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“En Cuba tenía un miedo atroz”: Llega a Serbia Fernando Almeyda, excoordinador de Archipiélago

Fernando Almeyda, excordinador del Grupo Archipiélago

LA HABANA, Cuba. – Este domingo, el abogado y activista cubano Fernando Almeyda llegó a Serbia, país al que huyó luego de varios meses de hostigamiento por parte de la Seguridad del Estado. 

El manifestante del 11 de julio (11J) de 2021 y excoordinador del grupo Archipiélago había pedido antes visa a España, pero le fue negada. Sobre su partida al exilio, los tropiezos, el constante acoso de los órganos represivos y su activismo opositor, conversó con CubaNet.

―¿Cuándo decidiste exiliarte? 

―La decisión de irme de Cuba era algo que tenía pensado hace mucho tiempo, de hecho, años. Desde que me gradué de la carrera de Derecho supe que no quería formar parte de un sistema corrupto. Durante el Servicio Social en el Ministerio del Comercio Exterior, comprobé que este sistema no daba nada y que solo había dos opciones: hacerse el políticamente correcto, o sucumbir. Yo no estuve dispuesto, no tenía estómago, incluso me salí de los cursos que daban viajes; si iba a salir del país que fuera sin darle las gracias a la dictadura. Así que, terminando el Servicio Social, me aparté del sistema jurídico cubano. No iba a consentir darles mi trabajo ni legitimidad. Fue mi pequeña protesta.

Pero eso me trajo muchos problemas. Las diferencias con mi familia y la violencia que siempre viví en casa de mi madre me hicieron apartarme definitivamente del entorno familiar. Así que en 2018 estaba trabajando como asesor jurídico en lo que caía o en lo que aparecía. A los efectos, estaba desempleado, sin casa, y tenía que ir de un hogar de acogida a otro, y de un alquiler a otro. Mi solución era tratar de salir de Cuba, pero hacía falta mucho dinero para trámites, tal vez no tanto pero yo vivía al diario, era difícil. Estuve al tanto de todo lo que estaba pasando, pero no me sentía con las mínimas condiciones para hacer nada y una vez que entrara en el radar de la Seguridad del Estado me las iba a ver negras.

Además, hasta 2018 toda la lucha contra la dictadura estaba muy polarizada; era una cosa de partidos o posiciones políticas a veces tendentes al extremismo y contrapuestas. El exilio estaba divorciado de la realidad cubana y los cubanos ni sabían lo que se decía o ni les importaba.

Desde que estaba en la universidad, hice activismo de bajo nivel entre varios amigos, uno de esos fue (Leonardo) Fernández Otaño, otro fue Miguel Alejandro Hayes. Hubo otros más pero esos se apartaron del camino de hacerle frente a la dictadura; no los juzgo, fue muy díficil y estábamos muy marcados.

―¿Qué cambió? ¿Cómo y por qué te sumas al activismo opositor al régimen cubano?

―Cuando empezó el MSI (Movimiento San Isidro) eso cambió todo; la oposición a la dictadura dejó de ser un tema de partidos o posturas, era algo que, aunque trabajaba desde el arte, se vinculaba al cubano de a pie, no era un tema “intelectual” ni estirado, todo el mundo hablaba de San Isidro, a favor o en contra, con suspicacias o certezas, pero hablaba.

Cuando llegó 2020 y Luis Manuel (Otero Alcántara) fue detenido por primera vez, eso fue un parteaguas. Hasta ese momento había guardado silencio y mantenido mi distancia de temas contra la dictadura. También la llegada a Cuba de la pandemia y la campaña contra el Decreto-Ley 370; la aplicación arbitraria de esa norma para sancionar al activismo y al periodismo independiente me encolerizaron. Así que escribí un texto publicado en una revista de filosofía y cultura que se llamó “Fuego sobre el Decreto-Ley 370” y trataba de este y otros asuntos relacionados con el manejo de la pandemia normativamente, la Constitución de 2019 y la figura del disidente. Tópicos técnico-jurídicos, pero frontales.

La huelga de San Isidro, en noviembre de 2020, también fue un parteaguas en mi vida. La indignación por el asalto a San Isidro me lanzó a la protesta del 27N (27 de noviembre de 2020) y más allá; mi salida del país se dilató en mi mente y, aun en mi precaria situación de subsistencia, seguí adelante y empecé a colaborar activamente con la oposición, ayudando en lo que podía, mayormente como abogado.

Aun así me mantuve anónimo para evitar problemas mayores, aunque en mayo de 2021 una citación de la Seguridad me puso sobre aviso, iban por mí.

―Fuiste uno de los manifestantes del 11J en La Habana; ese día incluso recibiste una pedrada en la frente, la cicatriz aún se te refleja en el rostro. 

―Sí, el 11J salí a la calle y lo di todo, sentí que era el momento, que los cubanos necesitaban que se diera todo. Herido logré escapar de la represión y ocultarme, pero desde redes publiqué mi experiencia del 11J, así que asumí públicamente mi disidencia. Supe entonces que estaría aún más en la mira de la Seguridad del Estado. Como sabía perfectamente todo de lo que era capaz la dictadura, todo lo que estaba haciendo y, además, que habían estado buscándome, me mantuve en clandestinidad. Me fugué de la renta donde estaba en silencio en horas de la noche para que no se dieran noticias de mi salida y me fui moviendo de un refugio a otro, constantemente. Mis pertenencias cabían en una mochila; dormía y comía lo que podía.

Almeyda resultó herido el 11J (Foto: Mauricio Mendoza/El Estornudo)

Desde el 11J me aparté de todos mis amigos, conocidos, y de toda mi familia porque sabía que, a través de ellos, la Seguridad trataría de llegar a mí, que los trataría de usar en mi contra; de hecho, supe que en los días próximos al 15N tenían todo un operativo en función de mi búsqueda y captura.

―En Archipiélago ya desarrollas un activismo más frontal. ¿Cómo llegas al grupo?

―Cuando surgió Archipiélago y el 15N (Marcha Cívica por el Cambio convocada para el 15 de noviembre de 2021) me pidieron participar y encontré que la iniciativa, arriesgada, a todas luces ingenua, era importante; y había que seguirse moviendo.

Sentí Archipiélago como mi última bala. Esta era mi última oportunidad de hacer algo antes de que me inmovilizaron totalmente. Mantuve mi clandestinidad, nadie sabía dónde estaba. 

Pero la conexión (a internet) me fue paulatinamente restringida, hasta que el 10 de octubre me cortaron los datos completamente. En esos días, a causa de un chivato, dieron con uno de mis paraderos y fui citado y conducido a “un conversatorio”. Yo sabía muy bien que era un interrogatorio, pero a propósito mantuve un perfil “ingenuo” públicamente. Quería que la Seguridad se confiara, que creyera que yo no iba ofrecer resistencia y que eventualmente abandonaría Archipiélago. Pero fue muy terrible. 

A la segunda entrevista perdí todos mis refugios, me vi sin internet, sin casa, en la calle literalmente, sin dinero, y con la Seguridad sobre mí. Pensé en abandonarlo todo en ese momento, fue horrible, pero una familia de opositores me ofreció su casa como escondite. Era un lugar con vigilancia, pero logré llegar ahí sin que la Seguridad supiera y, en un abrir y cerrar de ojos, salí de su radar. No podían citarme más ni vigilarme, ni tomar medidas.

Ahí estuve sin poner un pie en la calle por más de dos meses, coordinando en las sombras el trabajo de Archipiélago. La represión, el acoso y la presión fueron creciendo hasta el 15N. Ese día pusieron vigilancia reforzada y no pude salir, de lo contrario, expondría a esa familia que me había estado ocultando y traería consecuencias para ellos.

