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Familiares de Andy García denuncian que el joven está en paradero desconocido

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MIAMI, Estados Unidos.- Los familiares del preso político Andy García Lorenzo denunciaron este viernes que al joven lo trasladaron del campamento donde cumple una condena de cuatro años de prisión, por su participación en las protestas del 11 de julio de 2021, y hasta el momento no conocen su paradero.

A través de una directa transmitida en Facebook, Roxana García Lorenzo, hermana de Andy, y Jonathan López, cuñado del manifestante y pareja de Roxana, explicaron que en una visita regular al campamento de trabajo forzado “El Soler” el padre del joven conoció que este no se encontraba allí.

“Una vez más trasladan a Andy sin avisarnos, porque ellos creen que son los dueños de uno. Desde ya estamos diciendo que Andy está desaparecido, hasta que no tengamos una prueba de donde se encuentra, sea una llamada o una visita”, dijo López.

Roxana y Jonathan explicaron que iban a salir al campamento a exigir explicaciones, pero la lluvia no los ha dejado salir de la casa.

Roxana contó que su papá protestó por la situación y “preguntó que por qué no estaba allí si fue a donde lo mandaron a cumplir su condena”. Asimismo, agregó que después de varias llamadas funcionarios del régimen aseguran que el joven se encuentra en el campamento de trabajo forzado Yabu “pero no hemos podido confirmarlo”.

“Vamos a seguir intentado buscar la manera de llegar al Yabu, para confirmar si él está allí, porque no confiamos en nada de lo que dice la Seguridad del Estado y mucho menos ningún jefe”.

Según la información entregada al padre de Andy García, el joven fue trasladado de campamento desde el día 10 de julio en la tarde, y “por protocolo, ya que se respetan tanto las leyes, a nosotros se nos debía informar, y no le hicieron. A ellos no les importa nada”, señaló Roxana.

Andy García Lorenzo fue violentamente arrestado el 11J y acusado de “desorden público” y “desacato”. Con una petición fiscal de siete años de privación de libertad, fue enjuiciado en enero del presente año junto a otros 15 manifestantes del 11J en la misma provincia, y sentenciado a cuatro años de prisión.

Tras más de 12 meses tras las rejas, el joven de 24 años ha sido sometido al menos a 13 tipos de tortura y malos tratos según Prisoners Defenders (PD), como represalia contra él y su familia por las denuncias de violaciones de derechos humanos contra presos políticos y comunes.

El pasado mes de mayo, fue trasladado desde la prisión de máxima seguridad de Guamajal, cercana a Santa Clara, a un campamento de trabajo correccional del régimen cubano.

Durante el traslado, las autoridades lo enviaron por un corto período a su casa, donde esperaría “para seguir cumpliendo sentencia en un abierto [campamento de trabajo correccional del régimen cubano]”.

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Hermana de manifestante del 11J Yunior Sebey: “no me callo más”

Yunior Sebey

MIAMI, Estados Unidos.- La hermana del preso político cubano Yunior Sebey Mena, Yaymaris Sebey Mena, denunció este jueves ante las cámaras de CubaNet que su familia ya no piensa seguir callada después de que se conociera la sentencia de siete años de prisión impuesta a su hermano, manifestante del 11J en Santa Clara.

Yunior Sebey, un artista villaclareño, salió junto a cientos de personas el 11 de julio de 2021 a protestar contra el gobierno cubano. “Mi hermano salió a expresar a lo que sentía, y no agredió a nadie. Salió a pedir libertad”, expresó Yaymaris.

El joven, según contó su hermana, fue apresado varios días después, el 17 de julio, en su centro de trabajo, donde se encontraba con su hermano menor, de 19 años.

“Llegaron varios carros de policía y los oficiales le dijeron que tenía que acompañarlos a la Estación, y cuando mi hermano preguntó por qué le dijeron que por ser contrarrevolucionario y porque publicó varios videos hechos el 11J”.

Durante el juicio a Yunior Sebey no le probaron nada, asegura Yaymaris, “dijeron incluso que se había enfrentado a la policía, pero eso no es cierto porque él nunca se resistió”.

Asimismo, en la directa de este jueves en la mañana Yaymaris reveló que su familia y su hermano, especialmente, fue maltratada por la policía política en instrucción penal, fueron ofendidos y amenazados, incluso les ocultaron que Yunior tenía COVID-19, se enteraron por la familia de otro preso.

“No lo atendieron con medicinas ni lo llevaron a un médico a hacerle placas. Después nos dijeron que sí le habían hecho rayos X, pero nunca lo vimos”, reveló.

La familia de Yunior Sebey accedió a mantener un bajo perfil después de su arresto a petición de él, sobre todo, dice la hermana, para proteger a los niños, los de ambos.

“Él nos pidió que nos mantuviéramos bajo perfil, y yo siempre le dije: – voy a estar bajo perfil hasta que llegue la sentencia, pero si en la sentencia yo no veo justicia no me callo más. Fuimos la familia que más tranquila estuvo y solamente le rebajaron un año”, denunció.

“Mi abuelo, que siempre ha sido una persona de respeto está destruido por esto, sufriendo mucho”, lamentó.

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Castigan a Andy García por apoyo de su familia a presos políticos del 11J

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LA HABANA, Cuba.- Esta semana las autoridades cubanas sancionaron al preso político Andy Dunier García Lorenzo a dos meses sin llamadas telefónicas “por el hecho de darme datos sobre presos para nosotros, a través del proyecto ‘Ayuda a los Valientes del 11J’, ayudarlos con los sacos” de alimentos, informó a CubaNet su hermana Roxana García Lorenzo.

El joven de 23 años está detenido por su participación en las protestas del 11 de julio (11J) de 2021, está siendo acusado de “desorden público” y “desacato” y tiene una petición fiscal de siete años de privación de libertad. Actualmente se encuentra en espera de juicio en la prisión de Guamajal, en Santa Clara, provincia de Villa Clara, donde “está recibiendo amenazas, le dicen que si sigue ayudando a los presos se le añadirá a su petición fiscal el delito de ‘intigacion a delinquir”, que será juzgado por lo que nosotros, su familia, hagamos acá fuera. También amenazan a todos a su alrededor para que no se acerquen a él y tratan de mantenerlo aislado del resto de los presos”, aseguró su hermana.

