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Villa Clara perdió 22 541 cabezas de ganado por falta de alimentación en 2022

Ganadería, Villa Clara

MIAMI, Estados Unidos. — La provincia de Villa Clara perdió más de 22 000 cabezas de ganado el pasado año debido a la deficiente alimentación, informó este miércoles la Agencia Cubana de Noticias (ACN).

Especialistas del Departamento de Sanidad Animal (DSA) de esa provincia del centro del país revelaron al medio estatal que la cifra de muertes de cabezas de res ascendió a 22 541, 2 077 más que las registradas en 2021.

El aumento de la mortalidad ganadera se hizo extensivo a las crías de hasta dos y tres años (becerros), con 6 492 muertes de ejemplares, 782 más que en el año anterior.

Maikel Madrigal Hernández, especialista principal de Epizootiología del DSA, dijo a la ACN que hubo impedimentos para efectuar los programas de alimentación debido a la falta de combustible y transporte que la siembra destinada a la comida animal no se realizó de manera exitosa, lo que contribuyó a la muerte de más animales.

Además de la desnutrición, con 3 190 casos, frenaron el desarrollo de la masa ganadera 7 537 accidentes motivados por la debilidad física, así como los trastornos respiratorios y digestivos, producto de la escasez de plantas artificiales y proteicas.

Para frenar esa tendencia, la DSA de Villa Clara implementa estrategias para revertir el daño a la masa ganadera en el territorio y trabaja en conjunto con la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas en ensayos clínicos de productos naturales que favorezcan un mejor desarrollo de las reses.

Expertos en ganadería destacan si la masa ganadera no recibe una alimentación adecuada, esta puede sufrir problemas de salud como desnutrición, baja producción de leche o carne, y un mayor riesgo de enfermedades.

La escasez de alimentos también puede generar un impacto negativo en la fertilidad y el crecimiento del ganado. En ese sentido, se recomienda asegurar que el ganado reciba una dieta equilibrada y adecuada a sus necesidades para garantizar su salud y bienestar.

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La ganadería cubana y sus derivados antes y después de 1959

Cuba, ganadería

LA HABANA, Cuba. – Las primeras cabezas de ganado vacuno existentes en Cuba fueron traídas por Diego Velázquez desde La Española. Aquellas reses se adaptaron muy bien a nuestras condiciones climáticas y la cría ―gracias a la iniciativa privada― se desarrolló a tal extremo que la ganadería llegó a ocupar un lugar significativo no solo en el desarrollo económico del país, sino también en la alimentación de nuestros habitantes.

En el volumen “Edición conmemorativa del cincuentenario de la independencia (1902-1952) y del centenario del nacimiento de José Martí (1853-1953)”, texto donde se enumeran y realzan los múltiples avances económicos, sociales y culturales alcanzados en la Isla durante el período de posguerra, sobre el desarrollo de la ganadería y sus derivados se lee: 

“Al final de la Guerra de Independencia se estima que la ganadería cubana había quedado reducida a menos de una tercera parte, o sea, unas 700 000 cabezas. Durante la ocupación americana el país afrontó la mayor escasez de carne iniciándose las importaciones de ganado y las grandes importaciones de carnes saladas y enlatadas. En 1910 el esfuerzo de los ganaderos cubanos databa de más de 3 millones de cabezas. El censo de 1923 señala ya 5 millones de cabezas de ganado. La Primera Guerra Mundial nos encuentra exportando ganado. Las importaciones de carne desaparecieron prácticamente en 1932”. 

Según el compendio, en el año 1930 se inauguró la primera fábrica de leche condensada en Bayamo, y en 1938 la segunda en Sancti Spíritus. Ya para 1940 la producción nacional de este rubro sobrepasaba 1 200 000 cajas, lo que permitía la exportación del excedente. En 1929 un grupo de emigrantes propietarios de pequeñas lecherías se asociaron y fundaron en La Habana la Compañía Lechera de Cuba, S.A., ubicada en Concha y Luyanó, a la cual aún hoy los habaneros se refieren como “La Lechera”, si bien ya solo sirve como punto de referencia. 

A esos emigrantes canarios les debemos la creación de aquellos carritos que recorrían nuestras calles con los deliciosos helados Diana, así como la invención de los famosos bocaditos de helado, idea que, aunque sin la calidad de entonces, perdura en nuestros días. Esta compañía contaba con la más amplia, moderna y mejor equipada de las plantas pasteurizadoras y homogeneizadoras de leche en la América hispana, y poseía además una fábrica de leche condensada, de helados y otros productos derivados de la leche, además de hielo. 

Otra gran empresa lechera cubana era San Bernardo, Productos Lácteos, S. A., radicada en la provincia de Pinar del Río y que ya desde 1949 comenzó a pasteurizar y homogeneizar la leche. 

En 1958 se estima que existían alrededor de 6 millones de cabezas de ganado vacuno; la producción de carne y leche era la segunda actividad económica del país para beneficio de los cubanos, que entonces ocupábamos el tercer puesto en cuanto a consumo diario de carne en América Latina. 

Este fue el panorama que encontró la dictadura castrista en 1959: una industria ganadera sostenida que en poco tiempo se agotó por los descabellados experimentos de Fidel Castro y las arbitrarias leyes represivas impuestas a los campesinos productores de ganado. 

Así pues, la leche, sus derivados y la carne, inapreciables componentes de la nutrición humana, ya desde principios de la década de 1960 desaparecieron de la dieta del cubano. Más aún, la comercialización privada y por ende el consumo de carne de res fueron criminalizados; la dictadura se arroga el derecho exclusivo de venderla, y eso únicamente en los mercados y precios establecidos por el propio Estado, esto es, en divisas y a cifras inalcanzables para la población.

