De empleado a exiliado

De empleado a exiliado

Nueva obra de teatro que aborda el tema del exilio y su relación con la nación cubana

LA HABANA, Cuba, noviembre, 173.203.82.38 -La obra “Mi tío el exiliado”, del joven dramaturgo Yerandy Fleites, está en escena en la sala habanera de teatro El Sótano. El estreno corre a cargo de la compañía Rita Montaner, que por estos días celebra su 50 aniversario.

La obra parte de la novela de indagación social “Mi tío el empleado”, de Ramón Meza, aparecida en 1887, y refleja la relación de la nación cubana con él exilio en esta segunda década del siglo XXI, cuando todo indica que la ruptura entre nación y emigración está por desaparecer, debido al desmoronamiento del sistema que la provocó.

Tanto en el referente antiguo como en su versión actual, un pariente, un tío que emigra, sirve como base argumental para mostrar las miserias de la nación. En el primer caso, emigra a Cuba desde España, para “hacer las Américas” en una isla rica y receptora de emigrantes. En el segundo, es expulsado de su país, por ser homosexual, luego de la instauración de la dictadura, y en sus postreros días decide regresar a Ranchuelo, el viejo y empobrecido pueblo natal.

Historias aparentemente sencillas.  En la novela decimonónica, un pobre emigrante español, Vicente Cuevas, acompañado de su sobrino Manuel, llega a La Habana. Es la década del setenta del siglo XIX, y su propósito es el de iniciar en Cuba una nueva vida. Del día a la noche y tras meteórica carrera, este hombre se convierte en el acaudalado Conde Coveo. En la obra de Yerandy, la familia Robespierre recibe la noticia del regreso del hijo prodigo, Evaristo, expulsado de la isla por homosexual durante la crisis del Mariel, en 1980.  El deseado encuentro tiene matices.

Adán Robespierre, un miembro del gobierno, espera los dineros que traerá el emigrante. Piedad, su esposa,  desea ver a su hermano tras treinta años de separación. Entre los poblanos se esconden visos que van desde el interés por la satisfacción material, hasta el viejo amor. Pero todo se trastoca cuando el que regresa, solo viene a morir. Entonces se desencadenan las más intensas emociones.

El tono de farsa que el Director Fernando Quiñones Posada da a la obra, conspira contra el intenso dramatismo que se respira en ella. El constante ir y venir de gags y bocadillos humorísticos, a veces con el peor de los gustos, conspira contra el desarrollo de la trama. Como también conspira un final que aparece y desaparece constantemente y desorienta al público más exigente.

Si “Mi tío el empleado” se considera un autentico fresco del enriquecimiento ilícito, el cohecho, el robo y los negocios turbios, en fin, de la corrupción que corroía la colonia, en su nueva versión se establece una “parábola de la nación, con sus contrastes, sus exilios, voluntarios o forzados, su ayer y hoy, que parece confundirse y confluir en una línea tan delgada que se pierde en el tiempo”, como afirma el crítico Frank Padrón. Pero es también un interesante acercamiento al interior del hombre, a sus reflexiones y pensamientos, a los complejos y contradictorios entramados de la propia existencia humana.

El dramaturgo Yerandi Fleites tiene solamente 28 años. Es graduado del Instituto Superior de Arte (ISA), donde ejerce como profesor. Miembro de la Asociación Hermanos Saiz  (AHS), de jóvenes artistas, ya obtuvo el premio Caladis. Se le considera como parte de los novísimos, un movimiento de jóvenes dramaturgos y escritores, muy preocupados por las esencias de la nación cubana. Entre sus obras más importantes están “Jardín de héroes” y “Gallo electrónico”.

“Mi tío el exiliado” estará en escena durante todos los fines de semana del mes de noviembre, en la Sala de Teatro el Sótano, en la Calle K, entre 25 y 27, en el Vedado.