A inicios del mes de diciembre la familia de Andy García denunció que este se encontraba desaparecido, así como que él y otros tres detenidos estaban en huelga de hambre exigiendo su libertad. En la prisión La Pendiente, de la misma provincia, donde se hallaba recluido antes de ser trasladado, se negaron a darles explicaciones. Fue entonces que su familia presentó un recurso de Habeas Corpus que hasta la fecha no ha sido respondido por las autoridades pertinentes, en cambio, una semana después de denunciar la desaparición, les permitieron verlo y algunas llamadas telefónicas, ahora negadas por denunciar al exterior las violaciones de derechos a los presos así como la cantidad de presos políticos del 11J existentes.

En poco más de cinco meses de privación de libertad, García Lorenzo ha llevado a cabo dos huelgas de hambre para exigir el respeto a los derechos humanos y la libertad tanto de él como del resto de los detenidos del 11J. Apenas un mes después de su detención se declaró como preso político y actualmente milita en el Foro Antitotalitario Unido (FANTU), organización opositora dirigida por el expreso político y Premio Sájarov del Parlamento Europeo Guillermo “Coco” Fariñas.

La familia García Lorenzo es de las más activas en el país en la defensa tanto de su libertad como del resto de los presos políticos del 11J. El 15 de noviembre (15N) último, como forma de sumarse a la convocatoria realizada por el Grupo Archipiélago a la Marcha Cívica por el Cambio -que tenía entre sus objetivos pedir la libertad de los presos políticos en la Isla- la familia se vistió de blanco y puso un cartel a las afueras de su vivienda que decía “Libertad para Andy”.

El día anterior, Pedro López Mesa, el suegro de Roxana y uno de los mayores defensores de la libertad de Andy y el resto de los encarcelados desde el 11J, fue igualmente víctima de un acto de repudio y resultó arrestado por varias horas.

La familia de Andy García fundó el proyecto ‘Ayuda a los Valientes del 11J’, mediante el cual recaudan fondos para comprar y enviar comida a los presos del 11J, así como para apoyar económicamente a sus familiares.

Pese a las amenazas y castigos tanto a Andy como a su familia, su hermana asegura que él “continúa firme y dispuesto a pasar por encima de todo pero nunca negociar con la Seguridad del Estado, esta opción bajo ningún concepto. Él sabe el motivo por el cual aún continúa preso y sigue más firme que nunca, firme en la causa y luchando de alguna manera para que Cuba logre ser libre”.

Según el más reciente informe de Prisoners Defenders, existen actualmente en Cuba al menos 712 presos políticos, la mayoría de ellos tras el 11J.

En la Resolución votada hoy en el Parlamento Europeo se pidió al régimen cubano expresamente la libertad de Andy García y del resto de los detenidos por protestar pacíficamente el 11J.

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Mi último día en La Habana

Peter pan niños cubanos mamá

Dedicado a los 14,048 niños y niñas que salieron de Cuba entre 1960 y 1962 por la Operación Pedro Pan

Nota: Este texto narra mi experiencia personal del día en que salí de Cuba hace 60 años. No constituye un trabajo periodístico. Cada cubano y cada cubana que partió al exilio vivió una experiencia similar, o peor. Son historias que deben ser contadas porque constituyen la historia privada y no-oficial –pero no por eso menos oficial ni menos pública- de todo un pueblo.

MIAMI, Estados Unidos.- El telegrama llegó hace unos días. La suerte estaba echada. Carlitos y yo saldríamos de Cuba hoy, 20 de octubre. Año 1961. Toda la familia se dio cita en casa por la mañana. Todos intuían que se iniciaba el fragmentado viaje hacia la libertad, y que de pronto éramos como un organismo que se iría desmembrando poco a poco. Los muertos quedarían aquí, en el Cementerio de Colón; los vivos huiríamos despavoridos.

Tía Carmita y Juana empezaron a acicalar a Carlitos. Tía había mandado a hacer un trajecito de lana a la medida. Pobre niño de apenas 6 años, con el calor que hace aquí, y en un día como hoy, de por sí incierto y preocupante. Mamá y madrina me ayudaron a vestir. “Aquí tienes. Ponte esto”, dijo madrina. ¿Y qué es “esto”?  No puedo creerlo: un ajustador copa B que mi cuerpo no necesita. A mis trece años yo no tengo con qué llenar una copa B, ni B, ni A, ni de ningún tamaño. Pero aquí está, su ajustador de algodón blanco con alforcitas y encajitos, lavado, hervido, almidonado y planchado, listo para yo heredarlo precisamente hoy. Los encajitos almidonados pican, como la lana.

— “Ya eres una señorita. Tienes que usar un ajustador… No puedes salir así, con las masas sueltas”, insistió mamá. “Ya no eres una niña. Tienes que ponerte esto también”.

Otro “esto”. Mamá se refería a una faja de goma, “para mantener tus curvas controladas”. Como si el trauma de este día no fuese suficiente, el separarme de mi familia, de mis amigas, de abandonar mi hogar, mi barrio… o el terror de viajar sola rumbo a otro país no bastaran… Como si el hecho de no poder negarme a una adultez prematura no fuera suficiente intimidación, había que añadirle estos amarres más aptos para vacas y yeguas que para “señoritas”. “Si pudiera llamar a María Julia o a Martica para ir a montar bicicleta”, pensé.  En este día soleado de octubre, esta Wendy entre miles de otras Wendys huiría de Cuba para refugiarse en el país de Nunca-Jamás vistiendo una faja de goma, unas ridículas medias de nylon, un ajustador que me quedaba grande y me picaba, ¡y ropa de invierno: falda de pana y pullover de angora! ¡La temperatura en La Habana –y en Miami– está en 27 grados centígrados!

Mientras esperábamos a que llegara el resto de la familia sonó el teléfono. Lo contesté yo. Era Martica, mi compañera ciclista. Mamá estaba muy cerca, y poniéndose el índice de la mano derecha sobre los labios con seriedad de militar, me dijo, sin emitir el más mínimo sonido: “Ni una palabra”. Rechacé la invitación de Martica: para mí no habría bicicleta hoy. “Lo siento, Martica, no puedo ir a montar bicicleta. Tengo que salir con mi mamá”.

