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HRW denuncia hacinamiento a venezolanos que retornan

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Venezolanos que han retornado al país son obligados a permanecer en cuarentena. Foto EFE

MIAMI, Estados Unidos.- Un informe elaborado entre la ONG Human Rights Watch (HRW) y los centros de Salud y Derechos Humanos de la Universidad Johns Hopkins denuncia que las condiciones de hacinamiento, y falta de higiene, a las que el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela somete a cerca de 130 000 migrantes que han retornado al país, provoca el incremento de la transmisión de la COVID-19.

En el texto, publicado este martes, ambas organizaciones instan a los ministros de Relaciones Exteriores de los países latinoamericanos abordar con urgencia la situación de los retornados a Venezuela en el próximo encuentro del Proceso de Quito, ya que hallaron “condiciones insalubres y de hacinamiento” en los centros donde se “obliga a los retornados a cumplir cuarentena, con escaso acceso a alimentos, agua o atención médica”.

A muchos de los venezolanos que han regresado a su país “se les ha exigido permanecer en centros de cuarentena” durante más de los 14 días recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que, señala el informe, se debe a demoras en las pruebas de diagnóstico de COVID-19. Estas personas han sido incluso amenazadas cuando han protestado.

“Enviar a los retornados a centros de cuarentena insalubres y sobrepoblados, donde es imposible cumplir con las medidas de distanciamiento social, es una fórmula perfecta para propagar la COVID-19”, denunció la doctora y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, Kathleen Page.

Los datos recabados por HRW entre junio y septiembre revelan que, aunque las condiciones en los centros “varían considerablemente”, la mayoría de los retornados entrevistados indicaron que la capacidad de estos lugares estaba seriamente desbordada y había múltiples personas en cada habitación.

Entretanto, los encuestados por estas organizaciones también reportaron condiciones insalubres, como falta de agua y electricidad para hacer funcionar las bombas de agua, y falta de artículos básicos de higiene, como jabón.

El pasado 10 de julio HRW aseguró que pidió información a las autoridades venezolanas sobre su respuesta “ante la hostilidad oficial hacia los retornados y las condiciones precarias en las cuales son recibidos”, sin embargo, el gobierno de Maduro no ha dado respuesta.

En el informe HRW instó a los países que forman parte del Proceso de Quito: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guayana, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay, que “soliciten al secretario general de la ONU, António Guterres, su intervención para formalizar un programa eficaz de apoyo a los retornados en la frontera entre Colombia y Venezuela, con participación de expertos en salud pública y liderado por la Organización Panamericana de la Salud”.

HRW denunció además que el 8 de junio el régimen de Nicolás Maduro limitó el ingreso diario por cruces fronterizos oficiales a 100 o 300 personas, dependiendo del lugar, y en algunos cruces sólo permite el ingreso tres días en semana. “Desde entonces, las multitudes que esperan para ingresar se han aglomerado en albergues improvisados al lado de carreteras, con escaso distanciamiento social”.

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Temor en la población por el ébola

camionLA HABANA, Cuba -La muerte del colaborador cubano de 60 años Jorge Juan Guerra Rodríguez, desató el debate en la isla sobre el control de epidemiológico, debido al brote de ébola registrado en África Occidental.

Guerra Rodríguez viajo al continente africano en calidad de económico de la brigada médica destinada a enfrentar la epidemia de ébola en Guinea Conakry.

Según informó la prensa oficial, el colaborador cubano falleció como consecuencia de un paludismo con complicación cerebral, el 26 octubre, 20 días después de arribar a la misión.

Agrega la nota del Ministerio de Salud Pública cubano que las dos pruebas realizadas al colaborador para diagnosticar el contagio con el virus ébola, resultaron negativas. La nota no especifica los aspectos del traslado del cadáver de Jorge Juan Guerra Rodríguez hacia Cuba.

Una fuente oficial reveló de forma íntima a este reportero que los primeros síntomas de la enfermedad del colaborador fueron tratados como ébola, lo que facilitó el avance al cerebro. Confirmó la fuente que la víctima había contraído paludismo durante su anterior misión en Mali.

Bajo la condición de anonimato para declarar, un especialista en control epidemiológico del puerto de La Habana, ofreció sus consideraciones al respecto.

Según su criterio los riesgos de contraer enfermedades después de los 60 años son mayores. Consideró que la edad promedio de la brigada médica, ¨no fue tomada en cuenta para enviar a los colaboradores a una zona de alto riesgo¨.

