Mara Tekach: Cuba ahora es parte de mi vida

Mara Tekach: Cuba ahora es parte de mi vida

“A los cubanos amantes de la libertad, que me han ayudado con su espíritu y con su trabajo a ver claro el propósito del mío y hacerlo con placer, les doy las gracias”

Mara Tekach, Cuba, Represión
Mara Tekach (Foto archivo)

MIAMI, Estados Unidos.- El pasado primero de agosto Mara Tekach culminó dos años de trabajo al frente de la Embajada de Estados Unidos en Cuba, donde se desempeñó como Encargada de Negocios, el más alto cargo existente en la sede diplomática, que desde su establecimiento en 1977 funcionó como Oficina de Intereses, hasta que la administración del expresidente Barack Obama, en acuerdo con el régimen cubano, la convirtió en embajada formalmente el 20 de julio de 2015.

Tekach mantuvo una sistemática labor asistencial hacia las víctimas de la represión del estado a lo largo y ancho de la Isla, y en ultramar, lo que originó que el régimen cubano intentara descalificarle en varias ocasiones.

CubaNet conversó con la diplomática estadounidense sobre lo que significó trabajar durante dos años en una Cuba en la que el Gobierno viola constantemente los derechos humanos de sus ciudadanos.

—Cuando le notificaron su nombramiento como Encargada de Negocios de la Embajada de EE.UU. en Cuba ¿qué pensó y cuáles fueron sus expectativas? 

—Cuando supe que iría a La Habana confieso que tuve sentimientos encontrados. Por una parte, me entusiasmé con la idea de conocer mejor ese hermoso país, del cual quedé prendada en una corta visita anterior.

Pero por otra supe desde el inicio que serían dos años llenos de desafíos. Me dirigía a una nación donde se violan derechos básicos de la ciudadanía, y con una larga historia de antagonismo con los Estados Unidos.

Cuba no se parece a ningún otro país en el que he estado y, para mi sorpresa, desde que llegué encontré en cada uno de los cubanos a personas valientes, desafiantes ante la injusticia, amantes de la libertad, amigables y llenos de cariño hacia el pueblo de los Estados Unidos. Es por ello que me tracé como objetivo salir de mi oficina y acercarme a la gente, conocer al verdadero pueblo de Cuba.

—¿Qué fue lo que más le llamó la atención de la Isla?

—De Cuba lo que siempre me sorprendió más fue su gente. No se puede pretender apoyar a un pueblo que no se conoce. Viajé múltiples veces desde Pinar del Río hasta Guantánamo para conocerlos. Según mi cuenta, mis viajes acumularon varios miles de kilómetros, aproximadamente 6 u 8 vueltas a Cuba. Y puedo decir que cada minuto mereció la pena.

No viajé a Cuba para hacer turismo, fui a la Isla para fomentar el respeto por los derechos humanos y a servir a los ciudadanos estadounidenses. En mis viajes hice precisamente eso: dialogué con líderes de la oposición para conocer de primera mano sus propuestas; me reuní con periodistas independientes para aprender sobre las condiciones en que trabajan y reportan; escuché directamente de activistas de derechos humanos sobre la constante represión a la que son sometidos; visité proyectos comunitarios independientes y sostuve numerosas conversaciones con líderes religiosos de diferentes denominaciones.

Mi conclusión: los cubanos son increíbles, con historias diferentes, con distintas maneras de pensar y de vivir, pero todos valientes y comprometidos con su Patria. Su fuerza y su pasión por la libertad de Cuba me han inspirado en los esfuerzos que hago para ayudar a construir un futuro mejor para esta Isla que ahora es, también, parte de mi vida.

—Usted recorrió la Isla brindando consuelo y apoyo espiritual a los más reprimidos. ¿Cuáles fueron los momentos más significativos que recuerda?

—Fui afortunada de poder conocer a muchos cubanos valientes, amantes de la libertad y defensores de los derechos humanos. Y para mí, el saber que con frecuencia eran arrestados, acosados e incluso enviados a prisión me traía un gran pesar.

