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Carlos Lechuga: “Estamos muy jodidos como país”

Cuba, Carlos Lechuga, Santa y Andrés

MADRID, España.- El cineasta cubano Carlos Lechuga presenta por estos días el libro Ni Santa ni Andrés en la Feria del Libro de Madrid. La publicación, en coautoría con la escritora Adriana Normand, refleja la censura y acoso que padeció en Cuba desde que presentara su película Santa y Andrés para participar en la 38 edición del Festival de Cine de La Habana. Sobre los interrogatorios, vigilancia y boicot a que fue sometido, Lechuga ofreció declaraciones a CubaNet. Además, conversó sobre el proceso creativo del libro y dio algunos detalles de sus nuevos proyectos.

¿Cómo llega Ni Santa ni Andrés a la Feria del Libro de Madrid?

Llega gracias a la invitación de la editorial Verbum que tiene un equipo de trabajo maravilloso. Son editores a los que respeto mucho y mira, las sorpresas de la vida, he tenido la suerte de ser publicado por ellos.

Además, llega en un buen momento. Esta es una historia que ha estado sobre mis espaldas por unos seis años. Todo lo que pasó ha estado tratando de enterrarme. De romperme. Pero bueno, la lucha entre las ganas de no convertirme en un trapo de persona y la oscuridad… nada, creo que ha ganado la luz. Lo positivo.

Estoy en un momento muy bonito, tengo un par de libros, varios proyectos y una película por estrenar.

¿Cómo ha sido la experiencia en la feria y la acogida que ha tenido el libro?

Bueno, en la feria estuve unas pocas horas y me pareció un lugar muy bonito. Es muy especial ver llegar a amigos, familiares, familiares de conocidos, gente que te sigue desde Cuba. Ya sabes que en Madrid hay más gente que en La Habana. Tener cerca a gente que admiro mucho como Mariana Enríquez, que estaba firmando a solo unos pasos, es un lujo.

Con respecto a la acogida, mira… hoy mismo me escribió una amiga de Cuba y me dijo: “Acá tengo el libro, me lo estoy leyendo”.

“De espanto todo”, me puso. Me dice además que entendía mi paranoia. La paranoia que tenía antes de irme. Y es verdad, después de todo este proceso yo me quedé un poco turulato. Como si el país, la gente de la cultura, me hubiera hecho una herida. Ahora me acuerdo de las placas, de los scanners médicos de una vieja figura de la cultura cubana que había pasado por muchas cosas parecidas y en las placas aparecían unas cicatrices en el cerebro. Eran daños emocionales. A mí toda esta experiencia casi me rompe. Pero como dicen los reguetoneros, me dobló, pero no me partió. Creo que he podido salir bastante bien de todo.

Me llegan muchos mensajes. Me acaba de llegar un mensaje de una lectora que me dice que hice bien en escribir el libro. Que hice bien en sanar. Que es coherente todo con mi idea de recuperar la memoria y sanar. Eso me gusta.

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Carlos Lechuga en Feria del Libro de Madrid junto a Paula Labrador y Lili Vigil. (Foto: Santiago Domloje)

― En el libro detallas la censura y acoso que padeciste desde que presentaste Santa y Andrés para que participara en el Festival de Cine, un acoso que pasó por interrogatorios, vigilancia y boicot a tu película en festivales internacionales… ¿Cómo ha sido revivir todo esto para la redacción del libro? ¿Qué sientes ahora que han pasado algunos años?

Revivir todo me ha dado mucho dolor. Pero bueno, ahí está Adriana para cogerme la mano y ayudarme a avanzar. Siento que sin tener que llevar a nadie a juicio, es importante que toda la verdad sea contada. En aquel momento por el miedo yo callé. Pero ahora, ahora todos los que se porten mal tienen que saber que todo en la vida se va a saber. Ahora yo estoy en otra historia. Hasta contestarte esta entrevista me da mal rollo, lo que como te conozco y te aprecio, bueno… Yo sané. Estoy en una talla linda.

Ahora siento que los censores son unos viejos tristes y enquistados que no tienen nada de obra y algunos de ellos no tienen siquiera para comprarse un paquete de ajo pelado. Sin embargo, la película está ahí.