Hubiera querido decirle que había otra salida programada, “la salida más drástica de mi vida, Martica, lejos de aquí, de ti, de Mari y Lalita, lejos de Joe, de Hiriam y Olguita, lejos de Maribel y Yoly, de Jesusito y Chemi, de la vieja revolucionaria Inés y su maldito comité de defensa, lejos de la quincalla y el puesto de fritas de la esquina, lejos de Aldito y su cotorra malhablada, y del pobre enajenado Elías, y de todo lo que me es familiar, Martica… Tu “salida” llegará también, un día de estos. ¿Cuándo te volveré a ver, mi amiguita querida?

A eso de las 11, todos habían llegado: mi padrino Antonio, tía Teresa, y mi prima Carmencita; tío Pepe y madrina Celia; tía Carmita y tío Carlos, su hermano Pancho y su hermana Flora con su esposo Joaquín; Fina, la queridísima prima de mi mamá y su esposo Andrés; los entrañables amigos de mis padres, María Cuervo y David Abascal; mi adorada Juana, mamá, papá, Carlitos y yo. Nos tomamos una última foto: sentados en el sofá de mimbre en la terraza, Carlitos, Carmencita y yo, con nuestra prima recién nacida, Carmen María, en mis brazos.

—“Sonrían…”

Cuatro carros esperaban abajo frente a la casa para llevarnos al aeropuerto. Esta no sería una despedida alegre como las anteriores, sería más bien como un cortejo fúnebre por la Avenida Carlos III hasta la carretera de Rancho Boyeros, que nos llevaría directo al Aeropuerto Internacional José Martí. Abuela Carmen había fallecido dos meses antes. Todos, excepto Carlitos y yo, vestían de negro.

Había muchas familias con niños esperando su turno para entrar en la pecera. Si mis padres me hubieran dado más detalles en vez de mantenerlo todo en secreto, yo hubiera sabido de antemano que muchos de los pasajeros serían adolescentes que viajaban sin sus padres, como yo. En los años cincuenta, los familiares y amigos del viajante tenían libre acceso a las puertas de embarque. La espera para abordar se hacía acompañado, y era muy placentera. Desde la terraza exterior la gente despedía los vuelos y podía ver a su ser querido subir las escalerillas del avión.

Pero las cosas han cambiado. Estos viajes no son de vacaciones, son viajes de índole política, viajes de desafectos, de “sálvese el que pueda”, viajes para poner a los menores a salvo del comunismo. En las salas de espera de las puertas de embarque, que son herméticas, de cristal, no puede entrar nadie que no vaya a viajar. Es, literalmente, un tanque, una pecera. Carlitos y yo hicimos la cola rodeados de la familia, todos tristes, todos llorando, aferrados a nosotros. Desprenderme del abrazo de mima y pipo y sentir que me empujaban hacia el interior de la pecera fue como si me arrancaran la piel.

Yo llevaba en la mano nuestras dos pequeñas maletas. La cola terminaba ante un mostrador a la entrada de la pecera que continuaba adentro de la misma, donde había que mostrar a los milicianos de aduana los pasaportes, las visas waivers, el expediente de vacunas y el pasaje. Una vez adentro, las maletas las agarró otro miliciano, las abrió, les puso un sello y varios cuños, y las puso sobre unas mesas detrás del mostrador. Al instante, ambas desaparecieron. “¿Tiene algo que declarar?”, preguntó el miliciano. La pregunta me tomó de sorpresa. Mamá había insistido que llevara puestos los areticos de brillantes que me había regalado abuela Carlota, y en mis orejas estaban, escondidos bajo el pelo que las cubría. Nadie puede salir de Cuba con sus prendas. Solo se permiten tres mudas de ropa por persona.

“No, no tengo nada que declarar”, mentí más fresca que una lechuga. La práctica de decir mentiritas en el matriarcado Ramos sirvió de algo. Igual, pasé tremendo susto.

Carlitos y yo encontramos dos asientos. La pecera se iba llenando de gente. Carlitos se estaba poniendo impaciente y majadero, y le dio por llorar.  Busqué con la vista a mi familia del otro lado del cristal en busca de algún consuelo. Pero allí, en la parte exterior de la pecera, todos lloraban. Será una imagen imborrable la de mis padres, mis tíos, todos ellos sufriendo esta separación. Retrato de familia y retrato de mi infancia, pañuelos en mano, con un dolor tremendo en el alma, todos vestidos de negro de pie a cabeza, todos de luto no solo por mi abuela muerta sino por la muerte colectiva esa mañana de octubre.

Empezaron a llamar nombres. Oí el mío a lo lejos. Carlitos seguía lloriqueando. Me levanté para dirigirme al mostrador. El niño empezó a gritar: “No te vayas, Illy, no te vayas”. Una amable señora se hizo cargo de Carlitos con una bolsa de chocolates. Una miliciana me indica que la siga. Me llevó por fuera a la parte trasera del edificio. Se veían claramente los aviones en la pista, con sus escalerillas ya posicionadas. Pasamos varias puertas, hasta que se detuvo ante una, y me hizo entrar. Era una habitación pequeña, con una larga mesa y varias sillas pegadas a la pared. Al sentarme reconocí mi maleta ya abierta sobre la mesa. Detrás de la mesa, otra miliciana. Ambas estaban armadas. La miliciana número 2 me llamó al frente.

— “¿Eres tú Ileana Fuentes Ramos?”

— “Sí.”

— “¿Es esta tu maleta?”

— “Sí.”

— “¿A dónde viajas?”

— “A Nueva York, a visitar a mi tío, que vive allá.”

— “Pero, ¿tu vuelo no es a Miami?”

— “Sí, pero de ahí seguiré para Nueva York.” Con la ayuda de mamá, me había aprendido la respuesta de memoria.

— “¿Quién te espera en Miami?”

— “Las monjas.”

— “¿Qué monjas?”

— “Las monjas de las Dominicas Americanas.”

