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Denuncian “patrón de abandono” del patrimonio cultural en Cuba

El presidente de la organización Herencia Cultural Cubana en Miami, Daniel Pedreira (d), habla durante la presentación del informe anual 2018 sobre el deterioro del Patrimonio Cubano hoy, martes 24 de julio de 2018, en Miami (EE.UU.). EFE

MIAMI, Estados Unidos.- La organización con sede en Miami Herencia Cultural Cubana presentó hoy un primer informe anual sobre el estado del patrimonio histórico y cultural de Cuba que, según dijo a Efe su presidente, Daniel Pedreira, evidencia su deterioro y un “patrón de abandono”, especialmente en La Habana Vieja.

“Hay muchos edificios que se han derrumbado o que están por derrumbarse en la Habana Vieja, pensamos que es uno de los sitios principales que se debe preservar”, manifestó Pedreira.

Basado en informes periodísticos y “fuentes dentro de Cuba”, el estudio se centra en el año 2017, aunque antes ha habido “muchas décadas de destrucción y deterioro”, y en derrumbes de edificaciones por falta de mantenimiento o huracanes, deterioro, saqueo de cementerios y desapariciones de monumentos.

Herencia Cultural Cubana reconoce que es un informe “parcial”, porque no tienen la posibilidad de ir a Cuba y “hacer una inspección al ciento por ciento”, pero subraya que lo importante es “recalcar que hay un problema”.

“Es revelador porque vemos un patrón de abandono, de destrucción y de poco cuidado del patrimonio cubano” por parte del Gobierno, expresó Pedreira, quien subraya que urge la restauración de La Habana Vieja, que es desde 1982 Patrimonio de la Humanidad.

Pero además teme que el monumento al general Calixto García, emplazado desde los años cincuenta en el malecón de La Habana, corra la misma suerte de otros, como el de Tomás Estrada Palma (1902-1906), el primer presidente de Cuba, del cual, según dice, solo quedaron los zapatos.

Pedreira recordó que desde diciembre pasado tanto la estatua de Calixto García y los cimientos fueron “desmantelados por las autoridades cubanas para restaurarla”, pero teme que sufra el mismo abandono oficial de otros monumentos en parque o plazoletas.

“Queremos asegurarnos de que lo van a poner en ese sitio o en otro, y que lo van a restaurar de verdad”, indicó.

Con el pasar de los años también han desaparecido de sus pedestales las estatuas del expresidente Alfredo Zayas (1921-1925), Cristóbal Colón y Bartolomé de las Casas, Carlos III, un busto de Félix Varela y la estatua dorada del músico austríaco Johann Strauss, entre muchas otras, según el reporte.

En cuanto a la restauración de La Habana Vieja, Pedreira cuestionó además que el historiador de La Habana Eusebio Leal fuera reemplazado por la arquitecta Perla Rosa Rosales Aguirreurreta, hija del general Ulises Rosales del Toro.

“Pasó de manos de un civil, que tiene años de experiencia con el tema de la preservación en Cuba, a manos de la hija de un militar de alto rango en el Gobierno. Se le está quitando el profesionalismo al tema de la preservación del patrimonio en Cuba”, dijo.

Leal, de 75 años, estuvo a cargo durante casi medio siglo de la restauración y conservación del casco histórico de la capital.

El presidente de Herencia Cultural Cubana también criticó el deterioro que sufre el monumento erigido a las víctimas de la explosión del buque “Maine”, el detonante de la guerra entre España y Estados Unidos en 1898.

El monumento estaba coronado por una enorme águila y tenía, entre otros, los bustos de los presidentes estadounidenses Theodore Roosevelt y William McKinley.

“Es el monumento más emblemático, pero, sin embargo, nadie ha hecho nada para mejorarlo sino que ha empeorado de año en año”, señaló. “Lo que ha quedado ha sido vandalizado, con grafitis y con basura”, agregó.