―¿Cómo fueron los últimos meses para ti en Cuba?

―La represión, el acoso, la persecución y las amenazas de la dictadura contra nosotros y contra el pueblo, antes del 15N, fueron atroces. Habíamos hablado entre nosotros de la posibilidad de, una vez acontecido el 15N, huir del país aquellos que no hubiéramos sido detenidos. 

Yo tenía mucho miedo, un miedo atroz, e incluso intenté buscar una forma de huir y solicitar asilo, pero siempre después del 15N, nunca antes. Sin embargo, al ver los resultados del 15N, al ver las condenas, verlo todo, dilaté las gestiones para mi salida.

Desde el 11J y hasta el 20 de diciembre de 2021 estuve 125 días en la clandestinidad. Y hasta el momento de mi salida nadie sabía dónde estaba viviendo.

En diciembre inicié un proceso de visado humanitario para España. Pero a un mes y 10 días de haberlo solicitado me fue denegado, así que cambié mi rumbo. Muchos amigos me ayudaron a recoger el dinero necesario para salir por Serbia, no tenía suficiente para hacerlo por Nicaragua. Serbia estaba libre de visado y había renovado mi pasaporte, así que no había sido regulado todavía. Esta era mi única oportunidad. Si esperaba un poco más, tendría que quedarme en Cuba.

Quienes me acogieron se habían convertido en mi familia, casi en mi sangre, pero estaba ocupando un espacio que no era mío, sin posibilidades de tener otro, sin ingresos fijos, con restricciones a mi conexión y con una situación económica en el país causada por la dictadura que supondría que no tenía tendría cómo sobrevivir.

Así que, en medio de todas las carencias, de toda la represión y la impotencia que suponía mi situación personal, decidí irme al exilio.

―¿Cuál es tu situación ahora mismo en Serbia? ¿Pediste asilo? 

―Serbia puede no ser mi destino final. De momento no tengo pensado pedir asilo, sí solicitar la residencia temporal. Ahora debo adaptarme a muchas cosas. 

En mente todavía está el pánico a las carencias, a las colas; siento que de un momento a otro la Seguridad va a descubrir mi paradero, son traumas con los que tengo que lidiar poco a poco.

Otra cuestión es que necesito adaptarme y cambiar el chip. Mi posición contra la dictadura cubana se mantiene tan firme como antes, pero no es lo mismo hacer activismo desde dentro de Cuba que desde afuera. Ahora tengo que buscar la forma de ayudar a Cuba y sobre todo ayudar a los que están en peligro todavía. No me interesa ni ser la voz del exilio ni la voz de los presos; soy un cubano más que pone sus conocimientos y su voz al servicio de la justicia. Lo hacía en Cuba y lo seguiré haciendo ahora desde el exilio, ahora voy y aprovechar las nuevas posibilidades que me ofrece vivir en el mundo libre y no estar con el ladrillo amarrado al cuello llamado supervivencia.

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A un mes del 15N, qué ha pasado con el grupo Archipiélago

15N Archipiélago

LA HABANA, Cuba.- En menos de tres meses, desde su fundación, el grupo Archipiélago logró movilizar a gran parte de la sociedad civil cubana dentro y fuera de la Isla para participar en la Marcha Cívica por el cambio el 15 de noviembre (15N) de 2021, recabando para ello, incluso, el respaldo de varias de las organizaciones opositoras tradicionales; consiguió además que algunos de los más importantes medios de prensa y organizaciones internacionales volcaran su mirada a Cuba en esos días y que se evidenciara, con mayor rigor, la represión desatada por el régimen cubano para evitar o contrarrestar la protesta pacífica.

Sin embargo, a poco más un mes de ese suceso, varios de los coordinadores se han retirado de la plataforma, apenas se menciona al grupo y pareciera que este se desintegró.

Qué es Archipiélago

En agosto de 2021, pocas semanas después de las masivas protestas contra el régimen cubano del 11 de julio (11J), varios cubanos fundaron un grupo de Facebook llamado Archipiélago, con el objetivo de debatir y unir diferentes posturas en pos de promover un cambio político en Cuba por vías pacíficas.

El grupo fue creciendo vertiginosamente y a él se fueron incorporando cubanos dentro y fuera de la Isla, entre ellos numerosos intelectuales, periodistas, artistas y activistas de derechos humanos. Aunque no promovía el liderazgo de una sola persona, sino del grupo, uno de sus integrantes más visible llegó a ser el dramaturgo Yunior García Aguilera. Actualmente, el grupo reúne en Facebook a unas 38 000 personas, pero la gran mayoría no son activos, es decir, solo figuran y comparten en redes, no accionan en el espacio físico, así que este dato resulta impreciso para determinar el respaldo o accionar real de la plataforma.

La primera y gran acción propuesta por el grupo fue la Marcha Cívica por el Cambio, convocada inicialmente para el 20 de noviembre de 2021 con el propósito de protestar pacíficamente contra la violencia policial, exigir el respeto a los derechos humanos y la liberación de los presos políticos, así como abogar por la solución pacífica y democrática de las diferencias entre los cubanos. Para ello llegaron a entregar solicitudes de permiso a las autoridades de al menos 8 provincias del país.

La respuesta del régimen cubano fue anunciar, a principios del mes de octubre, la militarización de la Isla entre los días 18 y 20 de noviembre para desarrollar el Ejercicio Moncada. Para evitar una confrontación, Archipiélago informó entonces que adelantaría la marcha para el 15N. Menos de una semana después, las autoridades citaron a varios de los coordinadores en el país para informarles que no estaba permitida la marcha por tener un “carácter ilícito”; aun así, el grupo decidió mantener la iniciativa por considerar que se trataba del ejercicio de un derecho humano.

Fue entonces que aumentó la represión e intimidaciones al grupo por parte de los órganos represivos cubanos, que se recrudecían a medida que se acercaba el 15N: citaciones policiales, arrestos arbitrarios, activistas y periodistas sitiados en sus viviendas, expulsiones de centros de trabajo (como al profesor universitario David Martínez y el Dr. Manuel Guerra), cortes de internet y del servicio telefónico, así como amenazas y difamaciones en los medios de prensa oficiales, fundamentalmente contra Yunior García Aguilera.

El 15N

Tres días antes del 15N, García Aguilera dijo que marcharía solo el 14N por la Ave 23, vestido de blanco y con una rosa blanca. Desde hacía una semana, varios activistas y periodistas independientes permanecían sitiados en sus viviendas o con vigilancia constante. El 14N a Yunior le impidieron salir de su vivienda y cortaron toda comunicación de él o su familia con el exterior, bloquearon el acceso a su casa incluso a la prensa extranjera acreditada en la Isla y brigadas de respuesta rápida le organizaron un acto de repudio y amenazaban con golpearlo si salía.

Mientras miles de cubanos marchaban en unas 120 ciudades de alrededor de 70 países, el 14 y 15N los cubanos dentro de Cuba no pudieron hacerlo como muchos esperaban; el régimen castrista desplegó por las calles todo su aparato militar para intimidarlos, además de desarrollar detenciones arbitrarias, impedirle la salida de sus viviendas a los coordinadores e integrantes del Grupo Archipiélago y orquestar actos de repudio.

Más de 300 acciones represivas registró el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) entre el 12 y el 15N, más de un centenar de ellas solamente en la última jornada.

“Todo el aparato estatal,  bajo las órdenes de la policía política, y contando con la activa colaboración de los Comité de Defensa de la Revolución, los medios de comunicación oficiales y hasta de la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido Comunista, desplegaron visiblemente su régimen de terror” violando incluso “sus propias leyes”, declaró la organización.

