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Buscan a vándalos que prendieron fuego a la boya de las 90 millas entre Cuba y EE. UU.

Boya de Cayo Hueso

MIAMI, Estados Unidos. – La Policía de Cayo Hueso, en Florida, busca desde el pasado sábado a dos hombres sospechosos de prender fuego a un árbol navideño colocado frente a la icónica estructura en forma de boya, que marca las 90 millas entre Estados Unidos y Cuba, según informó este lunes la agencia de noticias EFE.

La boya, que se promociona a los turistas como el punto más meridional de Estados Unidos continental, sufrió un extenso daño debido al fuego.

De acuerdo con la Policía local de Cayo Hueso, el hecho ocurrió poco después de las 3:00 de la madrugada del sábado.

El fuego dañó la estructura de cemento con franjas negras, blancas, rojas y amarilla. Las llamas fueron apagadas por los bomberos locales, pero la icónica construcción en forma de boya frente a la costa sufrió un extenso daño, de acuerdo con las autoridades, precisó EFE.

La famosa estructura tuvo que ser restaurada en 2017 tras sufrir daños por el paso del huracán Irma. El artista Danny Acosta fue el encargado de su restauración.

De acuerdo con EFE, el mojón que marca las 90 millas entre Estados Unidos y Cuba fue erigido por la ciudad de Cayo Hueso en 1983, después de que otras pequeñas señales para denotar el lugar fueran robadas.

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Denuncian amenazas y vandalismo contra animalista cubano Javier Larrea Formoso

Javier Larrea Formoso, Cuba

MIAMI, Estados Unidos. ─ Especialistas del Derecho Animal de la región denunciaron las manifestaciones de repudio contra el activista del movimiento animalista en Cuba, Javier Larrea Formoso, quien, este martes, fue víctima de actos de vandalismo en su domicilio en la ciudad de Santa Clara.

El apoyo a Larrea Formoso fue hecho público a través de una declaración apoyada por la Red para el compromiso democrático en América Latina (Demo Amlat), la asociación civil Pájaros Caídos y el Proyecto Gran Simio. El documento señala que la intimidación contra miembros del movimiento animalista tiene por objetivo el cese de los reclamos hacia el régimen de la Isla.

“Este tipo de actitudes, de tinte mafioso e intimidatorio, lamentablemente son frecuentes contra los activistas independientes en la Isla y, a lo largo del proceso que llevó a la aprobación del Decreto-Ley sobre Bienestar Animal, se ha constatado que las mismas tienen como objetivo frenar la actividad y los reclamos que surgen desde la sociedad civil hacia el gobierno cubano”, indica el comunicado.

Los firmantes de la declaración expresaron su preocupación por la integridad de Javier Larrea Formoso y su familia, así como por el resto de los activistas que colaboran dentro del movimiento animalista independiente en la Isla.

Este martes, el joven fue amenazado y su domicilio vandalizado. El móvil del hecho fue su activismo contra las peleas de gallos, muy populares en la región central de Cuba.

Los perpetradores del acto vandálico dejaron un gallo muerto en el portal de la vivienda de Larrea Formoso, con una nota donde se leía: “Si sigues comiendo p… y eliminan las peleas de gallos, te la vamos a arrancar…”.

“Envenenan mis perros, roban en mi casa, me mandan mensajes amenazándome y hoy sucede esto. Se ha llegado muy lejos. ¿Qué toca mañana? ¿Mi muerte o la de alguien de mi familia?”, escribió el activista en su perfil de Facebook.

A inicios de febrero, Larrea también denunció el envenenamiento de sus perros. “¡En esta ciudad llevan días envenenando animales! ¡Tienen que pagar por esto, estoy cansado ya!”, denunció el joven a través de un video colgado en redes sociales.

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Revisionismo a la sombra de actos vandálicos, ignorancia y olvidos inexcusables

Cristóbal Colón, Estados Unidos, Miami, Vandalismo, Historia

Cristóbal Colón
Monumento de Cristóbal Colón en Miami (Foto: Twitter)

MIAMI, Estados Unidos. – El movimiento de protestas que se produjo con particular fuerza tras la muerte de George Floyd derivó hacia una no menos violenta reacción contra monumentos y estatuas históricas enclavadas en diferentes ciudades de Estados Unidos. En un principio los ataques parecían estar directamente vinculados al problema racial que provocó el episodio de Minneapolis. De los hechos verbales contra las figuras representadas, se pasó a la acción. Pintadas, daños materiales y desmontaje de varias de estas, en una escalada sin precedentes.

El ensañamiento contra los monumentos dedicados a sudistas defensores de la esclavitud como modo productivo, derivó en una purga revisionista a la que no escaparon ni los Padres de la Nación norteamericana. Washington, Jefferson y hasta Lincoln quedaron signados con el mismo estigma de racistas y esclavistas. Y tras el destrone escultural de Andrew Jackson, Ulysses S. Grant o Jefferson Davis les llegó el turno a Cristóbal Colón (en la mira reivindicacionista desde hace un tiempo), Ponce de León y al misionero franciscano Fray Junípero Serra. El clímax se produjo con la decapitación de un busto de Miguel de Cervantes y el vandalismo contra un conjunto que reúne al escritor castellano y los personajes de su obra cumbre. Las figuras en bronce de Don Quijote, el fiel Sancho y el autor que les dio vida, fueron embarradas con pintura roja y adornadas con sugerentes símbolos célticos.