A pesar de que los medios oficialistas se empeñan en pretender demostrar un despegue del desarrollo ganadero que no se vislumbra en el país, durante las últimas seis décadas los cubanos hemos sido obligados a cambiar nuestros hábitos alimentarios. Así como la leche y sus derivados, la carne de res también desapareció de nuestra mesa. Durante un tiempo pudimos sustituirla por la de cerdo, pero hoy ni esa tenemos, pues una serie de arbitrarias medidas han maniatado a los productores hasta tales extremos que no solo este rubro prácticamente desapareció, sino que además, cuando se encuentra, los 500 pesos que cuesta una libra disuaden a más de uno. 

De modo que el cubano de a pie no solo es víctima del desabastecimiento, sino que ya no puede siquiera disponer de su tiempo, pues se ve obligado a permanecer varias horas en colas para poder comprar, previa presentación de la libreta de racionamiento y el carnet de identidad, un paquete de 10 libras de pollo al mes, dos paqueticos de picadillo de pavo y dos de salchichas. 

Magro consuelo, aun así necesario, pues con cinco huevos y una libra y media de pollo por persona no es posible sobrevivir 30 días. Tampoco cubren nuestras necesidades proteicas ciertas laticas de carne prensada vendidas en noviembre en algunas bodegas: 400 gramos (de ellos 72,8 de proteínas), recibidas en el país como donación pero vendidas a los consumidores al “módico” precio de 19 pesos.

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En Cuba, ¿quién es el rey del ganado?

Ganadería, Cuba, Carne de res

LAS TUNAS, Cuba. — Cuando recién concluyó la plenaria nacional de ganadería bovina —que sesionó durante varios días la semana pasada—, en la jornada final participó el gobernante Miguel Díaz-Canel, quien dijo que los funcionarios y directivos estatales tenían que ir para el campo, a hablar con los productores, que son los principales actores en la ganadería, porque sin ellos, no hay carne ni leche.

En ese evento que acogió la participación de jefes gubernamentales y vaqueros de todo el país, entre ellos los ministros de la Agricultura y la Industria Alimenticia, salió a relucir que el Estado sólo posee el 10,8% del rebaño nacional, pues el 80% de la masa bovina, que actualmente está compuesta por 3 645 000 cabezas, es, según reportó el periódico Granma el pasado lunes, “propiedad” de 142 733 productores individuales, dispersos por todo el archipiélago cubano.

Cuando el periódico del Partido Comunista de Cuba (PCC) publicó esas cifras, en atención a que mi padre fue un experimentado criador de ganado desde los años 40 del pasado siglo y a que yo mismo poseí reses y caballos, este martes fui convocado por el periodista Tomás Cardoso, conductor del programa Cuba al día, de Radio Martí, quien me preguntó: “Alberto, ¿usted cree que realmente en Cuba el 80% del ganado vacuno es de propiedad particular, que el Estado nada más posee ese porciento (10.8) que cita Granma?”

Puesto que la radio suele ser un medio volátil, y por la importancia que tiene la ganadería en cualquier nación y todavía más en Cuba, un país otrora productor de carne y leche, donde hace más de 60 años dichos productos se encuentran racionados y deben ser importados por la incapacidad de producirlos en territorio nacional, quiero traer a los lectores de CubaNet lo dicho en Radio Martí: “Es un sofisma, sí, un falso razonamiento, ese que dice y afirma que en Cuba el 80% del ganado vacuno es de propiedad particular. La falsedad radica en que ningún “propietario” de ganado, ya sea de leche o de carne, puede disponer libremente de la producción de su rebaño, pues en Cuba, y como mismo sucede con el café, el tabaco y otros productos, es el Estado totalitario castrocomunista el exclusivo y único comprador monopolista”.

El ganadero no puede vender la leche de sus vacas ni sus animales de ceba sino a las empresas estatales, llamadas el “lácteo” o el “cárnico”, y de no hacerlo así, puede ser llevado a una “venta forzosa” de sus animales. Esta medida administrativa es única en caso de ser propietario de la tierra. Si fuera usufructuario de tierras de propiedad estatal, además de la venta forzosa del ganado le rescindirían la tenencia de la finca, por lo que esa persona y su familia serían desalojados de terrenos que durante años habían permanecido ociosos y cubiertos de malezas invasoras, hasta que fueron nuevamente acondicionados para la producción al costo de miles de pesos, incluso de dólares proporcionados por familiares residentes en el extranjero. Pudiera darse el caso de que, en adición a las medidas administrativas, se imputen delitos tipificados como actividades económicas ilícitas, o sacrificio ilegal de ganado mayor y venta de su carne, por sólo citar dos ejemplos.

Se estima que en el año 1958 Cuba, con una población de alrededor de seis millones de habitantes, tenía un rebaño de seis millones de cabezas de ganado vacuno. Hoy, con más de once millones de cubanos, el rebaño nacional es apenas la mitad de lo que fue hace sesenta y cuatro años: 3 645 000 cabezas, según fuentes oficiales. Probablemente sea menos.

Al no poder disponer de sus animales como mejor le convenga, un tenedor de ganado en Cuba es un mero siervo, aunque se crea dueño. Llamarlo “propietario” es un eufemismo, sí, un modo suave para no llamar vasallo a un simple pastor que suministra materias primas a la “empresa estatal socialista”, entiéndase al monopolio del Estado, que es el verdadero dueño y señor en un país comunista. Por tal razón, el gobernante Miguel Díaz-Canel ordenó que los funcionarios y directivos estatales fueran al campo para hablar con los productores, entiéndase en función de caporales.

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¿Cuándo habrá leche y carne de res para los cubanos?

