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Lunes, 18 de diciembre 2017

La inmoralidad de gravar ingresos

Un impuesto progresivo al ingreso trata desigualmente a la ciudadanía sobre la base de sus ingresos

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ESTADOS UNIDOS.- Hace casi 2500 años Platón consideraba que los poetas “con sus palabras y frases” eran demasiado peligrosos y no se les debería permitir vivir en una República bien organizada. Hoy, un ejemplo similar se utiliza contra quienes somos escépticos del gobierno y cuestionamos su continuamente creciente tamaño y alcance. Nos consideran particularmente peligrosos cuando impugnamos financiar gobiernos con impuestos progresivos sobre los ingresos, como hago aquí. Pero sigo insistiendo.

Un Estado es una institución que reclama el monopolio del uso legítimo del poder en un territorio determinado. O sea, las acciones del gobierno nos fuerzan a vivir de acuerdo a los valores de quienes gobiernan.

Como individuos, cuando actuamos mal o perseguimos nuestros egoístas intereses, las consecuencias de  nuestros fracasos humanos se limitan a nuestra esfera privada; pero nuestros rasgos humanos indeseables no desaparecen cuando trabajamos en el gobierno. Los políticos no cambian su naturaleza cuando entran al servicio público. Lo que cambia es que las restricciones que han limitado sus acciones a la esfera privada desaparecen de pronto.

Esto lleva a pensar que el mal gobierno no es necesariamente resultado de tener personas inapropiadas en los cargos. El gobierno refleja nuestro carácter humano. Nuestras faltas humanas, combinadas con la fuerza coercitiva del gobierno, pueden dañar la libertad.

Considérese la advertencia del economista Thomas Sowell: “El primer precepto en economía es escasez: nunca hay suficiente cantidad de algo para satisfacer plenamente a todos los que lo desean. El primer precepto en política es desechar el primer precepto en economía”.

En nuestra concepción “Jeffersoniana” de gobierno, éste existe para asegurar nuestros derechos. Así, entregamos al gobierno el poder de gravarnos para pagar los costos de proteger nuestros derechos y mantener una sociedad ordenada. Pero los Padres Fundadores rechazaron específicamente el concepto de gravar ingresos en favor de otras vías menos moralmente ofensivas de financiar gobiernos. Por ejemplo, yo favorezco impuestos al consumo más que al ingreso.

Un impuesto progresivo al ingreso trata desigualmente a la ciudadanía sobre la base de sus ingresos. Para nuestros Fundadores, el impuesto progresivo al ingreso era una violación del principio moral de que todos los hombres son creados iguales y deben ser tratados iguales ante la ley.

Gravar ingresos viola la formulación ética kantiana de que los humanos nunca deben ser tratados como un medio para lograr un fin, sino siempre como un fin en sí mismos. Cuando los ciudadanos no violan las leyes, pero el Estado les quita, simplemente, por haber conseguido más que otros, el poder del Estado se utiliza inmoralmente. En términos económicos es una redistribución de bienes de los ciudadanos más productivos a los menos productivos.

Además, un impuesto progresivo con diferentes tasas para diferentes ingresos promueve conflictos de clases y permite al gobierno husmear indiscretamente en los asuntos de la ciudadanía para determinar sus impuestos.

El gobierno de Estados Unidos logró financiar sus operaciones aceptablemente bien sin un impuesto al ingreso durante 126 años, hasta que la 16a Enmienda fue ratificada en 1913, posibilitando el impuesto progresivo al ingreso.

El principio del impuesto progresivo -mientras más se gane, mayor el porcentaje de penalidad fiscal que hay que pagar- hubiera horrorizado a los Fundadores. Como lo hubiera hecho la idea de que el Congreso gravaría a un grupo de ciudadanos para otorgar beneficios a otros grupos.

La 16a Enmienda anuló las filosofías de los Fundadores de gravamen uniforme y protección igual ante la ley para todos los ciudadanos.

Al lector que pueda resultarle incómoda mi caracterización de inmoral el gravar el ingreso, considere el punto expresado en el Congreso durante el debate de 1913 por William Shelton, de Georgia. El entonces propuesto impuesto para matrimonios solo se aplicaría en ingresos superiores a $4000. Mr. Shelton argumentó que él apoyaba ese impuesto al ingreso “porque ninguno de nosotros aquí tiene $4000 de ingresos, y serán otros quienes tendrán que pagar ese impuesto”. En otras palabras, como dijo George Bernard Shaw: “Quien roba a Peter para pagar a Paul contará siempre con el apoyo de Paul”.

Démosle razón a  Platón que los poetas somos peligrosos: ¡deroguemos la 16a Enmienda!

(El último libro del Dr. Azel es “Reflexiones sobre la libertad”)
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Acerca del Autor

José Azel
José Azel

(Cuba, 1948): Llegó al exilio en Estados Unidos en 1961, con 13 años de edad. Fue profesor adjunto de Negocios Internacionales de la Escuela de Administración de Empresas de la Universidad de Miami. En la actualidad es catedrático del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS) de la Universidad de Miami. Posee una maestría en Administración de Empresas y un doctorado en Relaciones Internacionales de la Universidad de Miami. Se especializa en análisis a profundidad de temas económicos, sociales y políticos cubanos, con especial énfasis en las estrategias a seguir en la Cuba post Castro. Es autor del libro Mañana en Cuba: El legado del castrismo y los retos para la transición. Pertenece a la Junta Directiva de CubaNet Noticias.

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