También explicas que tu primer “desencuentro” con las autoridades del ICAIC había sido con Melaza, cuando te pidieron quitar los agradecimientos al ICAIC. Dices que tus primeras reacciones fueron de sorpresa. ¿Podrías explicar un poco esta incredulidad, en un país donde son múltiples los ejemplos de censura a los artistas?

Porque yo era un pijo. Niño blanco del Vedado. Nieto de embajador. Si llego a ser un performer negro de Centro Habana estaría preso al lado de Luis Manuel Otero. Por eso creía que la revolución tenía problemas, pero nunca imaginé que el país estuviera en manos de unos mafiosos.

Porque lo que veía a mi alrededor era todo de la zona de Vedado y Miramar. Por suerte abrí los ojos. Ahora no creo nada de nadie que tenga que ver con el Estado cubano. También hablamos de un momento donde no había tanto internet y donde era difícil leer los testimonios de los presos, los censurados.

Yo era muy inocente y hablaba con el corazón con unos cerdos monstruosos.

¿Qué crees que tiene que pasar en Cuba para que los realizadores dejen de ser censurados? / ¿Crees que está cerca ese momento?

―  La respuesta que está en la punta de la lengua es fácil y es la que dicen todos: “Lo que tiene que pasar es que se tiene que caer la dictadura”. Pero pensándolo un poco más creo que deben cambiar muchas cosas, se deben formatear muchas mentes. Los cubanos estamos cargando con una cruz muy grande. Es bien complejo. Creo que estamos bien lejos de ese momento. Ando últimamente pesimista y creo que no va a cambiar nada.

Lo más triste de todo es que en Cuba los funcionarios, los artistas, las personas de mayor edad no ayudan, no apoyan, no aconsejan a los jóvenes artistas. Es una aberración total de todo. Los funcionarios censuran, los artistas desconfían de los jóvenes, les ponen trabas y prefieren que se vayan lejos antes de tenerlos como competencia. Hay una generación muy triste en Cuba, que es esa generación a la que no le dejaron hacer nada. Es una locura que se hable de alguien de 60 años como “nueva generación”. Claro, es un país donde por más de 60 años ha habido un solo jefe que no ha dejado que nadie le haga sombra. Lo triste es que luego, del jefe para abajo, todo el mundo replique la misma forma. Me recuerdo de un escritor famoso que me dijo: “A ti lo que hay es que ponerte bastantes trabas… para que salgas adelante”. Cuba es una aberración.

Es muy jodido, y la gente nunca se cree lo que digo, pero nosotros (la productora Claudia Calviño y yo) solo hicimos una película, no conspiramos, no tratamos de tumbar al Gobierno; y por hacer esa película nos cayó arriba todo un andamiaje pesado que está construido para destruirte.

Un andamiaje formado por tres partes:

La Seguridad del Estado por un lado haciéndose la que quiere ayudar mientras te manipula sin dar la cara para que uno se entierre más. Estaban locos por salir de nosotros. Habíamos visto mucho y ya no les quedaba otra cosa que eliminarnos. Son una trituradora de carne. Pero nadie que no lo haya sufrido puede entenderlo.

Los cineastas que nos apoyaron… La mayoría con muy buenas intenciones, pero entre todos había gente que tenía un plan B. Gente que no confiaba en nosotros (dos simples muchachos) y que lo que querían era quitar a Abel Prieto de su puesto.

Y los funcionarios y los artistas de la UNEAC que querían eliminarnos. Para no perder sus puestos nos entregaron directamente a la policía.

Nada, estamos muy jodidos como país. Todos somos culpables.

Abel Prieto compra a los artistas y se queja de que después de que les da un premio nacional o cualquier otra mierdita, los artistas actúan como si fueran libres. Esta gente son una mafia. El que no ha chocado con ellos apela al lado bueno. Humano. Pero estamos hablando de mafiosos. De gente baja. Mala. Que no tienen ni este respeto por los individuos, por los artistas, por la obra… son solo policías, pero de los brutos. De los feos.

Aunque no es tu primera publicación, tu carrera la has desarrollado en el cine. ¿Cómo te decides a empezar a escribir, y especialmente Ni Santa ni Andrés?

