El Cristo de Kcho y los “no importantes” de Alarcón

El Cristo de Kcho y los “no importantes” de Alarcón

Los comunistas cubanos desde siempre han sobrepasado los límites

El papa Francisco y Raúl Castro intercambian regalos durante la visita del Sumo Pontífice a La Habana (foto tomada de internet)
El papa Francisco y Raúl Castro intercambian regalos durante la visita del Sumo Pontífice a La Habana (foto tomada de internet)

QUITO, Ecuador – La reciente visita del Papa Francisco a Cuba y Estados Unidos ha sido motivo para la realización de numerosos comentarios y artículos periodísticos que han aparecido en redes sociales y otros medios de comunicación. Escritos de Sergio Ramos, Angélica Mora, Gustavo Pardo y de manera especial de Carlos Alberto Montaner con su análisis del Papa y la pobreza, se han publicado en CubaNet. No pretendo ser reiterativo, ni utilizar a modo de sensacionalismo o noticia de moda, la figura del Sumo Pontífice y su presencia en Cuba. Solo comentaré dos sucesos relacionados con la visita del Papa a Cuba y su repercusión, considerando su trascendencia e impacto internacional.

El Papa sostuvo un encuentro con el presidente cubano Raúl Castro el pasado domingo 20 de septiembre. En esta ocasión ambos líderes intercambiaron sendos regalos. El Papa entregó al presidente un mosaico de la Virgen de la Caridad del Cobre realizado por artistas de la plástica del Vaticano, mientras que Castro entregaba al Pontífice una obra de gran tamaño realizada por el artista “Kcho”. Dicha obra es la tradicional figura del Redentor crucificado matizada con nuevos bríos de modernidad a través de una enorme cruz confeccionada con remos.

No es este el espacio, ni tengo la intención de referirme al creador desde el punto de vista estético. Cuando analizamos una obra de arte se corre el riesgo de dejarnos llevar por nuestros gustos, convicciones y conocimientos de determinada tendencia. El tiempo será el mejor juez que podrá situar en su justo lugar a un artista.

Alexis Leyva (Kcho) acudió, una vez más, a su recurrente tema de los mares, mares y no aguas, por cuanto, no podemos pedir a iletrados una obra a partir del misterio de las aguas, en las cuales se movía el espíritu de Dios desde los tiempos inmemoriales de la creación de los mundos, pero sí de los mares con sus triunfos y reveses. Leyva llevó al clímax su ya agotado tema de mares y barcos a través de la crucifixión del Redentor del mundo, donde sustituyó los maderos tradicionales de la cruz por grandes remos.

Este elemento ha sido el desencadenante de una generalizada crítica de oposición hacia el “artista” por su creación y hacia el presidente cubano por su ofrenda. Cuando se utiliza la figura del Cristo en cualquier manifestación artística debe hacerse desde la perspectiva del respeto, tanto para el líder reformador de la antigua Palestina, como para sus miles de seguidores en todas partes del mundo. No se trata de ser conservadores en el estilo, estamos en el siglo XXI, las tendencias del arte han evolucionado vertiginosamente, pero al tratarse de líderes espirituales la contemporaneidad debe ceder su sitio al respeto y la devoción.

Recordemos que miles de cubanos han muerto durante su travesía en las profundidades de los mares al intentar salir de las costas cubanas hacia la Florida. Sus embarcaciones sencillas y rústicas, la inexperiencia y la desesperación por huir de las garras del comunismo los han llevado a los abismos marinos. Los remos constituyen el símbolo del éxodo a través de los mares, lo que resulta contradictorio, irrespetuoso e irreverente si se coloca la imagen del Cristo sobre remos convertidos en cruz y peor aún, si se le regala al Sumo Pontífice, que de acuerdo a las enseñanzas ortodoxas de la iglesia, es el representante de Dios en la tierra.

¿Cómo el presidente cubano o sus asesores no fueron capaces de prever las consecuencias que podrían derivar de tan “grandioso regalo”? ¿Acaso ha sido una ofrenda con premeditación y alevosía? Esperemos que la escultura no figure entre las grandes obras maestras que decoran el Vaticano, aunque todo es posible en estos convulsos tiempos en que los religiosos olvidan que fueron perseguidos y los comunistas pretenden rezar de nuevo.

Otro suceso que ha suscitado el descontento de todos, ha sido la intervención de Ricardo Alarcón durante la visita del Papa, donde declaró en entrevista con NBC que nunca ha existido represión o persecución religiosa en Cuba y que el Papa era un hombre muy ocupado como para poder dedicar un tiempo a aquellos que no eran importantes, refiriéndose despectivamente a los disidentes de la isla.

Los comunistas cubanos desde siempre han sobrepasado los límites, pero Alarcón lo llevó al extremo. Acudir a la constitución es irreverente, ellos la modificaron. Decir que no fue el Dr. F.Castro el responsable máximo de la discriminación hacia los religiosos es insostenible. Recordemos que sin contar con nadie declaró el carácter socialista de la revolución cubana en 1961. Con esta decisión se imponía la filosofía marxista y se pretendía establecer el ateísmo en Cuba. Si ahora algunos no quieren recordar que no lo hagan, pero lo cierto es que a los religiosos se les expulsaba de las universidades o se les señalaba desde el bachillerato para impedirles cursar estudios superiores. Si alguien opina lo contrario que se atreva a negarlo. La peor de las condenas para todos ellos no repara el daño que han hecho a través de medio siglo.

No se trata solo de recordar a los miles de cubanos que han muerto en su travesía hacia la Florida como escape al peor régimen dictatorial de la isla, o de sentirnos discriminados por ser extranjeros y haber tenido que dejar nuestros hogares, nuestro trabajo en la que sigue siendo nuestra patria. Se trata de las sutilezas que van más allá de estas grandes percepciones. Se nos quiso manipular el pensamiento y esa es la peor de las ofensas. Las amenazas constantes, saber que alguien te está observando y delatando por el hecho de ser diferente desde el punto de vista político es traumatizante.

Alarcón –como todos los líderes comunistas cubanos– representa el deshonor, la falsedad y la ironía que solo el comunismo puede engendrar en los hombres. El perdón no nos devolverá a los miles de desaparecidos en los mares, a los cientos de deprimidos, enajenados y marginados por causa del régimen, a todos los que tuvieron que crearse un pensamiento amoldado a la forma socialista para sobrevivir.

No se trata de absoluciones y perdón de pecados en días de visitas Papales. El proceso que se avecina deberá ir más allá de perdones. No se trata de que perduren los rencores y odios que tanto predicara “el caballero ya inmóvil y andante”. Se trata de la aplicación de aquella justicia social que desde los tiempos de Aristóteles fue el paradigma de la sociedad. Pero no podemos hablar de justicia social en países con regímenes totalitaristas en los que se impone un solo modo de pensar y expresarse, una sola ideología y una posibilidad única de actuar. Estás con ellos o te declaran enemigo, lo que significa que te excluyan, discriminen y aíslen. Ojalá que estos sucesos hagan reflexionar a unos y actuar a otros para el restablecimiento de una sociedad libre y democrática y que no se reiteren regalos ofensivos y declaraciones incoherentes en el contexto de un acontecimiento tan importante y trascendente para cualquier país.

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