Fue ahí donde la miliciana empezó a sacar cosas de la maleta. Además de las tres mudas de ropa, los tres juegos de ropa interior, un segundo par de zapatos, el abrigo de invierno, y artículos personales como mi cepillo de dientes y el peine, yo llevaba otras cosas en el equipaje que no estaban en la lista de artículos aprobados. Mamá, la anti comunista, haciendo de las suyas. No había sido suficiente lo de los aretes de brillantes. ¿Y si ahora los descubrían y me cortaban las orejas?

— “¿Qué son estas fotografías?

— “Esa es mi abuela, que murió hace dos meses. Ese es mi papá; esa es Juana, nuestra sirvienta [¡Oh, oh! Metí la pata con esa palabra.]… Esa es mi mamá.”

— “¿Así que ‘nuestra sirvienta’? Tú eres una de esas niñas bitongas de padres burgueses y gusanos que quieren irse del país”.

El susto ya era miedo. Confesar mis pecados al cura, aterrorizada con la amenaza del infierno y la perdición eterna no era nada comparado a esto. Intuía que alguna penitencia recibiría, y no diez “Ave Marías” precisamente. Bajé la cabeza y no dije ni pío.

— “¿Estos zapatos tan lindos, son americanos?”

— “No sé. Mi mama es la que los compra”.

— ¿Y estas batas, son americanas?”

— “Oh, no, esas son cubanas. Mi mamá y mi madrina me los hacen. Compran la tela en la calle Muralla, y a coser. Ellas son muy buenas costureras”.

— “Tu mamá no es costurera. Tu mamá es maestra, ¿no?”

— “Bueno, sí. Ella es maestra de la Escuela No.8 de Guanabacoa, y alfabetizadora. Pero también cose muy bien”.

— “¿Ella viajará a Nueva York también?”

— “No creo. Mi mamá está muy ocupada con la campaña de alfabetización” [Otra respuesta que me aprendí de memoria]”.

— “Así y todo, ella estará pensando en reunirse contigo allá, ¿no crees?”

— “En realidad no lo sé.”

— “¿Y tu papá? ¿Se irá para Nueva York también?”

— “No lo sé, pero él es un viejo amigo de Fidel, de cuando militaban juntos en el Partido Ortodoxo”. [Respuesta memorizada número tres].

Estoy más tranquila. Mamá, en la campaña de alfabetización, y papi un viejo amigo de Fidel. Eso compensa el disparate de “sirvienta” y hará invisibles mis areticos. Ahora no hay quien dude de que solo me voy de vacaciones a Nueva York.

— “¿Y quién más en la familia se va para el Norte?

— “Que yo sepa, nadie”.

— “¿Y estos libros qué hacen aquí? Aquí no puede haber ningún libro”.

— “Esos son mis libros de piano. Mamá quiere que siga practicando mientras estoy en Nueva York”.

— “¿Practicando? ¿Tu tío en Nueva York tiene un piano?”

— “Bueno, eso espero”.

— “Eso esperas…. Estos libros no salen del país: aquí se quedan. Son patrimonio nacional. La revolución se los dará a niños pobres revolucionarios que los necesiten”.

— “No, no, por favor. Esos son mis libros de piano. ¿No podrían entregárselos a mi mama? Estoy segura de que las niñas pobres de Guanabacoa le sacarán provecho”.

— “¡Cállate la boca! Tu mamá también se irá del país, y tu papá, y los padres de tu primito. Todos los gusanos burgueses se irán del país, y mejor, porque no queremos escoria como ustedes en la nueva Cuba”.

“Llévate a esta chiquilla para la sala de espera…” le dijo a la miliciana número 1, que en todo este tiempo no había abierto la boca. El interrogatorio me había parecido una eternidad, pero solo tomó una media hora.  La número 1 me escoltó hasta la pecera. Ya todos estaban en fila, listos para salir hacia el avión y abordar el vuelo de PanAm que nos llevaría a Estados Unidos. La amable señora no había soltado a Carlitos, y a ella me acerqué. El niño seguía inquieto.

— “¿A dónde vamos? ¿A dónde vamos? ¿Por qué mami y papi están allá afuera?” Pobre Carlitos, todo le picaba por culpa del trajecito de lana. Traté de calmarlo.

— “Tú y yo nos vamos de vacaciones, mi amor… Ellos vendrán después”, le susurré al oído. La amable señora le dio más chocolates. ¡Benditos chocolates! ¡Bendita la amable señora! Lo tomé de la mano y, a unos pasos de la puerta de salida, miré de nuevo hacia los cristales de la pecera.  Mi gente, la supuesta escoria, tenía pánico en sus rostros. Les dije adiós con la mano y les tiré besos. Pánico es lo que sentía yo por dentro, de solo pensar que quizás nunca más los volvería a ver.

De Retrato de Wendy: Memorias. © Ileana Fuentes. De próxima publicación.

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¿Quién es Kiele Cabrera, la joven que se lanzó al estadio en el juego de Cuba vs Venezuela?

CIUDAD DE MÉXICO.- Unas semanas antes, Kiele Alessandra le pidió a un primo que dibujase una mano morena levantada al aire con una esposa colgada. Era el brazo del rapero Maykel Castillo cuando escapó de la policía el 4 de abril en San Isidro. Luego, junto a ese puño erguido escribió una frase. Kiele imprimió el diseño sobre un fondo blanco y el 31 de mayo fue al estadio de béisbol.

En el cuarto inning del juego, entre las selecciones de Cuba y Venezuela, la muchacha se lanzó al campo y corrió sin mirar atrás. Sostenía abierto el mismo cartel que había impreso, pasó junto a los jugadores de ambos equipos y exhibió la bandera a las cámaras. La gente en las gradas la aplaudía y coreaba libertad. En el cartel se leía la consigna “Free Cuba”.

Kiele Alessandra Cabrera tiene 23 años y nunca ha ido a Cuba, como tampoco ha podido ir su madre, que nació en Estados Unidos. La isla que conoce es la que escuchó de su padre, quien huyó en una balsa luego de haber participado en el Maleconazo en agosto de 1994; y la que le ha contado su abuela materna exiliada desde los 60.