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LA HABANA, Cuba. – La total libertad de los campesinos para determinar el uso de sus tierras, animales, siembras, comercialización, asociación y otras cuestiones es indispensable para “salvar” la ganadería y los cultivos agrícolas en Cuba.  

El 26 de julio de 2007, Raúl Castro dijo que cada cubano debería tener un vaso de leche, no solo el litro diario vendido a los niños hasta los siete años por la cuota desde 1962. No se refirió a la carne de res, casi desconocida por la mayoría de los cubanos de varias generaciones.  

Los campesinos tienen que estar motivados para poder recuperar la ganadería vacuna en Cuba. Las medidas para eliminar las trabas no han dado los resultados esperados porque ellos las desconocen. Esas fueron las conclusiones de la Plenaria Nacional de la Ganadería Bovina con los mejores vaqueros de los sectores estatal y privado, encabezada por el gobernante Miguel Díaz-Canel, el 6 de noviembre, según reportaron medios oficiales. La deficiente gestión de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) no se mencionó. 

En esa reunión, Díaz-Canel expresó su satisfacción por las intervenciones de los agricultores, pero muchas de las medidas adoptadas para favorecer la producción agropecuaria no son conocidas por muchos de ellos, una deficiencia que recae sobre las empresas, incapaces de divulgar y explicar las decisiones y su alcance. 

El gobernante también exigió a los funcionarios y directivos ir al campo a hablar con los productores, porque “esos son el principal actor de la ganadería, sin ellos no hay ni leche ni carne”, dijo. 

La mayoría de los guajiros son ancianos; sus hijos han emigrado a los pueblos, ciudades y al extranjero, incluso aquellos que se hicieron veterinarios, ingenieros agrónomos, inseminadores, técnicos y obreros calificados, con la aspiración de convertir las tierras ancestrales en vergeles. 

Durante la incubación del actual “período de continuidad”, los robos y la corrupción han proliferado aún más, sobre todo en las empresas de acopio, las UBPC y cooperativas. Asimismo, las dificultades son inmensas, pues no hay agua potable ni machetes, limas, guatacas, pienso, fertilizantes, medicamentos, combustible y medios de transporte. 

En la década de 1950, Cuba era una de las naciones con mayor proporción de reses por habitantes (0,90), solo superada por Brasil (1,0), Argentina (2,39) y Uruguay (3,1). En el Censo Ganadero de 1952 se estimó la existencia de 5 391 100 reses. En 1953 la población de Cuba ascendía a 5 610 000 habitantes. La masa bovina actual es de 3 645 000 cabezas, según la Oficina de Estadísticas e Información (ONEI).

El 80% de la masa bovina pertenece a 142 733 productores individuales, que están sometidos a los dictámenes del Partido-Gobierno mediante leyes, reglamentos y decenas de medidas controladas por el Ministerio de la Agricultura. Las multas, decomisos y condenas a cárcel penden sobre los propietarios y usufructuarios. La “Tarea Ordenamiento” iniciada en enero de 2021 elevó los costos de los servicios y los insumos que necesitan los campesinos para producir. Como consecuencia, también aumentaron los precios de los productos agropecuarios comercializados fuera del contrato del encargo estatal, lo que amplía la espiral de inflación. La escasez de alimentos, la alta mortalidad, el hurto, el sacrificio ilegal, los bajos niveles de natalidad y el descontrol continúan menguando la masa ganadera.

Desde hace décadas, los panes con bistec vendidos en los timbiriches callejeros son estampas costumbristas del pasado. La ropa vieja y la vaca frita son platos típicos de la cocina cubana que se han salvado fuera de la Isla. Aquí constituyen lujos inalcanzables para la mayoría de la población. 

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Régimen recrudece ley agropecuaria: Multará con 20 000 pesos a quienes la incumplan

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MADRID, España.- El Gobierno cubano podrá multar con hasta 20 000 pesos a los campesinos que incumplan las recientes “regulaciones para el control y registro del ganado mayor y de las razas puras”. 

La nueva normativa, publicada en la Gaceta Oficial de la República de Cuba No. 89 Ordinaria del 24 de agosto de 2022, también establece el decomiso de su ganado. 

Según el documento, el recrudecimiento de la ley se debe a que “las cuantías de las sanciones pecuniarias no cumplen los fines para las que están previstas y las medidas aprobadas para dinamizar la producción agropecuaria en el país”.

Serán sancionados con multas de 20 000 pesos los propietarios que “no concurran ante el Registro Pecuario correspondiente, dentro del término establecido, a actualizar los datos relacionados con el ganado mayor”.

Lo mismo ocurrirá a los ganaderos que “posean ganado mayor no declarado, ni oportunamente inscrito en el Registro Pecuario” y “permitan la presencia de ganado mayor o menor de su pertenencia o bajo su custodia en cualquiera de las vías de circulación”. 

Con montos de 5 000 pesos, por cada animal, serán multados quienes trasladen ganado mayor de una finca a otra ubicadas en la jurisdicción de distintos Registros Pecuarios, sin el documento que autorice el traslado.

Mientras que aquellos que compren, reciban, vendan o traspasen ganado mayor sin la autorización correspondiente serán multados con 10 000 pesos por cada animal. 

La nueva legislación precisa que los registradores e inspectores pecuarios y funcionarios del Ministerio de la Agricultura serán los encargados de aplicar estas multas. 

Los ganadores que sean sancionados y deseen apelar tendrán que presentar la apelación ante los delegados municipales y provinciales de agricultura.  

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El camino de la carne de res en Cuba

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LAS TUNAS, Cuba. — El pasado lunes, coincidiendo con la publicación en CubaNet del artículo La revolución de los cuatreros, el diario oficial Granma publicó una nota titulada Alerta del riesgo de consumir carne procedente del hurto y sacrificio de ganado mayor.