―  Bueno, la verdad es que yo me paso más tiempo escribiendo que dirigiendo. Si sumamos los días de rodaje de mis tres películas no creo que llegue a cien días. Tengo 39 años y desde los 20 estoy escribiendo guiones. Por cada guión que se realiza tengo otros cinco o seis que no se han hecho. O sea, desde el inicio, me he acercado al cine tratando de desentrañar estructuras, situaciones. Decía Juan Carlos Tabío (mi mentor) que la parte que más le gustaba de todo era la creación del guión. Pero bueno, respondiendo a tu pregunta, luego de la censura de Santa… pensé que más nunca iba a poder filmar.

Acostado en el sofá de casa de mi madre tuve que ponerme a pensar y reinventarme. Una amiga me dijo: “¿Por qué no escribes algunas crónicas?” Y así empecé a escribir para un blog y luego para par de revistas y así me fui acostumbrando a escribir textos que no eran guiones.

Durante la pandemia escribí mucho. De esa experiencia salió un libro: En brazos de la mujer casada.

A mí me había afectado mucho toda la situación que se había creado con la película. Me sorprendió el trato de la policía secreta (yo era un ingenuo en aquel tiempo, estamos hablando de 2016); pero sobre todo me dolió mucho el trato de algunos artistas con respecto a mi persona.

No quería ponerme a escribir. Me parecía bien rencoroso. Pero al mismo tiempo sentía que lo que me había pasado a lo largo de tres años debía ser contado. Debía quedar en blanco y negro para que sirviera de experiencia para algún otro joven cineasta que pasara por lo mismo.

Ojo, todo lo que sucede en el libro palidece a lo que he visto pasar a cientos de jóvenes cubanos que han pedido cambios en la vida política del país.

¿Por qué una coautoría?

―  Porque cada vez que me ponía a escribir acababa llorando y con falta de aire. Me daban ganas de ir y coger por el cuello a Abel Prieto, a Fernando Rojas y a toda una serie de seres impresentables, que no tenían obra, ni una carrera respetable como para decir cualquier cosa de mi película. Pero lo que pasa es que como yo sí soy un artista, me dije: “No puedo perder tiempo en este dolor y debo seguir, trabajar en mi próxima película y en mis próximos libros, una serie de televisión que estaba preparando y otras cositas”. Adriana Normand era una persona que tenía la sensibilidad y la paciencia para poder transitar por toda la historia sin caer en ningún tipo de error. Adriana, como buena amiga y mejor profesional, ayudó con el trabajo más duro. Adriana fue exacta y nos retrató a todos. Hay momentos en que yo mismo no quedo bien, pero lo que quisimos fue eso. Ser bien exactos.

Experiencias durante el proceso creativo…

―  Adriana fue la mejor compañera. Fue la que más trabajó. Se entregó a esta historia como si fuera su historia y al mismo tiempo (por suerte) tenía la distancia necesaria para no caer en venganzas o exageraciones. En un primer momento el libro iba a salir y por problemas y temores se paró la cosa. Luego estaba a punto de salir y me daba un poco de miedo que vinieran más represalias, pero bueno, al final salió en el momento que debió salir.

Había muchas cosas que las tenía anotadas para que no se me olvidaran. Otras las tenía anotadas la productora. En aquel entonces no parábamos de tomar notas de todo ya que casi siempre nos quitaban los teléfonos o no podíamos grabar. Muchos de los otros documentos los tenía el agente de ventas de la película y otras cositas estaban en mi correo electrónico. Todo se empezó a guardar desde el día 1 desde la primera reunión en 2016 como parte de las pruebas en caso de que fuera necesario o se amenazara con un juicio.

Adriana supo organizar y darle forma a todo. Algo que para mí era muy doloroso.

Actualmente vives en Barcelona… 

―  Sí. Hace tres meses tuve que mudarme para acá por cuestiones personales. Mi pareja es de aquí y estamos construyendo un futuro juntos.

Me dices que se conoce el libro en la Isla…

―  Sí. Hay algunas personas que se lo están pasando en PDF y sé que algunos de los protagonistas ya se lo han comprado. La curiosidad de cómo quedan reflejados les ha hecho salir a buscarlo. Igual, ya te digo, es un libro que tiene cero rencores, cero espíritus de venganza.

Sin embargo, creo que todos quedamos muy mal parados en esta historia.

Es un texto que muestra lo jodidos que estamos los cubanos; cómo el status quo intenta partirte; la postura falsa y la doble moral de todo el mundo que se hace el que te apoya y que no saben nada y en el fondo todos saben todo y solo se hacen los bobos para poder seguir bailando.

