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Venezolanos en la calle: “El gobierno de Maduro es hambre, miseria y corrupción”

venezolanos, Nicolás Maduro, protestas

CARACAS, Venezuela.- Este lunes 23 de enero los venezolanos amanecieron en la calle para exigir salarios dignos y una mejor calidad de vida. La protesta nacional fue convocada por la Coalición Sindacal Nacional de Trabajadores del sector educación, para luego sumarse los trabajadores públicos en general. Una ocasión, además, para conmemorar los hechos del 23 de enero de 1958, cuando los venezolanos se alzaron contra la dictadura del entonces presidente Marcos Pérez Jiménez para recuperar su libertad.

Solo en horas de la mañana se contabilizaron 43 protestas a nivel nacional, según informó en un tuit el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, para exigir “derecho a la seguridad social, derechos laborales y derecho a la participación política”, se lee en la publicación.

“¿Cuál Revolución?, este Gobierno es hambre, miseria y corrupción”, gritaron centenares de caraqueños aguerridos, que caminaron sin miedo desde la Universidad Central de Venezuela hasta Parque Carabobo, ubicado en el centro de la capital.

“Hoy salimos a las calles, hoy 23 de enero, hoy día que se celebra, se conmemora la libertad y la democracia de nuestro país, 65 años después de haber derrocado a Marcos Pérez Jiménez”, expresó Hugo Valera, trabajador del Metro de Caracas, asegurando que todos los trabajadores de la empresa estatal que controla el transporte público subterráneo se habían sumado a la protesta.

“Salimos a las calles a decirle a la gente que está en Miraflores (Casa de Gobierno) que queremos un cambio. Un cambio político, un cambio económico, un cambio que nos permita mejores salarios, mejor calidad de vida, que nos permita tener a nuestros hijos de regreso, que esa diáspora regrese”, dijo Valera.

Vale acotar que no es la primera manifestación del 2023 en Venezuela: según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, en los primeros 23 días del año se han registrado más de 500 protestas en todo el país, debido a la falta de respuestas por parte del régimen de Nicolás Maduro a las demandas de los ciudadanos. Las principales reivindicaciones de las protestas están relacionadas con derechos laborales, derecho a la libertad de expresión y falta de servicios públicos.

En estas manifestaciones los docentes de diferentes regiones del país han estado en primera línea exigiendo al Gobierno salarios dignos. El salario mensual mínimo de un maestro ronda los 10 dólares y el de un profesor universitario los 60 dólares mensuales, en un contexto de devaluación constante con una inflación anual del 305 %, solo en el 2022.

Además, la ocasión fue propicia para recordar a los presos políticos: “Hoy todos nos solidarizamos por esas mujeres valientes, por esas mujeres que están presas por alzar la voz, por no claudicar, con todos esos trabajadores. Y rechazamos que sigan las cúpulas dirigiendo quiénes son los que salen y los que no salen. No puede haber mesa de diálogo si no se liberan los presos políticos en Venezuela. Les decimos a todos los actores políticos, escuchen las exigencias de los ciudadanos”, dijo Griselda Sánchez, dirigente sindical del sector educación.

El 17 de enero, el Foro penal Venezolano, organización no gubernamental que asiste gratuitamente a los perseguidos del régimen, reportó 274 prisioneros políticos (entre ellos 151 militares). La información fue publicada en un tuit que además recordó que “desde el año 2014 se han registrado 15.777 detenciones políticas en Venezuela”, de las cuales “9.000 personas siguen sujetas, arbitrariamente, a medidas restrictivas de su libertad”.

Sin embargo, “este país está dispuesto a luchar hasta recuperar su libertad y la libertad comienza por el derecho a la vida y el derecho a la vida comienza por que tengamos salario digno. No podemos vivir si no tenemos salario digno”, enfatizó Griselda Sánchez.

En la protesta nacional también participaron gran cantidad de jubilados con carteles y banderas, para exigir una pensión digna. “Yo cumplí el 3 de febrero 71 años y tengo una pensión de 130 bolívares (6 dólares al mes), ¿qué se come con eso?”, preguntó Edith Peroso y explicó que el día anterior gastó 550 bolívares (unos 26 dólares) en 4 kilos de azúcar, 3 kilos de arroz, 3 kilos de harina y un litro de aceite. “Entonces, ¿cómo hace uno para comer”, dijo.

Por su parte, la profesora universitaria Tamara Adrián calificó los salarios de Nicolás Maduro como “salarios de miseria y hambre”. El salario mínimo en Venezuela es de 130 bolívares (6 dólares), mientras que la canasta alimentaria cuesta 485,06 dólares, según datos suministrados el pasado mes de diciembre por el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación de Maestros (Cendas-FVM).

“Los profesores que están sobre todo a dedicación exclusiva y a tiempo completo están pasándola muy mal y la universidad se está deshaciendo. Pero no solamente la universidad, los colegios, los hospitales, en general hay que luchar por un salario digno, pero para que haya un salario digno tiene que haber desarrollo económico. Y mientras no tengamos libertad y democracia no habrá inversiones para que se desarrolle económicamente el país”, indicó Tamara Adrián.