Una visión sobre esta asonada de corte fundamentalista parece querer abrir cuestionamientos sobre el racismo y el colonialismo, dos realidades vinculadas indisolublemente en las raíces fundacionales americanas. Hechos terribles que cimentaron la historia del Nuevo Mundo, pero que paradójicamente dieron lugar a la cultura singular que nos distingue de otros pueblos y gentes. Una cosa es juzgar el pasado con sentido racional y otra es querer enmendarlo a golpe de mandarria y pintura. Ni siquiera se justifica la remoción oportunista de estatuas confederadas, acción que en no pocos eventos fue dirigida y acompañada por autoridades políticas locales y nacionales, quienes en vez de alzar su voz para llamar al orden y a la cordura, se sumaron a la orgía destructiva.

Y es que la historia no debe, ni puede, ser tomada como pretexto del desenfreno de quienes dicen ser portadores de reclamos sociales por más justos que estos sean. Si de algo puede ser útil el análisis de los males ocurridos en tiempos pretéritos, no es para remover páginas, prohibir o restringir libros, documentos, películas y sacar de sus pedestales a los protagonistas de ese pasado, por más sombras, manchas y atrocidades que contenga. No se puede pretender hacer justicia histórica destruyendo el material que nos remite a ella, por dolorosa que pueda ser la referencia. Es insostenible querer saldar cuentas con aquellos que en su tiempo formaron parte de una sociedad esclavista destruyendo sus estatuas. Insensato cuando el ajuste hace recaer su fuerza irracional sobre Colón y quienes le siguieron en la exploración y conquista de tierras americanas. Insólito si se incluye a Miguel de Cervantes, exponente principal de la cultura hispana.

Pero el boom de la remoción de monumentos no es exclusivo de Estados Unidos. Sus efectos han rebasado las fronteras territoriales norteamericanas. Radicales de todos los extremos emulan en un extraño movimiento donde fanatismo e ignorancia andan de la mano.  El hecho más reciente recoge la frase “Pescado racista” escrita en la base de la emblemática sirenita que adorna el puerto de Copenhague. En España una representante del Partido Unidas Podemos pidió que la estatua de Junípero Serra erigida en su ciudad de Palma de Mallorca fuera sometida al mismo destino que su par en California. En Londres el monumento a Winston Churchill desapareció dentro de una caja metálica a manera de protección contra amenazas de ataques. En Bélgica se acordaron de que Leopoldo II reinaba cuando el Congo aparecía en los mapas con el nombre del país europeo añadido. Por su parte las redes transmiten frases relativas a una especie de enaltecimiento de la barbarie. “El vandalismo es bueno”, “Yo amo el, vandalismo”, por citar algunas. Paradójicamente la última fue escrita en la fachada de un local donde se reparten alimentos entre necesitados, víctimas del coronavirus en el barrio madrileño de Lavapiés.

Hace algunos años el mundo occidental se espantaba con las noticias que traían las imágenes destructivas de los talibanes afganos. Con impotencia veían como los radicales religiosos, apoyados en su momento por ese mismo occidente, aniquilaban con dinamita los budas de Bamiyan. Años después el radicalismo islámico repitió la dosis en Siria e Irak, donde los fanáticos de ISIS destruyeron a golpe de mazo o explosivos piezas de valor inapreciable para la cultura universal. Correspondería hacerse la pregunta sobre la justeza, desde la visión fundamentalista islámica, si estos actos destructivos se justifican por el hecho de que las figuras y monumentos arruinados contradicen su credo y manera de ver la realidad. Incluso cuando no pocas de ellas refieren a un pasado relativo a conquistas, guerras y muerte relacionadas con Europa, el cristianismo, y otras civilizaciones cercanas que han confrontado al mundo árabe y que en muchos casos han incidido negativamente y con crueldad en esas regiones. La respuesta no puede ser otra que la negación ante lo que en verdad es un acto terrorista con todas sus implicaciones.

Pero si es justo señalar los lodos que hoy nos preocupan, bueno también es no olvidar los polvos que les precedieron. Ocurre con la incoherencia de posturas ante hechos similares que en otro contexto no suscitaron el rechazo debido. Ocurrió con la vandalización de bustos martianos en Cuba, bajo la excusa de reclamos políticos contra el gobierno.  Y mientras algunos ayer aplaudían las acciones de un dudoso movimiento enmascarado con identidades clandestinas y anónimas, ahora condenan a los que hacen algo parecido desde otras perspectivas. No es el único ni el peor de los casos. No hace tantos años el nacionalismo ucraniano emprendió una escalada destructiva contra monumentos relacionados a la época soviética que terminó incluyendo a destacados escritores rusos. Pushkin y Gogol, entre otros, sufrieron ataques e incluso sus obras quemadas. Pocas condenas se elevaron entonces. Tan solo algunas reacciones cuando se promovió el culto a figuras tan despreciables como el pronazi Estefan Banderas.

