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sábado, 29 de agosto 2015

Entre leyes y cuatreros

La demanda de carne aumentó sensiblemente, y con ella el robo de ganado

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PUERTO PADRE, Cuba, septiembre (173.203.82.38) – Robos de ganado mayor valorados en 5 millones 545 mil 530 pesos, ocurridos desde enero hasta el pasado 31 de agosto en la provincia Las Tunas, reportó el Semanario 26, órgano del Comité Provincial del Partido Comunista en este territorio, en su edición impresa.

Interrogado acerca de la causa de tales atracos (568 cabezas más que en igual etapa de 2010), el subdirector del Centro Nacional de Control Pecuario en Las Tunas, ingeniero Fonseca, dijo que ocurrían robos de tal envergadura “porque los ganaderos habían bajado la guardia ante los cuatreros”.

¿Es cierto esto? Entrevistado hace años por un antropólogo forense, el jefe de la policía de New York dijo que no había forma de parar a un ladrón una vez despertada su codicia, que la única forma de evitar el robo era no tentar a los ladrones con la exhibición de objetos valiosos.

En Cuba la tentación de los cuatreros es única y notoria. Ante sus ojos está una mina de oro, representada por más de once millones de almas ansiosas de comerse un bisté y, por supuesto, ellos están ahí para suministrarlo.

El 12 de marzo de 1962 entró en vigor la ley número 1015, que imponía  el racionamiento al pueblo de Cuba. En lo adelante la carne de vaca quedaba racionada a 4 onzas, es decir, 230 gramos semanales, per cápita. Esa misma cantidad se prolongaría más tarde a una vez cada quince días para, finalmente, suspenderse definitivamente.

El 31 de enero de 1958 Cuba tenía seis millones de habitantes y casi igual número de cabezas de ganado vacuno. Tras Argentina y Uruguay, ocupaba el tercer puesto en consumo de carne per cápita en Iberoamérica.

No obstante, según una encuesta realizada en 1957 por la Agrupación Católica Universitaria, sobre una muestra de 2 mil 500 familias campesinas, solamente el 4 por ciento de la población rural comía carne y había grandes diferencias entre el nivel de vida en La Habana y en el campo, donde vivía el 40 por ciento de los cubanos.

Fiable o no el dato de los católicos, ¿qué sucedió? Hoy, la situación del consumo de carne es mucho peor; si no se es un niño menor de 7 años, se tiene una dieta médica, o  se es miembro de las altas esferas del gobierno, los cubanos no comen  carne de res si no van donde el matarife clandestino.

Por citar un ejemplo. La población de Las Tunas asciende a 536 mil habitantes. De ellos sólo 59 mil 803 son niños entre 0 y 7 años, y un pequeño número tiene dieta médica de carne. La mayoría, si compró carne, debió pagar por ella parte de los 5 millones y medio de pesos a los que se refiere la información. De lo contrario, ¿dónde está la carne?

De tener los contactos necesarios, habría que ver cuántos cubanos se hubieran rehusado a pagarse un bistec, con todo y que fueran robados. ¿Qué condujo a la población cubana a esa situación de necesidad, jurídicamente hablando?

En 1959 había en Cuba 0,92 cabezas por habitante. Sólo el 4 por ciento de la población rural comía carne regularmente. Pero el robo de ganado era un delito desconocido. Treinta años después, en 1989, la relación ganado vacuno por habitante se redujo a 0,46. El ciento por ciento de la población, salvo los casos mencionados, no comía carne, y el robo de reses se había convertido en plaga nacional.

En su libro La agricultura en Cuba, el doctor Nova González escribe que entre 1981 y 1989 se invirtieron en la ganadería 3 mil millones de pesos. Y según expresó Fidel Castro ante el Consejo de Estado, en julio de 1989, donde ratificó la pena de muerte al General Arnaldo Ochoa y otros acusados, Cuba gastaba más de mil millones de dólares en las Fuerzas Armadas, y otros cientos de millones en el Ministerio del Interior.

El pasado miércoles, en el establo del matadero de Puerto Padre, había más o menos una docena de vacas flacas esperando el sacrificio, mientras que en el parqueadero del establecimiento se encontraban dos autos y un jeep, y andaban por allí diez o doce funcionarios.

El administrador del matadero, ex oficial de la policía política, se negó a recibirme. Iba a preguntarle quiénes tienen asignaciones de carne, además de los niños y los enfermos.

Si hoy la carne de res es algo prohibitivo en Cuba, hay menos vacas que antes, y más ladrones que nunca, ¿qué pasa? El amigo lector responderá fácilmente.

Acerca del Autor

Alberto Méndez Castelló
Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló (Puerto Padre, Oriente, Cuba 1956) Licenciado en Derecho y en Ciencias penales, graduado de nivel superior en Dirección Operativa. Aunque oficial del Ministerio del Interior desde muy joven, incongruencias profesionales con su pensamiento ético le hicieron abandonar por decisión propia esa institución en 1989 para dedicarse a la agricultura, la literatura y el periodismo. Nominado al Premio de Novela “Plaza Mayor 2003” en San Juan Puerto Rico, y al Internacional de Cuentos “ Max Aub 2006” en Valencia, España.

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