Carlos Acosta, un príncipe cerca de los suyos

Carlos Acosta, un príncipe cerca de los suyos

Carlos Acosta demuestra que se puede llegar ser una estrella sin volverse arrogante, ni perder la nobleza

LA HABANA, Cuba, diciembre, 173.203.82.38 -En días pasados un documental presentado en la TV cubana causó conmoción en muchos espectadores, varios habaneros comentaron la emoción sentida al ver escenas de la vida de Carlos Acosta en el material fílmico que muestra pasajes importantes de la vida personal y artística de esta luminaria de la danza clásica mundial, nacido en un humilde rincón de la geografía habanera y quien sobrepasó enormes obstáculos y traumas para llegar a hacer valer su talento en los mejores escenarios del mundo.

Carlos Acosta es seguidor de la estela de talento y maestría dejada en los escenarios por varias generaciones de excelentes bailarines cubanos afrodescendientes, muchos de los cuales debieron buscar en otras latitudes oportunidades de realización y desarrollo. Al igual que lo hicieron en su momento Jorge Lefevre, Andrés Williams, Pablo Moré, Julio Arozarena, Amílcar Moré, Catherine Zuaznabar o Caridad Martínez, por solo citar algunos. Acosta ha paseado su talento por los más encumbrados escenarios del planeta, y es sin dudas el bailarín cubano que más lejos ha llegado en éxitos y reconocimientos.

El mencionado documental da cuenta del esfuerzo de su padre para encaminarlo en el arte danzario, de su desconocimiento inicial del mundo y las particularidades del ballet, de las grandes dificultades que marcaron su trayectoria estudiantil, de sus inesperados éxitos iníciales cuando era solo un adolescente desconocido, del impacto que causaron sus grandes dotes en renombradas compañías.

Ante el asombro y la admiración de los espectadores pasan las imágenes de sus éxitos en el Houston Ballet, y el Royal Ballet de Londres, sus grandes actuaciones ante el exigente público del Teatro Bolshoi de Moscú o ante la mismísima reina Isabel II, trayectoria que lo ha convertido en el niño mimado de la danza mundial, incluso comparado por algunos con Nijinski y Nureyev. De su aureola y prestigio fuimos testigos a raíz de la visita a La Habana de la gran compañía londinense, en la cual tanto sus compañeros como los directivos parecían rendir culto de veneración al genial bailarín.

La impresión y la sorpresa causadas por el mencionado documental tienen mucho que ver con la poca difusión y reconocimiento que ha tenido en la Isla la ejecutoria de Carlos Acosta, quien a pesar de sus resonantes triunfos, los premios obtenidos, los doctorados honoris causa en universidades europeas y una autobiografía convertida en bestseller no ha recibido la valoración que merece por parte de las autoridades culturales cubanas.

En el presente año el gran bailarín recibió el Premio Nacional de Danza. A pesar de ser el más joven en recibirlo, el premio llega tarde para Carlos Acosta, que lo merecía desde hace tiempo, si tomamos en cuenta lo lejos y alto que ha llegado en su trayectoria de dos décadas como estrella universal.

Llamó poderosamente la atención, por cierto, que en la ceremonia de entrega del premio brillaron por su ausencia los representantes del llamado Ballet Nacional de Cuba, quienes se abstuvieron de rendir el homenaje merecido a la estrella indiscutible del panorama danzario contemporáneo.

Tanto como su genio y talento, resulta admirable ver como Carlos Acosta conserva su sencillez y humildad. El gran bailaran se ha paseado por los más importantes escenarios, ha saboreado el éxito y la admiración de público y crítica, pero conserva la espontaneidad de la gente de pueblo, algo que demuestra cada vez que puede llegar hasta nosotros.

En ocasión de la entrega del Premio Nacional de Danza 2011, durante una comparecencia televisiva demostró cuan alejado está de la realidad nacional cuando aseguró que los teatros en Cuba todavía cuestan un peso cubano; sin embargo ahora ha llegado a la isla para desarrollar una gira nacional con la cual ha brindado su arte en varios teatros de provincia como un regalo excepcional para los amantes de la danza, quienes tal vez sean incapaces de calcular el precio real del espectáculo que disfrutan.

Con su vida y con su obra, Carlos Acosta ha puesto bien en alto el nombre de Cuba, ha vuelto a echar por tierra la teoría racista sobre la supuesta incapacidad física de las personas de raza negra para la danza clásica, se ha convertido en ejemplo y estímulo para muchos talentos jóvenes de origen humilde y por el camino ha demostrado también que se puede llegar al máximo estrellato sin volverse arrogante, ni perder la nobleza.

Interrogado por un reportero televisivo sobre las motivaciones para realizar su primera gira nacional, el gran bailarín aseguró que lo hace porque eso le permite “estar más cerca de mí gente”

elical2004@yahoo.es

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