Por su parte, el sector Salud también manifestó su rechazo al gobierno castro-comunista. “Trabajadores arrechos reclaman sus derechos… No te queremos, el pueblo no te quiere, fuera de aquí”, gritó el enfermero José Tady, mientras mostraba sus zapatos rotos.

Esta es la tercera semana de protestas continuas en Venezuela y, hasta el momento, Nicolás Maduro no se ha pronunciado al respecto.

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Observatorio Cubano de Conflictos registró más de 3 000 protestas en 2022

Cuba, protestas, régimen

LA HABANA, Cuba. — El Observatorio Cubano de Conflictos (OCC) ha hecho pública la cifra de protestas ocurridas en diciembre a lo largo y ancho de Cuba. En el último mes del año, en medio de una agobiante situación económica y social, se registraron 692 protestas para un total de 3 923 manifestaciones públicas durante todo el 2022; una cantidad superior a las 3 300 acontecidas en 2021.

A pesar de la represión que ha mantenido la dictadura tras el estallido social del 11 de julio de 2021, los cubanos no dejaron de manifestar su rechazo a la gestión gubernamental. Más de la mitad de las protestas efectuadas en diciembre ocurrieron de forma espontánea, mientras que las restantes fueron organizadas por distintos grupos de la sociedad civil independiente.

De las 17 provincias del país, doce fueron escenario de manifestaciones populares. La mayoría se registró en La Habana (170), Santiago de Cuba (66) y Villa Clara (41).

Del total de protestas ocurridas en diciembre, 274 (39,6%) fueron motivadas por la demanda de derechos políticos y civiles, e incluyeron emplazamientos directos contra el sistema (21). Las restantes 418 (60,4 %) exigieron derechos económicos y sociales mediante críticas en redes sociales, videos o declaraciones a medios independientes sobre temas como la creciente inseguridad, la mala gestión del gobierno, el pésimo estado de los servicios públicos, la escasez, los altos precios provocados por la inflación y otras afectaciones a la economía popular. También se produjeron campañas organizadas contra el inmovilismo económico, la política inversionista del gobierno (120) y la violencia de género (63).

Entre las acciones más visibles destacó el abucheo público al ministro de Cultura, Alpidio Alonso, durante la gala inaugural del Festival de Cine Latinoamericano; la multitud de consumidores que reclamaba “Queremos el pollo” frente a un comercio estatal; una solicitud, con quinientos firmantes, dirigida a la Asamblea Nacional del Poder Popular para que se defina el ejercicio de los derechos de reunión y manifestación, y una huelga de brazos caídos en ferias de Santa Clara tras la imposición de un nuevo tope de precios a frutas y vegetales.

En diciembre no hubo protestas callejeras debido a la disminución de los apagones; pero a pesar del severo Código Penal aprobado, los cubanos continuaron denunciando los abusos y la corrupción administrativa.

El OCC puntualiza en su informe que el haber aplacado la ira ciudadana gracias a la solución temporal de los apagones, no garantiza una situación estable de gobernabilidad.

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Detienen en Irán a famosa actriz, reconocida en los premios Oscar

CDMX, México.- La famosa actriz iraní y activista por los derechos de las mujeres Taraneh Alidoosti fue arrestada hoy en Irán por sus publicaciones en redes apoyando las protestas.

“Taraneh Alidoosti fue detenida por sus recientes acciones publicando información y contenidos falsos, y por incitar al caos”, anunció la agencia de noticias semioficial Tasnim, sin precisar el lugar de la detención.

Conocida principalmente por su papel en el “El viajante”, premiada con un Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 2017, Taraneh había publicado en su Instagram varios mensajes repudiando la violencia de las autoridades iraníes. Su cuenta, que tenía unos 8 millones de seguidores, fue suspendida este domingo, presumiblemente por ataques del régimen.

El 8 de diciembre, la actriz de 38 años había repudiado la ejecución de Mohsen Shekari, ahorcado tras haber sido acusado de “guerra contra Dios”. Hasta el momento dos manifestantes han sido colgados, uno de ellos en medio de la calle. Mientras que más de una decena espera en el corredor de la muerte.

Desde que las protestas estallaron hace cuatro meses por la muerte de Mahsa Amini, una joven que falleció bajo custodia de la policía de la moral, se calcula que el saldo de muertes supera las 500.

“Cualquier organización internacional que mira este baño de sangre sin reaccionar representa una vergüenza para la humanidad”, había escrito en su perfil de Instagram, antes de que se la llevaran.

En junio de 2020, fue condenada a cinco meses de prisión, en suspenso, por cuestionar en Twitter a la policía luego de agredir a una mujer que se había quitado el pañuelo.

Apenas un mes atrás la actriz aseguró que no saldría de su país, sin importar las consecuencias y que seguiría alzando su voz por los derechos de las mujeres.

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Fiscalía amenaza con procesar a cubanos que aparecen en videos de protestas

Fiscalía, Cuba

MIAMI, Estados Unidos. – La Fiscalía General de la República amenazó a los cubanos filmados en las recientes protestas ocurridas en La Habana con procesarlos penalmente. La advertencia fue lanzada por el vicefiscal general de la República, Marcos Caraballo de la Rosa, en el programa de televisión “Hacemos Cuba”, conducido por el vocero oficialista Humberto López, este lunes 24 de octubre.

