¿Benny Moré, qué ritmo canta usted?

¿Benny Moré, qué ritmo canta usted?

Benny es de todos los cubanos, de quienes estamos aquí, de los “Peter Pan”, de los que se escurrieron por Camarioca, Mariel, o por cualquier costa del país

Benny Moré. Foto tomada de Internet

LA HABANA, Cuba.- Supongo que la prensa oficial cubana hoy mencione a Benny Moré, “el bárbaro del ritmo”. Es muy probable que se refiera a su deceso, ocurrido un día como este, hace ya cincuenta y seis años. Y no me asisten dudas, tengo la certeza de que esa prensa se referirá con exaltados elogios, más que a la nobleza de su voz, a la voluntad que guió al músico en su decisión de vivir en Cuba después de que los barbudos, con Fidel Castro al frente, bajaran de la Sierra para instalarse indefinidamente en el poder.

No dudo que esa prensa, regida por el gobierno comunista cubano, vuelva con la cantaleta que atiende mucho más a ese músico, “supuestamente revolucionario,” y “comunista” por derivación, cantando en Varadero a los jóvenes alfabetizadores que se congregaron en la muy azul playa matancera para recibir adoctrinamiento, para prepararse en la emergencia de una campaña que costó mucho dinero al país tan “pobrecito”, pero que resultaba preciso completar para hacer visibles las “bondades” de una “nueva y benefactora revolución”.

La prensa oficial no perderá la oportunidad de referirse al hombre de Santa Isabel de las Lajas que cantara a unos maestros voluntarios que “jamás tuvieron la posibilidad de ir a la mejor playa del mundo”, y que no lo consiguieron más tras la “campaña”. No creo que las publicaciones comunistas de la isla pierdan, esta vez, la oportunidad de mencionar la disposición del artista de ofrecer su canto en aquella rimbombante inauguración del “Parque de las ocho mil taquillas”, esa plaza que abría “las puertas” de la gran playa cubana a sus obreros, a sus campesinos, a todos los preteridos de otros gobiernos.

La prensa comunista hablará, como tantas veces, de esa enorme edificación que ofrecía taquillas, no habitaciones de hotel, al pueblo, para proteger su ropa de los ladrones que legó el “cruel capitalismo”; para que pisaran, tranquilos y descalzos, las blancas arenas; para que disfrutaran del sol más “bello y cálido” del mundo, de las aguas más transparentes y “calientes” del universo…, “¡sin dudas la revolución cubana ha sido tremendamente cursi!”. Y así, sospecho, se hablará del gran músico cubano, del que conquistó a México y cantó a Cienfuegos.

El hombre del bastón, el de los muy rítmicos movimientos, será reverenciado esta vez por su “fidelidad”, esa que solo pudo probar por apenas tres años. Es una pena, sin dudas, que haya muerto tan pronto una de nuestras voces más universales, un artista tan popular y de singular talento. Su temprana muerte nos dejó sin su canto, y también sin saber que habría pensado de esa revolución. El pobre Benny se quedó sin ver muchas cosas. No se enteró jamás de lo difícil que resultó luego al pueblo conseguir una habitación sencilla, no “una pieza colosal”, donde se pudiera veranear, “descansar”, en Varadero.

El Benny se fue sin comprobar los estropicios que provocó esa revolución de mentirita en la gran plaza del turismo isleño. No supo de los tantos “extranjeros” que se adueñaron de cada habitación de Varadero, en detrimento del “turismo nacional”. El gran músico no supo de los precios impagables, “inapagables” todavía. Ni de las risas que provoca todavía aquel poema de Guillen que advierte que: “nadie me puede detener a la puerta de un hotel”, o a la entrada de esos campos de golf tan merodeados por los Castro.

No sé qué habría dicho el Benny al constatar que lo de igualdad de oportunidades para cualquier raza era mentira. ¿Qué habría pensado aquel que cantaba a los orishas? ¿Qué habría pensado el que pegaba con destreza a los tambores, o a cualquier cosa a la que pudiera sacar un ritmo bueno y muy sonoro, bien sabroso? ¿Qué pensaría hoy el rimador de Santa Isabel de las Lajas del “Decreto 349”? ¿Tendría que gozar del visto bueno de Alpidio Alonso, el nuevo ministro de cultura, si quisiera entonar una guaracha en público?

¿Tendría hoy, Benny Moré, que probar su fidelidad a la “revolución” para cantar en: Estados Unidos, Venezuela, México y Colombia? ¿Lo habrían mandado alguna vez en una delegación a la República Democrática Alemana, Unión Soviética, Bulgaria, Checoeslovaquia, Angola y Etiopía? ¿Lo disfrutarían porque Celia Cruz interpretaba sus canciones, o le habrían exigido que la demandara? Benny se fue muy pronto, un 19 de febrero de 1963, y resulta muy impropio suponer que habría estado el resto de sus días con esa “revolución” que lo reseña como un “gran revolucionario”.

Su fidelidad eterna a los Castro no podrá probarse con monsergas y discursos trasnochados. Nadie podrá especular sobre lo que él habría creído de esa “revolución” y de sus “perpetuados y poderosos revolucionarios”. Benny Moré podría estar en Cuba o en Miami, en Nueva York. Benny es de todos los cubanos, de quienes estamos aquí, de los “Peter Pan”, de los que se escurrieron por Camarioca, Mariel, por el malecón habanero o por cualquier costa, o pista del país. No sería bueno andar esos caminos que la especulación propicia. Si el Benny estuviera vivo de seguro sería un viejito, y asegurar que sería comunista, fidelista, me parece exagerado, ridículo… El Benny también podría ser hoy un “viejo” disidente del castrismo.

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