Según el grupo de trabajo “Justicia 11J”, durante la Jornada Cívica por el Cambio resultaron detenidas unas 92 personas, de las cuales al menos 8 continúan tras las rejas y 2 fueron llevadas a juicio sumario y condenadas a un año de privación de libertad.

Ante la imposibilidad de marchar, considerando que “las causas que motivaron la convocatoria del 15N seguían vigentes” y que “es nuestro deber ciudadano seguir alzando la voz contra la injusticia”, el 16 de noviembre el grupo Archipiélago informó que extendería la Jornada Cívica hasta el 27 de noviembre. Ese mismo día exigieron fe de vida de García Aguilera, ya que en más de 48 horas no se habían tenido noticias de él. En la jornada siguiente, el 17 de noviembre, se supo que el artista había escapado a España. Muchos entendieron las presiones que lo llevaron a tomar la decisión, otros lo consideraron una traición al grupo justo en medio de la convocatoria y cuando más necesaria se hacía la unidad. Ello, unido a otras cuestiones, generaron escisiones en Archipiélago.

A una semana del 15N, la plataforma, tratando quizás de levantar los ánimos, apeló a recordar y reafirmar los motivos que los habían llevado hasta ese punto: liberación de los presos políticos, propiciar la participación ciudadana, conquistar derechos fundamentales mediante vías no violentas y fortalecer el diálogo y el consenso en la sociedad civil.

En los días posteriores, cuando disminuyó un poco la presión del régimen, algunos decidieron marchar en solitario, vestidos de blanco y con una rosa en las manos, para llegar hasta un busto de José Martí y, de esa manera, también honrar los objetivos de la marcha.

Los que se fueron

Tanto la imposibilidad de marchar el 15N, las amenazas por parte de la Seguridad del Estado cubana como la decepción por la sorpresiva salida de Yunior García del país provocaron fuertes tensiones en torno a Archipiélago. Al interior del grupo las fricciones se manifestaron en la renuncia de al menos una decena de los coordinadores, algunos de los cuales eran más visibles.

El primero en renunciar públicamente fue Leonardo Fernández Otaño, apenas a cinco días del 15N.

“Cada ser humano es libre de elegir su camino, eso lo respeto profundamente y apoyo, pero cuando se inicia una opción debemos ser consecuentes con ello. (…) Además, confieso que no comparto un grupo de acciones de corte político realizadas por Yunior García Aguilera desde su salida de Cuba (…). Siempre viví la plataforma como un espacio horizontal y de consulta, pero mi ejercicio de crítica fue tomado como una actitud negativa por una buena parte de los miembros, lo cual respeto como su genuino derecho intelectual, pero no creo ni democrático, ni sano”, declaró el historiador al anunciar su salida de la plataforma.

Desde España, Yunior García daba declaraciones denunciando a la dictadura a la vez que se reunía con políticos de diferente corte ideológico, entre ellos Pablo Casado, líder del Partido Popular, el ministro de Exteriores José Manuel Albares y también con el opositor venezolano Leopoldo López.

En tal sentido, a inicios de diciembre, cubanos disidentes radicados en Europa declararon que no apoyaban a “Yunior García Aguilera”, por no ver “con buenos ojos la llegada del “opositor” a Madrid y su cercanía a los partidos de izquierda que niegan la violación de los derechos humanos en Cuba, entre ellos el PSOE (Partido Socialista Obrero Español)”.

Mediante el comunicado denunciaron “un complot de parte de la clase política europea” representada por “grupos de izquierda y de la social democracia”, para “catapultar a un opositor” que consideran un “traidor”. Asimismo, consideraron que Yunior García Aguilera “claramente tiene una agenda política de izquierda favorable al régimen, según su trayectoria y planteamientos públicos. Por lo que hacemos un llamado a los partidos políticos europeos a tomar en consideración nuestra postura común y a no ser cómplices de una clara campaña manipulada para limpiar la imagen del régimen en esta parte del orbe”.

Mientras, según declararon a CubaNet personas vinculadas a Archipiélago, esas reuniones sostenidas por García Aguilera, o sus resultados, no fueron consultados o expuestos por el artista con el resto del grupo, lo cual aumentó los cismas internos.

Aunque la mayoría de los coordinadores de Archipiélago seguía esforzándose por seguir adelante con el proyecto, pronto otros se percataron de que las diferencias eran irreconciliables, al menos para continuar con los objetivos iniciales.

El 3 de diciembre Fernando Almeyda anunció su adiós a Archipiélago: “Esta decisión tiene varios motivos: No obstante el afecto que me une a los camaradas con los que he estado colaborando en estos meses de lucha cívica, siento que mi camino como Coordinador y Moderador de la plataforma ha llegado a su fin. Asumir este rol implica una responsabilidad, que de cara a los últimos acontecimientos y decisiones del grupo no puedo asumir”.

A través de su perfil de Facebook el abogado apuntó igualmente: “El matiz político de la plataforma y de algunos de sus coordinadores, si bien estoy seguro que benefician a la causa cubana, se está alejando de mis ideas, mi forma de pensar y mi postura política”.

Apenas dos días más tarde salía de la plataforma Sayli González Hernández, otras de las moderadoras principales. Mediante una publicación en Twitter explicó que el único motivo era que su “mundo anda en 48 cuadros por segundo y la lógica hace que Archipiélago ande en 24”. En declaraciones a CubaNet la influencer alegó además que su salida se debía fundamentalmente a la necesidad de “independencia para participar en otras iniciativas” y que “voy a estar donde sienta que soy más necesaria”.

Ese mismo día, el activista y moderador Magdiel Jorge Castro informó igualmente su retirada del grupo. Otros de los coordinadores que se han separado de Archipiélago son: Daniela Rojo, Ivette García, Giselle González, Claudio Gaitán y Tamara Pérez Díaz.

Los que se quedaron

Ante este éxodo, el 10 de diciembre último Archipiélago emitió un comunicado que titularon “Declaración de permanencia”. En él se citaban las razones de aquellos que  decidieron continuar trabajando desde la plataforma.

“Cuando un barco está enfrentando un mal tiempo y corre el peligro de zozobrar es cuando hay que remar más fuerte contra la corriente. Hasta que todos sus tripulantes estén a salvo, no se abandona. En Archipiélago cada día es un reto. Yo seguiré confiando en las lenguas que no callan lo que sienten, aunque todo el mundo las culpe o recrimine. Entre esas lenguas malditas está la mía. Yo seguiré confiando en la amistad y en las buenas personas. Sé que un día va a triunfar esta Revolución de los Afectos, va a pasar por encima de los errores políticos que cometemos, porque no seremos tan buenos en política, quizás, pero nos acompañan la solidaridad y la verdad, y eso será suficiente. De cada mal momento nos levantaremos y, posiblemente, más unidos y más fuertes”, dijo la historiadora del arte Miryorly García Prieto.

Por su parte, Yunior García Aguilera manifestó: “Si antes tenía millones de motivos para arriesgarlo todo por Cuba, ahora más. Puedo arrepentirme de mil tropiezos, pero no del pedazo de vida que dedicamos juntos a luchar por nuestros sueños de una Cuba plural, libre, justa y democrática. Un sueño que nos ha mantenido sin pegar un ojo y sin el privilegio del descanso. Archipiélago es mi casa y mi familia, mi confesionario, mi Parlamento de voces francas y diversas, mi crítico sincero, mi pregunta sin respuesta, mi garganta, mi oído, mi paño de lágrimas, mi lista interminable de cosas por hacer, mi hombro para sostenerme, mi puño cerrado y mi mano abierta. Por eso permanezco en Archipiélago, digan lo que digan. Yo me quedo”.