Gran parte del libro está dedicada a Delfín Prats. ¿Podrías comentar sobre tu relación con el escritor?

―  Delfín es de los grandes poetas que tiene Cuba. A pesar de que no nos vemos mucho lo considero un amigo. Delfín me ha descubierto las películas que más me gustan. Sus visitas a La Habana siempre fueron como un regalo para mí. A Holguín fui en busca de una historia, pero aquello no salió. Delfín no tenía ganas de remover el pasado, entonces yo opté por conocerlo y agarrar lo que él me diera. Su movimiento, su cadencia, su manera de agarrar un objeto, de pararse, su filosofía para enfrentar los problemas. Delfín me sirvió de inspiración, pero también René Ariza, Rey Arenas, etc…

¿Tienes proyectos para continuar difundiendo Ni Santa ni Andrés?

―  Bueno estamos en un momento de promoción. Estamos dando muchas entrevistas y hay muchas librerías donde ya se puede encontrar el libro. Muy pronto habrá una presentación underground en La Habana y otra también acá en Barcelona.

En el libro mencionas que estás trabajando en una nueva película. ¿Podrías comentar al respecto?

Este año debo estrenar “Vicenta B.”, que es una película más personal. Es la película, de las mías, la que más me gusta. También estoy trabajando en una película con un creador español y que estamos en un proceso de desarrollo, pero de esto no puedo hablar mucho más por ahora.

Pero en lo que más estoy trabajando es en ser un cineasta del mundo. No me interesa ser un cineasta cubano. Ni hacer películas cubanas. Ni estrenar en el Yara. Estoy sanando y se siente tan bien. La distancia ayuda mucho.

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Carlos Lechuga: el miedo es su mejor homenaje

Carlos Lechuga (cubadebate.cu)

LA HABANA, Cuba.- Finalmente pude ver Santa y Andrés, la película cubana del realizador Carlos Lechuga, gracias al Paquete Semanal, ese que recibimos en los hogares y que preparan manos desconocidas que burlan el férreo bloqueo —no escribo de ese embargo del que Cuba acusa a los Estados Unidos, me refiero al aislamiento que instrumenta la dictadura de los Castro para sumir en la inconsciencia a todos los habitantes del archipiélago, a quienes impide cualquier noticia que no sea producida por ellos mismos, o el arte que antes no pasa por su filtros de censura—.

A pesar de que la película fuera premiada, en el Festival de Cine de La Habana, como guion inédito, luego de filmada, el público al que estuviera dirigida no pudo verla en la pantalla de sus ya pocos cines. Por meses estuve esperando este momento, por meses quise enfrentar un tema que tanto nos concierne a los cubanos, y muy especialmente a los escritores y artistas.

Ya había escuchado de la visita que le hiciera a su casa el Ministro de Cultura Abel Prieto, para “aconsejarle”, en el más salvaje de los cinismos, que guardara su película, para que la mantuviera en el más extremo secreto, porque exhibirla por su cuenta podría dañarlo, y mucho. De esa manera mostraba su irrespeto, el ahora comisario de la cultura, hacia el joven realizador, incluso hacia la madre del artista, una figura muy conocida en el mundo de la edición literaria. Acosarlo, ultrajarlo, atemorizarlo, es el mejor ejemplo de que si cambió en algo el régimen, fue únicamente en sus métodos, porque la censura es la idéntica.

Y el joven Lechuga ha querido desconocer lo que realmente sucede con él, y más que con él, con su obra, con esa propuesta cinematográfica que relata también lo que ahora él está padeciendo.

Lechuga decidió, quizá por su bien, alejar las declaraciones, las exigencias al poder, e incluso ha puesto distancia con realizadores de su generación. Lechuga ha estado salvando su pellejo.

Lechuga prefirió mantenerse al margen para no ser tildado de “contrarrevolucionario”. Supongo que su madre le estuvo contando de esos horrores que es capaz de cometer la dictadura, y de ahí, quizá de ahí mismo, vino antes su interés en escribir y dirigir la película.

Esa es la gran ironía de esta película: a Carlos Lechuga le ocurrió ahora lo mismo que a aquel escritor que nos presenta su cinta. Aquel, el de Santa y Andrés, tiene miedo y calla, y Carlos repite una y otra vez la misma escena en su propia vida. No sé si al menos cantara, susurrando, el himno, y de idéntica manera a como lo cantara el personaje que él expuso, y que creó la dictadura.