En el texto del medio estatal se admite que, pese a la severidad de las leyes sancionadoras, los robos de ganado se han incrementado en el país como resultado de la carente oferta de carne vacuna en moneda nacional y los precios prohibitivos en moneda libremente convertible MLC. Asimismo, Granma advirtió que quienes adquieran carne procedente de animales robados, podían contraer enfermedades contagiosas como brucelosis o tuberculosis.

Respecto a la ilegitimidad de comprar carne a los cuatreros —o a los vaqueros que sacrifican sus propias reses sin autorización del Estado— la nota señala que “los delitos relacionados con el ganado mayor no sólo comprenden a las personas que hurtan y sacrifican al animal, sino también a los ciudadanos que compran las carnes”.

Es útil apuntar que el delito de receptación está conceptuado en el artículo 388.1 del Código Penal. La normativa expresa que quien “adquiera bienes que por la persona que los presente, o la ocasión o circunstancias de la enajenación (venta), evidencien o hagan suponer racionalmente, que proceden de un delito, es sancionado con privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas, o ambas”.

Si al comprar carne de res ilícita los cubanos pueden contagiarse de brucelosis o tuberculosis y también ser acusados de receptación e ir a la cárcel por un año o multados hasta con 15 000 pesos —pues la multa pudiera ser de trescientas cuotas de a 50 pesos— … ¿Por qué el robo de ganado mayor y el delito de receptación en lugar de disminuir aumentan en Cuba?

Según informes de la Agricultura citados por Granma, el incremento de los delitos de hurto y sacrificio de ganado mayor y venta de sus carnes tiene como principales causas “el descontrol de la masa ganadera” por parte de sus poseedores y los “conteos (verificación física del rebaño) que no se realizan con la profundidad y periodicidad requeridas”.

Me pregunto si los funcionarios del Ministerio de la Agricultura que dieron esa información al órgano del PCC alguna vez han comprado carne vacuna en las tiendas MLC y, por casualidad, han escuchado los precios de los matarifes clandestinos. En Las Tunas, la Empresa Agropecuaria comercializa en las tiendas MLC el kilogramo de riñonada de res a 13,25 dólares (o su equivalente en divisa), el filete a 18,63, el boliche a 12,22, la bola de res también a 12,22, la palomilla a 10,70 y la cañada a 12,22.

(Fotos del autor)

Es público y notorio que los cambios de monedas no son según la tasa oficial de 24 pesos cubanos por un dólar, sino de 80, 90, 100 pesos o más por un dólar. Así, un kilogramo de palomilla, que es lo más barato, a 10,70 MLC, costará al ciudadano 856 pesos cubanos, eso si obtienen los dólares por la cotización más baja, a 80 pesos (cosa rara), por lo que una libra de carne de res comprada en el monopolio del Estado cubano costará algo así como 428 pesos, mientras que en el mercado clandestino es posible encontrarla a 180 pesos.

No estoy defendiendo a los cuatreros, sino exponiendo una de las tantas causas que propician los robos de ganado, alentado por carencias en los mercados y por conveniencias políticas debido a que las carnicerías fueron estatizadas y los ganaderos expropiados. No hay tal “descontrol de la masa ganadera” ni “conteos que no se realizan con la profundidad y periodicidad requeridas” cuando el ganadero es propietario de su rebaño y no un mero peón del Estado, a quien debe vender sus producciones, obligado y a precios fijos.

Solamente cuando el ganadero puede disponer libremente del hato, todo animal que nazca, muera o sea robado se reflejará verdaderamente en las cuentas del dueño, porque, como decía mi padre, el cuchillo del binomio ganadero-carnicero no merma el rebaño, sino que lo incrementa. El cuchillo que elimina hasta la mejor cría es el del ladrón, que, sacrificando reses sin costos de producción, puede vender barato con clientes fijos, aunque “el riesgo de consumir carne procedente del hurto y sacrificio de ganado mayor”, como dice Granma, implique contagios de enfermedades (cosa rara, porque los ladrones suelen robar los mejores animales) o la probabilidad (cierta y frecuente) de ir a la cárcel por adquirir productos robados.

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La revolución de los cuatreros

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LAS TUNAS, Cuba. — La ley que por sacrificar sus propias reses encarcela al ganadero cubano como si fuera un cuatrero cumplió 60 años este domingo. El precedente criminal del vigente Código Penal, que indistintamente sanciona al propietario y al ladrón de ganado con privación de libertad, es la Ley No. 1018 del 20 de marzo de 1962.

En Cuba es delito “contra la economía nacional” el sacrificio de ganado mayor y venta de sus carnes, conceptuando al respecto el artículo 240.1 del Código Penal: “El que, sin autorización previa del órgano estatal específicamente facultado para ello, sacrifique ganado mayor, es sancionado con privación de libertad de cuatro a diez años”. El que “venda, transporte o en cualquier forma comercie” con carne de ganado mayor sacrificado ilegalmente “es sancionado con privación de libertad de tres a ocho años”, dice el propio artículo 240 en su apartado dos.

Hurtar o robar una res constituye delito de abigeato en cualquier lugar del mundo, no así la potestad que tiene el dueño para, luego de cumplir con los requisitos administrativos y civiles debidos, entre los que se encuentran los sanitarios y los impositivos —o como se decía en Cuba, “pagar la puñalá” — , disponer de sus animales según entienda conveniente. Pero en Cuba hace 60 años que el ganadero tiene prohibido bajo conminación de encarcelamiento —o como se dice ahora, dejar el cuero en la cárcel—  el sacrificio de sus reses o la venta de ganado de carnes a carniceros particulares. Funciona así desde que fuera promulgada en el ya lejano 1962 la Ley No. 1018, que criminalizó la matanza de ganado vacuno tanto para el consumo propio como para la venta de sus carnes.

