Cubanos en Colombia ante una posible deportación

Cubanos en Colombia ante una posible deportación

Mientras Ecuador ocupa el centro de atención, se olvidada el caso de los migrantes en Turbo

Cubanos en un albergue en Turbo (Archivo)
Cubanos en un albergue en Turbo (Archivo)

FORT PIERCE, Estados Unidos.- Las acciones de protesta que valientemente protagonizaron los migrantes cubanos en territorio ecuatoriano, así como sus consecuencias inmediatas, consistentes en la detención policial de más de un centenar de ellos y la deportación oficial hacia Cuba de alrededor de 120 detenidos, desviaron la atención de todos los medios hacia los sucesos del país andino, dejando un tanto olvidados a los migrantes de Turbo, Colombia, los que pasan por situaciones bien difíciles y esperan —como sucedió con sus hermanos de Ecuador— una posible deportación.

El secretario de Gobernación de Turbo, Emélides Muñoz, declaró el pasado lunes, que la población de migrantes cubanos en Turbo ha crecido en las últimas semanas, sobrepasando las 1 000 personas. La mayoría permanece aún hacinada en un viejo almacén que residentes de la localidad de Turbo han donado para albergarlos, mientras otros se encuentran en tiendas de campaña y otros refugios improvisados en terrenos cercanos al local. Igualmente el funcionario desmintió la supuesta muerte de veinte cubanos por el accidente de una lancha conducida por coyotes que intentaba llegar a Panamá.

La ministra de Relaciones Exteriores de Colombia,  María Ángela Holguín, declaró este jueves en Bogotá, durante una reunión convocada para el análisis de la situación de los cubanos, que se estudia el modo de ayudar en la situación de centenares de cubanos que se encuentran desde hace meses en territorio colombiano, así como evitar el flujo permanente de migrantes por este país.

De igual forma calificó la situación como una crisis humanitaria muy compleja y complicada y expresó respecto a la posibilidad de trasladarles a México: “La solicitud era que les pusiéramos un avión y los deportáramos hacia México. México ya no recibe (…) y si nosotros deportamos hacia México vamos a crear un flujo permanente porque saben que por Colombia entran y al final del día, por presiones, van a acabar en México, a un paso de Estados Unidos. Lo que no queremos, pues, es que el país se convierta en eso”.

Pero en medio del caos la Procuraduría General de la Nación ha dado un plazo de dos semanas al Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia para que tome decisiones con los cubanos varados en Turbo,  territorio de la localidad de Antioquia, a lo que la Ministra ha respondido con la decisión de deportarles masivamente para Cuba o para Ecuador, país del que proceden la mayoría de los allí retenidos; no obstante la Defensoría del Pueblo de Urabá, institución que preside William González, fue capaz de interponerse ante tal decisión presentando un recurso ante la Procuraduría, el que exige una revisión de la apresurada determinación de la Ministra Holguín, con lo que logró que se aplazara la definición definitiva del proceso.

De cualquier modo, no hay una respuesta que pueda dar fin a un conflicto devenido en crisis humanitaria, algo que se prolonga ya por más de dos meses, desde que Panamá, una vez solucionada su crisis de Paso Canoa, determinó el cierre de sus fronteras del sur. Lejos de verse avances que puedan beneficiar a los cubanos, solo aparecen obstáculos que frenan las posibilidades de poder salir de manera legal y bajo protección del país suramericano, como ocurrió recientemente para los casos de Costa Rica y de  Panamá, este último en dos ocasiones.

Actualmente se realiza un censo por parte de varias instituciones regidas por la Procuraduría con la finalidad de conocer la situación real de los migrantes, lo que no presupone necesariamente el inicio de acciones que los puedan beneficiar, por el contrario, se ha dejado bien claro que la deportación será la única opción, lo que se viene haciendo desde hace varios meses hacia Ecuador o Cuba.

A pesar de la desesperación de los migrantes, no todo está perdido; aún quedan varios días para que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia analice detenidamente aquellas propuestas que puedan resultar beneficiosas para solucionar el conflicto del país, pero sin dañar la integridad, ni violentar  los derechos humanos de los cubanos, como ha hecho en días pasados el cruel gobierno de Ecuador dirigido por el cínico y corrupto Rafael Correa.

Recordemos que Colombia tiene un acuerdo con Ecuador a través del cual se exige la visa a los cubanos que llegan a este país, con lo que se trata de evitar que Colombia pueda convertirse en país de paso. El acuerdo incluye la devolución a Ecuador de los migrantes que ingresan ilegalmente a su territorio a través de la frontera común.

No obstante, esperamos que Colombia tenga en cuenta los crueles acontecimientos ocurridos en el país andino, los que terminaron con una deportación masiva, bajo la justificación de una aparente irregularidad migratoria, cuando en realidad se conoce que fue una medida para frenar las múltiples acciones políticas emprendidas por los cubanos en Quito, algo que debe conocer en su verdadero sentido la Ministra de Relaciones Exteriores, por cuanto ha encontrado muy bien las medidas de Ecuador al declarar que “va a ser muy positivo para todos”, refiriéndose a las recientes deportaciones y relacionando el hecho con la posibilidad de eliminar las acciones de las bandas de traficantes humanos.

Si el gobierno colombiano no quiere verse involucrado en fuertes críticas y denuncias de la comunidad internacional —como lo está siendo actualmente el gobierno de izquierda de Ecuador—, o que en su territorio no tengan lugar marchas de protesta como muestra de solidaridad por los cubanos —como está ocurriendo en Quito—, es necesario que actúe de manera cautelosa y con discernimiento, sin dejarse conducir por las poco sabias decisiones de la señora Holguín, las que no solo llevarán al abismo a los cubanos que solo anhelan ser libres, sino a la desmoralización de su gobierno.

La deportación masiva podrá ser una solución para el país suramericano, pero resulta una verdadera condena para los migrantes cubanos. Estos son tiempos de aperturas, de diálogos, de comprensiones, de solidarizarse con el bien de unos, con la pobreza de otros y, por qué no, con la libertad y los derechos de los cubanos.

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