El funcionario del régimen cubano dijo que los videos de las protestas serían considerados “un elemento probatorio” para iniciar un proceso penal contra los manifestantes. 

“Cualquier medio que nos permita probar la ocurrencia del delito y las circunstancias en que esos hechos acaecieron y la responsabilidad o no de las personas, es legítimo para probar en derecho penal”, aseguró.

“Por tanto, son válidas estas imágenes, se puede probar, son un elemento importante, porque además en muchas de las imágenes a veces podemos demostrar fehacientemente la responsabilidad de las personas. Por supuesto estas imágenes también son sometidas a procesos científicos, a peritajes, que nos permitan saber que las imágenes son legítimas, con qué dispositivo se tomaron, en qué lugar, la hora, para garantizar la licitud de la prueba en el proceso penal”, agregó.

Asimismo, precisó que a la hora de iniciar los procesos penales contra los manifestantes la Fiscalía también tomaría en cuenta las “declaraciones de testigos, de imputados, de terceros implicados y piezas de convicción”.

A finales de septiembre, el grupo de trabajo Justicia 11J denunció que el régimen cubano realizaría “atestados directos” a los participantes en las protestas populares ocurridas tras el paso del huracán Ian.

“Atestado directo” es el proceso penal que pasa de la investigación policial, sin acusación fiscal ni proceso, a la vista oral. Es la Policía, y no la Fiscalía, quien dirige todo el proceso. Tiene como objetivo constituir una vía rápida y expedita para asuntos que se tramitan dentro del procedimiento sumario en los tribunales municipales.

Los manifestantes serán procesados por desórdenes públicos, desacato y resistencia.

“Necesitamos toda la atención posible hacia los manifestantes y los procesos penales. Es necesaria la cooperación de la sociedad civil, la prensa independiente y la prensa extranjera acreditada para visibilizar esta injusticia”, pidió Justicia 11J a través de Facebook.

Así como pidió colaboración para recopilar material audiovisual, donde se muestre la represión contra los manifestantes y que pueda ser mostrado como prueba por los familiares y abogados.

La organización defensora de los derechos humanos recordó que por las protestas populares del 11 de julio de 2021 (11J) al menos 43 personas fueron juzgadas en procedimientos similares y fueron sancionadas con penas de entre 5 y 12 meses de privación de libertad.

Justicia 11J ha documentado al menos 28 detenciones relacionadas con las protestas acaecidas entre el 30 de septiembre y el 3 de octubre últimos

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Las madres cubanas se rebelan

Madres cubanas

MIAMI, Estados Unidos. – Hace un par de días, en la calle Cuba entre Teniente Rey y Muralla, una joven madre de un niño enfermo sacó de su frágil vivienda una colchoneta y varias sillas para el medio de la vía pública con el fin de interrumpir el tránsito y llamar la atención ―léase protestar pacíficamente― sobre la desesperada situación de su hijo, para quien no hay recursos ni soluciones en la Cuba de Miguel Díaz-Canel. 

Días después del incendio en la Base de Supertanqueros de Matanzas, donde murieron 17 hombres, entre ellos varios reclutas del Servicio Militar Activo ―de carácter obligatorio― malamente entrenados como bomberos. Sus angustiadas madres exigieron al gobierno de Díaz-Canel la anulación del Servicio Militar, vigente en la Isla desde hace seis décadas. Las etiquetas #NoAlServicioMilitarObligatorio y #NoAlServicioMilitarObligatorioEnCuba se posicionaron en las redes sociales en esos días.

A una madre cubana la citaron para que su hijo se presente al Servicio. Ella ha dejado claro que no enviará a su hijo a ninguna unidad militar del régimen. Las autoridades le informaron que si su hijo no se presenta al Servicio, podría cumplir dos años de cárcel, pues es mayor de edad. La cubana se plantó: “No quiero que mi hijo haga el Servicio Militar. No me importa la Seguridad del Estado. No me importa nada. No voy a entregar a mi hijo para que le hagan lo mismo que a los de Matanzas”. 

A finales de junio, varias mujeres sacaron sus muebles y refrigeradores a la Calzada del Cerro en La Habana y se sentaron a la intemperie a bloquear el tránsito vehicular, en protesta por las inundaciones causadas por fuertes lluvias. Las cubanas responsabilizaron al régimen comunista por seis décadas de abandono del sistema de alcantarillado en la capital. Contaron algunos residentes del lugar que la protesta bloqueó el tráfico y obligó a que los ómnibus urbanos circularan por otras vías.

Las madres de los presos por las protestas del 11 de julio de 2021, lideradas por Bárbara Farrat Guillén, María Luisa Fleitas y Caridad Castro, han enviado una carta a Miguel Díaz-Canel. Una de las misivas recoge más de 150 firmas, incluyendo las de familiares y amigos de los detenidos. De Bárbara Farrat Guillén se ha dicho que “fue capaz de coordinar todo esto, se ha convertido en una activista; fue la promotora de la iniciativa y en la carta solicita una amnistía, indulto o sobreseimiento de los casos de cientos de presos políticos del 11J”.