Ambos silencios son idénticos, y en algo parecidos los actos de repudio. ¿Será que Lechuga se quería hacer un homenaje a él mismo? No revelarse ante el miedo, callar mientras ultrajan su obra, esconderse en el silencio para intentar evitar la represalia del régimen…

Dos tiempos se ensamblan. Ficción y realidad se funden. Santa y Andrés viven a hurtadillas porque no han tenido un padre que los defienda. ¿Carlos Lechuga aprenderá la lección? ¿Seguirá haciendo concesiones en sus próximas obras? ¿Acaso aparecerá la próxima vez con una película bien alejada de la realidad y sin la profundidad de Santa y Andrés? ¿Será que irá a hacerle algún favor a la dictadura? Ahora Carlos tiene que superar dos cosas: su obra, y el miedo.




La censura de los censurados

‘Santa y Andrés’ junto a su director, Carlos Lechuga (Facebook)

LA HABANA, Cuba.- La censura que ejerce el régimen cubano sobre la expresión artística es severa y ocupa el núcleo duro de su política cultural, pero no puede ser ya tan hermética como en los años 70 y, además, tiene que lidiar con el asunto de la imagen del propio régimen, pues permitir ciertas críticas puede servir para exportar una apariencia muy útil de tolerancia y hasta de reformismo.

Por eso la censura no tiene un manual de instrucciones para aplicar fríamente a cada obra de arte o declaración de artista —pues, además de lo que este haga, está también lo que diga—, sino que es una reacción que depende de diversos factores en cada caso y que, incluso, puede variar y ceder ligeramente, como ocurrió con el documental Fuera de liga, de Ian Padrón.

Fresa y chocolate, hace más de veinte años, no fue bien vista por la censura, pero sirvió para mejorar la fotografía de la revolución y, en definitiva, no se mostró mucho al público cubano. Ahora, con Santa y Andrés, la segunda película de Carlos Lechuga —que tiene cierta semejanza con el filme de Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, pero va más allá y no endulza la píldora—, se nos viene a recordar con crudeza quién cree tener la última palabra.

Melaza (2012), primer largometraje de Lechuga, casi fue excluido del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, pese al reconocimiento en otros festivales del mundo, experiencia que llevó al cineasta a indagar en la censura y la represión que se denuncian en documentales como Conducta impropia, de Néstor Almendro y Orlando Jiménez, y Seres extravagantes, de Manuel Zayas.

De ahí su segundo filme, Santa y Andrés, sobre el hostigamiento que sufre un escritor gay y contestatario que decidió permanecer en Cuba, pero que en los 80 no pudo soportar más y escapó del país. La película recorrió muchos eventos de Europa y las Américas, pero la mano peluda no se limitó a excluirla del último Festival habanero de cine y se extendió nada menos que hasta el corazón cultural de Estados Unidos.

Allí, la directora ejecutiva del Havana Film Festival de Nueva York, Carole Rosenberg, declaró que “sin que mediaran presiones de las autoridades cubanas”, había decidido excluir Santa y Andrés de la competencia oficial para no participar en “chismes políticos” y que el evento “permaneciera lo más apolítico posible”. Parecía una broma de mal gusto, pero era cierto.

Ese festival comenzó en el año 2000 gracias a la organización American Friends of The Ludwig Foundation of Cuba, que apoya a la Fundación Ludwig cubana, supuestamente “una institución cultural y artística no gubernamental, autónoma y sin fines de lucro en La Habana”. Toda una ONG. Este año, entre varios actores y directores cubanos, había sido invitado Carlos Lechuga con su nuevo filme. Y también el escritor y político Miguel Barnet.

Como se ha comentado, y resulta evidente —aparte de cualquier llamada desde el Instituto de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)—, la Fundación Ludwig y Miguel Barnet tienen un papel muy importante en este iracundo acto de censura del régimen cubano que ha alargado su alcance hasta una ciudad donde la libertad y la pluralidad son norma, despertando la protesta de reconocidos críticos, artistas y entidades, no solo de cineastas.

Ya el director del ICAIC, Roberto Smith, había advertido que Santa y Andrés “presenta una imagen de la Revolución que la reduce a una expresión de intolerancia y violencia contra la cultura, hace un uso irresponsable de nuestros símbolos patrios y referencias inaceptables al compañero Fidel”.