De polvos y lodos removidos de manera poco conveniente también puede hablarse en estos días en el Monte Rushmore, escenario escogido para el discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el pasado 4 de julio. Trump aprovechó la ocasión para arremeter contra los profanadores de monumentos, condenando su acción y prometiendo duras leyes para este tipo de actos. Tal vez en el trasfondo de sus palabras pesaba la petición hecha por Julian Bear Runner, presidente de los Oglala Sioux, para que se removieran las tallas de los padres fundadores de Estados Unidos erigidas en aquel sitio o los ecos de las voces que hablan de hacer saltar por los aires esas figuras. La advertencia presidencial es procedente. Pero no el lugar en el que se hizo teniendo en cuenta que la monumental escultura, visitada y admirada por expresidentes, candidatos presidenciales y variadas personalidades; tiene como precedente un acto de expolio y vandalismo realizado contra un lugar sagrado de los pueblos nativos norteamericanos cuando la vida de un “indio” valía menos que la de un bisonte. Incluso que la de un esclavo negro o un chino “coolie”.

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Vandalizan estatua de Colón en Miami con la hoz y el martillo, símbolo comunista

Cristóbal Colón, Estados Unidos, Miami, Vandalismo, Historia

Cristóbal Colón
Foto Twitter

MIAMI, Estados Unidos.- Este miércoles, manifestantes que protestaron en el centro de Miami contra la violencia policial y el racismo vandalizaron una estatua del almirante Cristóbal Colón, ubicada en el Bayfront Park, reportó el diario El Nuevo Herald.

De acuerdo con esa publicación, los manifestantes aseguraron que el navegante genovés tenía “sangre en sus manos” y procedieron a vandalizar su estatua. Pintaron sus manos de rojo, como una metáfora de la sangre, escribieron el nombre de George Floyd en el pedestal de la escultura y también dibujaron la hoz y el martillo, un símbolo que representa al comunismo.

Además, tras la protesta, el pedestal quedó marcado con las letras “BLM” (de Black Lives Matter o Las vidas negras importan, en español).

Las manifestaciones generadas en todo el país a raíz del asesinato del ciudadano afroestadounidense George Floyd, a manos del policía Derek Chauvin, en Minnesota, también han sacudido a Miami-Dade en la última semana. El toque de queda decretado por el alcalde del condado, Carlos Giménez, para evitar saqueos y otros disturbios se mantuvo hasta el pasado domingo.

La protesta de este miércoles comenzó en la icónica Torre de la Libertad y culminó con la vandalización de la estatua de Colón, un acto que se ha repetido a lo largo del país desde que comenzaron las manifestaciones contra el racismo.

De acuerdo con El Nuevo Herald, este miércoles las autoridades policiales arrestaron a cinco de los manifestantes presuntamente involucrados en los actos de vandalismo, quienes, a su vez, acusaron a la Policía de “golpear brutalmente” a los presentes.

Otras estatuas de Cristóbal Colón han sido vandalizadas en Richmond, Virginia; y en Boston.

Durante las protestas, las multitudes y los activistas por los derechos civiles han exigido cambiar el Columbus Day o Día de Colón (Día de la Raza) por el Día de los Pueblos Indígenas, puesto que la llegada del almirante genovés a América marcó el inicio del genocidio contra las poblaciones autóctonas.

Floyd murió en Minnesota el pasado 25 de mayo, después que Chauvin le oprimiera el cuello por ocho minutos y 46 segundos. Tras el hecho, que fue grabado y se viralizó en redes sociales y medios de comunicación, las protestas estallaron en las principales ciudades del país.

A la vez, tuvieron lugar saqueos, incendios y violentos enfrentamientos entre la policía y los manifestantes. El presidente Donald Trump amenazó con sacar el Ejército a las calles y ordenó dispersar una manifestación frente a la Casa Blanca con gases lacrimógenos y balas de goma.

Floyd fue sepultado a inicios de esta semana, tras multitudinarios sepelios en tres de las ciudades donde vivió o creció. Por su parte, Derek Chauvin y los otros tres oficiales involucrados en el asesinato fueron acusados de varios cargos, entre ellos, homicidio en segundo grado.

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Vándalos

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Saqueo a supermercados, una imagen que se ha repetido durante las últimas semanas en algunos países de A.L. (foto: RTVE)

MIAMI, Estados Unidos. – Ahora le tocó el turno a Colombia. Antes había ocurrido en México y en Chile. Los vándalos han destruido una buena parte de Santiago de Chile. Se ensañaron con el sistema de transporte público. Más de dos docenas de estaciones fueron carbonizadas. Esas acciones afectan directamente a los trabajadores más pobres y a las empresas en las que laboran. No pueden llegar a tiempo a sus trabajos. Es verdad que los Estados suelen recoger rápidamente los escombros, pero la indignación contra los vándalos tarda mucho tiempo en disiparse. Mucho más que la humareda de los incendios.

Indirectamente, los vándalos perjudican a toda la sociedad. Los daños infligidos al sector público significan menos servicios de los ya pautados en los presupuestos. Menos comedores escolares. Menos salud y educación. Menos recursos para los pensionados. Menos parques y recreos. Menos inversión. Menos puestos de trabajo. Menos crecimiento. Tal vez, más impuestos para paliar los destrozos. No hay un solo aspecto positivo en el vandalismo, dado que la sociedad suele tomar en cuenta estas actitudes a la hora de las elecciones. Les suelen cobrar en las urnas tanto a las izquierdas suicidas que auspician los desmanes –los Petro de este mundo—como a los gobernantes que no afrontan con firmeza a los vándalos.