Es por ello que dediqué la conmemoración del Día de la Independencia de los Estados Unidos a todas las voces independientes de Cuba, las de antes y las de ahora. Y por ello me reuní con cuantos pude: visité a Eduardo Cardet tan pronto supe de su liberación; me reuní con Roberto Quiñones para brindarle mi apoyo moral días antes de que el régimen lo encerrase; acompañé a Guillermo del Sol durante su huelga de hambre; fui personalmente a solidarizarme con Nelva Ortega, la esposa de José Daniel Ferrer, cuando este fue injustamente detenido; conversé con docenas de líderes religiosos y escuché sobre sus desafíos; realicé encuentros con las Damas de Blanco y con presos políticos para conocer de primera mano sus experiencias. Almorcé frecuentemente con Martha Beatriz Roque, coautora de La Patria es de Todos.

Especialmente tristes son las regulaciones de viaje a cualquier cubano que se atreva a disentir. Y las multas amparadas bajo orwellianas regulaciones como lo son los decretos 349 y 370, que limitan el derecho inalienable a la libertad de expresión.

—¿Qué fue lo que más apreció de Cuba?

—Cuba es un país culturalmente muy rico. Y lo que más aprecié fue su resistencia. Recuerdo que, al poco tiempo de haber llegado, se aprobó el Decreto-Ley 349, y ver surgir grupos como el Movimiento San Isidro, comprometido política y artísticamente con la libertad de palabra y de creación, fue algo singular.

—Cree que la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos se puedan alcanzar en el futuro de Cuba. ¿De qué dependerán esos cambios?

—Recientemente, en una conferencia informativa, el Subsecretario Interino para Asuntos del Hemisferio Occidental, Embajador Michael Kozak, resumió muy bien la situación actual: En Cuba el régimen continúa reprimiendo al pueblo cubano mientras socava activamente la democracia en la región, ya que el sistema económico comunista nunca ha podido producir los recursos que necesita para alimentar a su propia gente. Por tanto, la estrategia de los Estados Unidos es clara y pública, si se pueden eliminar las fuentes ilícitas y artificiales de ingresos del régimen —subsidios de Venezuela, ingresos obtenidos a través de la trata de personas disfrazada de misiones médicas, monopolio del ejército sobre el turismo y las remesas, por solo citar algunos ejemplos— el Gobierno tendrá que enfrentarse al hecho innegable de que su propio modelo no funciona. Cuando no haya de donde sacar más dinero para los acólitos de régimen, dinero que nunca llega al pueblo, tendrán que hacer algunos cambios.

Ahora bien, el Embajador Kozak fue claro: los cambios que hagan serán los suyos propios, los cambios que proponga y necesite el pueblo cubano. Y el pueblo cada vez tiene una voz más fuerte. Estos dos últimos años han sido transformadores para Cuba y han probado la efectividad de las redes sociales.

Desde nuestros canales en Facebook y Twitter le hablé a los cubanos y a la comunidad internacional, acompañándolos en sus denuncias. No solo yo, el presidente Donald Trump y el Secretario de Estado Michael Pompeo también. Si tan solo uno de estos videos contribuyó a aliviar la presión, a cesar el acoso del gobierno, a permitir que las demandas fuesen escuchadas, me doy por satisfecha. Por tanto, cada cubano que habla en redes sociales, que denuncia injusticias, que rompe el cerco de la desinformación que quiere imponer el gobierno está contribuyendo al cambio. 

—¿Qué se lleva de Cuba?

—Quisiera pensar que guardarán un buen recuerdo de mí y del apoyo que intenté transmitirles como máxima representante del gobierno de los Estados Unidos en Cuba. A los cubanos amantes de la libertad, que me han ayudado con su espíritu y con su trabajo a ver claro el propósito del mío y hacerlo con placer, les doy las gracias.

Nunca olvidaré no solo esa Isla de contrastes, exuberante y luminosa, con un potencial limitado por un gobierno con un récord de más de 60 años de ineficiencias, sino sobre todo la naturaleza cálida del pueblo. Mi cariño por Cuba y por su gente me acompañará siempre.

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Katherine Mojena Hernández

Miembro de la dirección nacional de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) Promotora de la iniciativa Cuba Decide. Equipo a cargo de la dirección y edición del sitio web Cuba te Cuenta

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