Miguel Barnet compartió ese veredicto y cumplió su misión, aunque siempre ha asegurado haber sufrido mucho durante el llamado “quinquenio gris” que “para algunos fue un quinquenio visto con benevolencia, pero para otros —como para mí— fue un decenio negro”. Ese ostracismo no le dejó ninguna huella de rencor, dice él. ¿Y qué le dejó? ¿Acaso la convicción de que otros deben sufrir lo mismo?

El alto funcionario gubernamental no se considera “un escritor puro”, sino “algo así como un híbrido de halcón y jicotea: veo desde lo alto de las cumbres inasibles y expurgo en lo más raso de la tierra para recoger la savia y despejar los caminos de los residuos y el estiércol”. Más aún, confiesa: “Yo soy el que anda por ahí empujando un país. Con grandes piedras del camino y mis zapatos gigantes, he ido poco a poco empujando un país”.

Parece una broma de mal gusto, pero lo dice seriamente: “Contra los grandes vientos y la noche que chirría en sus goznes, he hecho lo indecible por empujar un país”. Y qué importan los otros: “Perdonen si no escucho las quejas de mis contemporáneos. Yo no puedo hacer otra cosa que seguir empujando un país”. Pobre país que debe ser empujado y arrastrado por encima de su gente, cuyas quejas no valen.

Para Carlos Lechuga lo más importante es que la gente vea su película. Y eso ocurrirá, porque ya todos vemos lo que queremos ver, aun con dificultades como la censura. Pero no en los cines. Para los que creen que en Cuba ocurren transformaciones, el director ha dicho que “hasta que no consiga exhibir en La Habana Santa y Andrés no podré decir si los tiempos cambiaron o no”.

El pasado día 15, un gran operativo de la Seguridad del Estado y la policía bloqueó el tráfico en la calle 10 entre 13 y 15, en El Vedado, para impedir la proyección en la Casa Galería El Círculo del documental independiente Nadie, de Miguel Coyula —premiado director de Cucarachas rojas y Memorias del desarrollo—. Basado en la vida y opiniones del poeta Rafael Alcides, Nadie fue laureado como Mejor Documental en el Festival de Cine Global Dominicano.

No sé si esto es un gesto de pánico o de prepotencia, pero creo que puede dar una idea a Lechuga, y a todo el que quiera saberlo, de cuáles son los vientos que soplan en el país.




Censura a film cubano en Nueva York desata protestas

‘Santa y Andrés’ (Facebook)

MIAMI, Estados Unidos.- La censura a la película cubana Santa y Andrés ha generado la protesta de artistas e intelectuales cubanoamericanos, quienes están pidiendo a los patrocinadores del festival que retiren su apoyo al evento.

Suman 77 las firmas de una carta de protesta por la censura de Santa y Andrés en el Havana Film Festival, a celebrarse la próxima semana en Nueva York. Entre los que suscribieron el documento están el actor y director Andy García, el músico Paquito de Rivera, la artista Tania Bruguera y el economista, investigador y periodista Carlos Alberto Montaner.

Los organizadores del evento decidieron sacar de la competencia a Santa y Andrés porque no querían involucrarse en “chismes políticos”. El filme fue censurado en Cuba por abordar la represión a escritores homosexuales en las primeras décadas después de la revolución cubana.

“No sé cómo explicártelo pero nuestra misión es construir puentes y siempre nos hemos mantenido fuera de los asuntos políticos de ambos países. No nos metemos en chismes políticos, no es como operamos. Y de pronto surge todo esto. Simplemente, sentí que no quería ser parte de esto”, dijo Carole Rosenberg, directora del Festival, al Nuevo Herald.

Por su parte Carlos Lechuga, director de la película, decidió retirarla completamente del evento.

“Si es lógico que en Cuba el régimen rechace su propio reflejo resulta inconcebible que una institución cultural de Nueva York emule a una dictadura”, dice la carta de protesta firmada por artistas e intelectuales sensibilizados con el caso.

Agregan que “si nos provoca repulsa que estas cosas ocurran en Cuba, más intolerable se nos hace que en los Estados Unidos se reproduzcan tales prácticas autoritarias. Mucho más cuando se invoca la necesidad de tender puentes entre ambos países”.