Curiosamente, los vándalos originales fueron parte de unas tribus germánicas que entraron en Iberia a principios del siglo V y dejaron su huella genética en Galicia y Andalucía. Los españoles altos, rubios y bien plantados, de ojos azules o verdes, provienen de ese tronco remoto. La fama de destructores es muy posterior. Proviene del saqueo a Roma del año 455, pero no fue hasta el siglo XIII que los escritos eclesiásticos acuñaron la siniestra equivalencia entre los saqueadores y los vándalos. Sin embargo, aquellos vándalos, los originales, actuaban fuera de su territorio. No se les ocurría destruir el entorno propio.

¿Por qué lo hacen estos nuevos vándalos? Evidentemente, porque les gusta quemar y destruir lo que no les pertenece. Hay algo hipnótico y atrayente en el fuego. Por eso la piromanía es un fenómeno universal. El origen puede ser político, pero la mano de obra que se dedica a ello suele estar compuesta por jóvenes que disfrutan el golpe de adrenalina que les recorre el organismo. Son esclavos de los neurotransmisores que controlan nuestra conducta, como estableció muy bien el antropólogo español José Antonio Jáuregui. Especialmente cuando sabemos que el cerebro no madura hasta, aproximadamente, los 25 años de edad.

¿Cómo enfrentarse a estos destructivos ciudadanos? A mi juicio, con mano dura y justa. Tal vez modificando los códigos penales. No basta con solicitarles a las abuelas que castiguen a sus nietos vándalos, como pedía Andrés Manuel López Obrador (AMLO), presidente de México. La sociedad, representada por el Estado, debe hacerlo. ¿Cómo? Acaso responsabilizando a los culpables ante tribunales severos. Si son menores de edad, haciendo que las familias abonen los gastos de la destrucción efectuada por estos canallitas. Creo que algunos pueblos asiáticos tienen medidas de ese tipo que deben imitarse.

Recuerdo el caso de un empresario español, molesto por el grafiti dejado en la fachada de su negocio por un “artista” callejero, averiguó donde vivía el sujeto, fue a su casa y la pintarrajeó con botes de pintura indeleble. El grafitero aprendió la lección y nunca más perjudicó los predios del vengador en cuestión. De paso, la familia, muy disgustada, tuvo que abonar cientos de euros por el costo de repintar su vivienda.

Es muy importante que esas reformas de las penas y castigos se lleven a cabo. Así se evitaría, entre otras anomalías, el ruido de sables que suele terminar muy mal. O las reformas penales las hacen los políticos sensatos, o se las hacen a la fuerza los generales con el beneplácito inicial de las sociedades. Después llega el momento de llorar, pero el origen está en los vándalos y en la pasividad de los gobiernos que los toleran.

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Destrozos en Plaza Cuatro Caminos dejan 7 000 dólares en pérdidas

Cuatro Caminos

Captura de pantalla de imágenes captadas dentro del Mercado de Cuatro Camino (Foto: Cubadebate)

MIAMI, Estados Unidos. – Los destrozos ocurridos el pasado sábado en el Centro Comercial Plaza Cuatro Caminos habrían repercutido en pérdidas de unos 7 000 dólares para el régimen cubano, aseguró este martes el portal oficialista Cubadebate.

Un artículo firmado por el director de ese medio, Randy Alonso, revela que entre las áreas más afectadas de la instalación se encuentra el primer piso, específicamente, la zona dedicada a la venta de alimentos y aseo personal.

El peritaje de los daños identificó latas perforadas y cajas abiertas de productos cuyo contenido fue arrojado al suelo. Otros de los víveres fueron medianamente ingeridos en el propio local, robados o lanzados al aire.

“Entre los daños económicos provocados a la instalación se cuentan la rotura de tres puertas enrollables, un paño de puerta de cristal y barreras de circulación estimando un costo de más de 2.000 USD. Mientras que desde el punto de vista comercial se han incurrido en pérdidas de aproximadamente 5. 000 CUC”, señala el medio oficialista, que abunda en datos ofrecidos por la corporación CIMEX.

El conductor del espacio Mesa Redonda calificó lo sucedido en Cuatro Caminos como un hecho de “vandalismo, indisciplina, robo e indecencia perpetrados por personas inescrupulosas”.

Alonso también llamó a las autoridades de la isla a aplicar la justicia “con todo el rigor” contra aquellos implicados en los hechos de vandalismo. Asimismo, abogó porque a las personas detenidas por los “execrables hechos” paguen por los cuantiosos daños ocasionados.

“No puede haber mano suave cuando se trata de la tranquilidad de nuestro pueblo y del cuidado de la propiedad social”, agregó.

El artículo añade que en el segundo piso del centro comercial fueron derramadas pinturas, y sustraídos del local plásticos, alfombras, ajuares de casa, tomacorrientes, productos de cerrajería, entre otros.