Por su parte, María Luisa Fleitas Bravo pidió divulgar un video en el cual solicitaba ayuda para el caso de su hijo, Armando Vázquez Fleitas. Yo pido justicia […]. Está preso en Valle Grande por las protestas del 11 de julio, cuando él se manifestó pacíficamente aquí en La Güinera. Le están pidiendo 20 años como si fuera un asesino o un violador. Yo les pido por favor que me ayuden; no sé qué voy a hacer; estoy desesperada. Fleitas Bravo pidió que subieran su video a las redes sociales para que el mundo entero [supiera] lo que se estaba haciendo con los jóvenes en Cuba.

Protestan y denuncian también otras madres en las redes sociales: Zoila Rodríguez, madre de Katia y Exén Beirut, ambos presos desde las protestas del 11J. Katia estaba bajo tratamiento para el cáncer cuando fue detenida, y su salud en prisión se ha deteriorado. Zoila Rodríguez ha denunciado el caso de sus hijos mediante un video publicado por la agrupación legal Cubalex. Elizabeth León, madre de tres jóvenes detenidos durante las protestas del 11J en La Güinera, denuncia que sus hijos y los otros presos son maltratados regularmente, y que madres como ella están siendo maltratadas. 

Denuncia también abusos e injusticias Marta Perdomo, madre de Nadir y Jorge Martín Perdomo. El primero ―seriamente enfermo y sin atención médica ninguna― condenado a seis años de cárcel que cumple en la prisión de Melena del Sur; el segundo a ocho años que cumple en la prisión de Quivicán. Por su parte, Milagros Machín, madre de Yordan Manuel Escobar Machín, denunció a través de una directa en Facebook las golpizas que ha recibido su hijo, las amenazas que le han hecho a ella y el constante acoso de agentes de Seguridad del Estado.

Desde mediados de año, las protestas se han convertido en cacerolazos durante los largos apagones. En esos cacerolazos, la presencia de mujeres y madres es notable, y evidente en las docenas de videos que los cubanos suben a las redes sociales desde Santa Cruz del Norte, Santa Cruz del Sur, Pinar del Río, Jagüey Grande, Caibarién, La Habana, Bejucal, Las Tunas, Santiago de Cuba, Guantánamo, Songo La Maya, Mantilla, La Güinera, Playa, Artemisa, Puentes Grandes, Boca de Camarioca, Manzanillo, San José de las Lajas y muchos otros lugares a lo largo y ancho de la Isla.

La rebelión de las madres ha comenzado en Cuba. No habrá quién pueda callarlas. Lejos de apagarse, la rebelión se intensificará mientras mayores sean las penurias, los atropellos, la represión y las injusticias. La rebelión de las madres ha comenzado.

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Ahora resuenan los ecos del 11 de julio

Cuba, protestas, pueblo cubano

LA HABANA, Cuba.- Es indudable que la fecha del 11 de julio de 2021 constituye un antes y un después en el devenir del pueblo cubano por sacudir la opresión gubernamental que lo agobia. Es verdad que hubo un 5 de agosto de 1994, cuando la población se lanzó a las calles a protestar por la crisis general que padecía la nación en aquellos años del período especial. Sin embargo, solo después de las acciones ciudadanas en el verano del pasado año parece haberse afianzado en las personas la convicción de que las protestas callejeras son una vía legítima para manifestar sus inconformidades.

Con el paso del huracán Ian por el occidente del país se agudizó la caótica situación que presentaba la generación eléctrica nacional. Incluso en regiones que no habían sido impactadas fuertemente por el meteoro, la falta de corriente eléctrica se tornó alarmante.

Muchas personas percibieron que las autoridades no actuaban con celeridad para restablecer el fluido eléctrico. Claro, ya había pasado el referendo del Código de las Familias, y por tanto el castrismo ya no temía un voto de castigo por parte de la ciudadanía. Voto de castigo que se hubiese traducido en un masivo NO al referido documento.

Fue entonces cuando muchos cubanos de a pie optaron por transitar el mismo camino que habían recorrido los manifestantes del 11 de julio. Se lanzaron a las calles sonando calderos y enarbolando consignas contra la inercia gubernamental. Hasta se presenciaron escenas de pobladores que acudían a la vía pública, en ocasiones muy cerca de instituciones oficialistas, para botar los pocos productos alimenticios que guardaban en sus refrigeradores, y que se les habían echado a perder debido a la falta de electricidad.

El temor comenzó a crecer entre la cúpula del poder. Numerosos funcionarios del Partido Comunista fueron enviados a los barrios para tratar de convencer a los ciudadanos a que desistieran de su rebeldía. Y no fueron pocos los casos en que la corriente eléctrica era restablecida inmediatamente después de realizadas las protestas populares.

En medio de ese contexto sucedía un acontecimiento de suma importancia para el futuro de la rebeldía popular en la isla. Un episodio que no tenía precedentes en estas más de seis décadas de poder castrista: el reconocimiento por figuras de primer nivel en la nomenclatura -el caso específico del jefe del Partido Comunista en La Habana, Luis Antonio Torres Iríbar- de la legitimidad de las protestas populares como una manera de manifestar su descontento. Evidentemente, se ha producido una fisura en el caparazón totalitario del régimen castrista.