Pedreira dijo por otro lado que resulta “interesante” que “muchos de los casos” de restauración de patrimonio cultural están a cargo de organizaciones y gobiernos extranjeros.

Entre ellos, el informe menciona la francesa Unión de la Fraternidad de la Metalurgia, a cargo de trabajos en el Arco de Triunfo de Cienfuegos, o el arreglo por parte de expertos rusos de la cúpula del Capitolio de La Habana o la española Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas, en el Paseo del Prado.

“Es bueno para el patrimonio, pero a la misma vez el gobierno cubano no se está ocupando”, agregó.

Por otro lado, según el informe, en el último año se ha registrado “una epidemia la profanación de las tumbas, el robo del mármol, del bronce de los monumentos fúnebres de los cementerios”, indicó Pedreira.

“Han desaparecido lápidas y otras piezas de valor artístico y patrimonial que se encontraban en los cementerios cubanos”, detalló.

Pedreira señaló que espera “mejorar” los próximos informes anuales con testimonios y fotografías de cubanos y extranjeros que viven en la isla.

La idea, enfatizó, es “mantener la memoria histórica de Cuba a través de su patrimonio y de elaborar una documentación adecuada para futuras obras de preservación, rescate y educación”.

(EFE)




Se desmorona el patrimonio cultural de Guanabacoa

LA HABANA, Cuba.- La falta de atención estatal ha provocado la destrucción del patrimonio cultural del capitalino municipio Guanabacoa. La mayoría de los edificios históricos se encuentran cercanos a la ruina. A pesar de que a finales de los años 90 el Centro Histórico fue declarado Patrimonio Nacional, la desidia se ha apoderado de la localidad.

Los actos de depredación sobre los bienes patrimoniales se han vuelto comunes. El busto colocado durante el año 1923 en honor del abogado Miguel Francisco Viondi y Vera, gran amigo de Martí, ha sufrido varios actos vandálicos. El mármol de Carrara fue recubierto con varias capas de lechada y en la actualidad se hace casi imposible leer su nombre.

Un vecino, testigo de los hechos, comenta: “Un día se apareció un señor y empezó a darle pintura al busto. Cuando le preguntamos respondió que le habían dado instrucciones de arriba. Una locura, pero qué se le va a hacer”.

Recientemente también fue vandalizado durante una fiesta para niños. Según explica un funcionario municipal entrevistado para este reportaje: “Reunieron los niños en el parque para hacer una fiesta y necesitaban colgar la piñata. Amarraron una soga. Un extremo en un árbol y otro en el cuello de la estatua. Era toda una barbarie. La gente tensando la soga en el cuello de Viondi para que la piñata quedará bien alta. ¿Qué respeto por la historia cubana pueden adquirir esos niños?”

También la casa de Miguel F. Viondi y Vera ha sufrido el descuido institucional y la rapiña social. Cerrada durante muchos años en espera de reparaciones, se convirtió en una especie de centro de materiales para la construcción. Vecinos de la localidad irrumpieron en la casa totalmente desprotegida.

Amado, testigo de los hechos comenta: “Aquello fue terrible. La gente entraba para llegarse los azulejos y losas del piso, escombros, tumbaban paredes para sacar pedazos de piedra. Nadie hizo nada y a nadie le importó. Ni siquiera se hacía escondido. Entraban a plena luz del día”.

El Museo de Guanabacoa ha tratado de frenar la avalancha de irreverencia sobre la historia de la localidad. Pero la falta de apoyo desde el Ministerio de Cultura y las políticas dictadas sobre la propia institución imposibilitan que lo logren.

Cerrado durante 8 años para una supuesta “reparación integral” el museo reabrió sus puertas en 2013 con casi la mitad de las instalaciones pendientes de reparación y la promesa de que serían restauradas paulatinamente. Estas promesas no han sido cumplidas hasta el momento.