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La galopante locura de América Latina

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Disturbios en Chile (foto: BBC)

LA HABANA, Cuba. – Cual si se tratara de un homenaje a la Revolución de Octubre de 1917, la chispa de la violencia se encendió recientemente en varios países de América Latina, avivada por partidos de corte socialistoide en cuyas manos el descontento popular termina siendo material inflamable. El panorama regional se ha tornado convulso, mientras la izquierda continental enfurece su retórica anarquista, respaldada por una prensa tendenciosa que victimiza a catervas de delincuentes, presentándolos como estudiantes y trabajadores oprimidos por el statu quo.

Para algunos, las revueltas responden a un intento desesperado de revivir el decadente proletarismo latinoamericano, especialmente ahora que se agitan los vientos de impeachment en Estados Unidos para destituir a Donald Trump. La inestabilidad en el área y la permanencia de Maduro en el poder a pesar de las sanciones, pudieran afectar los números del republicano de cara a las elecciones de 2020; así que no es de extrañar que la izquierda esté dispuesta a recuperar terreno, aunque deba emplear para ello métodos terroristas.

Varios expertos que han abordado el tema de las protestas en Chile —el país más próspero de América Latina — critican la inopinada disculpa ofrecida por el presidente Sebastián Piñera a la ciudadanía, que no ha hecho sino animar a los criminales que destruyeron bienes públicos, pagados con el dinero de los contribuyentes. El recuerdo de la dictadura de Pinochet y el temor de contaminar la democracia actual con métodos de un pasado más severo, se han conjugado para que una masa de vándalos enardecidos se crea con el derecho de exigir hasta la renuncia del mandatario.

Las revueltas en Ecuador y Chile, la ingobernabilidad de Perú, la beligerancia del régimen venezolano y las constantes macarronadas de Bolsonaro a la cabeza del gobierno brasileño, han agravado el contexto de fragilidad e incertidumbre que enmarca a las democracias latinoamericanas, maniatadas por sus propias leyes ante un comunismo pendenciero que no obstante su mala fama, ha conseguido anotarse pequeñas victorias simbólicas, suficientes para un engendro ideológico que vive de vender discursos y utopías.

Ante el inmovilismo de los gobiernos de América Latina ha ocurrido lo impensable: Venezuela se hizo con un escaño en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, a pesar del informe presentado este mismo año por la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michel Bachelet, en el cual fueron denunciados 7 mil asesinatos extrajudiciales, además de torturas, violaciones, secuestros y represión violenta contra opositores a la dictadura de Nicolás Maduro.

El hecho, además de ofensivo, absurdo y peligroso, enloda el carácter de una institución nacida para velar por la paz y el respeto a los derechos civiles en el continente. Resulta insensato que una dictadura que ha asesinado a manifestantes en plena calle, ocupe un puesto que la acredita como defensora de las garantías civiles. Tamaño dislate constituye una bofetada en la cara de los cincuenta gobiernos que han desconocido a Maduro, y una afrenta a los presos políticos, los millones de emigrados y las familias venezolanas que continúan viviendo en la miseria.

La campaña impulsada para deshacer el entuerto siembra más dudas que esperanzas; mientras se debilita la credibilidad de las instituciones democráticas y la confianza de los ciudadanos de bien, que ven con espanto e incredulidad cómo ceden los presidentes ante las exigencias de una escoria respaldada por la izquierda más reaccionaria.

Tan envalentonada está Venezuela, que Diosdado Cabello reconoció públicamente el soplo de una “brisita bolivariana” en países vecinos. Poco le faltó para adjudicarse la autoría “intelectual” de acciones propias del crimen organizado, que como tales deberían ser castigadas.

El chavismo es un delincuente arrinconado que no tiene nada que perder y no dudará en arriesgarse a desestabilizar América Latina. Para ello dispone de soldados desechables en cada rincón del cono sur (jóvenes adoctrinados, indigentes, drogatas, ex convictos), que por un jornal o puro idealismo irracional, son capaces de incendiar un país. Esa es la esencia de la izquierda actual, y hacen muy mal las democracias latinoamericanas en no mostrarla tal cual.

Ojalá estos lamentables sucesos solo hayan sido un “mal de octubre”; exabruptos de un socialismo fracasado que no puede medir su equivocada estrategia de expansión estatal y subsidios con los beneficios que aportan el libre mercado y la empresa privada. Sin embargo, no dejan de ser alarmantes tanto el repunte de la violencia popular como las frecuentes apariciones de mandatarios de una u otra filiación política junto a altos oficiales del Ejército; un detalle que pudiera enviar el mensaje equivocado a las sociedades latinoamericanas, atrapadas entre el debilitamiento de la democracia, el radicalismo de izquierda y el fantasma de las dictaduras militares que tanto mal provocaron en toda la región durante la segunda mitad del siglo XX.

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Reportan acto de vandalismo contra familia opositora en Las Tunas

Embargo, Puerto Padre, Las Tunas

Puerto Padre (Las Tunas)

PUERTO PADRE, Cuba. – Otro acto vandálico, esta vez en Puerto Padre, acaba de sufrir el matrimonio formado por los jóvenes Lariuska Molina Enamorado y Eliécer Góngora Izaguirre, padres de dos niños.