“Hacemos además un llamado a instituciones privadas y públicas que patrocinan el festival a no financiar prácticas contrarias al espíritu libertario e inclusivo de la ciudad de Nueva York y de la Constitución de los Estados Unidos”.

El documento fue enviado a instituciones y patrocinadores como Telemundo, Consejo para las Artes de Nueva York, el Museo del Bronx y el Gremio de Directores de América.

A continuación, CubaNet reproduce el documento:

Carta abierta

La semana pasada el cineasta cubano Carlos Lechuga anunció que su película “Santa y Andrés” había sido excluida de la competencia del 18vo Havana Film Festival de Nueva York que se celebrará en esa ciudad del 30 de marzo al 7 de abril. No es la primera vez que la película de Lechuga sufre censura. Ya el pasado diciembre había sido vetada del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba. Tal exclusión, aunque injustificada, obedecía a cierta lógica: “Santa y Andrés” muestra la represión y el hostigamiento contra un intelectual homosexual cubano décadas atrás. De manera que la censura de las instituciones culturales cubanas contra la película de Lechuga venía a confirmar la misma naturaleza represiva del Sistema. Pero si es lógico que en Cuba el régimen rechace su propio reflejo resulta inconcebible que una institución cultural de Nueva York emule a una dictadura.

Nosotros, cineastas, artistas y creadores denunciamos y rechazamos enérgicamente que artistas cubanos sean censurados no solo en su país de origen sino también en los Estados Unidos, nación en la que tantos artistas de todo el mundo han buscado refugio frente a la violación de su derecho de expresarse y de crear y difundir sus obras. Si nos provoca repulsa que estas cosas ocurran en Cuba, más intolerable se nos hace que en los Estados Unidos se reproduzcan tales prácticas autoritarias. Mucho más cuando se invoca la necesidad de tender puentes entre ambos países, como ha hecho la directora ejecutiva del festival, Carole Rosenberg, para justificar su colaboración con las autoridades cubanas en la doble censura a “Santa y Andrés”.

Establecer lazos con las instituciones de un régimen dictatorial, al tiempo que se cierra el paso a las voces más críticas y libres del país, no es tender puentes sino trampas a la libertad. Colaborar con los represores es un ataque a la libertad en cualquier lugar y en cualquier tiempo, pero lo es más en Nueva York, la ciudad donde José Martí, el Padre Varela y Reinaldo Arenas y tantos otros intelectuales han vivido y creado libremente.

Hacemos además un llamado a instituciones privadas y públicas que patrocinan el festival a no financiar prácticas contrarias al espíritu libertario e inclusivo de la ciudad de Nueva York y de la Constitución de los Estados Unidos.