La mitad trasera de la instalación  permanece totalmente abandonada y en la actualidad se haría más fácil demolerla que someterla a rehabilitación. Losas rotas y raíces creciendo en paredes llenas de humedad dan prueba de ello.

Aun así el Museo de Guanabacoa intenta salvar la historia local. Sus especialistas han estado impartiendo cursos de historia local a los profesores de las escuelas. El primero se efectuó de septiembre a febrero y el segundo empezó a sesionar en la segunda quincena de ese mes y se espera concluya en junio.

Se ha tratado también de involucrar a los estudiantes pero se hace muy complicado que la Dirección de Educación permita a los jóvenes trasladarse hacia el museo.

María, vecina de Guanabacoa comenta: “Para aprender no. Pero para marchas y todas esas boberías te los sacan de la escuela hasta sin el permiso de los padres”.

En tanto, la historia local es irónica y olímpicamente pasada por alto en la muestra museológica  de la institución. Esta responde a criterios de selección dictados por el Ministerio de Cultura. La muestra de piezas que reflejan sólo el componente afrocubano de la historia guanabacoense responde además a factores económicos.

Un funcionario del Ministerio de Cultura  accedió a comentar bajo condiciones de anonimato:

“Pudiera decirse que en Guanabacoa la única institución de Cultura que recibe visitantes extranjeros es el museo de la localidad, y no es un número de visitantes pequeño. A los extranjeros lo que les interesa es lo afrocubano. Es lo que van buscando allí, cosas de palo monte y santería. Así que es lo que les pones para que no se decepcionen”.

La entrada al museo cuesta 2 CUC para los extranjeros y sacar fotos en la exposición permanente cuesta 5 CUC, el precio de las fotos incluye también a los cubanos.

“Mira, si quiero foto de santos se las saco a los míos”, comenta Rafael, vecino de la localidad.

El mismo funcionario ministerial comenta: “La cosa es que sólo das una visión reducida de lo que es Guanabacoa realmente. Dejas fuera toda la historia económica. Olvidas la literatura, los músicos. Mientras tienen guardadas las piezas museológicas de esas manifestaciones en almacenes porque no tienen espacio desde la reparación integral y lo más probable es que se pierdan. Tampoco se habla de otros componentes religiosos como el católico. Le niegas a la gente su propia historia y ganas dinero con eso”.

El Colegio de los Escolapios, uno de los íconos culturales de la localidad, ve su fachada totalmente manchada por la humedad y las ventanas desgastadas a causa del tiempo. Las escaleras de la entrada están totalmente rotas.

La Casa de las Cadenas, otro sitio emblemático, está completamente destruida. Esperó durante años por restauración y finalmente fue necesario colocar un muro ya que la población fue despojándola de materiales. Al punto que las barandas de los balcones han desaparecido casi por completo. Muchos de los guanabacoenses entrevistados para este reportaje aseguran que fue una estrategia del gobierno.

David, vecino entrevistado, comenta: “Mira eso no lo iban a reparar nunca. Antes de que la gente se metiera ya se estaba cayendo a pedazos, así que se hicieron de la vista gorda y ahora lo cerraron con un muro para que se termine de caer y no queda nada para sacar”.

Aunque pudiera pensarse que esto responde a la falta de interés de las autoridades por centros de índole religiosa, edificios de carácter más oficial corren con la misma suerte.

Justo frente al Colegio de los Escolapios se encuentra la casa donde se fundó la sección del Partido Ortodoxo en Guanabacoa, donde algunos historiadores aseguran estuvo Fidel Castro Ruz. En la actualidad se encuentra totalmente en ruinas con el techo y varias paredes colapsadas. Ninguna placa conmemorativa recuerda el hecho.

La casa del general independentista Adolfo del Castillo, ocupada hoy por una familia, y que sirvió de escena para el rodaje de la película “El ojo del canario” tiene la fachada al borde del colapso. Ya que es considerada un “bien histórico”, no se permite a sus inquilinos tirarla abajo premeditadamente y así prevenir un derrumbe. Aunque no se les brinda ninguna ayuda les piden que la reparen.