Georgina Chirino, su abuela, fue una líder sindical que se enfrentó al gobierno de Fulgencio Batista. Empezó en su activismo justo como reacción a una golpiza que sufrieron unos jóvenes en La Habana tras lanzarse al campo del estadio de béisbol con carteles contra el dictador.

Kiele Cabrera
Georgina Chirino, abuela de Kiele Cabrera. Foto cortesía

Georgina incluso se vinculó a finales de los 50 al Movimiento 26 de Julio y los ayudó en su trabajo de propaganda. Sin embargo, cuando la Revolución triunfó supo que había empezado una nueva dictadura y se les opuso. En 1961 tomó un avión, temiendo por su vida, y nunca más regresó a su país. Desde el exilio continuó su activismo. Colaboró con Mujeres de Mar por Cuba como fotógrafa, recogiendo los testimonios de la época. No faltó a marchas, a protestas, ayudaba a las personas que llegaban sin nada. Kiele creció con ella. Y cuenta que a ella se parece.

La isla del siglo XXI que conoce esta muchacha es también la que lee en la prensa independiente y observa desde el prisma de las redes sociales. No ha puesto un pie en La Habana, pero sabe quién es el Gato de Cuba y por qué está preso, o qué ocurrió con los manifestantes de Obispo.

Por las redes ella escuchó sobre San Isidro en noviembre de 2020. Entonces supo sobre un grupo de jóvenes artistas acuartelados, con demandas que iban desde la libertad de creación hasta la liberación de un rapero detenido. Eso dice que la inspiró.

Kiele, aunque trabaja como asistente de producción y se graduó de Relaciones Internacionales, también es artista. Ella estudió música y vincula desde el canto esa mezcla de culturas e idiomas que la conforman. El activismo contra la dictadura cubana, por otra parte, ha estado en su vida, como una herencia familiar, desde que tiene memoria.

“Ver a artivistas que están dentro, buscando un país mejor, vinculando el arte con las denuncias, me hizo sentir que había un lugar dónde yo cabía.”

En los últimos meses ella ha participado en eventos en Miami en solidaridad con el Movimiento San Isidro, y a inicios de mayo su nombre apareció por primera vez en algunos medios. Con una foto del artista Javier Caso (hermano de Ana de Armas, quien estaba en huelga de hambre), esta joven cubanoamericana pidió en una protesta a la popular actriz que se pronunciara sobre la situación en su país de origen, que perdiera el miedo.

“Si las personas que estamos fuera del país no tenemos el valor para revelar lo que pasa allí, cómo vas a esperar que los de adentro lo hagan. El coraje hay que mostrarlo, aunque todos siempre tememos.

“Vengo de una familia perseguida. A mi abuela intentaron asesinarla. Mi madre trabajaba junto a una infiltrada de la Seguridad del Estado que intentó llevarla engañada a Cuba. Eso nos vuelve paranoicos, desconfiados. Mi mamá creció con esos temores, y yo igual. Es un miedo generacional, pero hay que alzar la voz para que no siga pasando.

“Por eso me lancé al campo de béisbol, pidiendo libertad”.

Dice que entonces sintió nervios, pero no temor; que vio la oportunidad de llamar la atención sobre la realidad en la isla, y la tomó. Confía en las leyes norteamericanas y estaba segura de que no le pasaría lo mismo que a Luis Robles. “Hasta ahora no tengo cargos, solo me prohíben volver a ese estadio”.

Antes de lanzarse el 31 de mayo, Kiele había visto el video de los Panamericanos de 1999 de Cuba contra Canadá, cuando un aficionado irrumpió con un mensaje similar al suyo. El hombre fue golpeado en el terreno por los jugadores de la isla, mientras los comentaristas cubanos justificaban la violencia y lo llamaban “gusano”.

“Quise recrear esa historia y darle otro final. Aunque esperé algún tipo de repudio, sabía que son otros tiempos y el régimen no quiere dar esa imagen de violencia, que es lo que siempre han hecho, porque el mundo está mirando. Por eso mismo hay que alzar la voz.

Mi abuelo desde niña me decía que quería llevarme a Cuba y ver su barrio. Hasta el último día mi abuelo quiso regresar y no pudo. Mi abuela tiene 87 años y no ha pisado su país en cinco décadas. Mis padres están envejeciendo y tampoco lo han hecho. No pueden seguir muriendo generaciones anhelando regresar. Cuba debe ser el país de todos”.

– ¿Qué es lo más deseas conocer de la isla?

– Quiero ver las montañas de las que me hablaban mis abuelos. Y ver el color verde iluminado por el sol. Quiero ver cómo brilla la luz en Cuba.

Kiele Cabrera, la joven que se lanzó al estadio de pelota de West Palm Beach. Foto cortesía

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Familia Miranda Leyva será procesada judicialmente este martes

familia Miranda Leyva

LA HABANA, Cuba.- Los cuatro adultos de la familia holguinera Miranda Leyva (Maydolis Leyva Portelles y sus hijos Fidel Batista Leyva, Ada Iris y Ana Iris Miranda Leyva) serán procesados judicialmente este martes 18 de mayo. Tres de ellos serán juzgados por el presunto delito de Amenazas, mientras que Ada Iris, madre de los niños Taimí (14 años) y Alain Michel (13 años) será juzgada por Otros actos contrarios al normal desarrollo del menor.

En conversaciones telefónicas de la familia con Lizbeth Rodríguez Pupo, presidenta del Tribunal Municipal de Holguín, la titular oficialista les confirmó la realización de los procesos en horas de la mañana, a las 9:00 el juicio por el delito de Amenazas (artículo 284 del Código Penal cubano) y a las 11:30 el juicio por Otros actos contrarios al normal desarrollo del menor (artículo 315).

Según Maydolis Leyva, para juzgar a Ada Iris por este último delito el régimen se basa en que los niños hace cuatro años no van a la escuela, “pero de esto tiene conocimiento la corrupta Ministra de Educación Ena Elsa Velázquez, ya que se le mandaron cartas y se hicieron llamadas al Ministerio de Educación donde denunciábamos los incontables actos de repudio contra los dos niños dentro de la misma escuela y las golpizas propiciadas por maestros y alumnos, y el director provincial de Educación se negó a poner un maestro ambulatorio”.