Lariuska y Eliécer, quienes integran la opositora Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), residían en el municipio Jobabo, donde su vivienda ya había sido objeto de actos vandálicos. Sin embargo, ahora, menos de una semana después de haberse mudado para Puerto Padre, su vivienda volvió a ser atacada por los bandidos.

Según Lariuska, en la noche del pasado viernes ella se encontraba sola con sus dos niños en la casa, pues su esposo viajó a Santiago de Cuba. Pasadas las 12 de la noche, la vivienda quedó sin corriente. Dos horas después, Molina escuchó ruidos afuera y unos toques en la puerta del fondo de la casa. Al amanecer, se encontró el portal todo lleno de sangre con un ramo de flores blancas.

El acto vandálico no se limitó a la amenaza de muerte mediante la alegoría de la sangre y el ramo de flores. La tubería plástica, unos 14 metros de manguera que suministraban agua a la propiedad, había sido arrancada de cuajo y robada. Y el agua almacenada en la cisterna, contaminada con petróleo.

“¡Abajo Fidel y Raúl! Libertad para Cuba. ¡Abajo la dictadura!, escribí en la pared del portal con la misma sangre que ellos echaron allí”, dijo Lariuska Molina, como si no estuviera sola con sus niños, lejos de su familia y recién llegada a otra ciudad. Una mujer sola había ganado la batalla a la horda de vándalos.

“Todos los que pasaban era mirando para acá, mirando los letreros que escribí”, dijo.

“Yo escribo todo eso como a las siete de la mañana y pasadas las nueve vino un grupo de trabajo comunitario. Era la directora de la escuela donde matriculé a los niños, la maestra de segundo grado y la directora del pre (universitario). “Me dicen que aquello afectaba a los niños, que no estaba bien lo que yo había escrito, que me iban a ayudar a limpiarlo todo, y les pregunto ¿y esto que han hecho aquí está bien?”

Concluida la ¿operación limpieza?, sobre las diez de la mañana la directora del preuniversitario acompañó a Lariuska a la policía, para formular la denuncia de lo ocurrido.

“Burlonamente, el policía que tomó la denuncia me pregunta: ¿Quién tú crees que es el responsable de todo esto? A lo que le respondo: Por supuesto, aunque usted no lo crea o lo ponga ahí, esto es obra de la policía política a la que ustedes llaman Seguridad del Estado. ¿Por qué tú crees eso?, me dice. Y le contesto: Porque no es la primera vez que lo han hecho”, narró Lariuska.

La denuncia fue formulada sobre las 10 de la mañana y la policía no se persono en el lugar del hecho hasta pasadas las cuatro de la tarde. Y cabe preguntarse: ¿Qué acciones de instrucción (técnico-criminalísticas) pudo hacerse en una escena en que tres o cuatro mujeres la atacaron con recipientes con agua?

Técnicamente, en este acto de vandalismo concurre un delito de violación de domicilio agravado, por ejecutarse de noche y empleando intimidación en las personas; ocurre un delito de amenaza, para infundir a la víctima un serio y fundado temor; se produce un robo con fuerza, empleada sobre la cosa misma, la instalación hidráulica sustraída; hay un delito de daños, al verter petróleo en agua de consumo humano; concurriendo en todos esos delitos circunstancias agravante de la responsabilidad penal. Y que quede claro: serían autores de esos delitos, junto con los que los ejecutaron por sí mismo, los que organizaron el plan y la ejecución de ellos, que, en todo caso, son los que determinaron a otros penalmente responsables a cometer esos crímenes, según establece el artículo 18, incisos b) y c) del Código Penal cubano.

Y claro está: se estaría produciendo un delito de prevaricación, artículo 139 del Código Penal vigente, si “el que, faltando a los deberes de su cargo, deje maliciosamente de promover la persecución o sanción de un delincuente”.

“Yo soy el jefe de la seguridad del Estado aquí en Puerto Padre, y ahora es que me acabo de enterar”, dijo alguien a Lariuska, mientras aguardaba para formular la denuncia.

El desconocimiento del “jefe de la seguridad del Estado aquí en Puerto Padre” es incongruente con el conocimiento de quien dijo a Vilma Izaguirre, suegra de Lariuska, ser “jefe de la seguridad del Estado de la provincia (Las Tunas).

Según Lariuska, su suegra le dijo que el citado oficial le había dicho, tratando de persuadirla, que hablara con su hijo (Eliécer) para que no continuara en Puerto Padre y regresara a Jobabo.

“¿Y cuál es tu postura, ahora qué ustedes van a hacer?”, pregunté a Lariuska.

“Mire, si ellos piensan que con estos ataques nos van a rendir o intimidar, están muy equivocados. Por el contrario, estos ataques nos fortalecen más en la lucha, estos ataques nos muestran la razón de por qué estamos luchando”, dijo Lariuska.

Mientras la joven hacía esa afirmación, al oído, su niña, larguirucha y sonriente, cuchicheaba que iba a hacer una ensalada de tomates. Entonces pensé que con mujeres y niñas así, todo no está perdido en Cuba. Pese al crimen, todavía quedan esperanzas. 