Centros como el antiguo Conservatorio de Música ya han pasado a la historia y son ruinas absolutas.

Algunos de los iconos comerciales de la localidad también se encuentran amenazados por el derrumbe.

Los Precios Fijos es uno de ellos. El majestuoso inmueble ocupado ahora por un mercado de cuentapropistas y por una tienda estatal está al borde del colapso. La segunda planta de La instalación ocupada anteriormente por viviendas está cercana al derrumbe y  ha sido desalojada por los vecinos permaneciendo allí solo una familia.

Al otro lado de la calle, la cafetería El Faro, aunque mejor conservada, pudiera seguir su camino dentro de pocos años si no se toman medidas rápidamente.

El cine Carral permanece cerrado en espera de reparaciones aunque recién salía de una supuesta restauración. El techo presenta agujeros y las paredes humedad.

Mientras que la historia local se va perdiendo a cada instante el Gobierno de Guanabacoa permanece indiferente. La administración de la localidad ha sido acusada por los guanabacoenses de corrupta en muchas ocasiones, aunque de momento no se ha podido demostrar ninguna acusación.

Ena, oriunda de Guanabacoa, comenta: “A la gente del gobierno no le importa, a fin de cuentas ninguno es de aquí. El poco dinero que hay lo cogen para su trajín. Si no, fíjate lo que pasó con el Anfiteatro. Lo arreglaron pero porque allí ponen reguetón y se les llena de gente que se matan entre ellos pero compran cerveza en los carnavales y así ellos se mojan con algo. ¿Por qué no le pusieron techo a la Casa de la Trova o a la Galería?”




Los verdaderos ladrones del patrimonio nacional

Fidel y Raúl Castro, congreso PCC 2011 (foto: AP)
Fidel y Raúl Castro, congreso PCC 2011 (foto: AP)

LA HABANA, Cuba.- Bajo el sugerente título “Espejitos por oro”, acaba de ser publicado un extenso reportaje a dos planas completas en la edición dominical del periódico oficial Juventud Rebelde (Hugo García, 20 de noviembre de 2016), donde se aborda el siempre interesante tema del tráfico de “objetos y documentos patrimoniales”  de la Isla, y del trabajo conjunto de agentes de la Aduana y especialistas del Registro de Bienes Culturales (RBC) para impedir que “nuestras propiedades espirituales más valiosas sufran la expoliación internacional”.

Todo sugiere que el incremento del turismo extranjero, que se ha estado verificando en los últimos años, ha aumentado el comercio ilícito de objetos que son considerados bienes patrimoniales.

En el caso del reportaje de referencia, el aeropuerto internacional de Varadero, en la provincia de Matanzas, fue elegido por el autor para documentarse sobre el tráfico del patrimonio. Allí fue informado que gracias al celo de los especialistas en los controles de la frontera en esa terminal aérea “durante más de 20 años se han rescatado miles de piezas, con valor cultural y profesional”, que turistas extranjeros han tratado de extraer del país. La lista de objetos que suelen decomisarse a los traficantes y que son considerados como patrimonio cultural mueble incluye “documentos, fotografías, artes decorativas, pinturas, dibujos, esculturas”.

Varias fotografías que ilustran el trabajo periodístico muestran varios de esos objetos incautados a los pasajeros: una colección de relojes de bolsillo, un juego de tocador de plata del siglo XIX, una colección de armas antiguas, una placa conmemorativa, una tosca imagen en bronce de la Virgen de la Caridad, un libro antiguo, una colección de carteles de propaganda nazi de la Segunda Guerra Mundial y una colección de fotografías donde aparece el ex Invicto, difícilmente digna de ser considerada Patrimonio de la nación.