[email protected]

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Aleaga Pesant

FRASE: Nueva obra de teatro que aborda el tema del exilio y su relación con la nación cubana

LA HABANA, Cuba, noviembre, 173.203.82.38 -La obra “Mi tío el exiliado”, del joven dramaturgo Yerandy Fleites, está en escena en la sala habanera de teatro El Sótano. El estreno corre a cargo de la compañía Rita Montaner, que por estos días celebra su 50 aniversario.

La obra parte de la novela de indagación social “Mi tío el empleado”, de Ramón Meza, aparecida en 1887, y refleja la relación de la nación cubana con él exilio en esta segunda década del siglo XXI, cuando todo indica que la ruptura entre nación y emigración está por desaparecer, debido al desmoronamiento del sistema que la provocó.

Tanto en el referente antiguo como en su versión actual, un pariente, un tío que emigra, sirve como base argumental para mostrar las miserias de la nación. En el primer caso, emigra a Cuba desde España, para “hacer las Américas” en una isla rica y receptora de emigrantes. En el segundo, es expulsado de su país, por ser homosexual, luego de la instauración de la dictadura, y en sus postreros días decide regresar a Ranchuelo, el viejo y empobrecido pueblo natal.

Historias aparentemente sencillas.  En la novela decimonónica, un pobre emigrante español, Vicente Cuevas, acompañado de su sobrino Manuel, llega a La Habana. Es la década del setenta del siglo XIX, y su propósito es el de iniciar en Cuba una nueva vida. Del día a la noche y tras meteórica carrera, este hombre se convierte en el acaudalado Conde Coveo. En la obra de Yerandy, la familia Robespierre recibe la noticia del regreso del hijo prodigo, Evaristo, expulsado de la isla por homosexual durante la crisis del Mariel, en 1980.  El deseado encuentro tiene matices.

Adán Robespierre, un miembro del gobierno, espera los dineros que traerá el emigrante. Piedad, su esposa,  desea ver a su hermano tras treinta años de separación. Entre los poblanos se esconden visos que van desde el interés por la satisfacción material, hasta el viejo amor. Pero todo se trastoca cuando el que regresa, solo viene a morir. Entonces se desencadenan las más intensas emociones.

El tono de farsa que el Director Fernando Quiñones Posada da a la obra, conspira contra el intenso dramatismo que se respira en ella. El constante ir y venir de gags y bocadillos humorísticos, a veces con el peor de los gustos, conspira contra el desarrollo de la trama. Como también conspira un final que aparece y desaparece constantemente y desorienta al público más exigente.

Si “Mi tío el empleado” se considera un autentico fresco del enriquecimiento ilícito, el cohecho, el robo y los negocios turbios, en fin, de la corrupción que corroía la colonia, en su nueva versión se establece una “parábola de la nación, con sus contrastes, sus exilios, voluntarios o forzados, su ayer y hoy, que parece confundirse y confluir en una línea tan delgada que se pierde en el tiempo”, como afirma el crítico Frank Padrón. Pero es también un interesante acercamiento al interior del hombre, a sus reflexiones y pensamientos, a los complejos y contradictorios entramados de la propia existencia humana.

El dramaturgo Yerandi Fleites tiene solamente 28 años. Es graduado del Instituto Superior de Arte (ISA), donde ejerce como profesor. Miembro de la Asociación Hermanos Saiz  (AHS), de jóvenes artistas, ya obtuvo el premio Caladis. Se le considera como parte de los novísimos, un movimiento de jóvenes dramaturgos y escritores, muy preocupados por las esencias de la nación cubana. Entre sus obras más importantes están “Jardín de héroes” y “Gallo electrónico”.

“Mi tío el exiliado” estará en escena durante todos los fines de semana del mes de noviembre, en la Sala de Teatro el Sótano, en la Calle K, entre 25 y 27, en el Vedado.

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Aleaga Pesant

Julio Antonio Aleaga, Granma, 1960, licenciado en Historia del Arte. Diplomado en Marketing Estratégico, y realizó una Maestría en Relaciones Políticas Internacionales, con una tesis sobre la Transición a la Democracia. Durante 10 años dirigió un equipo de publicidad, que desapareció a instancias de la policía política.

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