Por supuesto que, a pesar de lo anterior, las altas esferas del poder cubano continúan maniobrando con vistas a no perder el apoyo de sus incondicionales, y así afianzar su control sobre la sociedad. En ese sentido sobresale un editorial aparecido en el periódico Granma el pasado 1ro de octubre. Tras criticar, como siempre, las opiniones de los que califican como “enemigos de Cuba”, y en el contexto de la recuperación de los estragos causados por el huracán, el editorial expresa que “Frente a la colosal misión de no solo recuperar lo perdido, sino de superar lo que teníamos antes, la clave del triunfo es una sola: la unidad”.

Aquí cabe aquello que reza: haz lo que yo digo y no lo que yo hice. Porque, ¿acaso pensó en la unidad nacional Fidel Castro cuando se lanzó a la lucha contra el gobierno de Fulgencio Batista?… En aquel momento el joven de Birán no vaciló en arrastrar a toda una nación tras de sí en aras de satisfacer sus mezquinas ansias de poder.

Por eso ahora los cubanos no deben caer en la trampa de aceptar la solicitud de unidad que les tienden los gobernantes de la nación. El camino no es la alianza con ellos, sino seguir protestando cada vez que las circunstancias lo ameriten.

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Se cae, pero todavía no

Régimen cubano, Cuba, protesta

LA HABANA, Cuba. – Parece el comienzo del fin y sin dudas lo es, pero la mala noticia para algunos —y la buena para otros— es que el régimen cubano no se caerá por el momento. 

Lo digo no solo porque las protestas por apagones se han ido aplacando en la medida que retorna la electricidad —la gente ha aprendido a “resolver” las demás cosas que necesitan para sobrevivir—, sino por el hecho indiscutible de que nos gana la soberbia, la autocomplacencia, las estupideces, la mala memoria y, sobre todo, el precario conocimiento sobre cómo funciona esta bestia totalitaria en particular.

Estamos conscientes de cuál es, además del dinero fácil, su alimento favorito (nuestros miedos) y cómo lo consigue pero, cuando decidimos enfrentarla —aquí o desde allá— lo hacemos con los ojos cerrados, o cegados por la ira y demás pasiones oscuras, y así nos encontramos perdidos sobre a qué parte del cuerpo apuntarle para derribarla con acierto. Disparamos a las patas, a la cola, alguna que otra vez a la cabeza acorazada, pero jamás logramos colocar una bala bien cercana al corazón. 

Así, más de tanto alardear que de fallar, más de tanto cacarear que de actuar, no solo este animal ha aprendido a esquivar nuestros ataques sino que ha agregado a su amplio menú, casi haciéndolo su manjar favorito junto a los temores, nuestras continuas frustraciones, nuestra apasionada ceguera, incluso ha sabido usarlas en contra nuestra haciéndonos aún más ciegos y predecibles que antes.

Cada día creo más en que, de alcanzar el “desenlace fatal”, este no llegará de “afuera” en forma de acciones militares (olvidémonos de esa fantasía que aún es la razón de ser de algunos) ni de protestas circunstanciales por electricidad, agua o comida. 

Porque si bien es cierto que estas últimas junto con las presiones externas, diplomáticas y económicas, pudieran ser catalizadores de determinados cambios, estos igual serían circunstanciales —tal como lo han hecho durante 60 y tantos años en el poder— y quizás lo único permanente se pueda registrar a nivel discursivo —tanto en leyes como en promesas que jamás se cumplen— que es hasta donde siempre han llegado los “progresos” en una dictadura. 

Si no se llega desde adentro, únicamente desde adentro, al corazón de esta bestia blindada, bien poco se puede lograr desde afuera, por muy fuerte que sean los golpes. Mucho menos cuando los propinamos con guantes de seda, o cuando por cada puñetazo regalamos después cuatro caricias.

Un buen ejemplo de “implosión” lo tuvimos en ese imperio soviético que llegó a su fin cuando tuvo a la cabeza un reformista como Gorbachov que, vale decir, apenas hizo aquello a que le obligaron en los más profundos y oscuros pasillos del Kremlin esos que ya no se conformaban con ser llamados “camaradas” y dirigir una empresa estatal, un ejército, y recibir medallas y golpecitos en la espalda como único pago. 

Tanto en la Unión Soviética como aquí —tan afines en ideologías como en ambiciones de poder— la muerte del sistema no será sino solo por infarto, es decir, por el estallido interno —más bien silencioso, lento—, pero no de una masa popular descabezada sino de un núcleo que se agrieta de adentro hacia afuera porque ya le resulta incómodo a esos mismos que lo habitan y sostienen. 

Pero, en cuestiones de política, a diferencia de la biología, si revienta el corazón, no necesariamente el cuerpo se desvanece. Y esa realidad es la que quizás nos tocará vivir a los cubanos, sobre todo cuando el anónimo militar-empresario decida que ya es hora de ver su nombre en las listas de Forbes y no en el periódico Granma o la revista Verde Olivo.

