Ballet Español de Cuba necesita renovarse en todos los sentidos

Ballet Español de Cuba necesita renovarse en todos los sentidos

La prestigiosa compañía rinde homenaje a las Artes Plásticas

LA HABANA, Cuba.- Durante el pasado fin de semana el Ballet Español de Cuba (BEC) colmó la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso” con el espectáculo Iluminados por la Danza, un tributo a las artes plásticas a través de tres grandes figuras que cultivaron estilos tan diversos como personales: Edgar Degas, Frida Kahlo y Wifredo Lam.

Con música de Manuel de Falla, una selección de canciones populares españolas interpretadas en vivo dieron vida al pasaje dedicado al pintor impresionista universalmente conocido por su serie de cuadros inspirados en las rutinas del ballet, pero que inmortalizó con igual magistralidad paisajes y anécdotas vinculadas a la cultura mediterránea.

El elenco del Ballet Español de Cuba bailó con brío y elegancia, especialmente las muchachas; sin embargo, en lo concerniente a la puesta en escena deberían cuidarse algunos elementos, máxime si se intenta reconstruir un ambiente epocal. El negro es, por su accesibilidad, un color omnipresente en las escenografías de la danza y el teatro cubanos; pero resulta imposible apreciar la luminosidad y los matices del Impresionismo que preconizó Degas en una atmósfera plagada de claroscuros que remiten al Barroco español, o a los siniestros lienzos de Goya.

Asimismo conviene evitar disonancias en el vestuario, como la del joven bailarín que luce un jeans -con huecos- al centro de una escena donde el resto de los participantes visten indumentarias más acordes al contexto evocado. No se trata únicamente de mostrar las excelencias interpretativas de la nómina dirigida por el Maestro Eduardo Veitía y el virtuoso acompañamiento de los músicos y la mezzosoprano Dayamí Pérez. El diseño escénico en su totalidad ha de concebirse para transportar al espectador hacia los momentos cruciales del arte universal que sirven de pretexto a la obra.

Al menos en el primer cuadro fue notoria la ausencia de recursos que permitirían un acercamiento a ese fabuloso movimiento impresionista que anticipó el nacimiento de la Modernidad en las artes plásticas; carencia que, no obstante, fue más atenuada en los tributos al pintor cubano Servando Cabrera y a la mexicana Frida Kahlo.

Daniel Martínez y Christian Vega procuraron evocar la sensualidad que transpiran las obras de Servando; pero aún la danza española, al menos en Cuba, está muy lejos de traducir otros matices del amor masculino. El BEC ha padecido siempre la ausencia de varones provistos de la excelencia y el carácter necesarios para diversificar roles e intenciones.

Aunque la ejecución no fue mala, tanta frialdad contrastó con la vibrante actuación de las bailarinas Claudia González y Lorena Martínez en Las dos Fridas, un pasaje intenso que hace algunos años interpretaron, para arrebato del público, Irene Rodríguez e Ileana Fagoaga, protagonistas de la que muchos consideran la última etapa de esplendor del Ballet Español de Cuba.

El homenaje a la controvertida pintora mexicana cerró con un emotivo solo de Leslie Ung, bailarina de probado carácter y oficio para personificar a una Frida devastada por la traición de Diego y el quebranto físico que la persiguió durante toda su vida.

Tras un breve e inconexo homenaje a la joya del Ballet Nacional de Cuba, Aurora Bosch, culminó el periplo por las artes visuales con una mirada a través de distintas etapas de la obra de Wifredo Lam; una poética asomada a la abstracción cuyo alto valor simbólico ofrecería mayor libertad a bailarines y coreógrafos para un resultado escénico muy superior al apreciado.

A pesar de que cada función duró más de una hora sin intermedios, fue un programa ameno gracias principalmente a la música seleccionada y el desempeño de las bailarinas. Pero ello no elude el hecho de que una compañía tan prestigiosa como el Ballet Español de Cuba necesite renovarse en todos los sentidos.

Es muy limitado el espacio que se dedica a España dentro de la cultura cubana, dominada por las prácticas músico-danzarias de ascendencia africana. No es aceptable que una institución emblemática, defensora de la herencia hispana y con bailarinas talentosas, tenga tan poca presencia en escena y dedique sus cortas temporadas a las reposiciones. Aunque el Ballet Español de Cuba ha sufrido la oleada de decadencia que azota a casi todas las compañías de la Isla, el público siempre espera más de un conjunto que hace diez años era capaz de abarrotar la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana.

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