Otra de las moderadoras, Thais Pujol, señaló que debían salvar “lo que podamos salvar, aprendamos lo que tenemos que aprender y volvamos a empezar. Invariablemente, si tenemos claro el objetivo, luego de un número de intentos, el éxito llega. Es una cuestión de aprendizaje, conciencia, tiempo y determinación. El momento de volver a empezar es duro al principio, y mucho, pero si nos sabemos enfocar enseguida se renueva la energía. Nos conocemos mejor, somos más sabios. En este punto estamos en Archipiélago ahora, lo que me llena de alegría. Y el objetivo vale tanto la pena que merece que nos entreguemos al 100 % y que perseveremos hasta el final”.

Archipiélago hoy

Pese a que continúa el trabajo de Archipiélago, a poco más de un mes del 15N algunos se preguntan si el grupo tiene salvación. Integrantes y exintegrantes consultados por CubaNet apuntan que la plataforma se está reorganizando para proponer acciones concretas, pero que el futuro es incierto y es imposible determinar qué sucederá con el grupo o si propondrán otras iniciativas contundentes; otros son más categóricos y consideran que la plataforma ha perdido credibilidad y el respaldo de la ciudadanía.

Después del 15N, como ha solido suceder en momentos de gran tensión en Cuba (como el 27N y el 11J), se vive una especie de impasse. Por el momento, la atención mediática se centra en los juicios contra manifestantes pacíficos del 11J, en la grave crisis económica que atraviesa la Isla y en algunas movidas de piezas del régimen.

Tanto las decisiones de algunos activistas de la plataforma como la falta de experiencias e inmadurez política, unido a la represión de un aparato que ha tenido 62 años para perfeccionar sus métodos, han incidido en los resultados del grupo y, muy posiblemente, en su futuro inmediato. De ellos dependerá no terminar como el 27N, primero trabajando solo en redes para luego, con el tiempo, terminar dispersándose.

Pero, pase lo que pase y pese a los desaciertos, es innegable que la ciudadanía cubana cada vez más adopta posturas críticas y activas contra la dictadura. Hace dos años era impensable un 11J o una convocatoria a protesta pacífica masiva y con tanto respaldo como la del 15N. Los grupos o personas se sustituyen, fortalecen o continúan el trabajo en pos de la libertad y la democracia. Es una carrera de resistencia y de relevos. Lo importante es no abandonar el camino, educar a la ciudadanía, recabar el respaldo internacional y continuar sumando voces. La libertad de Cuba no depende de un solo grupo o persona, depende de todos.

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Políticos franceses y activistas cubanos llaman a “hacer de Cuba un país de libertad”

MIAMI, Estados Unidos. – Políticos franceses y activistas cubanos radicados en Francia se solidarizaron con el pueblo de Cuba y con las demandas de libertad y democracia proclamadas desde la Isla en los últimos meses.

En un artículo publicado este miércoles en el diario Le Monde, el exdiputado europeo Daniel Cohn-Bendit, el director de cine Romain Goupil, la representante en Francia del Consejo para la Transición Democrática en Cuba, Ileana de la Guardia, y Alberto Guadalupe, presidente de la Asociación Francesa para la Democracia en Cuba, llamaron a la sociedad francesa a respaldar la causa cubana, al tiempo que rememoraron los sucesos del pasado 11 de julio.

“Proclamamos nuestra solidaridad con el pueblo cubano que, por medios pacíficos, busca obtener su libertad. Invitamos a los franceses y a sus funcionarios electos a hacer lo mismo para exigir al régimen de La Habana la liberación incondicional de estos luchadores por la libertad y el respeto a los acuerdos entre la Unión Europea y Cuba, acuerdos que se supone que mejoran la situación de los derechos humanos del hombre en la Isla”, señala el texto, titulado Ayudemos al pueblo de Cuba a hacer de Cuba un país de libertad.

También recordaron que, pese a los esfuerzos del pueblo cubano, la sociedad civil se mantiene bajo el yugo del régimen totalitario.

“Hoy, más de cuatro meses después de la manifestación, más de seiscientas personas han sido condenadas por manifestarse pacíficamente. Este es el caso, en particular, de José Daniel Ferrer, presidente del Consejo para la Transición Democrática, detenido al salir de su casa el 11 de julio y desde entonces encarcelado. Por el mismo motivo, muchos de los manifestantes fueron juzgados arbitrariamente y condenados a duras penas”, destaca el artículo.

El texto destaca, además, el impacto de Patria y Vida, canción que se convirtió en el himno contra la dictadura de Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel.

“La canción Patria y Vida, síntesis de las demandas de la oposición y de los ciudadanos en Cuba, fue compuesta como reacción a la represión del régimen contra miembros del movimiento de artistas de protesta San Isidro cuando fueron desalojados de su estudio el 26 de noviembre de 2020 por la policía, provocando el descontento en la juventud y la oposición cubanas. Esta canción fue inmediatamente censurada por el régimen. Uno de sus autores, Maykel Castillo (alias Maykel Osorbo), está detenido hoy sin ser juzgado ni sentenciado. Esta oda a la libertad recibió el premio Latin Grammy, lo que desató una movilización internacional por la liberación de Maykel Osorbo, y de otros presos políticos y de conciencia en Cuba”.

Cohn-Bendit, Goupil, de la Guardia y Guadalupe recapitularon los sucesos vinculados a la Marcha Cívica por el Cambio, convocada para el 15 de noviembre de 2021, y cómo el régimen cubano movilizó todo su aparato represivo para evitar nuevas protestas.

“Para evitar que los cubanos amantes de la libertad salieran a las calles el 15 de noviembre, decenas de personas, a veces cientos, los atacaron en sus casas sin que la policía considerara útil intervenir. Estos actos de repudio tienen como objetivo ofender a los opositores políticos, acosarlos, mientras se escenifica una supuesta ira popular”.

Los autores del artículo culminaron el texto con una frase de Patria y Vida que, en su opinión, recoge el sentir de la mayoría de los cubanos.

“Ayudemos al pueblo cubano a hacer de Cuba un país de libertad, como muy acertadamente dice la canción: ´Mi pueblo exige libertad, no más doctrina. Ya no gritamos Patria o muerte, sino Patria y Vida´”.

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Osmel González Darlington: He confirmado una vez más lo desprotegidos que estamos en Cuba

Osmel González Darlington, Cuba, 15N

MADRID, España.- El traductor e intérprete cubano Osmel González Darlington, quien fue arrestado y encarcelado por el régimen de Cuba del 12 al 19 de noviembre pasado, contó detalles a CubaNet de lo sucedido.

González Darlington, quien participó y se hizo eco públicamente de los sucesos frente al Ministerio de Cultura el 27 de noviembre de 2020, desde esa fecha se mantenía activo en las redes sociales manifestándose a favor de que se respete la libertad de expresión en Cuba, los derechos civiles y el cese de la represión. 

“Creo que mis publicaciones en las redes y, sobre todo, el haber estado entre los primeros firmantes de la carta de apoyo y convocatoria a la marcha del 15N, me hicieron más visible para la Seguridad del Estado (DSE)”, explica Darlington. 

En su recuento sobre el acoso vivido por las autoridades cubanas, precisa que la primera visita de los agentes de la Seguridad del Estado a su casa fue el 1.o de noviembre: “Ese día vinieron sobre la 1:30 de la tarde la teniente `Yeni o Jenni´ y un oficial muy joven que no se identificó para citarme para una entrevista ese mismo día. Yo les dije que con tan poca antelación no me sería posible asistir. Busqué inmediatamente asesoría legal y cuando `Jenni´ volvió a las 6:30 con un oficial mayor, con más experiencia y más autoritario, sin que la orden cumpliera con lo establecido en el Artículo 86 de la Ley de Procedimiento Penal, volví a negarme. Se fueron con la amenaza de que la próxima vez vendría la policía”.