Hoy en Cuba, como ayer en la meca del comunismo, hay quienes, con mucho grado de certeza —quizás en proporción con su grado militar—, aspiran a convertirse en más que un funcionario, en más que un administrador de algo que no les pertenece del todo pero que probablemente mañana sí, porque el éxito, para ellos, apenas es cuestión de “inspirar” (y “conspirar”) mientras los tontos dan la cara y hacen el trabajo sucio. 

En este punto donde hoy nos encontramos los cubanos, es prudente reconocer que no solo son los opositores quienes necesitan de un cambio para alcanzar sus propósitos, como tampoco son exclusivamente estos quienes lo estarían haciendo “todo” por lograrlo. 

Y esa parte del régimen que se resiste a morir, la más recalcitrante, está consciente de esas “traiciones”. De que la “unidad” siempre ha sido un mito pero que ahora se les hace difícil alimentarlo.

Hay demasiados celos por allá arriba y van sobrados de codicia. Ya ni siquiera se ocultan para decir públicamente que gastan más en sus negocios que en las situaciones de emergencia. Porque nunca las consecuencias por sus excesos van más allá del tímido regaño que llega de las otras orillas, y porque mantenerse por ahora fuera del sistema, en apariencias excluidos del mundo, les permite obrar casi a merced de sus antojos y ambiciones. 

Durante las recientes protestas fueron varias las señales que indicaron la debilidad del sistema por su quiebre interno más que por los estallidos callejeros, que apenas son una mínima expresión de lo que sucede bajo la superficie de nuestro entramado político-social. 

No solo se notó un desinterés general por lo que habría de ocurrir durante y tras el paso del huracán, reforzado por la desinformación en los medios, sino que “otro descuido más” —entre los tantos en estos últimos años— hizo colapsar el sistema eléctrico nacional en el momento justo. 

Una extraña coincidencia que se torna más “rara” en tanto la Policía se mantuvo al margen de las primeras protestas (hacia el segundo, tercero y cuarto día de apagón), y aunque las fuerzas represivas estuvieron presentes en los lugares optaron por no intervenir. ¿Obedeciendo a una orden de “no combate” o propiciando que las pequeñas revueltas en los barrios marginales escalaran a una gran rebelión en toda la ciudad?

Muy pocos, por el momento, pudieran decir con certeza qué sucedió, aunque ya hacia el quinto día de cacerolazos comenzaron a aparecer en las redes sociales extrañas advertencias, desde perfiles falsos, sobre los posibles escenarios de caos (destrucción controlada de recursos económicos y telecomunicaciones, eliminación de bases de datos, así como el colapso total del sistema bancario mediante borrado de cuentas) que pudiera acarrear un cambio político en la Isla por medio de un estallido social. Y fue precisamente ahí cuando comenzaron las golpizas contra los manifestantes pacíficos, la nueva “orden de combate”.

¿Pudiera un gobierno acorralado, sabiéndose perdido, acudir a este tipo de “venganza final”? ¿Pudiera escapar o inmolarse dejando atrás un país totalmente arrasado? Al menos alguien lo ha pensado y hasta no los ha dejado saber de manera anónima e indirecta en esos mensajes en internet que traducen desesperación pero que, además, son como una descripción terrorífica de lo que literalmente significa para el régimen la frase “patria o muerte” en oposición a ese canto de paz y libertad que es “patria y vida”. 

Hasta donde hemos podido ver y vivir, todo cuanto de malo imaginemos puede suceder en un país donde existimos de sobresalto en sobresalto. Y no desde ayer en la mañana sino desde aquellos días en que a Fidel Castro se le ocurrió instalar cohetes nucleares soviéticos apuntando a Estados Unidos. Porque a fin de cuentas nuestras vidas no importan para un animal que solo responde a sus instintos de conservación y por tanto, para él lo principal siempre será “salvar la Revolución y el socialismo al precio que sea necesario”.

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Aumenta el estado de ingobernabilidad en Cuba con 364 protestas en septiembre

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LA HABANA, Cuba.- Durante el mes de septiembre ocurrieron 364 protestas en las 15 provincias de Cuba y el Municipio Especial Isla de la Juventud, para un promedio de 12 demostraciones públicas diarias, la mayoría de ellas los días 29 y 30, reportó este lunes el Observatorio Cubano de Conflictos (OCC).

Tras el paso del huracán Ian, el régimen declaró un colapso del Sistema Electroenergético Nacional el 28 de septiembre, un hecho insólito que desencadenó las mayores protestas en la Isla desde el 11 de julio de 2021. En total, 32 barrios de La Habana se sumaron a las protestas, incluidos algunos del minicipio Plaza de la Revolución, donde radican los centros de poder.

Las manifestaciones “incluyeron cacerolazos, bloqueo de caminos y marchas” y “tuvieron lugar en La Habana (33), Las Tunas (3), Villa Clara (3), Holguín (1), Santiago de Cuba (1), Mayabeque (1) y Matanzas (1)”, expone el informe.

“Los huracanes y cortes de electricidad no son la causa de que salgan a protestar a las calles sino los gatillos catalizadores que disparan las protestas. El conflicto principal es entre el régimen dictatorial vigente y las aspiraciones y necesidades básicas de la población”, detalla el OCC.

