Raúl Rivero: Sangre en Rómulo Gallegos

Raúl Rivero: Sangre en Rómulo Gallegos

La actualidad venezolana le reserva un sitio patético en los titulares al autor de Doña Bárbara. Uno anuncia que los estudiantes protestan en la avenida Rómulo Gallegos. Otro que, en la misma calle, el Gobierno mató a un motorista

siguen_protestas_venezuela_ap2Doña Bárbara y los bárbaros

La historia de las dictaduras se repite, pero siempre como tragedia. Una tarde del año 1928, la policía de Caracas reprimió con violencia una manifestación de estudiantes que protestaba contra el Gobierno en la calle. Al otro día, un joven profesor universitario de Literatura comenzó su clase con estas palabras: <<La lección de hoy es sobre moral y cívica>>. Y se quedó en silencio, de pie frente a los discípulos.

Se llamaba Rómulo Gallegos (Caracas, 1884-1969), volvía de los llanos de Venezuela con los apuntes para su tercer libro, que se publicaría sólo unos meses después (Doña Bárbara, 1929), la novela que retrató al país, le puso sangre y temperatura a la vida de los venezolanos y se convirtió, a la vuelta de los años, en una obra clásica de la literatura escrita en español.

Gallegos, el escritor más importante de su país en el siglo XX, cayó, entre otras tentaciones, en la política. Fue senador, ministro, conspirador y llegó a ser presidente de Venezuela por unos meses a finales de los 40. Después, salió a un exilio de una década y regresó en 1957, con aquella aventura como un mal recuerdo y dedicado a sus libros, al periodismo y a promover la educación como la clave de la
democracia y el civismo.

El escritor fue, en los 60, fundador y presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA).

La obra de Gallegos, sus reediciones, estudios, tesis y una corriente crítica que regresa una y otra vez a las revistas literarias y a las páginas culturales de América Latina, dejan en una segundo o tercer plano sus opiniones y sus empeños en los otros dominios que fueron primordiales para el intelectual.

La actualidad venezolana le reserva un sitio patético en los titulares de los periódicos al autor de Canaima, Cantaclaro y El último patriota. Uno anuncia que los estudiantes protestan en la avenida Rómulo Gallegos. Otro, que en la misma calle, en medio de los enfrentamientos con el Gobierno, alguien mató a un motorista.

El joven profesor que protestó con una hora de silencio por la represión en 1928 no soñaba con la idea de que un día le pondrían su nombre a una avenida por la que, casi un siglo después, volverían a
protestar los estudiantes contra un régimen opresor.

Desde Perú, el poeta y crítico Ricardo González-Vigil (Lima, 1949) recuerda esta semana al Rómulo Gallegos que estuvo siempre unos pasos más allá de la creación pura. Una misión común, escribe el peruano, alimentó la labor de Gallegos: civilizar y así erradicar la barbarie que genera la plaga de caudillos y dictadores.

[fbcomments]