El especialista  calificó la noticia de contagio con paludismo del colaborador como admisible, pero no descartó la idea de otro tipo de enfermedad.

¨Es pronto para saber… cuando se oculta algo, nos enteramos a través de nuestros propios colegas¨, advirtió.

¨El ébola puede adquirirse por el contacto con objetos infestados…eso de que no tuvo (el colaborador) contacto con centros de tratamiento de ébola, ni con enfermos, como dicen (la nota de prensa), no tiene nada que ver¨, explicó la fuente anónima, quien considera que el contagio aéreo no debe descartarse.

¨El traslado de los restos hacia la isla pudiera ser una señal, si están ocultando algo¨, añadió.

Informes de la prensa independiente en la isla señalan que en caso de fallecimiento por contagio con ébola, los cuerpos de los colaboradores no regresaran a Cuba. La inhumación de los restos se realizará en el país donde se encuentre el colaborador.

Las debilidades de la seguridad fronteriza

Las autoridades sanitarias aseguran que mantienen un plan de vigilancia, establecido como parte de la prevención y control de posibles casos de ébola que arriben al país.

El plan establece la observación de las personas provenientes de países afectados por el ébola y el ingreso de los casos con fiebre en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kouri (IPK). A mediados del presente mes 12 de estos viajeros se encontraban bajo observación en el IPK.

Las medidas de vigilancia en las fronteras, puertos, aeropuertos y marinas que las autoridades sanitarias afirman tener dispuestas forman parte de la controversia que desató el fallecimiento del colaborador cubano.

¨Si hay controles de salud, yo ni me di cuenta¨, declaró una cubana de 57 años, residente en España que viajo a la isla como turista y se identificó por el nombre de Caridad.

Un trabajador del aeropuerto que negó ser identificado, mostró su preocupación al respecto.

¨Yo lo veo cada vez que trabajo, los controles sanitarios no son como dicen. Eso del control a los que vienen de África es un cuento… los veo entrar sin ni siquiera hacer un control de temperatura¨, declaró el trabajador.

Otro de los causas de preocupación de las autoridades sanitarias en la fronteras, es el arribo de los cruceros turísticos. Para los especialistas será un reto diferente al habitual.

Las fuentes médicas consultadas para este trabajo, aseguran que Cuba carece de potencial para enfrentar el virus.

¨Los laboratorios de segundo nivel que hay en la isla, no están preparados para enfrentar el virus¨, advirtió un médico entrevistado a quien protegemos el nombre.

La fuente asegura que una vez el virus en la isla, las malas condiciones higiénicas en los hospitales y en general, favorecerían la propagación de la enfermedad de forma volátil.

¨Hay un comentario de que Raúl (Castro) dijo en una reunión que si el ébola entraba a Cuba es mejor darse un tiro¨, resaltó la fuente.

El ébola mata al 90 por ciento de sus víctimas, se inicia de forma abrupta en el organismo con síntomas como fiebre, dolores musculares y otros síntomas más agresivos pero similares al dengue hemorrágico y el cólera, dos epidemias con presencia en la isla.

Aunque las autoridades cubanas no se han pronunciado al respecto, se conoce que varios casos de pacientes diagnosticados con dengue fueron valorados como casos de contagio con el virus de Chinguinguya, después de un estudio profundo de los síntomas.




Proyectiles balísticos

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -Mientras caminaba por la Habana Vieja,  Félix López, un pinareño con 55 años, poeta de afición y electricista de oficio, viajaba mágicamente por el tiempo. Estaba embelesado con la arquitectura ecléctica, poblada de balcones, andamios, cucañas de albañilería, travesías angostas.

Mientras salvaba los trechos adoquinados, admiró los murallones de cantería, balaustradas, arabescos labrados sobre infinitos aleros, cenefas fundidas, enrejados que expresan el arte de la forja. Percibió el omnipresente olor a hollín. Escuchó pregones, el golpetear de los aros de los quitrines y los cascos de los caballos, el repique de guitarras, los sincopados toques de tambores. Y así iba, cuando, de pronto, plaff, le cayó encima una bolsa con mierda.

Una camioneta de la UNM de Salud Pública (MINSAP), que repartía al personal técnico del servicio de refrigeración y aire acondicionado, dobló por la calle Acosta,  parqueó momentáneamente en la esquina de Curazao. Y…  cataplán, otra bolsa con porquería se estrelló contra la cabina. La tripulación puso pies en polvorosa para salvarse del ataque.