“El día 4 vino a mi casa el jefe de sector de la PNR de la zona de Santos Suárez, donde vivo, con placa 46702, con una citación verbal. Esta vez la amenaza fue que volvería dos veces más y a la tercera me llevaría preso por desacato”, continúa González Darlington.  

Las visitas posteriores fueron al día siguiente, del Jefe del Departamento de Búsqueda y Captura de 10 de Octubre, Virginio Mendoza, acompañado del oficial con placa 03806 Andy Quiala; y el domingo 7 de noviembre, del secretario del partido del municipio, Yovani Cañete.

“Yo no me estaba negando a asistir a estas citaciones, estaba pidiendo que se cumplieran los requisitos de la Ley del Procedimiento Penal: las citaciones tienen que estar debidamente firmadas y tener un motivo claro. Además, si un ciudadano no tiene denuncia ni proceso penal abierto solamente puede ser convocado por un juez, fiscal o un instructor penal”, destacó.

“Si en Cuba se respetaran las leyes, estas personas podrían ser demandadas por usurpación de funciones”, manifestó González Darlington.

El viernes 12 de noviembre, cuando estaba llegando a su casa alrededor de las 7:00 de la noche, después de hacer unas gestiones, se paró un carro particular delante de él, en el que estaban un oficial del Departamento de la Seguridad del Estado, que se identificó como Alberto y el mismo oficial jefe de sector, quienes intentaron subirlo al carro.

“Yo me resistí, sin ponerme violento. Hablamos por unos 3 minutos. Entonces llamaron a otros dos que estaban en la calle, esperando, y me subieron al auto. Iba manejando Alberto”, detalló.

En este momento fue trasladado a la estación de policía de la calle Aguilera, en Lawton, Diez de Octubre. Le dijeron que lo llevaban allí por el delito de desacato, “pero el contenido del interrogatorio, a cargo del instructor penal Erismey, fue el grupo Archipiélago y mis publicaciones en Facebook, o sea, nada que tuviera que ver con el desacato”.

“Me dieron a firmar mi declaración, que habían estado tecleando. Yo me negué a firmar. Escribió “se negó” y me llevaron al calabozo. Eran cerca de las 9:30 de la noche. Yo le pregunté a la oficial Jenni, que estaba otra vez allí, que cuánto tiempo me iban a retener, que mi familia no sabía nada. Ella respondió que no tenía que darme esa información”, cuenta Osmel González.

“Allí tuve que dejarlo todo menos la ropa, tuve que desbloquear el teléfono, desnudarme y hasta el pelo me revisaron. Me tuvieron 72 horas incomunicado. La única razón por la que mi familia constató que yo estaba ahí fue porque el sábado por la noche liberaron a uno de los presos que apuntó mis datos e hizo una llamada a mi casa el domingo al mediodía”, continuó.

El lunes 15 de noviembre, a las 4:30 de la tarde, fue trasladado a la prisión el Vivac, sin que le dieran ninguna explicación. Esto fue supervisado por el 2.o oficial del DSE que le citó.

Fue ubicado en el destacamento 4 de esta prisión, donde había un grupo muy heterogéneo de 23 o 24 personas. Allí estuvo cuatro días en los que pasó la mayor parte del tiempo intentando calmarse y escuchando las historias de los otros presos, ninguno por razones políticas.

El martes le hicieron otro interrogatorio. “Lo que quieren es construir un caso con delitos contra la Seguridad del Estado”, señala González Darlington. 

“En ese interrogatorio el tono de ellos había cambiado. Luego me di cuenta que esto se debió a las campañas mediáticas y a todas las denuncias que se estaban haciendo en las redes sociales sobre mi secuestro, lo que influyó en que me soltaran”, consideró. 

“Muchos de los presos allí estaban conscientes de que los habían recogido antes del 15 de noviembre porque se acercaba el día de la marcha. Muchos de ellos estaban en el Vivac por comportamiento predelictivo”, dijo indignado. 

“Al ver a los presos, detenidos por diversas razones, constaté que la normalización de la precariedad legal no es solo en el ámbito político. Percibí que en poblaciones marginales asumen como algo normal que un policía te acose, aunque ya hayas cumplido sanción y no le debas nada a la justicia. Además, te das cuenta de que hay un material humano más valioso entre los reclusos que entre la policía”. 

De sus días allí relata que los presos habían hecho unos tableros para parchís, con el bagazo debajo de los colchones y él hizo unos dados con jabón para este juego; otra manera de pasar el tiempo. 

“Desde el inicio entendí que no tenía sentido violentarme, aunque no me faltaban deseos de hacerlo. Traté de mantener la cabeza fría, de dormir mucho, de obligarme a respirar”, explicó. 

El jueves lo pusieron en libertad: “Sin darme mucha más explicación me dijeron que pasaba a reclusión domiciliaria y que fuera a fiscalía a interesarme por el caso. Yo fui y allí me dicen que el expediente está en el Tribunal, que generalmente esto se tardaba unas dos semanas, las cuales ya han pasado.

”No puedo tener un abogado porque en estos procesos sumarios ellos no les dan acceso a los abogados al expediente del caso. Así que ahora estoy como en un limbo, no sé por cuánto tiempo…  a la espera de una llamada o alguna notificación. 

”Si algo positivo me queda de todo esto es que he confirmado una vez más lo desprotegidos que estamos en Cuba y la indefensión legal que tenemos. El solo hecho de exigir que los funcionarios cumplan la ley te puede traer estas consecuencias, este estado de indefensión”. 

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CIDH condena estrategias represivas e intimidatorias del Gobierno cubano

MADRID, España.- La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y su Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (RELE) hicieron un llamado al Estado cubano “para que se asegure la no repetición de las violaciones a los derechos humanos que se han constatado desde el 11 de julio en Cuba”. 

A través de un comunicado de prensa publicado este 29 de noviembre, recordaron al régimen dictatorial de la Isla “su deber de respetar, proteger y garantizar el ejercicio de la libertad de expresión y del derecho a reunión pacífica”. 

Así como manifestaron su preocupación por las continuas “estrategias represivas e intimidatorias por parte del Gobierno cubano para intentar impedir la Marcha Cívica por el Cambio

CIDH y RELE informaron estar al tanto de la solicitud de autorización presentada por los miembros del Grupo Archipiélago para poder marchar y de las advertencias de la Fiscalía General de la República “a las personas organizadoras que de insistir en la protesta, serían acusadas de varios delitos, entre ellos desobediencia, manifestaciones ilícitas e instigación a delinquir”. 

Se recibió información también sobre actos represivos e intimidatorios entre el 12 y 15 noviembre, sobre retenciones domiciliarias con vigilancia policial, actos de repudio y hostigamiento, citaciones a interrogatorios en estaciones policiales, cortes deliberados en el servicio de internet y asedio a periodistas de diversos medios de comunicación independientes, incluida la retirada de credenciales a cinco corresponsales de la Agencia EFE en La Habana, precisó el comunicado.

Con respecto a la salida de Cuba del activista y dramaturgo Yunior García, indicaron que “habría sido motivada por las amenazas, la retención domiciliaria, y los actos de hostigamiento en su contra y de su familia”.

Las entidades defensoras de los derechos humanos finalizaron su comunicado recordando el deber de los Estados “de actuar sobre la base de que las protestas sociales son lícitas y bajo el supuesto de que no constituyen una amenaza al orden público” y que la labor de la policía es proteger los derechos de las personas que participan en las manifestaciones, no la de “confrontación y limitación de derechos”.

“La protesta social y la libertad de expresión constituyen herramientas que contribuyen a explorar mecanismos de diálogo e intercambio entre las autoridades y la ciudadanía”, insistieron. 