Puesto que sin la intervención del Estado el “propietario” de ganado no puede disponer libremente de sus producciones —ya sea del rebaño lechero como el de carne— es un sofisma afirmar que en Cuba exista propiedad privada sobre el ganado vacuno o bufalino. En realidad, entre el Estado y el ganadero sólo existe una relación que recuerda la que existió en el feudalismo entre el siervo y el señor feudal. Esto ha traído graves consecuencias para la nación cubana, visibles en tara sociológica en las familias, lastradas por miles de reclusos o exreclusos, de ya varias generaciones, sancionados por sacrificio, venta y receptación de carne vacuna en un comercio clandestino que, lejos de proteger el rebaño, como era el propósito de la Ley No. 1018, hizo disminuir la ganadería como nunca antes.

Ejemplifico. En 1958 la población cubana era de unos seis millones de habitantes, en ese mismo rango se encontraba el rebaño ganadero, promediando 0,92 cabeza de ganado por habitante. En 1989, cuarenta años después, mientras la población prácticamente se duplicó, el rebaño nacional descendió en un millón 80 mil 344 cabezas, para un per cápita de sólo 0,46. En 2022, más de treinta  años después —y en el 60 aniversario de la ley penal que supuestamente protegería a la ganadería cubana—, la situación es mucho peor. Así lo muestra la inexistencia de productos lácteos y cárnicos en el mercado o el encarecimiento de sus precios.

Según fuentes oficiales, en Las Tunas —una provincia con más de 400 años de tradición ganadera—, los delitos de hurtos y robos vinculados al sacrificio de ganado mayor se incrementaron en 2021, existiendo, igualmente, una tendencia al crecimiento de esos hechos en 2022. Pero si usted revisa los datos de otras provincias se percatará de que, de la misma manera que en Las Tunas, en otras regiones del país existe incidencia de abigeato. No se trata de una situación nueva, sino de algo que ocurre desde hace muchísimos años, siendo pertinente, desde el ángulo jurídico, sociológico, político y ciudadano, preguntar: ¿Por qué existe en Cuba propensión al robo de ganado y a la receptación de carne de ganado mayor robado cuando esos delitos, antes de 1959, eran raros e incluso hoy tienen escasa o nula incidencia en la criminalidad de otros países del mundo civilizado? La respuesta es una: porque el Estado monopolizó los mercados y el monopolio es fuente de delito.

Con más de medio siglo de atraso tecnológico y de manejo del rebaño respecto a sus vecinos de Norte, Suramérica y el Caribe, Cuba sí posee suelos, subsuelo, agua, vegetación, clima y una tradición ganadera con más de 400 años que hacen posible el desarrollo ganadero en el archipiélago cubano. Entonces, el lector, poco enterado de cómo funciona la economía en la Isla, se preguntará: ¿Por qué si los cubanos en su país pueden producir ganado, carecen de carne, leche y de todos los productos agropecuarios que hoy no encuentran en el mercado? La respuesta es simple: las políticas del Partido Comunista para mantenerse en el poder perpetuo están diseñadas y dirigidas a subordinar a toda la sociedad en una economía centralizada, donde se aparenta una propiedad privada o cooperativa que realmente no existe, porque no necesita clientes en los comercios, sino clientelismo político. En la Isla, la vida económica y espiritual de las personas es controlada por el Estado, y un ejemplo práctico es este: En lugar de incentivar la ganadería con el comercio libre de lácteos y cárnicos, el régimen lleva 60 años prohibiendo al vaquero vender reses al carnicero. Dicho de otro modo: haciendo cuatreros.

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Delitos “contra la ganadería” en Cuba: entre matarifes y ovejas descarriadas

Ganadería, Cuba, Carne de res

LAS TUNAS, Cuba. — El pasado viernes, el Periódico 26, órgano del Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba (PCC) en Las Tunas, publicó el artículo titulado Unidos en la prevención del delito contra la ganadería. El texto, que citaba cifras del Ministerio de la Agricultura (MINAG), señalaba en que en 2021 la provincia registró un aumento “del delito contra la ganadería” con respecto a 2020, una tendencia que se mantuvo en enero de 2022.

Según el citado artículo, sólo contabilizando los casos conocidos —pues, en ocasiones, las víctimas no formulan denuncia, o lo hacen tardíamente — el pasado año en Las Tunas ocurrieron 3 098 de estos delitos contra el patrimonio ganadero, esto significa 704 ilícitos penales más que en 2020, “en todos los tipos de delito (hurto, hurto y sacrificio, robo con violencia, robo con fuerza y sacrificio ilegal)”, expresa el Periódico 26.

Atendiendo al medio oficialista, las referidas infracciones calificaron en todas las tipologías posibles concernientes a la posesión de ganado mayor y, según el derecho penal cubano, en los delitos contra los derechos patrimoniales (hurto, robo con fuerza en las cosas y robo con violencia o intimidación de las personas), vinculándose esos hechos delictivos de gravedad extrema a lo que en Cuba, de forma sui generis, es considerado como “delito contra la economía nacional”: el llamado “sacrificio ilegal de ganado mayor y venta de sus carnes”.

Según el artículo 240 del Código Penal, este último es un delito que, incuestionablemente, no califica hurto o robo cuando es el propio dueño quien sacrifica una de sus reses, pero, así y todo, constituye delito de “sacrificio ilegal de ganado mayor” penado de cuatro a diez años de privación de libertad.