Hermanos Miranda Leyva. Foto cortesía del autor

La activista por los derechos humanos agregó que, según su abogado Yendry Sablón Nápoles, el proceso se había desestimado; incluso a la madre de los niños el delegado del MININT en Holguín le comunicó lo mismo en una entrevista que solicitó con él.

“Estamos declarando que si somos encarcelados y nos retiran la custodia de los niños nos plantaremos en huelga de hambre, va a ser lo último que vamos a hacer porque vamos a morir libres y con dignidad, pero también va a ser el último atropello, abuso y violación que está cometiendo la dictadura contra la familia Miranda Leyva”, aseguró.

Los niños Taimí y Alain Michel también están convencidos de plantarse en huelga de hambre si son internados  en un centro de menores del Ministerio del Interior, “una cárcel infanto juvenil lejos de su familia”.

Anteriormente el régimen había separado a los pequeños del resto de la familia, radicada actualmente en el municipio de Gibara. El 27 de noviembre de 2016 ambos fueron llevados por primera vez a Prevención de Menores, donde la niña realizó su primer intento suicida, de cuatro en total.

Miranda Leyva
Los niños Alain Michel (izquierda) y Taimí (derecha). La madre de los menores Ada Iris (centro). Foto cortesía del autor

Por el presunto delito de Amenaza, denunciado por “integrantes de las llamadas brigadas de respuesta rápida del régimen cubano”, la Fiscalía municipal de Holguín podría solicitar una sanción de dos años y medio de privación de libertad para Maydolis y Rubén, y dos años para las mellizas Ada Iris y Ana Iris.

En cuanto al delito de Otros actos…, sancionado con privación de libertad hasta de un año,  “es un delito fabricado como también el de Amenaza y como está ocurriendo con todos los hermanos de la oposición presos en toda la isla”.

Los integrantes del Comando Olegario Charlot Pileta y parte de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) han sido blanco de incontables violaciones de sus derechos legales y constitucionales, además han sido golpeados y detenidos en otras ocasiones bajo supuestos delitos comunes.

El 26 de septiembre del 2020 allanaron y vandalizaron la vivienda de la familia, por lo que los cuatro adultos y dos menores de edad tuvieron que intentar refugiarse en el Obispado de Holguín.

El pasado año la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió una medida cautelar para la familia Miranda Leyva, respondiendo a una solicitud presentada por la Fundación para la Democracia Panamericana.

La Comisión consideró que la familia Miranda Leyva se encontraban en “una situación de gravedad y urgencia, toda vez que sus derechos enfrentan un daño irreparable”.

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Cuba: el amargo Sistema de Atención a la Familia

Cuba ancianos

Cuba ancianos
Comedores del Sistema de Atención a la Familia (SAF). Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- El programa social llamado Sistema de Atención a la Familia (SAF) consiste en fondas o comedores comunitarios para los sectores vulnerables de la población: jubilados, ancianos sin amparo familiar, embarazadas con alto riesgo, personas discapacitadas y casos sociales críticos, con insuficiencia de ingresos y carentes de “familiares obligados en condiciones de prestar ayuda”. Para acceder al sistema, primeramente, se hace la petición ya sea al trabajador social de la comunidad, al delegado del Poder Popular, en la dirección de la Juventud y el Partido o en los propios comedores. Una vez recibidas las solicitudes, el Consejo de la Administración Municipal (CAM) somete cada caso a un riguroso análisis.

Antes del 31 de diciembre de 2020 el precio de cada comida en estos programas oscilaba entre 1 y $2.50 pesos, para lo cual el beneficiario recibía la suma de 45 pesos mensuales, independientes de su pensión. Desde el 1º de enero de 2021 este supuesto beneficio cuesta 806 pesos mensuales ($13.00 por almuerzo y $13.00 por comida, en un mes de 31 días, sin incluir desayuno). En caso de ser aprobada la solicitud, se verifica, con la intervención del Ministerio del Trabajo y la Seguridad Social (MTSS), si la persona cuenta con los recursos económicos para costearse la asistencia. De no tenerlos, se aprueba una subvención mensual para aquellos declarados insolventes.

En muchos de estos lugares la higiene es tan deficiente que difícilmente se cumple el principio básico de la inocuidad de los alimentos. Una vez completados los trámites, los infortunados ancianos que acuden al SAF se ven enfrentados a un rancho de escaso valor nutritivo, mal condimentado y mal elaborado, apenas preferible a la alternativa de morir de hambre. El arroz se cocina sin limpiarlo, los frijoles frecuentemente quedan duros, y la comida en general está desabrida. Los comensales prefieren llevarse sus dos raciones diarias de una vez para evitarse el viaje, que a su edad ya no es fácil, pero principalmente para intentar mejorar los guisos en casa.

Para colmo, una gran cantidad de estos comedores carecen de las condiciones idóneas. Son locales sucios y deprimentes, improvisados en antiguos bares o cafeterías que nunca fueron debidamente acondicionados ni son reparados con regularidad. Más de una vez los propios medios oficialistas han expuesto además otros fallos como su insuficiente capacidad para acomodar a todos los censados, la escasez de combustible, ollas y demás utensilios de cocina, el desabastecimiento de condimentos y la irregularidad en el suministro de vegetales frescos. En ocasiones no hay bandejas, platos o cubiertos, por lo que los ancianos tienen que traer los suyos (claro está que algunos eligen hacerlo debido a la inadecuada higiene).

Sistema de Atención a la Familia (SAF). Foto del autor

A esto se suma que la ración fue reducida. Una fuente que solicitó el anonimato aseguró a CubaNet que acostumbra a comprar “por la izquierda” arroz cocinado para sus mascotas en una de esas fondas. Nos mostró el último que había conseguido, lleno de cáscaras e impurezas. “Antes me cobraban 4 pesos, ahora 6”, se queja. “También me sirvieron menos, y cuando reclamé, la vendedora me contestó que les habían mandado a recortar la ración”.