¿Accidentes o sabotajes? Cuba huele a “quemao”

Cuba cada vez más huele a “quemao”

LA HABANA, Cuba.- El año empezó caliente cuando el 12 de febrero un pequeño incendio en la Feria del Libro, en la Cabaña, puso a correr a los visitantes. Ese pudiera ser el preámbulo de lo que vendría hacia la mitad del 2018, sobre todo en mayo con la caída del avión en Boyeros. El 4 de junio se incendian los almacenes San José en el Puerto de La Habana; el 11, fuego en el Pediátrico del Vedado y a los días un hospital en Sancti Spíritus, un café en los bajos del edificio Focsa, así como el martes 17 de julio, en la tarde, ardería el Instituto Nacional de Oncología.

Por el camino, actos de vandalismo en las calles y accidentes de pirotecnia en festejos populares. ¿Qué está sucediendo?

No sería necesario sumar a la lista otro incendio o desastre más para estimar que la cosa “está que arde”. Pudiera decirse que los movimientos recientes en el gobierno, sin llegar a ser verdaderos “cambios”, han elevado la temperatura ambiente y que los fuegos y humaredas comienzan a formar parte del paisaje insular, quizás como señal de algo que, sin dejar de ser un misterio para la mayoría, incluida la prensa oficialista, para nada es sobrenatural.

Apenas se estrenaba en su papel el nuevo “presidente” cubano cuando la caída de una nave rentada por Cubana de Aviación, con itinerario Habana-Holguín, enlutaba a la isla y a la vez ponía en una situación difícil al vicepresidente Salvador Valdés Mesa, quien el día anterior había aparecido en televisión visitando las oficinas centrales de Cubana donde los directivos lo ponían al día sobre los “avances” en el sector.

Sin embargo, las cosas malas no quedaron ahí y en menos de cien días se ha podido conocer de otros “accidentes” que pudieron haber cobrado numerosas vidas.

Si el mes de mayo estuvo más caliente que lo normal, junio no dio señales de enfriamiento. El día 25 se incendió la planta telefónica de Villa Clara, precisamente en el territorio natal de Miguel Díaz-Canel y el mismo donde este alcanzó relieve nacional cuando fue Primer Secretario del Partido Comunista en la provincia.

Aunque el informe oficial del Ministerio del Interior, publicado parcialmente en la prensa gubernamental, dijo que el siniestro de ETECSA se debió a “una falla eléctrica por resistencia transitoria en los empalmes de los conductores que alimentaban una de las dos consolas de aire acondicionado”, pocos saben por qué motivo no revelado fue creada recientemente, por orden de Raúl Castro, una “comisión especial” para continuar las investigaciones, según ha informado a CubaNet una fuente del Gobierno.

Otra fuente consultada al respecto asegura que, entre las hipótesis planteadas no se ha descartado la intencionalidad, total o parcial, tanto en el caso del incendio de Villa Clara como en el desastre aéreo, por el cual permacen en prisión, bajo investigación, al menos una decena de personas involucradas directamente en el suceso o en la contratación de Global Air.

También se habla de al menos cuatro oficiales del propio Ministerio del Interior detenidos bajo diversos cargos que irían desde negligencia hasta alta traición debido a actos conspirativos y desestabilizadores, motivados por descontento e inconformidad con los más recientes cambios.

No obstante, si la caída del avión en mayo pasado fue suficiente para poner en crisis al gobierno cubano, la destrucción de los servidores de ETECSA en Villa Clara, según indica una de las fuentes, vino a complejizar el asunto más allá de lo que pudo mostrar la prensa, en tanto buena parte de los canales de comunicación usados por el gobierno, incluido el propio Ministerio del Interior, se vieron interrumpidos durante varias horas, al punto que la contingencia fue tratada como situación de guerra, lo que llevó a reforzar la seguridad alrededor de las principales figuras del Partido Comunista.

Pudiera llamar la atención el hecho de que, a pesar de que ya para algunos miembros de la  propia comisión especial resultarían evidentes las maniobras desestabilizadoras provenientes de facciones descontentas dentro del propio gobierno, ni siquiera se ha hecho una alusión manipulada o manipuladora del asunto en las intervenciones públicas de las principales figuras del gobierno, quizás para no propagar señales de inestabilidad hacia el exterior, en un contexto politico-económico ya de por sí inseguro.

Si el desastre aéreo tuvo un reflejo negativo inmediato en la economía, al verificarse una leve caída en el flujo de visitantes extranjeros, quizás espantados por la inseguridad de los vuelos domésticos, las pérdidas económicas relacionadas directa o indirectamente con el asunto hoy ya suman más de 300 millones de dólares, una cifra que continuará incrementándose durante todo el 2018 y a la que habrá de sumarse las pérdidas millonarias por los incendios en Villa Clara, así como en los tres hospitales, una cantidad que ocupará buena parte del presupuesto del Estado en la recuperación de lo perdido y que, por tanto, perjudicará otros planes de crecimiento económico, lo que se traducirá en más pobreza y descontento popular, un cuadro que algunos, quizás desde la sombra y con fuego en la mano, han pintado complicadísimo para cualquiera.




SOS: El Morro de La Habana corre peligro

LA HABANA, Cuba.- Es, por sobre todas las demás construcciones, el símbolo de la ciudad, y su icónica silueta ha sido integrada en centenares de marcas comerciales en todo el mundo, mucho más que el Capitolio o el Castillo de la Real Fuerza con su Giraldilla, otras dos edificaciones consideradas también como parte de ese imaginario de La Habana de todos los tiempos.