Por unidad y pluralidad de acciones y delitos, vinculado el delito de sacrificio ilegal de ganado mayor y venta de sus carnes al robo con violencia o intimidación de las personas, es lo que en derecho penal se conceptúa como delito de peligro concreto, y el peligro no es abstracto, pues la violencia o intimidación, de por sí, constituye un peligro que se ejerce sobre un bien jurídico, que en este caso es el ser humano al que roban una res y no la res misma, lo que ya dice mucho del grado de criminalidad de una sociedad en que, para robar un animal, se ejerce violencia o intimidación sobre su dueño o poseedor. Útil es recordar que no pocos delitos iniciados cuales hurtos, robos con fuerza en las cosas o robo con violencia o intimidación de las personas, concluyeron como asesinatos.

¿Hasta dónde ha descendido la sociedad cubana como para que un ladrón de ganado, con tal de hacerse de un caballo o de una vaca con ánimo de lucro, ejerza violencia o intimidación sobre su dueño o fuerza en las cosas del sitio en que permanecen esos animales con peligro para la vida de las personas? ¿Hasta dónde descendió el Estado cubano que sanciona con la misma pena (10 años de cárcel) tanto al que sacrifica ganado fuera de las ordenanzas gubernamentales como al que mata a una persona y comete delito de homicidio? ¿Qué ha hecho a los cubanos, antes respetuosos de sus semejantes y de la propiedad ajena, hoy individuos agresivos, vociferantes entre sí, irrespetuosos de lo que no les pertenece, incluso, de las leyes y disposiciones de otros países cuando se encuentran en tránsito por ellos o para exigir que se les admita en esas naciones?

Con honrosas excepciones de civismo patrio y valor personal, hemos visto a muchos de estos ciudadanos aplaudiendo, cual fieles lacayos, a Díaz-Canel y al comisariado del PCC incluso instantes antes de huir de Cuba.

¿Por qué los mismos que levantan un machete contra un campesino o un vaquero luego tiemblan de miedo ante el tolete de un policía? ¿Acaso descendió Cuba al país de los cínicos?

Para el periódico del PCC en Las Tunas las “víctimas” no son las personas a quienes, a riesgo de sus vidas e integridad personal, los cuatreros robaron su ganado, sino vacas, bueyes, toretes, caballos o burros, el ganado mismo, y así se expresa en el artículo citado cuando dice: “Las víctimas ascendieron a 4 454 cabezas —993 más que el año precedente —, y fueron 2 378 equinos y 2 076 vacunos”.

Parecería un contrasentido confundir los bienes sustraídos con la persona perjudicada por el delito —en la lógica premura a la hora de entregar su trabajo y sin importar ideologías, cualquier redactor comete errores— pero este no es el caso, aunque quiera buscarse en la redacción un chivo expiatorio.

El asunto es de fondo, no de forma. Y si hoy demasiados animales vacunos o equinos son considerados “víctimas”, en tanto los cubanos son considerados meras cabezas y, en consecuencia, entre ellos se comportan a coz y mugido, no es porque quieran actuar cuales ovejas, sino porque así fueron amaestrados, y no por gusto de los caporales, sino por necesidad.

El régimen cubano sanciona el “delito contra la ganadería” como si de homicidios se tratara, mientras que, permisivo, como no lo es con las reses, se hace el de la vista gorda cuando, cuales ovejas descarriadas, los cubanos se extravían por los caminos del mundo.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Ganadería en Cuba: André Voisin no estaba equivocado

André Voisin, Cuba

LAS TUNAS, Cuba. – Imaginen ustedes (estimados lectores) que en Cuba, un país tropical, se experimente cómo producir hierba con luz artificial en el cuarto de una casa para alimentar a una vaca, con el fin, por supuesto, de extender la experimentación a la fase industrial. Pues, sí, se hizo el ensayo: Fidel Castro dijo a Ignacio Ramonet que habló de “su experimento” con Boris Yeltsin. Entrecomillé “su experimento” no por estar citando, sino porque puse en duda -y no por inédito, sino por copiado- la experimentación del Comandante en Jefe.

Cuando, respecto al ensayo, Fidel Castro sostuvo: “surgen jugosos brotes verdes”, me dije: “eso lo leí yo antes”. Lo había leído siendo adolescente en una vieja revista Life de mi padre, donde se contaba la historia de un granjero estadounidense que allá por los años 50 del pasado siglo, en invierno, suministraba a sus vacas lecheras como complemento del pienso y el heno “jugosos brotes verdes” sembrados por él mismo en bandejas con una solución de agua fertilizada iluminadas con luz eléctrica, como si fuera un sol de primavera.

Recuerdo que, respecto a las técnicas de aquel americano, mi padre había comentado: “eso está bien para el Norte -así solían los cubanos nombrar a Estados Unidos- pero en Cuba a nosotros lo que se nos sobra es sol, yerba y caña”.

Sobre el sistema de pastoreo racional Voisin -al que someramente hiciera referencia el colega Luis Cino en su artículo Fidel Castro, André Voisin y el fracaso del experimento ganadero-, consistente en dividir y subdividir los potreros para que el ganado (vacas lecheras en producción y terneros fundamentalmente) siempre tenga hierba fresca, mi padre decía: “eso es bobería, yo lo que tengo que tener es caña y retoño de napier (pasto elefante) y un buen molino para que el ganado no desperdicie comida”.

Todavía hoy el último molino forrajero que poseyó mi padre y hacía funcionar con la toma de fuerza de su tractor Ford de 1948 está en uso en la cooperativa de Guabineyón.