Un comentario desprejuiciado  sobre el tema obligaría a aceptar el legítimo derecho que asiste a cada nación de proteger y conservar su patrimonio cultural. Sin embargo, el Decreto 118/83 (Reglamento para la Ejecución de la Ley de Protección al Patrimonio), que define en Cuba el patrimonio de la nación, resulta extremadamente ambiguo, parcializado y anacrónico.

Según refiere una funcionaria del RBC, citada en el reportaje, dicho Decreto establece que el patrimonio “está integrado por aquellos bienes, muebles e inmuebles, que constituyen la expresión o el testimonio de la creación humana o de la evolución de la naturaleza, y que tienen especial relevancia en relación con la arqueología, la prehistoria, la literatura, la educación, el arte, la ciencia y la cultura en general”.

Sin embargo, es sabido que las instituciones estatales encargadas de determinar la naturaleza y valor del  “patrimonio de la nación” en una sociedad bajo un gobierno autocrático representan los intereses del Poder, y es éste en última instancia quien se reserva el derecho de decidir a voluntad sobre el uso y destino de ese patrimonio. De esta forma, los términos patrimonio de la nación y propiedad del Estado que definen de jure propiedades públicas, en el régimen castrista se funden en uno solo para definir lo que de facto es heredad particular del clan Castro.

Es por eso que reconocer acríticamente los derechos patrimoniales de los que ufana la prensa oficial equivaldría a consentir la arbitrariedad de ese Poder autocrático, representado en las instituciones a su servicio, en detrimento de los derechos de los cubanos sobre el patrimonio de la nación y el suyo personal.

Así, pongamos por ejemplo, mientras a un cubano común no se le permite el legítimo derecho de disponer libremente de bienes familiares, dígase un reloj de bolsillo de oro heredado de un abuelo –que no puede vender a un coleccionista extranjero so pretexto de que pertenece al “patrimonio de la nación”– o de otros de su propiedad particular, las instituciones del Estado se arrogan el derecho de disponer inconsultamente de los bienes patrimoniales de la nación, ya sea para medrar a su costa, para ocultarlos o para destruirlos.

La línea entre el patrimonio privado y el “nacional” se desdibuja cuando entran en juego los intereses del Gobierno, hasta tal punto que, si bien en la legislación abundan los términos que engloban al segundo, no se establecen definiciones para el patrimonio personal (patrimonio privado). Y esto es así porque patrimonio es sinónimo de propiedad, un término excomulgado del diccionario comunista. Por tanto, puede afirmarse que en Cuba el patrimonio privado mueble y comerciable no existe.

Pero, volviendo al reportaje del libelo oficial, ¿acaso las fronteras del país son el escenario principal de la depredación del patrimonio de la nación debido al auge del turismo y a los manejos de los traficantes internacionales? Afirmar esto sería ignorar que las mayores pérdidas patrimoniales se han producido desde y en el interior del país a lo largo de casi seis décadas, responsabilidad de la desidia de la cúpula de gobierno y de sus funcionarios. Los peores traficantes del patrimonio habitan el palacio de la Revolución.

Una parte de ese patrimonio ha salido al exterior justamente con el objetivo de alimentar las insaciables arcas del gobierno. Es el caso de ciertas pinturas de autores famosos, pertenecientes a los fondos del Museo de Bellas Artes, que han sido subastadas o vendidas a museos y coleccionistas privados extranjeros.

Otro hecho repetido ha sido la apropiación de piezas únicas y valiosas del Patrimonio para decorar espacios cerrados del Poder, como es el caso de la pieza arqueológica de arte aborigen taíno conocida como “Ídolo del Tabaco”, que adorna un salón de la sede del Consejo de Estado, muy lejos de las miradas de los legítimos dueños del patrimonio nacional.

También han desaparecido muchos de los carísimos muebles y adornos que decoraban los espacios interiores del Capitolio desde los años en que estuvo ocupado por la Academia de Ciencias. La feroz rapiña fue obra tanto de ciertos altos funcionarios y directivos de la Academia de Ciencias –como el muy respetable Antonio Núñez Jiménez, entre otros acreditados revolucionarios– como de decenas de investigadores y subalternos que dispusieron impunemente del patrimonio público.