Orlando Jiménez Leal

Andy García, actor, productor, director

Susana Pérez, actriz

León Ichaso, cineasta

Iván Acosta, dramaturgo y cineasta

Olatz López Garmendía, cineasta

Rolando Díaz, cineasta

Roberto San Martín, actor

Tania Bruguera, artista visual

Orlando Rojas, cineasta

Lester Hamlet, cineasta

Alysa Nahmias, cineasta

Paquito D’Rivera, músico

Manuel Castedo, presidente del Centro Cultural Cubano de Nueva York

Mari Rodríguez Ichaso, cineasta y periodista

Gustavo Pérez Firmat, escritor

Carlos Eire, escritor

Adriana Bosch, cineasta

Manuel Arce, guionista y productor

Camilo Vila, cineasta

Carlos Alberto Montaner, escritor y periodista

Raúl Kim, cineasta

Rosie Inguanzo, actriz

Humberto López y Guerra, cineasta

Rafael Almanza, poeta

Humberto Calzada, pintor

Estela Martínez, cineasta

Didier Santos, cineasta

Reny Díaz, productor

Alina Rodríguez, cineasta

Arístides Falcón-Paradí, cineasta y escritor

Pablo A, Medina, artista visual

Mabel Cuesta, escritora y profesora

Lilo Vilaplana, cineasta

Miguel Sirgado, periodista y editor

Pedro Monge Rafuls, dramaturgo y editor

Iraida Iturralde, poeta

Lourdes Gil, escritora y profesora

Perla Rozencvaig, profesora

Carlos Espasande, director de arte

Alejandro Ríos, crítico cinematográfico

Pablo F. Medina, escritor

David Oquendo, músico

Alfredo Triff, músico y escritor

Aurora de Armendi, artista visual

Eliécer Jiménez, cineasta

Alexis Romay, escritor

Valerie Block, escritora

Carlos Alberto Aguilera, escritor

Lizabel Mónica, escritora

Kenya Dworkin, profesora, escritora, editora

Coco Fusco, artista y profesora

Néstor Díaz de Villegas, escritor, crítico de cine

Luis Cruz Azaceta, artista visual

Alberto Lauro, poeta

Adriana Méndez Rodenas, crítica literaria

Ángel Delgado, artista visual

Elvis Fuentes, curador

Geandy Pavón, artista visual

Gladys Triana, artista visual

Alejandro Aguilera, artista visual

Orlando Luis Pardo Lazo, escritor

Enrique Del Risco, escritor

Alejandro Anreus, crítico de arte

Ana Olema, productora

Maya Islas, poeta

Juan Antonio Blanco, escritor y profesor

Armando Añel, escritor y periodista

Lourdes Zayas- Bazán, profesora

Eduardo Zayas- Bazán, escritor y profesor.

Rudely Cepero, escritor y profesor

Carlos Sotuyo, escritor y profesor

Nils Longueira, crítico de cine

Michel G. Nunez, periodista.

Armando Guiller, escultor

Emilio Sánchez, periodista.

Jorge I. Domínguez-López, escritor, editor




Censura de Cuba llega hasta New York en el Havana Film Festival

‘Santa y Andrés’ fue prohibida en el Festival de Cine de La Habana el pasado 2016 (Facebook)

MIAMI, Estados Unidos.- La censura al film cubano Santa y Andrés ha llegado hasta el Festival de Cine de New York, denuncia el realizador Carlos Lechuga.

Lechuga, director del largometraje en cuestión, publicó el siguiente comentario en su página de Facebook: “Luego de ser censurada en La Habana, a pesar del apoyo y el cariño de los cineastas cubanos, Santa y Andrés ha podido encontrarse con el público del mundo entero. Desde el respeto y sin ningún ánimo de afectar a Cuba, país al que amo y del que no me voy a ir, hemos acompañado nuestro filme tratando de no hablar de la censura y de centrarnos en las cuestiones artísticas del mismo, el amor y el deseo de la reconciliación entre los cubanos”.

Continúa diciendo el cineasta que “el equipo de nuestra obra ha sido comprensivo y abierto al diálogo con los censores. Creyendo que cualquier tipo de maniobra enrarecida en contra de la obra después de ya ser censurada era una cuestión impensable. Nunca nos hemos aprovechado de la condición que crearon alrededor del filme, sabemos que es una obra de arte”.

Santa y Andrés ha viajado a los festivales de Toronto, San Sebastián, Chicago, Zúrich, Ginebra, República Dominicana, Cartagena, Guadalajara, Los Ángeles, Miami, Punta del Este, y muchos otros y en ningún momento nuestro equipo de realización ha hecho nada en contra de Cuba. El 18 Havana Film Festival de Nueva York, bello evento realizado por amigos de Cuba, nos habían invitado a ser parte de la competencia oficial junto a otras obras cubanas queridas y admiradas… En una nebulosa extraña me he enterado que autoridades cubanas han tratado de sacar mi filme del festival. En este momento el filme ha sido retirado de la competencia oficial, volviendo a ser excluido por su carga política”.

Cartel del evento (hffny.com)

Concluye Lechuga: “Mañana no sé qué tramaran para silenciar la obra que es mucho, mucho más que una idea política. ¿Qué es esto? ¿Cuál es el mensaje? Yo no estoy en guerra con nadie, yo solo he hecho una película y me costó mucho trabajo hacerla, ahora nada ni nadie la va a borrar. Desde la primera reunión el 14 de octubre del 2016 con el presidente del ICAIC hasta ahora no he dado ninguna entrevista hablando de lo sucedido. Si así tratan a los que se portan bien no sé cuál es el objetivo detrás de todo. Yo Carlos Díaz Lechuga, amo Cuba, fumo tabaco, me gusta la playa y he viajado el mundo entero. No tengo necesidad de pasar por este tipo de tratamiento. Ahora yo voy a seguir defendiendo mi película y acompañándola a donde pueda”.