Rafaela es una anciana que vive sola. Recibe de la Seguridad Social una pensión de 1200 pesos. Pasa trabajos para comer, pero no sabe si acogerse al SAF o no. “Si tengo que pagar 806 pesos mensuales por almuerzo y comida, 180 por la balita de gas (más los 30 pesos que cobra el mensajero), solo me quedaría dinero para los mandados de la bodega, sin incluir el pollo y los huevos. ¿Con qué pago entonces la electricidad, el agua, mis medicinas? ¡Y ni hablar de condimentos, vegetales, viandas, detergente, jabón o pasta de dientes! Ahora estoy peor”.

Sin embargo, aunque los precios del SAF hayan aumentado en el marco de la Tarea Ordenamiento, ello no significa que el gobierno haya dedicado recursos a mejorar sus condiciones. No los reparan, no los abastecen, no amplían su capacidad ni aumentan el volumen de inscripciones. No hay quien garantice la seguridad de los ancianos, ni mecanismos que obliguen a los dirigentes y empleados a cumplir con rigor las buenas prácticas. Quienes deberían velar por ello se dedican en cambio a perseguir a los cuentapropistas.

El SAF fue creado con la finalidad de amparar a los desvalidos. Hay que tener en cuenta que las personas que necesitan de ese servicio viven por lo general en la indigencia extrema. No puede ser casual que a raíz de la aplicación de los nuevos precios muchos censados hayan dejado de acudir a estos comedores en las provincias donde la situación epidemiológica no requiere implementar la entrega a domicilio.

La función del Estado es la de servir a los ciudadanos, y no a la inversa como los dirigentes cubanos pretenden hacernos creer. Pero aun si no lo fuera, los ciudadanos desvalidos sí son obligación ineludible del Estado. La verdadera muestra de voluntad gubernamental de favorecer a los más necesitados sería que, como parte del proceso de revisión emprendido en el marco de la Tarea Ordenamiento, el Sistema de Atención a la Familia fuera gratuito.

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Sistema de Atención a la Familia (SAF). Foto del autor

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Detienen a la familia Miranda Leyva por quinta ocasión en diciembre

familia Miranda Leyva

familia Miranda Leyva
Las gemelas Anairis y Adairis Miranda Leyva y su hermano Fidel Batista Leyva, junto a su madre Maydolis Leyva Portales (Diario Las Américas)

MIAMI, Estados Unidos.- Este 15 de diciembre la familia Miranda Leyva volvió a ser víctima de violencia por parte de agentes del régimen cubano. Los hermanos Fidel Batista Leyva, Ana Iris y Ada Iris Miranda Leyva fueron arrestados cuando se dirigían a la estación policial más cercana para presentar una denuncia contra los oficiales de la Seguridad del Estado que se hacen llamar Evelio y Alexander, “por intento de violación”.

“Mis hijos fueron golpeados y llevados hacia los calabozos por querer demandar a los esbirros que los violentaron el día 14. Los liberaron luego de casi 23 horas”, explicó Maidolis Leyva Portelles, madre de los activistas. Este 14 de diciembre también fueron arrestados todos los miembros de la familia, incluyendo dos menores de 12 y 14 años de edad.

“A mi hija Ada Iris le rompieron el ajustador y la blusa, y la manosearon amenazándola con ser violada sexualmente, aprovechando que se encontraba esposada y de espalda. No fue suficiente para que al día siguiente se los llevaran a los tres –Ada, Ana y Fidel– y los golpearan en los mismos lugares del cuerpo que ya le habían lastimado”, lamentó Leva Portelles.

Según la familia holguinera, integrante del grupo opositor Olegario Charlot Spileta y ex presos políticos y de conciencia, les fue ocupado el certificado médico que emitió el hospital del municipio Gibara.

“El día 14 deportaron para Gibara a mis tres hijos, y a nosotros para Holguín. Hace un par de meses estábamos allí, pero se nos acabó el dinero por eso nos fuimos. Pero los esbirros en represalia me dejaron a los muchachos en Gibara, sabiendo que no tenían un centavo para regresar. Ya esta es la quinta detención en diciembre, nos quieren volver locos a los niños y acabar con nosotros”, alertó.

En septiembre pasado estos opositores Miranda Leyva se vieron obligados a abandonar su hogar después de que violentos integrantes de las “brigadas de respuesta rápida” del régimen cubano vandalizaran su vivienda.

Debido al peligro que representó tal acto, inicialmente la familia se ocultó en la casa de un familiar, que los protegió por un corto período de tiempo por temor a sufrir alguna agresión. Luego, acudieron a la sede del arzobispado en busca de refugio, desde donde sostuvieron una huelga de hambre por varios días.

Actualmente, Ada Iris Miranda se encuentra amenazada de perder la custodia de sus dos hijos por supuestamente incurrir en “actos contrarios al normal desarrollo del menor”.

Desde el mes de julio la familia Miranda Leyva ha denunciado un aumento del hostigamiento y de los actos de repudios violentos perpetrados en su contra por vecinos al servicio de la Seguridad del Estado.

El pasado 23 de noviembre la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares de protección a favor de los Miranda Leyva, tras considerar que “se encuentran en una situación de gravedad y urgencia de riesgo de daño irreparable a sus derechos en Cuba”.

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Solicitan a la CIDH medida cautelar para familia cubana Miranda Leyva

familia Cuba

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Familia Leyva poco antes de ser detenida el 8 de septiembre de 2020. Foto del autor

MIAMI, Estados Unidos.- El Bufete Cubano de Derechos Humanos, con sede en la ciudad de Miami, pidió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) medida cautelar a favor de la familia cubana Miranda Leyva.

La solicitud tiene como objetivo, también, denunciar ante el Parlamento Europeo las violaciones de los derechos humanos cometidos contra esta familia por la policía política cubana, utilizando turbas pro régimen, “una situación de gravedad, urgencia e irreparabilidad”.

“Desde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos interesamos que se dicte medida cautelar para hacer responsable al gobierno cubano de la vida, libertad y seguridad de esta familia”, reza el documento.

El Bufete cubano exige asimismo el cese inmediato de las amenazas, el acoso, la persecución y el hostigamiento del que han sido objeto los Miranda Leyva, entre los que se encuentran menores de edad, “por parte de las turbas paramilitares organizadas y dirigidas por los oficiales del Departamento de la Seguridad del Estado, (Policía Política) de la provincia Holguín”.