Podría extenderse el listado del patrimonio fantasmal con el misterioso destino del diamante del Capitolio, o del desaparecido clavo de oro a los pies de la estatua de José Martí, en el Parque Central de La Habana. O habría que incluir entre los daños patrimoniales irreversibles la brutal destrucción de la Biblioteca del Senado, cuando en 1987 el Magno Orate concibió el (también) fallido proyecto de fundar en el mayestático edificio insignia de la República la mayor biblioteca de ciencia y tecnología de Latinoamérica.

El sistemático saqueo de los más antiguos y valiosos fondos de la biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País, la primera de Cuba y una de las más ricas colecciones bibliográficas del país, hoy casi aniquilada, fue otro daño infligido impunemente al patrimonio histórico y cultural de la nación.

Podríamos abundar en ejemplos sobre la pérdida de otros muchos exponentes de nuestro patrimonio nacional, o añadir otros tantos comentarios sobre el laudatorio reportaje del periodista de Juventud Rebelde, pero sería tan inútil como redundante. El evidente (des)enfoque que exhibe en el tratamiento del tema demuestra que no tiene la menor intención de comprometerse a fondo.

Baste cerrar estas reflexiones con una breve consideración sobre el párrafo que inicia su trabajo y que, en referencia al comercio ilícito de bienes patrimoniales y los bajos precios en los que supuestamente los nacionales los venden a los turistas– reza textualmente: “Aquella práctica de cambiar espejitos por oro a inicios de la conquista española, cuando los aborígenes se deslumbraban ante las bisuterías, parece regresar en esta época”.

No, García, no ofendas la memoria colectiva de los cubanos. En realidad “aquella práctica” no está regresando “en esta época”, sino que data de unas tres décadas atrás, cuando a finales de los años 80 y principios de los 90, en el lapso breve de la agonía y muerte de la URSS y sus satélites, la amenaza real de un futuro sombrío comenzó a proyectarse sobre la Isla y desató una desesperada búsqueda de divisas, protagonizada por el llamado “Departamento MC”, de triste recordación, perteneciente al Ministerio del Interior.

Hasta entonces, solo unos pocos elegidos –funcionarios oficiales, técnicos y estudiantes extranjeros, y marineros– podían comprar algo en las “diplotiendas” y “tecnitiendas”, así que, aprovechando la miseria de casi la totalidad de la población de la Isla, se abrió en la avenida 31 del municipio Playa, en la capital, la famosa “casa del oro y la plata”, popularmente rebautizada como “casa de Diego Velázquez”, en las que “a precio de animal enfermo” el Estado usurero tasaba las joyas y objetos de oro y plata de miles de infelices que así perdieron lo más valioso de su patrimonio familiar, a cambio de “certificados” que les permitieran comprar unos pocos bienes de consumo imprescindibles, como ropas, zapatos o algún efecto electrodoméstico, a los que de otra manera no hubiesen podido acceder.

Señor García, no se pueden lanzar esas piedras cuando el tejado propio es de vidrio. Al parecer usted padece de una grave amnesia selectiva, pero con seguridad los cubanos jamás olvidarán la humillación y la pena de aquel abusivo trueque en que el más ladrón de los gobiernos que haya fustigado jamás a esta Isla se apropió del oro de los infelices “aborígenes”  a cambio de algunos deslumbrantes “espejitos”.




Un cementerio que muere

Cementerio- Foto de Alejandro Tur

Cementerio- Foto de Alejandro Tur
Cementerio- Foto de Alejandro Tur

LA HABANA, Cuba, marzo, 173.203.82.38 –Una de las experiencias humanas que nos infunde más respeto es la muerte. Tal vez por ello la mayoría se toma muy en serio dejar en buenos términos su tránsito al reino de Hades.