Asimismo, explica que se ha ampliado la diversidad social de los participantes en las protestas, las cuales han tenido lugar tanto en barrios marginales como en los de la clase media, los participantes han sido interraciales y tanto mujeres como ancianos, discapacitados y niños.

Según la organización, estos factores, unido al rechazo de más de de cuatro millones de cubanos al nuevo Código de las Familias, evidencia una intensificación del nivel de ingobernabilidad nacional: “Los cubanos ya saben que se enfrentan a un sistema de gobierno, no a desgracias e insuficiencias puntuales y corregibles”.

Ante el aumento de la crisis económica y sanitaria (el dengue como nueva epidemia), y la escacés de alimentos y suministros básicos, el OCC alerta que esto “puede ser el preludio de una hambruna de dimensiones desconocidas para los cubanos desde el genocidio español durante la última guerra de independencia (1896-1897)”.

Asimismo, señala que “la  situación cubana se asemeja cada vez más a la definición internacional de ‘estado frágil’, antes denominado ‘estado fallido’”.

Por tanto, prevén la continuidad de un éxodo masivo de cubanos hacia Estados Unidos. En este sentido, alerta sobre los nuevos acercamientos entre el régimen de La Habana y la administración Biden.

“La causa de la crisis de ingobernabilidad y el éxodo masivo es interna, radica en el sistema de gobernanza vigente. El huracán y las sanciones externas resultan factores a tener en cuenta, pero secundarios. (..) El núcleo central de este conflicto no es entre La Habana y Washington, sino entre el sistema fallido que rige en Cuba y las necesidades y aspiraciones de la población. Quien no lo entienda solo logrará agravarlo por muy buenas intenciones que tenga”, sentenció.

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En mi barrio, otrora fidelista, también sonaron los calderos

Cuba, protestas, régimen

LA HABANA, Cuba.- En el Reparto Eléctrico y en Parcelación Moderna, el barrio de Arroyo Naranjo donde vivo, separado del primero por la Calzada de Managua, durante las noches del 29 y el 30 de septiembre, también sonaron los calderos y hubo gritos en reclamo de que restablecieran la electricidad y el agua.

Los vecinos estaban desesperados luego de cuatro días de apagón y cinco sin agua en las tuberías. A ello se sumó el hambre, pues los alimentos que tenían, luego de hacer colas y pagarlos caros, se pudrieron por la falta de refrigeración.

Sé que no es noticia. También en esos días hubo protestas en muchos puntos de la capital: El Cerro, San Francisco de Paula, Puentes Grandes, San Miguel del Padrón, La Palma, Párraga, Mantilla, etc. La gente está harta de las explicaciones oficiales que nadie entiende sobre el colapso del sistema eléctrico en todo el país y de las arengas y consignas de los dirigentes.

No serían noticia las protestas en mi barrio si no fuera porque Parcelación Moderna y principalmente el Reparto Eléctrico, hasta hace unos años eran baluartes castristas. En ambos repartos viven muchos militares y exmilitares y numerosas personas del oriente del país que llegaron a La Habana en los primeros años del régimen revolucionario y dicen sentirse en deuda de gratitud con la revolución.

Pero, como mismo el barrio y las vidas de sus habitantes se han ido deteriorando, también se ha ido desgastando el apoyo al régimen. Los hijos y nietos de los militares y exmilitares y de los orientales agradecidos a la revolución por las casas que les dieron en La Habana y de cuyas paredes penden cuadros de Fidel, no comparten ni remotamente la devoción de sus mayores, algunos de los cuales también se han decepcionado. Algunos de esos hijos y nietos se han largado del país o se hallan maquinando el modo de irse a donde sea, porque, como suelen repetir, “aquí no hay futuro”.

Y los orientales que han venido al barrio en las últimas tres décadas, si no fueron traídos como policías, no tienen la deuda de gratitud con el régimen de sus coterráneos que los precedieron. Por el contrario, viven en precarias condiciones, arreglándoselas como pueden para ganarse la vida, y siempre hostigados por las autoridades, que consideran ilegal su estancia en “la capital de todos los cubanos” y que pueden, cuando se les antoje, desalojarlos y deportarlos a sus lugares de origen.

En el barrio, los chivatones, los que no se han muerto o están ya tan viejos y enfermos que no pueden ni con sus almas cederistas, han ido perdiendo fuelle. Ya no son tan combativos como en otros tiempos ni tan celosos a la hora de vigilar a los desafectos y los sospechosos de serlo. Ahora, aunque siguen repitiendo el credo fidelista a todo el que se los aguante, invierten sus energías en hacer colas. Y de qué manera. Hace unos meses, dos septuagenarios, ambos exmilitares, se liaron a trompadas en una cola para comprar yogurt de soya. Y luego se quejaban y maldecían a la contrarrevolución porque alguien filmó la bronca y puso el video en las redes sociales.

Alguno de esos chivatones debe haber avisado por teléfono a la policía el día 29 cuando en el Reparto Eléctrico, tan pronto oscureció, la gente salió de sus casas a protestar por el apagón, sonando estentóreamente los calderos y bloqueando las calles con las ramas y troncos de árboles derribados por las rachas del huracán que el día 27 lograron hacerse sentir en La Habana.