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José Díaz Silva: El régimen no cree en leyes ni en Constitución

José Díaz Silva, Lourdes Esquivel

LA HABANA, Cuba. – El opositor José Díaz Silva, líder del Movimiento Opositores por una Nueva República (MONR), contó a CubaNet que el pasado 14 de noviembre las fuerzas represivas del régimen los arrestaron a él y a su esposa, la dama de blanco Lourdes Esquivel Vieyto, en su propio hogar, en el municipio capitalino de Boyeros. 

“Desde el día 11 (de noviembre) se incrementó más la represión contra nosotros, pero ya estábamos sitiados desde el día 9. Ellos sabían que no íbamos a quedarnos callados porque nosotros nos comprometimos con el pueblo cubano a marchar ese día (15N)”, afirmó Díaz Silva, quien también aseguró que desde el lanzamiento de la convocatoria impulsada por el Grupo Archipiélago, todos los miembros de la organización que preside comenzaron a recibir amenazas directas del régimen.

El día 14, según cuenta el opositor, las fuerzas combinadas del régimen cubano, que estuvieron apostadas desde días anteriores al 15N en los alrededores de su propiedad, procedieron al arresto “arbitrario” del matrimonio opositor.

“Ese día vinieron para arrestarnos en dos ocasiones y les dijimos que nosotros no íbamos a salir. Pero entonces, en la tercera ocasión ya ellos vienen y nos amenazan con que nos iban a sacar (por la fuerza) de la casa; se tiraron aquí en el portal y nos sacaron. Nosotros no pudimos ni cerrar la puerta”, detalló.

Asimismo, el opositor refiere que, tras el arresto, fueron montados en un auto de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y, después de “dar vueltas por La Habana” se estacionaron en un parque del propio municipio Boyeros. “Estuvimos allí hasta casi las 7:00 de la noche o un poquito más, porque parece que fue cuando les dieron la orden de llevarnos para el Wajay”.

“Nos metieron en una oficina, luego vinieron unos oficiales de la Seguridad del Estado (que) nos dieron la misma baba (e hicieron) las mismas amenazas. (Además) vinieron con unos papeles de que estábamos acusados de desorden público por gritar (durante el arresto) ‘¡libertad para los presos políticos!’ y ¡Patria y Vida!”, apuntó.

Más tarde, asegura Díaz Silva, fueron trasladados hacia la estación de policías de La Lisa. “Nos metieron en un calabozo a los dos juntos. Nos sacaron en dos o tres ocasiones para darnos la muela de que cualquier cosa que pasara yo era el responsable, porque era un terrorista”. 

Finalmente, el matrimonio fue liberado en la madrugada del día 16 de noviembre.

Al igual que ellos, varios miembros del MONR resultaron arrestados para impedirles que salieran a marchar el 15 de noviembre.

A pesar de que no se logró el objetivo principal de la convocatoria, o sea, que los cubanos salieran a la calle a manifestarse, Díaz Silva calificó la jornada como una “victoria”, porque según asegura, “el régimen quedó al descubierto”.

“Nosotros ganamos porque por lo menos los obligamos a ellos a demostrarle al mundo que ni creen en leyes, en Constitución; no son democráticos ni quieren la paz para el pueblo de Cuba”, terminó.

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De Luis Manuel Otero a Yunior García Aguilera: maneras de hacer oposición en Cuba

LA HABANA, Cuba. – Este lunes, el titular de una noticia publicada en este mismo diario digital nos informaba: Luis Manuel Otero y Maykel Osorbo rechazan partir al exilio a cambio de ser liberados. Ante esa realidad, lo único que podemos hacer —creo— es exclamar: ¡Bravo por esos dos jóvenes patriotas cubanos!

Se hace ineludible comparar esa reciente información con otras relacionadas con sucesos que tuvieron lugar apenas una semana antes. En ese contexto, rememoro un dicho popular que no recuerdo haber escuchado en Cuba. Lo aprendí de un amigo latinoamericano (olvidé de qué país) en mis lejanos años de estudiante universitario en Moscú: “Comparar el excremento con la pomada”.

Aquí conviene que yo haga algunas aclaraciones. En primer lugar, la versión original del refrán, para referirse a la materia fecal, utiliza un sinónimo más impactante, popular y vulgar. He optado por utilizar ese otro vocablo más “fino” para evitar que alguien pueda sentirse ofendido.

Puesto en la senda de eludir los insultos, aclaro que la utilización de la mencionada frase no implica —¡en modo alguno!— que yo esté comparando a alguien con un escatoloma, atribuyéndole una condición excrementicia. Si no he hecho tal cosa con personeros del comunismo, ¡mucho menos lo haría con un compatriota que se declara opositor al castrismo, aunque yo no esté de acuerdo con sus decisiones o actos!

Si recuerdo el refrán es porque, pese a su toquecito de vulgaridad, constituye una metáfora excelente. La frase resalta (en mi opinión, de modo genial) las aparentes similitudes que puede haber entre dos fenómenos diametralmente diferentes. En este caso, entre una pomada (sobre todo si ella es de color marrón oscuro) y el excremento de marras.

Está clarísimo que, pese a su consistencia y aspecto análogos (¡si no tomamos en cuenta o no logramos percibir la diferencia en el olor, claro!), una y otra sustancias son cosas bien distintas. Una vez aclarado que no pretendo aplicarle un adjetivo peyorativo a persona alguna o a sus actos, y sí sólo usar una metáfora brillante y un poco vulgar del “español continental”, prosigo con mi escrito.

El artista plástico Luis Manuel Otero y el músico Maykel Castillo (“Osorbo”) no se encuentran en peligro de ser arrestados: hace meses que están ya en prisión. El primero es líder del Movimiento San Isidro; el segundo, coautor de la brillante canción Patria y Vida, que, para extremo desagrado de cotorrones y plumíferos castristas, se ha convertido en tema musical de los cubanos que demandan que se lleven a cabo los cambios profundos que Cuba necesita. Y que acaba de obtener un Premio Grammy.

Cualquiera de los que hemos estado encerrados en una cárcel castrista en uno u otro momento sabemos por experiencia propia que, como reza el dicho popular, “no es fácil” declinar una oferta de liberación, aunque ella implique la coyunda de tener que pasar directamente del centro penitenciario al avión que volará a un país extranjero. De ahí mi elogio anterior a Otero y “Osorbo”.

Es el mismo enaltecimiento que merecen otros compatriotas que acumulan mayor antigüedad dentro de las filas opositoras y ya no son jóvenes. Este es el caso de José Daniel Ferrer y Félix Navarro, por sólo mencionar a otros dos. Ambos fueron miembros del Grupo de los 75 encerrados en 2003. Uno y otro vieron desfilar hacia la libertad y el exilio a muchos hermanos de causa que sí aceptaron esa excarcelación condicionada.

Y conste que no me parece justo criticar a estos últimos. Como reza el apotegma jurídico, “quien hace uso de un derecho no ocasiona perjuicio a nadie”. ¡Y por supuesto que disfrutar de libertad y viajar al extranjero eran y son derechos de los 75 compatriotas que, para empezar, ¡jamás debieron estar presos por sólo expresar, de modo pacífico, su oposición al alarmante estado de cosas imperante en Cuba!

Pero el hecho de no criticar a quienes aceptaron marchar directamente de la cárcel al exilio, no puede impedirnos expresar nuestra admiración a quienes rechazaron esa manipulación castrista. ¡Y conste que asumieron esa actitud sin saber si en definitiva serían liberados ellos también o si, por el contrario, tendrían que permanecer en prisión hasta cumplir las larguísimas sanciones arbitrarias a ellos impuestas!