Sin embargo, el éxito del método de mi padre para manejar sus vacas no quiere decir que este tuviera razón respecto a las ventajas de los forrajes de corte respecto al pastoreo racional de Voisin, que, aunque en Cuba resultó un fracaso por su deficiente puesta en práctica, fue y sigue siendo un exitoso método de manejo ganadero y agrícola en todos los países en que fue adoptado y bien aplicado (Colombia y Brasil, por sólo citar dos ejemplos).

Juzgar a las teorías científicas de André Voisin por su errática aplicación en Cuba es un error. Como injusto es culpar al sabio francés por el desastre en que hoy se encuentra la ganadería cubana dirigida por el monopolio del militarismo castrocomunista desde 1959 y hasta el día de hoy.

Persuadido por la señora Naty Revuelta y el doctor Orlando Landa Bacallao (a quienes en distintos momentos y de forma separada Fidel Castro envío a Francia para, entre otras tareas, hacer venir al profesor), André Voisin, acompañado de su esposa Martha Rosine, llegó a nuestro país el 3 de diciembre de 1964 y permaneció en Cuba solo 18 días.

Voisin arribó procedente de París luego de una tempestad de nieve en Terranova que los obligó a dar la vuelta en el Atlántico y aterrizar en Irlanda. El entonces primer ministro Fidel Castro fue a recibirlo en la pista de aterrizaje del Aeropuerto Internacional José Martí. 19 días después, el martes 22 de diciembre, también despediría su duelo. De acuerdo con su voluntad, expresada por su esposa, la de ser sepultado en cualquier lugar del mundo donde falleciera, el profesor Voisin fue inhumado en el panteón de la Academia de Ciencias de Cuba, en la necrópolis de Colón.

André Marcel Voisin nació en Dieppe, Sena Inferior, Normandía, Francia, el 7 de enero de 1903 y falleció a causa de un infarto en la Casa de Protocolo número 1, en el reparto Cubanacán, en La Habana, a las 3 y 50 de la tarde del lunes 21 de diciembre de 1964, a los 61 años de edad. En 1924, Voisin ingresó en la Escuela Superior de Física y Química de París, resultando el primer expediente de la promoción 40 de esa institución, habiéndole precedido con ese honor Irène Joliot-Curie, Premio Nobel de Química en 1935.

Al momento de su deceso en Cuba, el profesor Voisin había publicado siete libros de temas bioquímicos vinculados con la ganadería y la agricultura; era miembro de la Academia de Agricultura de Francia, Doctor Honoris Causa de la Universidad de Bonn, Alemania Federal; laureado por la Academia de Ciencias Agrícolas Lenin, de Moscú; y había impartido conferencias en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, España, Italia, Austria, Alemania Federal, URSS, Hungría, Polonia y Japón.

En Cuba, de las 10 conferencias que planificó impartir, el profesor André Voisin dictó ocho, en las que participaron Fidel Castro y altos dirigentes políticos. Según el científico francés, que además de hombre de ciencias fue propietario de ganado y vaquero, son “cuatro leyes” las que deben cumplirse para tener éxito con el sistema de pastoreo racional:

  1. Antes de que la hierba sea cosechada por las reses, debe transcurrir el tiempo suficiente para que acumule en sus raíces reservas de nutrientes suficientes para un rebrote vigoroso, que Voisin llamó “la llamarada de crecimiento”.
  2. El período de ocupación de un área de pastoreo debe ser lo suficientemente corto para que la hierba consumida por los animales en el primer día de estancia en el cuartón, otra vez no sea cortada por los animales antes de salir del mismo.
  3. Los animales con mayores necesidades nutricionales son los que deben recibir la mayor cantidad de pasto y de la mejor calidad.
  4. El máximo rendimiento de una vaca lechera en producción se consigue si el animal permanece sólo un día en el cuartón de pastoreo. Si una vaca va a dar una producción regular no debe permanecer más de tres días en la parcela para darle entrada al siguiente cuartón de la rotación.

El profesor Voisin quizás debió avizorar el fracaso del pastoreo racional en Cuba la misma tarde del día en que llegó a La Habana cuando, durante un recorrido por fincas cercanas a la capital, Fidel Castro le dijo que, para fines de 1965, ya habría 3 000 pastoreos funcionando en la Isla, a lo que el científico replicó que era aquella una tarea difícil, invitándolo entonces el Comandante en Jefe para que visitara Cuba al final de ese año, respondiéndole Voisin que prefería regresar dentro de tres años, que era el tiempo que él daba para comprobar esos experimentos. El tiempo daría la razón al científico francés, era aquella una tarea difícil, que todavía no ha sido cumplida en Cuba, pero que un día deberá hacerse por razón de utilidad económica, y no por capricho político.

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Carne de res en Cuba: un negocio redondo para el monopolio estatal

Cuba, Carne de res

LAS TUNAS, Cuba. ─ “Al ganadero le pagan sus animales con pesos cubanos devaluados, mientras la carne de ese mismo ganado es vendida a los cubanos cobrándoles dólares estadounidenses”, señalamos en el artículo El ganado, los ganaderos y la ruta de la carne de res en Cuba, publicado por CubaNet el pasado 19 de abril.

Para corroborar esa afirmación ahora traemos a los lectores algunas cifras del listado de precios de compra de ganado por parte del monopolio estatal. Mostramos además otros números que dicen el precio de costo y de venta, no sólo de la carne de esas reses en las tiendas que sólo aceptan como medio de pago dólares estadounidenses (las llamadas tiendas MLC), sino también de otras carnes como la de pollo importado, igualmente objeto de usura.

La Gaceta Oficial No. 31 Extraordinaria del pasado 16 de abril publicó el precio máximo del ganado vacuno y bufalino que, en pie y con destino a la industria o los mataderos estatales, el Estado pagará a los criadores de ganado. Los precios no tienen nada de extraordinarios, aunque fueron publicados en una gaceta así rotulada. En realidad, salvo especificaciones técnicas y monetarias, casi son los mismos precios que viene pagando el Estado a los ganaderos desde hace varios años, tratando de incrementar, infructuosamente, el rebaño nacional.