Son como proyectiles balísticos. Bolsas de compras repletas de excrementos humanos surcan los cielos de la Habana Vieja, un fenómeno causado por el hacinamiento poblacional y el déficit de instalaciones sanitarias, agudizado al máxime en éste municipio de la capital.

Francisco Gómez rememora que residió en una cuartería y, frente a su cuarto, vivía una mujer que vertía sus necesidades fisiológicas en una lata de 5 galones (envase de aceite comestible). En la madrugada salía al balcón, primero echaba un vistazo. Luego, exclamaba: Voyyyyy… Y lanzaba el contenido para la calle.

Pero las rampas de lanzamiento más peligrosas están en las azoteas del  llamado Centro Histórico, en cuyas superficies un sinnúmero de familias han levantado los famosos “palomares”, hileras de casuchas carentes de servicios sanitarios.

Allá arriba, vierten sus desechos sólidos en bolsas plásticas de compra, luego las anudan, la toman por el asa, le dan vueltas, cogen impulso, lanzan el fuacatazo y el proyectil surca los aires en busca de una víctima. Según alegan algunos vecinos, se ha comprobado que cualquier Meñique armado con una “jaba premiada”, es capaz de hacer correr a legiones de Goliats. Mientras otros apuestan que, con tales defensores, los ingleses no hubieran tomado La Habana en 1762.

“Estas metrallas se han expandido a otras zonas”, explica Orlando, de 75 años, un barrendero de la corporación “Aurora”, en el municipio Plaza, quien barre una norma de 9 calles de la barriada del Vedado. Él afirma que diariamente recoge varias bolsas con excrementos.  Otros colegas suyos aseguran haber tenido la misma experiencia en los municipios Cerro, Centro Habana, 10 de Octubre y Playa.

Ahora Félix, el pinareño, poeta y electricista, desde el muro del malecón, busca inspiración en las verdinegras aguas de la bahía. Contempla los pesqueros, gaviotas, baluartes coloniales, aspilleras encumbradas en los paredones de las fortalezas. Y de vez en cuando, inspecciona  la bóveda celeste, no sea que lo sorprenda un nuevo proyectil balístico.




Habaneros en las calles

LA HABANA, Cuba, julio (173.203.82.38) – Aunque se dice que los habaneros viven puertas adentro, el calor del verano los saca cada noche de sus casas, hasta pasada la medianoche. Se les puede ver sentados en los quicios de las puertas, en los contenes de las aceras y sobre pequeños bancos de madera.

Generalmente se agrupan por intereses compartidos. Mientras los niños corretean sudorosos, grupos de mujeres en cada cuadra los vigilan y al mismo tiempo se cuentan los últimos chismes del barrio.

Son frecuentes las mesas de dominó en las que jóvenes y viejos vociferan al poner la fichas oportunas, o comentando las jugadas desde afuera que, según dicen los entendidos, es desde donde se ven mejor.

Parejas de adolescentes aprovechan la oscuridad, o al menos las tinieblas de las calles habaneras, para intercambiar susurros, caricias, besos y cosas no apropiadas para describir en este artículo.

Vendedores ambulantes, tanto los recién autorizados como los furtivos de siempre, pasan a ratos ofreciendo helados, refrescos fríos y otras chucherías.

Los fines de semana aumenta el número de los que toman por asalto las calles para refrescar al aire libre y confraternizar con sus vecinos. Son pocos los lugares a donde ir y casi todos están fuera del alcance de los bolsillos del cubano medio.

La mala ventilación de las viviendas donde se hacinan, sin aire acondicionado, varias generaciones de una familia, la aburrida programación televisiva, la falta de otras opciones, el arribo de miles  de personas del interior del país, que traen sus costumbres de sentirse familia de sus vecinos, y el agobiante calor del verano tropical, confluyen para ir cambiando la vieja idea de que en La Habana nadie conoce al vecino de al lado.

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La mina se está derrumbando

LA HABANA, Cuba, abril (173.203.82.38) – La vivienda situada en la calle San Ignacio #256, en pleno corazón del Casco Histórico de la ciudad, se encuentra totalmente apuntalada. No en balde los vecinos, que se juegan la vida a diario cuando transitan por allí, bautizaron la casa como “La mina de carbón”.