Y aunque la modernidad haya acabado con supersticiosas practicas mortuorias, como aquella de colocar una moneda debajo de la lengua del difunto, para pagarle al viejo barquero Caronte su viaje hasta el mundo de los muertos, a través del lago Estigia, al menos seguimos empeñados en recrear, por medio de imágenes, iconos u objetos, muchas de aquellas leyendas que describen la “vida” después de la muerte.

Ahora bien, asistir a la muerte de un cementerio no es algo que se aprecie todos los días.

La moribunda Necrópolis a que me refiero está enclavada en el lado noroeste de la ciudad de Cienfuegos, justo en el corazón de Reina, barrio del que ha adoptado el nombre. Su inauguración se remonta al año 1839, veinte años después de fundada la villa Fernandina de Jagua, hoy ciudad de Cienfuegos.

A ciento setenta y tres años, la erosión causada por los elementos de la naturaleza, la depredación e insensibilidad del hombre, y la falta de mantenimiento, tienen en estado de agonía a una de las joyas culturales más importantes de la provincia.

Tiempos hubo en que se pensó que la suerte del cementerio cambiaría, fundamentalmente allá por los años ochenta, pues, gracias a la gestión de un pequeño grupo de intelectuales locales, fue nombrado Monumento Nacional. Sin embargo, ni eso lo ayudó.

Durante la primera etapa posterior al nombramiento, el gobierno destinó cierta cantidad de recursos para el remozamiento del vetusto lugar. Mas, la morosidad en la realización de las obras, el desvío de los recursos, el paso de algún que otro ciclón, la falta de presupuesto, la focalización de los funcionarios hacía asuntos que consideraron de mayor importancia, resultaron en décadas perdidas, durante las cuales hemos visto como el recinto ha ido cambiando su aspecto, hasta parecer una ciudad bombardeada.

Mármoles de lápidas, bóvedas y panteones partidos casi en su totalidad, tumbas hundidas o anegadas en agua, rejas oxidadas en un grado muy avanzado… El rico tesoro escultórico, orgullo justificado del lugar, se encuentra en peligro de extinción. Por doquiera se ven ángeles con alas rotas, desmembrados o decapitados. Ni siquiera la famosa escultura “La Bella Durmiente” ha escapado del general deterioro, y ya han debido retocarle partes de su estilizado cuerpo, por los daños sufridos.

El cuadro que hoy se observa es el mismo al que asistí cinco años atrás, cuando visité por vez primera el lugar. Entonces ya había dado comienzo la reparación de la Capilla, y eran repelladas algunas de las paredes donde se encuentran los nichos. Parece como si el tiempo no hubiese transcurrido; pues al revisitar el lugar, me encuentro con que los trabajos de remodelado están en el mismo punto de ejecución en que los dejé.

Este cementerio es muy viejo, quizás uno de los más antiguos de Cuba, entre los que aún existen. Su tesoro escultórico se está perdiendo. Aquí yacen los restos de los hijos ilustres que fundaron la ciudad y sirvieron en su sostenimiento y posterior desarrollo. En un lugar no precisado de sus terrenos yacen los restos de insignes revolucionarios de las contiendas libertarias de 1868 y1895, entre ellos, el general de Brigada Henry Reeves (el inglesito), el general Higinio Esquerra Rodríguez, el Presbítero Francisco Esquembre  Guzmán, fusilado por bendecir una bandera cubana de los insurrectos, o el teniente José Acebedo Quintana, español que peleó en las filas cubanas.

Tal vez sea preciso promover una campaña nacional que permita educar a las actuales generaciones en el amor y respeto por su historia, e involucrar a todos los cubanos de bien en el rescate de lugares como éste. Yo no tengo poder real, ni solución alguna, ni riquezas que donar. Solo me queda el consuelo de aportar unas líneas, a manera de S.O.S, con la esperanza de que otros se me unan: “Salvemos al Cementerio de Reina, que se nos muere”.