Comenzada su construcción a finales del siglo XVI, por orden de los reyes de España, el castillo de los Tres Reyes Magos del Morro y su legendario faro, se alzan a la entrada de la bahía habanera y se cuentan entre las mejores vistas de una urbe donde el deterioro, las miserias y los abandonos forman parte del día a día.

Sus imponentes muros de piedra, así como su difícil acceso por mar o por tierra, quizás lo mantuvieron durante centurias al resguardo de la indolencia y, en el último medio siglo, resistente a la voluble atención de las autoridades cubanas, a pesar de que en 1982 la fortaleza defensiva fue incluida en la Lista de Patrimonio de la Humanidad elaborada por la UNESCO.

Aunque fue objeto de cuidados y acciones de conservación por la Oficina del Historiador ‒durante la etapa en que este organismo estatal gozaba de cierta autonomía y su aparato económico no había pasado a ser administrado por militares‒, hoy en día el lugar se encuentra amenazado por la desprotección de sus áreas exteriores donde abundan las acciones vandálicas sobre los muros, así como los basurales que han llegado a invadir las edificaciones anexas a la fortificación colonial.

Durante el día, el Morro aparenta ser un lugar apacible. Mucho más al mediodía cuando apenas es visitado por turistas que huyen del sol abrasador, sin embargo, al caer la tarde-noche, el área comienza a llenarse de jóvenes y adolescentes que usan los rincones y la oscuridad de los fosos más profundos para encuentros amorosos o, simplemente, para fumar algo más que cigarrillos y beber más que refrescos.

La ausencia de iluminación exterior, de cámaras de vigilancia así como de rondas policiales disuasorias, han propiciado el aumento de las acciones vandálicas y, lo que es peor, el número de casos criminales en la zona.

Uno de los pocos custodios del lugar admite que, debido a los escasos recursos de protección individual con que cuentan, así como lo reducido del personal disponible para combatir el vandalismo, el trabajo se ve limitado a intentar evitar que los daños alcancen el interior de la fortaleza o que se produzcan robos en las áreas de exhibición donde hay objetos de valor, así como que se vulnere el acceso al faro.

“Es un área muy extensa y un terreno muy irregular. Es difícil poder controlar con la vista espacios muy grandes, para eso es necesario poner cámaras, iluminación, eso debería hacerlo la policía (…). Nosotros ya tenemos bastante con cuidar de los muros para adentro”, comenta el empleado.

Aunque existen varias unidades militares y policiales en las cercanías, ninguna instancia ha asumido el cuidado nocturno de los exteriores del Morro como rutina de su trabajo.

Un oficial de policía, cuya misión principal es recorrer el área de artesanos para evitar robos a los turistas, acepta que luego de la puesta de sol la zona queda totalmente desprotegida, a pesar de haberse reportado varios casos de violaciones y asaltos o del notable incremento de las agresiones al patrimonio histórico y cultural.

“Por las noches, sobre todo los fines de semana, esto se pone caliente. Pero eso es responsabilidad de cada cual, no es asunto de la policía”, comenta imperturbable el oficial en servicio, aun cuando ha visto que apenas cae la noche y han comenzado a llegar adolescentes portando botellas de bebidas alcohólicas, camino a los rincones más oscuros.

Algunos de ellos, estudiantes a juzgar por los uniformes que visten, aceptan que acuden para buscar un espacio donde hacer cuanto se les ocurra y, aunque reconocen que suele ser peligroso en ocasiones y hasta alguno de ellos ha pasado por situaciones difíciles, persisten en la aventura.

“No hay muchos lugares a donde ir y sobre todo donde te dejen ser tú, sin que te digan esto es malo, no fumes, no tomes pero aquí nadie viene a destruir nada, es un lugar donde estar bien, solo o acompañados, ni estás muy lejos ni muy cerca”, dice Yunior, un estudiante de tecnológico que ha ido acompañado de su novia.

En cambio, otros jóvenes, a pesar de no considerarlo un acto de vandalismo,  admiten que han usado los muros  exteriores del Morro para enviar mensajes a sus parejas.

“A veces uno se entusiasma y el alcohol te hace escribir cosas pero sin ninguna mala intención, estás con tu jevita o sabes que ella vendrá y le mandas un mensajito, eso no es malo, al contrario, es lindo, al final eso no le importa a nadie. ¿Qué tiene de malo escribir en un muro?”, comenta Antuán y su pregunta, aunque ingenua, pudiera desencadenar una avalancha de interrogantes entre las cuales sobresale una cruel paradoja:

En la misma ciudad, incluso a unos escasos metros del lugar, la policía y demás órganos represivos del gobierno cubano gastan grandes volúmenes de recursos financieros y humanos en acosar, vigilar, amenazar, imponer multas y encarcelar artistas urbanos solo por el “delito” de realizar sus obras en espacios no patrimoniales, abandonados o destruidos.

De modo que es fácil adivinar que la paulatina destrucción del emblemático Morro habanero no es una cuestión de crisis económica sino de prioridades políticas y absurdos ideológicos.