia. Gente sin escrúpulos que odian el talento y la valentía del Premio Nacional de Literatura Independiente de Cuba.

Rafael Almanza no se va a morir ahora por un decreto de los mandamases. Hay que alertar al mundo de este interminable ciclo de perversiones éticas y morales arraigadas en las estructuras de poder central.

La solidaridad es el más económico y atinado recurso de amparo ante el siniestro fluir de los espantos. En alguna medida, todos lo que nos empeñamos en practicar las libertades fundamentales a contrapelo del dogma vigente, estamos en riesgo.

Rafael Almanza y el papel con la amenaza de muerte (foto: La Hora de Cuba)

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