En el caso del torete bovino de entre 18 y 24 meses, categoría “especial”, con más de 400 kilogramos de peso vivo ─ese que el ranchero estadounidense suele llamar “prime” (categoría excelente)─, el precio es de 40.02 pesos cubanos el kilogramo. A la tasa de cambio oficial de 24 pesos por un dólar, esta tarifa equivale 1,66 dólares estadounidenses. Respecto a la res “prime”, en el libro Ganadería Productiva, los autores Walter H, Peters y Robert H. Grummer dicen: “la res ha de ser de cuerpo ancho y bien desarrollado, cubierta toda de músculos gruesos, de esqueleto delgado y de carne fina al tacto; vacas, bueyes y toros nunca llegan a merecer tan alto grado”.

Clasificación del ganado según la cantidad de carne (Foto del autor)

El torete de primera categoría, de 18 a 24 meses, con peso en pie de entre 340 y 400 kilogramos ─que el ranchero en los Estados Unidos llama “choice” (selecto, escogido, de primera calidad)─, el monopolio del Estado lo paga al vaquero a 25.76 pesos cubanos, algo así como 1.07 dólares americanos. Del ganado de carne selecto, Peters y Grummer dicen: “las reses tendrán que ser, en todos los aspectos, de una calidad casi tan buena como le corresponde al grado superior, y aunque admite algunos defectos, exige que el animal aparezca uniformemente gordo, suave, de osamenta fina y de carne firme”.

Un torete de entre 300 y 339 kilogramos de peso vivo ─que no tiene que ser “tan uniformemente gordo”, tan ancho de músculos, “ni de esqueleto tan fino”, según los citados autores, y que en el comercio de ganado de carne estadounidense es clasificado como “good” (bueno)─ la nomenclatura cubana lo clasifica como “segunda categoría” y paga el kilogramo a 22.54 pesos cubanos, unos 90 centavos de dólar americano.

Cañada de res (Foto del autor)

No agotaré al lector reseñando las restantes clasificaciones del ganado de carne, basta significar estas cifras de manuales técnicos: una res de unos 400 kilogramos de peso vivo rendirá poco más de 126 kilogramos de carne limpia, de ellos, algo más de 88 kilogramos de carne de primera y unos 38 kilogramos de carne de segunda, generalmente empleada en la producción de picadillos o ahumados.

La carne de primera responde a las siguientes denominaciones: filete, riñonada, bola, boliche, palomilla, cañada, stew.

Bola de res (Foto del autor)

Clasificados como subproductos, pero que también entran en el mercado de la carne ─y en Cuba mucho más─, están órganos como lengua, corazón, panza, hígado, ternilla, huesos y patas. Un cubano que moneda nacional mediante pueda comprar algún kilogramo de patas, huesos o panza de vaca, se sentirá feliz. Vísceras, como corazón o hígado, fueron vendidas por CUC y hoy es difícil encontrarlas hasta con dólares.

Entonces, cabe preguntarse: si el Estado compra las reses a los campesinos cubanos mediante una rigurosa clasificación por la que paga precios diferentes… ¿También vende la carne por dólares estadounidenses según históricamente el ranchero americano clasificó su ganado de carne como “prime”, “choice” o “good”?

Palomilla de res (Foto del autor)

Pues no. Esos detalles de mercado no los encontrará en Cuba. Si en países civilizados es frecuente que de la carne que usted va a consumir conozca la raza del ganado que la produjo, en caso de que tenga la buena suerte de comprar carne vacuna, tendrá que conformarse con saber si es bola, boliche, stew… Esto, a los efectos de pagar, pues vaya usted a saber si la carne, aunque esté clasificada como de primera, será realmente blanda y jugosa, de torete especial, o correosa, dura como riel, proveniente de una vaca o de un buey.

Sí conocen gerentes y almaceneros de las tiendas que operan con moneda libremente convertible (MLC) los precios de costo y los precios de venta de los productos que comercializan. Saben ─porque así lo dice la factura de “Transferencia emitida” del almacén principal al de una tienda─ que, por ejemplo, el precio de costo de un kilogramo de palomilla de res es de $ 4.39 y que ese kilogramo de carne deja una ganancia al monopolio estatal de 3.61 dólares estadounidenses.

Dicho de otro modo: cierta tienda pueblerina recibió una de estas mañanas de carencias 12.24 kilogramos de palomilla de res, que, según precio de costo, fue importado en $ 53.73. Vendida esa carne a $ 8.00, devolvió $ 97.92, una ganancia neta de $ 44.19, que la tasa de cambio de 24 pesos cubanos por dólar estadounidenses son 1 060 pesos, suficientes para que con unos 12 kilogramos de palomilla el Estado compre al campesino cubano algo así como 41 kilogramos de carne de torete de primera en pie.

El expolio a los cubanos por parte del monopolio estatal no es sólo con la carne de res. Situemos como ejemplo un paquete de un kilogramo de media pechuga de pollo, sin piel y sin huesos, de la firma Perdix, con precio de costo facturado en $ 2.30, vendido en tienda de MLC en $ 6.55. Esto representa una ganancia de $ 4.25 por kilogramo, con beneficios netos de 4 250 dólares estadounidenses sobre una tonelada de carne de pollo que costó 2 300 dólares. Ante esa situación, resulta útil preguntar: ¿Quién bloquea más a los cubanos, el gobierno de los Estados Unidos con el embargo o el castrocomunismo con el expolio de su monopolio?

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