Algo similar, en otro orden de cosas, podemos decir de la disposición de otros compatriotas (como el matrimonio que integran Ángel Moya y Berta Soler) a cumplir con su ofrecimiento de salir a marchar el 15 del corriente. Y esto pese a no haber sido ellos quienes convocaron de inicio a la Marcha Cívica por el Cambio, aunque sí se adhirieron al llamado, pese a discrepar de la solicitud de “autorización” presentada en un comienzo a las autoridades.

También ellos corrían el riesgo de ser detenidos si salían de su domicilio ese día. Ambos conocían que en las inmediaciones de su vivienda se encontraban los agentes represivos con órdenes expresas de arrestarlos (¡por enésima vez!) si cumplían su ofrecimiento de salir a marchar. Pero no vacilaron en predicar con el ejemplo.

Las situaciones reflejadas en los siete párrafos precedentes sí merecen una comparación con la actitud asumida por el compatriota Yunior García Aguilera. La convocatoria a marchar el 15 de noviembre con ropas blancas y portando una flor de ese mismo color tuvo un gran efecto mediático. Después él la cambió de modo inconsulto por una marcha unipersonal que tendría lugar el día 14. En definitiva, lo que hizo fue hacer uso de la visa que, con gran previsión, había conseguido, e ir al aeropuerto, sin flores conocidas y vestido de oscuro, a poner agua de por medio.

La comparación resulta inevitable. Pero no entre el excremento y la pomada; eso —insisto— es sólo una metáfora pintoresca con cuyas palabras no pretendo calificar a nadie. Mas sí entre personas dispuestas a cargar con su cruz cívica y predicar con el ejemplo, y otra que opta por eludir los escollos y dificultades que —resultaba infantil no preverlo— cabía esperar de un régimen dictatorial y cruel como el castrista.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Activista David Martínez marcha en solitario

Cuba, 15N

MADRID, España.- El activista cubano e integrante de la plataforma Archipiélago, David Martínez, marchó este lunes en solitario en Cienfuegos.

Durante el recorrido, documentado a través de una directa desde su perfil de Facebook, explicó que marchaba en nombre de todos los que no pudieron marchar el 15 de noviembre por la represión de la dictadura.

“El acoso y el terror que generó el régimen con amenazas de cárcel, de reprimirnos, es humanamente entendible para que muchos de los que queríamos salir no lo hiciéramos”, dijo Martínez.

“Estoy haciendo esta caminata en homenaje y honor a los más de 600 presos políticos que están en Cuba en estos momentos”, expresó el coordinador de Archipiélago, quien también destacó que el objetivo de la Marcha Cívica era “vaciar las cárceles, no llenarlas más”.

Recordó de manera especial a Maykel Osorbo, a Esteban Rodríguez, a Luis Manuel Otero Alcántara, a José Daniel Ferrer y “a todos los demás que no son tan conocidos”.

“Ante Dios no hay héroes anónimos, ni ante la Patria tampoco”, agregó.

Su recorrido terminó en el malecón de Cienfuegos, desde donde lanzó su rosa al mar: “Esta manifestación solitaria es puramente simbólica y mi rosa la voy a tirar al mar porque no encontré un busto de Martí donde ponerla”.

“La lucha continúa, no podemos dejarnos arrebatar nuestros derechos por el régimen, no podemos permitir su interpretación arbitraria de nuestra Constitución ni que se adueñe de las calles. (…) Rezo a Dios para que pronto los presos políticos sean liberados, para que muchos de nosotros perdamos el miedo a decir lo que pensamos”, concluyó desde el malecón de su ciudad.

David Martínez estuvo entre quienes solicitaron permiso (denegado) para marchar de manera pacífica el 15N.

El joven activista e ingeniero químico fue separado de su labor como docente en la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos el pasado octubre, por sus manifestaciones de “abierto desafío y crítica” al sistema político cubano.

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De fugas teatrales, egos gigantescos y otros males cubanos

Cuba, 15N

LA HABANA, Cuba.- Habiendo demasiados problemas en Cuba sobre los cuales continuar enfocados —si en realidad perseguimos obrar el cambio necesario en la Isla— me propuse no hablar del 15 de noviembre y lo ocurrido antes y después con relación a la Marcha Cívica. Tampoco de la evasión premeditada, subrepticia (porque lo fue) de Yunior García Aguilera que solo ahora, cuando ya no es necesario, ofrece unas tibias disculpas, ruega que no le llamen nunca más “líder” de Archipiélago y además reclama atención para “quienes quedaron atrás” bien jodidos (mientras él volaba sin rosa ni de blanco a Madrid).

Creo que no se puede ser más cínico. Y no me quedan dudas, incluso después de haber escuchado en silencio las opiniones que llegan de todos lados, de que el acto no se justifica y es repudiable.

Como ya voy pasando los cincuenta de edad y muy poco me va importando a quiénes les puedan doler mis opiniones en esta página, ni los trapos sucios de antaño que me puedan sacar por ahí —porque aunque no me siento orgulloso de algunos tampoco los he ocultado—, me siento con toda la libertad y el derecho a ser franco y expresar lo que en realidad pienso de esa HUIDA en mayúsculas.

Porque como muchas otras ya recientes, ya olvidadas, ya abiertas o camufladas, mucho daño moral ha causado en especial a los grupos opositores —incluso a la prensa independiente— tanto dentro como fuera de Cuba y, por tanto, es muy lícito, lúcido y prudente suponer que en muchos casos, incluido este último, se ha obrado con muy malas intenciones. Y porque así en política como en periodismo es pecado mortal ir o posar de ingenuos.

Y lo peor no es eso, sino el mal casi irreparable que con un simple gesto o actitud esparcimos por toda la nación, envenenándola. Diseminando la apatía y el oportunismo por los rincones de un país destruido por los extremismos ideológicos y por tanto lleno de gente necesitada de pequeños actos de fe para poder reconstruir, átomo por átomo, aquella otra fe que se dejaron robar.

Pero más aborrecible es cuánto de complot con el opuesto pudo haber, cuánto de turbia negociación con lo cual se hace difícil volver a ganar la confianza de las personas que lo apostaron, incluso hasta los sueños propios, a los proyectos de esas “mentes” que parecen brillar con luz propia pero que al final se revelan como vulgar lentejuela. Tan ávidos de reflectores sobre sus cabezas infladas de aire enrarecido que son capaces de pactar con quien sea desde el egoísmo aún en contra de ellos mismos.

No es que, en medio de la represión, de tantas muertes a palos y encierros anunciados, con las tropas armadas y amenazantes en la calle u ocultas, emboscadas, en donde solo ellos saben, quien suscribe estas líneas esperara una rebelión similar a la del 11 de julio. Era sabido que poco o nada sucedería. Que con esta gente como con cualquier otro poder que lo controla todo de nosotros, hasta lo que comemos y vestimos, no se puede jugar a la “guerrita avisada”.

O sí se puede: Solo si avisar, disparar las alertas, es la pieza que conviene en nuestros planes personales de hacer carrera y llenar los bolsillos dando a la lengua (y lo que no es la lengua) en foros y academias, en cursos y congresos por toda Europa y en lo más chic de Miami para “visualizar” y “explicar” al mundo lo que este no quiere ni ha querido saber porque no le conviene, porque —acaben de enterarse ya de una vez, ilustres “intelectuales” que todo lo saben— Cuba se ha convertido muy a propósito en la “finquita dorada y secreta” de unos cuantos académicos, empresarios, banqueros de allende los mares, activistas de izquierda, congresistas del Norte y hasta “eurodiputados”, y a los cubanos apenas nos ven como a sus simples jornaleros.

