Vuelven a detener a opositor santiaguero que salió de prisión gravemente enfermo

Evangelio Sánchez Alayo, de 64 años, teme que su detención lo lleve de regreso a prisión y deje desamparada a su madre de 94 años, a quien cuida pese a su delicado estado de salud.
Evangelio Sánchez Alayo, Santiago de Cuba, opositor
Evangelio Sánchez Alayo (Foto de la autora)

SANTIAGO DE CUBA.- El opositor Evangelio Sánchez Alayo, de 64 años, fue detenido este 28 de octubre y permanece en la unidad policial de La Maya, en el municipio de Songo-La Maya, Santiago de Cuba. El arresto ocurrió después de que compareciera ante el Tribunal Municipal Popular, citado en calidad de acusado de terrorismo y otros delitos, aproximadamente un año y seis meses después de recibir una licencia extrapenal que le permitió salir de prisión debido a su delicado estado de salud.

Residente en Alto Songo, Sánchez Alayo tuvo que trasladarse hasta La Maya, a unos seis kilómetros de su vivienda, para presentarse ante el tribunal. Debido a que tuvo que hacer ese trayecto a pie, llegó pasado el mediodía, aunque la citación estaba fijada para las 8:00 a. m. El documento, casi completamente ilegible, solo permitía distinguir su nombre, dirección, fecha de comparecencia y la causa número 15 de 2026. No se podía identificar con claridad quién había emitido el documento ni leer otros detalles sobre el procedimiento.

La citación estuvo precedida por varios días de búsqueda y hostigamiento policial. Según denunció el opositor, los agentes llegaron incluso a su vivienda y amenazaron a su pareja, una mujer con discapacidad del habla, a quien esposaron y presionaron para que revelara dónde se encontraba. Finalmente, consiguieron localizarlo y entregarle el papel para que acudiera al tribunal, donde terminó arrestado.

“Me tienen pisado, no me dejan vivir en paz. Traté de esquivarlos y fueron a mi casa a amedrentar a mi mujer, que es sordomuda, la esposaron y la presionaron”, declaró Sánchez Alayo a CubaNet minutos antes de presentarse.

“Tuve que ir a pie desde Songo a La Maya porque no tenía dinero ni para pagar el transporte. Yo soy un hombre enfermo, no puedo estar en esto. Es mejor morirse”, lamentó.

Evangelio afirmó que, de acuerdo con lo que le habían comunicado, la Seguridad del Estado en La Habana habría ordenado que volviera a ser citado por la misma causa. “No sé qué más quieren de mí, después de que casi me muero en prisión”, dijo.

El caso se remonta a noviembre de 2023, cuando dos hombres que se identificaron como cubanoamericanos acudieron a su casa, ubicada en Coronel Mejías número 47, en Alto Songo. Los visitantes buscaban a otro opositor de la localidad y Sánchez Alayo, convencido de que podían tener intenciones de ayudarlo, se ofreció a acompañarlos hasta la vivienda de la persona que buscaban.

Fue allí donde, según su testimonio, los dos desconocidos hablaron de realizar operaciones violentas contra el Gobierno cubano. Tanto Evangelio como el otro opositor rechazaron la propuesta, pues ambos defienden la lucha no violenta. Después de preguntar cómo llegar en transporte público hasta La Maya, los visitantes se marcharon. El opositor asegura que no volvió a tener contacto con ellos.

Al día siguiente, mientras descansaba en el parque central de Songo, un agente de la Seguridad del Estado lo detuvo y lo condujo a la estación policial. Durante el interrogatorio, un mayor lo acusó de haberse reunido con presuntos terroristas y le informó que aquellos hombres planeaban colocar explosivos, además de asegurarle que otras dos personas habían sido detenidas en La Maya. Sánchez Alayo comprendió entonces que podía haber quedado involucrado en una trampa de la policía política.

A partir de ese momento comenzó un prolongado recorrido por centros de detención y prisiones. Primero fue trasladado al centro de instrucción penal de Versalles, donde permaneció tres meses sometido a interrogatorios y presiones. Después pasó por las cárceles de Aguadores, Mar Verde y Boniato. Durante los 14 meses que estuvo encarcelado, no se celebró un juicio en su contra y, según denunció a este medio en julio de 2025, nunca le presentaron pruebas que demostraran su participación en los supuestos planes violentos.

Tampoco se conoció la identidad de los dos hombres ni se confirmó públicamente si las acciones que habrían anunciado llegaron a constituir un plan real.

La prisión agravó las enfermedades que ya padecía. Sánchez Alayo tenía diagnosticada una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) desde 2012, pero durante su reclusión contrajo tuberculosis y dengue en dos ocasiones. La tuberculosis le provocó un derrame pleural del lado izquierdo y un deterioro físico que lo llevó a perder casi la mitad de su peso. La debilidad muscular llegó a dificultarle incluso mantenerse en pie.

Su estado obligó a trasladarlo en varias ocasiones desde el hospital de la prisión de Boniato hasta el Hospital Dr. Ambrosio Grillo Portuondo, donde le practicaron pruebas médicas y le drenaron líquido del pulmón. Posteriormente fue llevado al Hospital Oncológico, donde una tomografía hizo sospechar inicialmente la presencia de una neoplasia. Aunque esa posibilidad fue descartada después, persistieron dudas sobre su estado de salud.

La licencia extrapenal llegó cuando el opositor se encontraba en condiciones físicas muy precarias. Regresó a casa desnutrido, con dificultades para caminar y una falta de aire constante, todavía convaleciente de la tuberculosis. Pero pese a su propia enfermedad, también debía asumir el cuidado de su madre, de 94 años.

Desde entonces, su recuperación ha transcurrido en medio de una situación económica difícil. Entre su pensión y la de su madre, dispone de menos de 3.000 pesos cubanos al mes, una cantidad insuficiente para cubrir las necesidades de ambos. Su condición médica tampoco le permite trabajar para obtener otros ingresos. Aun así, durante los últimos meses había logrado recuperar algo de peso y mostraba una mejoría respecto al estado en que salió de prisión.

Sin embargo, la nueva detención interrumpe ese proceso de mejoría y vuelve a exponerlo a un entorno en el que su salud se deterioró hasta poner en peligro su vida. Después de 14 meses encarcelado sin juicio, el opositor regresa a custodia policial por una causa que, insiste, nunca estuvo respaldada por pruebas.

Ahora teme dejar nuevamente sola a su madre nonagenaria y enfrentar un nuevo período de reclusión que agrave las secuelas de las enfermedades que contrajo en prisión, a un punto que no pueda resistir.

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