La policía llegó enseguida. Con una celeridad que no suele mostrar cuando se trata de robos o asaltos. Acudieron decenas de efectivos en no menos de siete carros patrulleros y varios camiones de la Brigada Especial. Un despliegue solo superado por el que mostraron unas horas antes en La Palma y Mantilla, a pocos kilómetros de allí, para sofocar otra protesta.

Lo asombroso es que los policías no pasaron de los gestos amenazantes. Si acaso, hubo algunos empujones. Ni siquiera hubo arrestos. Parece que, en vista de lo caldeados que están los ánimos, los mandamases aplazaron dar la orden de combate a sus huestes.

La siguiente noche, la del 30 de septiembre, la protesta, además de en el Reparto Eléctrico, fue también en Parcelación Moderna. La noche anterior hubo aislados amagos de protesta, pero la noche del 30, los cacerolazos eran ensordecedores. Parecían anuncios de guerra en la jungla. Varios grupos de decenas personas, en su mayoría jóvenes, sonando los calderos y gritando recorrieron las calles del reparto en uno y otro sentido. Y los únicos tropiezos que tuvieron fueron con los escombros y la basura amontonada y los numerosos huecos y baches que hay en las calles y que no podían ver a causa de la oscuridad.

Esta vez la policía no acudió. Tal vez estaban muy ocupados los agentes en la represión en otros barrios y no daban abasto. ¿O ya se estarán resignando los mandamases a que la gente proteste?

La luz, que la habían quitado al amanecer del día 27, la pusieron ya iniciada la madrugada del primero de octubre. Pero la volvieron a quitar por la mañana temprano y no volvió hasta el anochecer. Y el agua, que no venía desde el domingo 25, regresó a las tuberías por varias horas en la tarde del día primero.

Aunque algo tensa, la tranquilidad ha vuelto al otrora fidelista barrio en que vivo y donde jamás imaginé, de tan fidelísimo como era, ver alguna vez una protesta masiva en contra del régimen.

Les debo las fotos que debieran acompañar esta crónica para dar constancia de lo que cuento, pero mi teléfono, luego de tan prolongado apagón, se había quedado sin carga. Y no sé cuándo podrán leer este comentario, porque la conexión a Internet sigue interrumpida, como viene sucediendo cada vez que hay revueltas antigubernamentales y los mandamases se asustan.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Mujeres se plantaron este sábado en Calzada del Cerro: exigen respuestas

protestas Cuba

MIAMI, Estados Unidos.- Las protestas no cesan en Cuba. En Calzada del Cerro y Márquez, en La Habana, tuvo lugar otra este sábado en la mañana cuando decenas de mujeres con calderos en mano salieron a exigir a las autoridades del país que restablecieran el servicio eléctrico. Según el corresponsal de CubaNet, no tardó la presencia policial para tratar de disipar la situación.

El país ha vivido intensas jornadas de protesta esta semana por el apagón nacional que tiene al país a oscuras desde que el huracán Ian devastara Pinar del Río el pasado lunes 26 de septiembre. Esta situación, más “una avería en el sistema electroenergético nacional”, según el régimen, ha provocado la falta de energía.

Por tercera noche consecutiva los habaneros salieron a las calles a protestar este sábado, sin embargo, el régimen cubano reprimió las manifestaciones pacíficas, particularmente las que tuvieron lugar en la calle Línea, del Vedado, alrededor de las 10:00 de la noche.

El periodista José Raúl Gallego publicó en su cuenta de Twitter un breve video en el que “se puede ver la represión de tropas de choque vestidas de civil en la zona del Vedado”. En otra grabación mostró la llegada de camiones con agentes del régimen (vestidos de civil) a la calle Línea para disolver la protesta.

El viernes en la noche se vivieron manifestaciones en varios puntos del país, pero la situación se volvió más tensa en la capital, donde las personas bloquearon calles, hicieron barricadas y exigieron al régimen respuestas por sus hijos, quienes ya casi no tienen qué comer pues la falta de fluido eléctrico ha provocado que los pocos alimentos que pueden conseguir se echaran a perder.

Los cubanos no han dejado de protestar y exigir, pero como consecuencia, el monopolio de las telecomunicaciones de Cuba, ETECSA, cortó internet en todo país el viernes. Según gráficas de plataformas especializadas, el corte de este servicio fue casi general. El servicio ha sido intermitente desde entonces.

“Confirmado: Datos de red en tiempo real muestran corte de internet en #Cuba por segunda noche consecutiva; las métricas muestran un colapso en la conectividad después de las 8 p.m. hora local en medio de protestas por malas condiciones y cortes de luz agravados por el huracán Ian #CubaPaLaCalle”, publicó la plataforma NetBlocks poco después de las 8 de la noche.

En escenarios similares ETECSA ha limitado sus servicios para evitar que surjan nuevos focos de protesta. Así ocurrió el 11 de julio de 2021 (11J) y el 14 de julio de 2022, fechas en que se registraron las mayores manifestaciones contra el gobierno castrista en el país.

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