Así mismo, se pide además respetar el derecho a la integridad personal; la abstención de la Policía Política de continuar con la práctica de las detenciones arbitrarias, utilizando como pretextos presuntos delitos comunes que no comete algún miembro de esta familia.

En el documento solicita, por un lado, el cese inmediato de la violación de la vida privada de la familia y de la violencia con que se actúa en presencia de menores; y por otro, que el régimen ponga un alto a las amenazas contra los padres de los dos menores, a quienes intimidan con despojarlos de la patria potestad.

Por su intensa labor en la defensa de los derechos humanos del pueblo cubano, desde hace varios años la familia Miranda Leyva “ha tenido que soportar detenciones arbitrarias, amenazas contra sus vidas, amenaza de la perdida de la patria potestad sobre sus hijos, y golpizas en plena calle ejecutadas por miembros del llamado Grupo de Respuesta Rápida”.

Sin embargo, el último acto contra la integridad de estas seis personas fue el violento ataque que contra su hogar llevó a cabo un grupo de al menos 40 personas el pasado 26 de septiembre.

“Más de 40 miembros de los ya mencionados grupos de respuesta rápida, con el propósito de perseguir, reprimir, agredir, crear pánico y terror, se dieron cita, dirigidos por oficiales de la policía política, frente al hogar de la familia Miranda Leyva”.

Lo que inicialmente comenzó como un mitin de repudio, comunes en Cuba contra quienes disienten del gobierno, se convirtió en un intento de linchar a la familia Miranda Leyva incluso al interior de su vivienda.

“Al momento de redactar la solicitud de medida cautelar, la familia continúa escondida en algún lugar de Cuba, pues temen regresar a su hogar y pende el peligro de ser linchados por las turbas paramilitares a las órdenes de la policía”, dice el documento.

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“Quieren quitarme a mis hijos”, denuncia activista de UNPACU

familia Cuba

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Familia Leyva poco antes de ser detenida el 8 de septiembre de 2020. Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- “La Seguridad del Estado cubana quiere quitarme a mis hijos, pero yo no lo voy a permitir, yo soy buena madre”, declaró este viernes 18 de septiembre Ada Iris Miranda Leyva, ex prisionera política y activista del comando Olegario Charlot Spileta, perteneciente a la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), en Holguín.

Mediante el perfil de Facebook de su madre, Maydolis Leyva Portelles, la familia denunció las maquinaciones de la Seguridad del Estado (SE) cubana para quitarle a los dos menores de edad y llevar a los adultos a prisión.

En las últimas semanas la familia Miranda Leyva ha sido acosada tanto por la SE como por las Brigadas de Respuesta Rápida debido a su activismo por los derechos humanos en Cuba.

El 8 de septiembre último Ada Iris y su hermana, Ana Iris, fueron detenidas a la salida de la vivienda, cuando protestaban pacíficamente por la libertad de los presos políticos y la libertad de Cuba, como parte de la Revolución de los Girasoles convocada por la UNPACU.

Debido al aumento de la represión, este 18 de septiembre Ada Iris se dirigió a la Dirección de Atención a la Ciudadanía del Ministerio del Interior (MININT) con el objetivo de presentar una denuncia contra el coronel Lázaro y el teniente coronel Alejandro, ambos de la SE, por abuso de poder y corrupción.

Fue entonces que supo que estaba acusada por incurrir en “actos contrarios al normal desarrollo del menor” y que, por tanto, les quitarían a sus hijos.

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Familia Leyva. Foto del autor

“Ni siquiera me tomaron la declaración (…) También me dijeron que mi madre, mis hermanos y yo seríamos llevados a prisión y que nos iban a golpear y desaparecer”.

De igual modo, le notificaron que el expediente de la causa ya estaba en la Fiscalía, y que en una semana sería llamada a declarar en el juicio para quitarles a sus hijos.

La familia denunció igualmente que, durante la madrugada del mismo día, el viernes 18 de septiembre, su vivienda fue víctima de actos vandálicos por parte de los grupos de respuesta rápida; golpearon las puertas y ventanas gritando ofensas y amenazas contra los que allí se encontraban.

Por su parte, el hermano de las gemelas, Fidel Manuel Batista Leyva, señaló que no permitirían que se llevaran a los niños, “van a tener que matarnos a los seis”.

Según el Artículo 38 del Código Penal (CP) cubano, el tribunal “puede imponer la sanción de privación o suspensión temporal del ejercicio de la patria potestad o de la tutela”.

En cuanto a los “Actos Contrarios al Normal Desarrollo del Menor”, el artículo 315.1 del mismo CP estipula que incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas o ambas el que “no atienda o descuide la educación, manutención o asistencia de una persona menor de edad que tenga bajo su potestad o guarda y cuidado”.

Ana Iris señaló que constantemente la SE atenta contra la salud física y mental de su familia y que el proceso actual se trata de una maniobra para obligarlos a abandonar el activismo pro democracia. “Todos estos son crímenes de lesa humanidad (…) estamos en total indefensión jurídica; todo este proceso penal es amañado, fraudulento y arbitrario”, agregó.

Su sobrina, Thaimí Rodríguez Miranda, de 13 años de edad, afirmó que ella y su hermano, Alain Michel Rodríguez Miranda, de 12 años, “en caso de ser separados de nuestra familia, nos vamos a plantar en huelga de hambre porque preferimos morir a bajar la cabeza ante la dictadura comunista”.

A menos de una semana del juicio sumario, la familia ni siquiera cuenta con representación jurídica, desconocen las particularidades del proceso como el número del expediente (clave para la defensa), así como los alegatos que presentará la Fiscalía en su contra.

Varios juristas y organizaciones —como Cubalex y Prisoners Defenders— han alertado en disímiles ocasiones que los disidentes en Cuba están expuestos a violaciones del debido proceso pues la mayoría constituyen fabricaciones y manipulaciones de la SE. Tampoco se cuenta con abogados y tribunales independientes del poder político.

“No permitiremos que se lleven a los niños. Esto es Libertad o muerte”, proclamó la familia Leyva al unísono.

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