De la “guerrita anunciada” del 15 de noviembre los principales del régimen sabían tanto como del escape de su mejor actor.  Y no por el maletín azul que descaradamente aparece en las fotos sino porque sin dudas había un guion muy bien montado.

Se sabe, o al menos muchos sabemos, que días antes del despliegue policial en los barrios cubanos, ya el aeropuerto por donde saldría el chico vestido de negro —que no de blanco— había sido tomado por los uniformados y por tropas civiles que pasaron días durmiendo en el lugar ¿a la espera de qué otra cosa que no fuera eso que tanto regocijo les causó a los represores? La carta bajo la manga que bien supieron jugar aunque nos resistamos por rabia a reconocerlo.

Yunior no será el genio que algunos piensan pero tiene suficiente inteligencia y, sobre todo, “entrenamiento teatral” para saber cuál papel desempeñó él en esa obra. En algún momento nos enteraremos porque nada hay oculto entre cielo y tierra, y mucho menos en Cuba donde, por lo mal que nos va en todo, el azul de arriba se nos une con el gris del suelo que pisamos. Es una isla y quienes la habitamos somos lo suficientemente chismosos para enterarnos siempre de lo que realmente pasó. Pero en ese cajón maloliente hay más de un gato encerrado.

No es mi intención desviar la atención del principal problema en Cuba, que es el que todos sabemos y por el cual trabajamos cada cual desde lo que mejor podemos hacer, pero he sentido la necesidad de sacar fuera, como en un exorcismo, lo que no debe estar rebotando en mi cabeza infinitamente poniendo en riesgo mi salud mental.

Siento que, además del poder económico alcanzado por quienes en verdad mueven los hilos del régimen cubano, y de sus conexiones en el exterior (que para nada son despreciables), uno de los mayores obstáculos o frenos para que Cuba llegue a ser alguna vez un país democrático y libre es la desmesurada magnitud de los egos de ciertas voces “intelectuales” que, de empeñarse en planes de genuino altruismo y compromiso, pudieran no solo dejar “la cosa” en el mero “estremecimiento mediático” sino empujarla hacia la luz al final del túnel.

Como en un ajedrez, debieran medir cada movimiento que hacen, por si el contrario quisiera usarlos como pieza de sacrificio. Y tendrían que “encabronarse” más con quienes en realidad nos causan verdadero daño como pueblo. Y, por poner un ejemplo entre miles, sí ir sin tapujos contra quien engaña y huye, contra quien alienta y más tarde frustra, pero jamás contra la chica que, en todo su derecho de autora, sube al escenario de los Grammy y nos trastorna hasta el delirio solo porque suponemos, inconscientemente, que robó el lugar que nuestro ego debió ocupar. Así no vamos hacia ninguna parte y, de tan “inteligentes” y “libres” que suponemos ser, terminamos bailando al ritmo que toca el “compañero que nos atiende”.

No importa si hubo marcha o no. Si somos un pueblo que por su aparente cobardía  y excesiva obediencia, por nuestras grandes y pequeñas complicidades, quizás merece lo malo que le pasa o lo bueno que debería pasar. Lo verdaderamente cierto de todo cuanto ha sucedido por estos días es que hemos visto a un régimen cada vez más inseguro de su capacidad para retener el poder, porque sabe que las rebeliones son y serán espontáneas, legítimamente espontáneas, y que ya no vienen de “afuera” sino de bien adentro, y eso los convierte en una bomba de tiempo que los desvela con su constante y creciente tic-tac tic-tac.

ARTÍCULO DE OPINIÓN

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Represión, palabra de orden en Cuba

MIAMI, Estados Unidos.- El desafío de la oposición al régimen totalitario de Cuba y la reacción de este, instrumentando una intensa y extendida campaña represiva, demuestra que el castrismo no está dispuesto a conceder a sus ciudadanos el más insignificante de sus derechos y a la opinión internacional le sigue importando un bledo.

El 15 de noviembre, aunque no fue una gesta similar en participantes a la del pasado 11 de julio, pasa a ocupar un lugar notable en la historia este proceso a favor de la libertad, de más de sesenta y dos años, porque ha sido la protesta cívica de mayor magnitud que ha tenido lugar en Cuba después del establecimiento del totalitarismo.

La nomenclatura del castrismo nunca ha estado dispuesta a reconocer los derechos de los otros. La represión ha sido una constante desde el primero de enero de 1959, característica que la dictadura siempre está dispuesta a demostrar aún a aquellos que se empecinan en ver atisbos de cambio en una estructura mafiosa que se reinventa constantemente.

La represión, actos de repudio y arrestos se produjeron antes del día 15. Había que incentivar la siembra y cosecha del miedo para compensar el que ellos sufren a pesar de contar con un arsenal más que poderoso. Las dictaduras siempre le temen a los oprimidos porque intuyen que el día que estos rompan sus cadenas no hay fuerza que los contenga.

Uno de los primeros arrestados fue Guillermo Fariñas, premio Andréi Sájarov, 2010. Dicho sea, la dictadura siempre ha sentido por los cubanos reconocidos con el galardón por la Libertad de Conciencia que otorga la Unión Europea un resentimiento muy particular. Recordemos que el régimen en alguna medida está involucrado en la muerte de otros dos premios Sájarov, Laura Pollán, premiada en 2005, fundadora y líder de las Damas de Blanco y Oswaldo Payá Sardiñas, premiado en 2002, promotor de otra iniciativa de gran valor cívico: “El Proyecto Varela”.

La convocatoria para las protestas del 15 de noviembre en Cuba tiene un protagonista, Yunior García Aguilera. Un joven intelectual que como otros muchos pudo asumir una falsa militancia para trepar en los engranajes del poder castrista, tal y como hizo el vocero de la tiranía Humberto López, un sujeto que se dedica a amenazar y golpear mujeres como hizo recientemente contra la activista Yeilis Torres Cruz. López, un esbirro en ascenso en el régimen, intenta con su protagonismo depredador aumentar su poder como lo han hecho otras hienas con posiciones similares.

Las acciones policiales contra la Marcha Cívica por el Cambio aumentaron el número de detenidos por motivos políticos, así como las desapariciones de activistas, pero también se evidenció que esta protesta cívica contó con el apoyo de opositores de otras generaciones de extendido activismo y de jóvenes, hombres y mujeres, que se han incorporado más recientemente en la lucha por la libertad, una evidente muestra de madurez política de la ciudadanía y una seria amenaza al totalitarismo.

Esta realidad se pudo constatar en un video en el que se aprecia a un grupo de personas que en Santa Clara demandaban a coro la excarcelación del joven Andy García Lorenzo y hasta entonaban un estribillo con, “únete policía por la libertad”.

Los actores principales de las democracias tienden a pasar por alto que el régimen cubano es el principal nutriente de las autocracias nicaragüense, venezolana y boliviana, y por su condición de exportador de la desestabilización respalda a todo caudillo que se aproxime en alguna medida al modelo castro chavista tan vinculado en la actualidad al crimen organizado.

Él extrae como un chupóptero los bienes de esas naciones y a cambio comparte con ellos sus amplios conocimientos del control social y político. El régimen de la Isla no solo es un peligro para los cubanos, también para la democracia en general.

Esta jornada fue, además, una campaña de solidaridad internacional a favor de la democracia y la libertad en Cuba. Cubanos y extranjeros, ciudadanos comprometidos con esos conceptos, se manifestaron en numerosas ciudades del mundo, lo que evidencia el repudio internacional contra el sistema totalitario y la necesidad de actuar contra el mismo a instancias internacionales, para evitar que en la Isla se produzca una catástrofe de proporciones superiores a las que padeció Rumania cuando fue derrocado el régimen de Nicolás Ceaucescu.

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