La mina de carbón fue en el siglo XIX la residencia de una condesa. A principios del pasado siglo, se convirtió en una casa de vecindad para familias pobres. Y en 1959 se inició la paulatina depauperación de la casona, debido a la imposibilidad de los residentes de darle mantenimiento y emprender las obras de reconstrucción.

El creciente hacinamiento y el déficit habitacional, que sólo en La Habana excede el millón de viviendas, obligó a los vecinos de La mina a construir barbacoas (entresuelos) y levantar nuevas divisiones en los cuartos, ya de por sí pequeños.

Las remodelaciones o reparaciones del inmueble se hicieron aún más difíciles durante el terrible período especial, en la década de los años noventa, y poco tiempo después el edificio fue declarado inhabitable. Las 13 familias que lo habitan viven desesperadas, y en peligro.

En 1982, UNESCO declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad al municipio Habana Vieja. Cientos de cartas se han enviado a la Oficina del Historiador de la Ciudad, que tiene poderes semi absolutos sobre el área, al Poder Popular, al Consejo de Estado, al Partido Comunista, y todavía esas familias no pueden vivir bajo un techo seguro. En 1992 una parte del segundo piso se desplomó, y transitar sobre las desniveladas lozas se convirtió en un acto macabro de malabarismo.

Las autoridades reubicaron a algunas de las familias, pero aún permanece allí un numeroso grupo de personas, entre ellas niños y ancianos. Situación que se complica, porque otras edificaciones en la calle San Ignacio entre Lamparilla y Amargura se encuentran en las mismas condiciones, en peligro de derrumbe. Cada vez que una edificación es demolida, se deterioran aun más las colindantes, porque las paredes son comunes. El único edificio nuevo de la zona, de tres plantas, lleva trece años en construcción. Un segundo inmueble que se construye fue destinado a los médicos que regresan de misiones en el exterior.

La gente del barrio está muy preocupada, pues se pronostica una temporada ciclónica muy activa que pronto debe comenzar. Sólo en esa manzana muchas personas podrían perder la vida si un ciclón fuerte azota la capital.




Jesús el loco

LA HABANA, Cuba, enero (173.203.82.38) – Otro personaje del folclor de Jaimanitas es  Jesús el loco, quién  pudiera pasar a las memorias  del  pueblo como el iniciador de las protestas callejeras.

Es el hijo menor de la primera generación de los Bustamante, famosos en la búsqueda submarina, en las playas de La Habana, de prendas perdidas por los bañistas, iniciadores del negocio de la calandraca para  carnada,  y notoria  también  la familia por el hacinamiento en que viven, pero  el loco resulta el más expuesto, y  sus arrebatos son siempre noticia en  el municipio.

Jesús fue el único de la numerosa prole que no pudo vivir  del mar, por su  retraso; y sin embargo, descubrió un artilugio eficaz para agenciarse  cama y comida, como preso  en las celdas de la Estación de policía. Utilizó este ardid  también como represalia contra los abusos de  hermanos y sobrinos, que se aprovechaban de su incapacidad  para molestarlo, y  luego su madre  tenía  que ir  a la Estación con el  certificado médico para sacarlo.

La manera más efectiva  que encontró para que el patrullero lo cargara  rápido era  gritar obscenidades contra el  gobierno. Subido en  un banco  del parque  soltaba  su  intensa alocución  impúdica con  una  jerga rimbombante, y enseguida algún vecino llamaba a la patrulla  que venía  a recogerlo.

A veces le daban golpes para que se callara, y cuando entraba en la celda se  acostaba a dormir en  un rincón, algo muy difícil de conseguir en su casa. Comía con tranquilidad, hasta fumaba  por cortesía de  los reos. Muchas veces se resistió  a  dejar el encierro, y sus padres  tenían que convencerlo  con promesas de protección.

Hace unos días el jefe de la estación dio la orden de no recogerlo más, que lo dejaran vociferar lo que quisiera. Jesús  ha tenido que moverse a otros municipios donde lo arrestan por varios días, pero al final lo dejan porque se trata de un loco sin remedio.

Ayer me lo encontré en la calle, me saludó  con la  efusión que lo caracteriza, y confesó que la estaba pasando muy mal con el problema de la vista, quería leer, informarse,  y no podía  por falta de espejuelos. Cuando conseguía la receta no tenía el dinero, cuando tenía el dinero no había su graduación, cuando había su graduación la receta   ya estaba vencida.

Vaya, que Jesús está loco por partida triple.